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San Juan Por Alto (Notas cordobesas)

De Cordobapedia


San Juan Por Alto es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Tesoro de leyendas y tradiciones llenas de poesía es la noche de San Juan, no sólo en todos los pueblos de España, sino en los de otros países.

Asímismo la víspera del día en que la Iglesia Católica conmemora la Natividad del Precursor del Mesías, siempre fué pródiga en fiestas y costumbres originales y típicas, de las cuales las que no se han perdido están a punto de desaparecer.

En Córdoba las muchachas casaderas nunca zambulleron la cabeza en las fuentes públicas al sonar las campanadas de las doce de la noche del 23 de Junio para contraer matrimonio al poco tiempo, ni los mozos entregaron a las jóvenes el trébol, que es símbolo de buena suerte.

En cambio hace medio siglo la costumbre de encender hogueras estaba aquí tan generalizada como en toda Andalucía y en otras muchas regiones. Las mujeres, al preparar los muebles y enseres de sus casas para el cambio de domicilio que indefectiblemente habían de efectuar el día de San Juan, apartaban todos los trastos inservibles, las sillas rotas y sin asiento, las mesas desvencijadas y los pedazos de esteras viejas a fin de que sirvieran de combustible a las hogueras de San Juan.

Al anochecer los muchachos transportaban todos aquellos desechos a la plaza próxima formando con ellos grandes pilas.

Cuando el pueblo terminaba sus quehaceres domésticos, disponíase a presenciar el espectáculo de las hogueras.

Ellos con el traje negro de los días de fiesta, ellas con la falda crugiente [sic] de vivos colores, el pañuelo de seda al talle y la cabeza llena de flores, dirigíanse a las plazas de San Lorenzo, Santa Marina, la Magdalena y otros lugares típicos de la ciudad para rendir culto a la tradición y pasar alegremente unas horas, sin tener en cuenta que, al día siguiente, era preciso madrugar mucho para dedicarse a la mudanza .

Los chiquillos trasladaban los trastos viejos desde el rincón donde los habían amontonado al centro de la plaza; los mozos prendíanles fuego y, en unos instantes, formábase una inmensa hoguera cuyas rojizas llamas iluminaban con siniestros resplandores el paraje.

Hombres, mujeres y muchachos prorrumpían en un griterío ensordecedor y los últimos corrían alrededor de la hoguera o saltaban sobre las brasas, como condenados, al mismo tiempo que repetían con toda la fuerza de sus pulmones:

San Juan por alto, las brevas a cuarto, el pan a real, ¡viva San Juan!

Luego mozas y mozos entregábanse a otras expansiones; ya bailaban acompañados por una quejumbrosa guitarra, ya formando corro, cantaban a coro la popular tonadilla:

Alalimon, alalimon, que se ha roto la fuente.

ya discurrían entretenidos en amena charla, en la que abundaban los piropos y las frases galantes.

Entre tanto los chiquillos, ejerciendo de vestales, no cesaban de avivar la candela para que no se extinguiese el fuego sagrado de la tradición, al mismo tiempo que saltaban y repetían con desaforados gritos:

San Juan por alto, las brevas a cuarto, el pan a real, ¡viva San Juan!

Nunca faltaban personas de buen humor que, rindiendo, asimismo, culto a la tradición exclusiva de Córdoba, disfrazadas con las prendas que primeramente encontraban a mano y cubierto el rostro con un pedazo de trapo o una basta careta de cartón, presentáranse en la plaza donde se celebraba la fiesta popular y recorrieran las calles del barrio con el propósito de embromar a vecinos y amigos y de interrumpir el idilio de los enamorados, en la reja.

Las mozos obsequiaban a sus novias y amigas con melosas arropías de clavo, tan dulces como el alfil que, allá en la época del Califato y en esta misma noche, los moros ofrecían a sus mujeres.

Súbitamente oíase a lo lejos las notas sentidas, poéticas, de una serenata llena de encanto y de misterio. Parecíanos que en ella flotaba el alma de Córdoba.

Antes del toque del Alba viejos y jóvenes retirábanse a descansar, a prepararse para el ajetreo que había de producir la mudanza.

Cuando la lluvia impedía la celebración de estas sencillas fiestas, el pueblo experimentaba gran contrariedad, tanto porque no podía divertirse cuanto porque recordaba el conocido proverbio:

Agua por San Juan quita aceite, vino y pan.

Noche del 23 de Junio, víspera de San Juan: ¡qué tristes añoranzas evocas en nuestra mente! Tú nos traes el recuerdo de la juventud de la edad feliz de las esperanzas y las ilusiones; de otros tiempos dichosos que pasaron para no volver, en que podíamos gritar con verdad, haciendo coro a los chiquillos:

San Juan por alto, las brevas a cuarto, el pan a real, ¡viva San Juan!

Junio, 1923.