
El Santuario de Nuestra Señora de Linares es un santuario mariano situado en la Sierra de Córdoba, dentro del término municipal de Córdoba y a unos seis kilómetros del núcleo urbano. Está dedicado a la Virgen de Linares y constituye uno de los lugares tradicionales de devoción mariana de la ciudad.
Su origen está vinculado por la tradición a la conquista cristiana de Córdoba por Fernando III. Según el relato transmitido durante siglos, el monarca habría establecido su campamento en las proximidades del actual santuario y habría depositado en una antigua torre o atalaya una imagen de la Virgen que llevaba consigo durante sus campañas.
Tras la conquista de la ciudad, aquella imagen habría permanecido en el lugar, convirtiéndose progresivamente en objeto de veneración y dando origen al santuario.
Historia
La tradición sitúa el origen del santuario en tiempos de Fernando III. Al aproximarse las tropas cristianas a Córdoba, el rey habría acampado en este paraje de la sierra.
Según el relato tradicional, Fernando III llevaba consigo una pequeña imagen de la Virgen que colocaba en el arzón de su caballo durante sus campañas. En el campamento cordobés habría depositado la imagen en una torre o atalaya existente en el lugar.
Una vez conquistada Córdoba, la imagen habría quedado allí, bien como recuerdo de la campaña, bien por motivos de seguridad ante la permanencia de territorios próximos todavía bajo dominio musulmán.
La devoción hacia la imagen aumentó progresivamente y, mediante las aportaciones de los fieles, del obispo Lope de Fitero y del Cabildo Catedralicio, se levantó una iglesia junto a la antigua torre. Esta estructura quedó integrada en el templo y pasó a desempeñar la función de capilla mayor y, posteriormente, camarín de la Virgen.
El santuario quedó así estrechamente ligado a la historia religiosa de Córdoba y a la devoción popular hacia Nuestra Señora de Linares.
Origen de la advocación
El origen exacto del nombre de Linares no está claro.
La tradición ha ofrecido distintas explicaciones. Una de ellas sostiene que Fernando III habría obtenido o recogido la imagen de la Virgen al pasar por algún lugar denominado Linares durante sus campañas. Otra versión atribuye el nombre al apellido del capellán encargado de custodiar la imagen.
No existe en el texto tradicional una explicación definitiva acerca del origen de la advocación.
El edificio
El santuario fue configurándose mediante sucesivas ampliaciones alrededor de la primitiva torre o atalaya vinculada por la tradición al campamento de Fernando III.
Esta antigua construcción quedó incorporada al edificio religioso y pasó a formar parte de la cabecera del templo.
La iglesia presenta dimensiones relativamente reducidas y una planta organizada en torno a una nave y un crucero. La antigua torre constituye uno de los elementos más singulares del conjunto y terminó desempeñando la función de camarín de la Virgen.
A lo largo de los siglos, el santuario recibió imágenes, pinturas, mobiliario y otros objetos procedentes tanto de donaciones particulares como de instituciones religiosas cordobesas.

La Virgen de Linares
La imagen de Nuestra Señora de Linares constituye el centro espiritual del santuario.
Según la tradición cordobesa, se trataría de la misma imagen mariana vinculada a Fernando III durante la conquista de la ciudad. Esta tradición explica el fuerte componente histórico que acompaña a la devoción de la Virgen de Linares.
La imagen se encuentra en el altar mayor del santuario y ha sido durante siglos objeto de veneración por los cordobeses.
La Romería de Linares
Uno de los principales acontecimientos relacionados con el santuario es la Romería de la Virgen de Linares, que se celebra anualmente durante el mes de mayo.
La celebración reúne a numerosos devotos y romeros que se desplazan hasta el santuario y constituye una de las manifestaciones tradicionales de religiosidad popular de Córdoba.
Las Peñas Cordobesas tienen una presencia destacada en la celebración, contribuyendo al carácter festivo y popular de la jornada.
Descripción de Teodomiro Ramírez de Arellano
Una de las descripciones históricas más detalladas del santuario fue realizada por Teodomiro Ramírez de Arellano en Paseos por Córdoba.[1]
El autor describe tanto la disposición del templo como las imágenes, pinturas y otros objetos que se conservaban en él:
- La iglesia es pequeña, en forma de crucero, y además del altar mayor, donde está la Virgen, que es de talla con el ropaje dorado y vestida encima, hay otros varios altares dedicados a Jesús Nazareno y Nuestra Señora de los Dolores, imágenes de vestir que hace siglos tuvieron hermandad, que en las Semanas Santas costeaba un sermón de Pasión y andaba el vía crucis en el monte de enfrente, que desde entonces se llama de Jesús; San Rafael, escultura que estuvo en su iglesia del Juramento hasta que don Alonso Gómez hizo la que hoy ocupa el altar mayor; San José, también escultura, de mucho mérito, obra del padre trapense Welber, y donada al santuario por don José Sánchez Sandoval hacia 1820; figura que el Niño está durmiendo y que el santo está imponiendo silencio a varios ángeles para que no turben su sueño; y por último, San Fernando, obra del escultor don Lorenzo Cano, costeado por don Bartolomé Olivares y otros devotos, los que al verla terminada la llevaron a la iglesia de San Francisco, donde le hicieron una novena que principió el 6 de mayo de 1804, y terminada ésta, lo trasladaron al lugar en que se encuentra.
Pinturas y mobiliario
Ramírez de Arellano señala también la presencia de diversas pinturas y piezas de mobiliario:
- Además vemos allí varios cuadros, algunos de mérito, entre ellos otro San Fernando, donado por doña Antonia Rodríguez en 1799; San Lorenzo, a cuya feligresía corresponde; San Francisco, que es el mejor; San Acisclo y Santa Victoria. En la sacristía encontramos el milagro o exvoto de don Gonzalo Serrano, ya referido al pasar por la calle de la Pierna, y tres sillones para el altar mayor, procedentes del suprimido monasterio de San Jerónimo, los que por su estructura nos hacen creer si les servirían a los Reyes Católicos en las veces que se hospedaron con aquellos monjes.
Entre las piezas citadas destacaba, por tanto, una representación de San Fernando donada por Antonia Rodríguez en 1799, además de cuadros de San Lorenzo, San Francisco, San Acisclo y Santa Victoria.
La sacristía conservaba igualmente un exvoto relacionado con Gonzalo Serrano y tres sillones procedentes del desaparecido monasterio de San Jerónimo.
Dimensiones históricas del santuario
Ramírez de Arellano proporcionó también las dimensiones del edificio:
- Las dimensiones de este edificio son: veintiséis varas de largo su fachada que mira a occidente; la capilla mayor o torre, hoy camarín, cuatro varas y media de fondo, y tres y tres cuartas de ancho en su entrada, y la nave catorce de longitud por cinco y tercia de latitud. A los pies y sobre la puerta tiene una pequeña tribuna.
Esta descripción resulta especialmente relevante porque identifica expresamente la capilla mayor con la antigua torre, convertida ya entonces en camarín de la Virgen.
Altar mayor
El altar mayor fue renovado en abril de 1868. La obra supuso la desaparición del altar anterior y dejó oculto el primitivo nicho existente en el muro de la antigua torre.
Ramírez de Arellano relacionaba aquel nicho con los primeros momentos posteriores a la conquista cristiana de Córdoba:
- El actual altar mayor se estrenó en abril de 1868, desapareciendo el antiguo y dejando tapado el primitivo nicho en el centro del muro de la torre, tal vez hecho cuando todavía el Santo Rey no había abandonado Córdoba la primera vez recién conquistada.
Culto y privilegios religiosos
La historia religiosa del santuario también quedó marcada por la labor del franciscano Lucas de Córdoba, capellán e historiador del lugar.
Según Ramírez de Arellano, en 1806 fray Lucas redactó un oficio eclesiástico y una misa propios dedicados a Nuestra Señora de Linares, que posteriormente recibieron aprobación.
El santuario alcanzó además una especial vinculación con Roma en 1867:
- Careciendo esta venerada imagen de oficio eclesiástico y misa propia, su ilustrado capellán e historiador fray Lucas de Córdoba, de la orden de San Francisco, y ya mencionado en nuestros apuntes, se las escribió en 1806, habiendo sido después aprobados, y por último, con fecha 2 de junio de 1867 se recibió una bula de su santidad Pío IX agregando esta iglesia de Nuestra Señora de Linares a la basílica de Santa María la Mayor de Roma, para que los que la visiten gocen de sus innumerables indulgencias, además de las que a ella tenían concedidas muchos ilustrísimos prelados.
De acuerdo con este testimonio, una bula de Pío IX, fechada el 2 de junio de 1867, agregó la iglesia de Nuestra Señora de Linares a la basílica de Santa María la Mayor de Roma, otorgando a quienes la visitasen determinados beneficios espirituales.
Patrimonio artístico
Entre las obras documentadas históricamente en el santuario se encontraban:
- La imagen de Nuestra Señora de Linares, situada en el altar mayor.
- Las imágenes de Jesús Nazareno y Nuestra Señora de los Dolores.
- Una imagen de San Rafael.
- Una escultura de San José, realizada por el padre trapense Welber y donada por José Sánchez Sandoval hacia 1820.
- Una escultura de San Fernando, obra de Lorenzo Cano, costeada por Bartolomé Olivares y otros devotos.
- Una pintura de San Fernando, donada por Antonia Rodríguez en 1799.
- Pinturas de San Lorenzo, San Francisco, San Acisclo y Santa Victoria.
- Un exvoto relacionado con Gonzalo Serrano.
- Tres sillones procedentes del monasterio de San Jerónimo.
Cronología
Siglo XIII · Origen tradicional del santuario
1799 · Donación de un cuadro de San Fernando
1806 · Oficio propio de Nuestra Señora de Linares
1820 · Imagen de San José
2 de junio de 1867 · Vinculación con Santa María la Mayor
1868 · Nuevo altar mayor
