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Un Extraño Suceso Ocurrido En La Fonda Suiza (Notas cordobesas)

De Cordobapedia


Un Extraño Suceso Ocurrido En La Fonda Suiza es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Hace ya muchos anos, en la Fonda Suiza, intento suicidarse un huésped.

Este, en unión de su secretario que le acompañaba, se retiró una noche, para descansar, a la habitación que les servía de dormitorio y, a las altas horas de la madrugada, disparóse un tiro de revólver en la cabeza.

El proyectil le produjo una grave herida, de la que sanó merced a los auxilios de la ciencia médica.

El suceso produjo gran sorpresa a todos los amigos de la persona aludida y fué objeto de múltiples conversaciones y de innumerables comentarios en cafés, círculos y demás centros de reunión, lo mismo de Córdoba que del pueblo de su provincia de donde el suicida era natural y vecino.

¿Que móviles podían haberle impulsado a atentar contra su existencia? Nadie se los explicaba.

Tratábase de un hombre, al parecer feliz. Gozaba de excelente salud, de inmejorable posición; tenia una esposa modelo, un hogar venturoso, y jamás las nubes de la contrariedad o el infortunio nublaban el cielo de su dicha.

La gente se devanaba los sesos inquiriendo las causas del suicidio; las comadres inventaban leyendas para justificar el hecho y las referían, en voz baja, en sus corrillos con honores de aquelarre; la maledicencia pretendió encontrar en el misterioso atentado elementos para fraguar una miserable calumnia, pero resultaron estériles sus esfuerzos.

Pasó el tiempo, que todo lo consume, lo extingue o lo borra, que hace olvidar los acontecimientos más grandes y deudos y paisanos, amigos y conocidos de la persona a quien evocamos en estos recuerdos, dejaron de comentar el conato de tragedia de la Fonda Suiza; la impresión originada por sucesos mas recientes sustituyó al que produjera el hecho que hemos referido.

El protagonista del drama, completamente curado de la lesión que se produjo, continuó disfrutando de los halagos de la fortuna, de las venturas de un hogar cimentado sobre el amor, del afecto de sus amigos, de la consideración de sus conciudadanos.

Si algún indiscreto osaba, aunque fuera indirectamente, recordarle el reprobable acto que cometiera para privarse de la existencia, con el propósito de obtener una explicación de aquel enigma, el interrogado rehusaba siempre contestar y con visible desagrado cambiaba al punto de conversación.

Una tarde paseábamos, con un compañero de profesión, y en una de las calles más céntricas de la ciudad encontramos al protagonista de este relato, que era paisano y amigo de la niñez de nuestro camarada.

Después de saludarnos afectuosamente nos invitó a efectuar una breve excursión, en coche, por los alrededores de la Sierra.

Aceptamos la invitación y, al regreso de la gira, nos rogó que le acompañásemos a cenar.

Los tres penetramos en una habitación de uno de los llamados restauranes próximos a la plaza de las Tendillas, donde se nos sirvió una comida suculenta.

Durante ella charlamos de todo, de política, de negocios, de arte, de literatura.

Mi camarada y su paisano evocaron los recuerdos de la niñez, de sus padres, de su pueblo natal, encontrando una íntima y profunda satisfacción en estas añoranzas.

Terminó el opíparo banquete y, cuando comenzamos a saborear el café y a aspirar el humo de los exquisitos habanos, hubo unos instantes de silencio.

Este fué interrumpido a poco por nuestro obsequioso amigo quien, dirigiéndose al colega del autor de los presentes recuerdos, habló así:

He recogido con gusto una observación, la cual demuestra el buen criterio y la discreción que te caracteriza.

Durante mucho tiempo deudos, paisanos, conocidos y hasta personas que apenas me conocen, no han cesado de asediarme a preguntas respecto al desagradable suceso que me ocurriera en la Fonda Suiza.

En cambio tú, amigo mío de la niñez, con quien me une un cariño fraternal, nunca te atreviste a interrogarme acerca de aquel conato de drama.

Te agradezco mucho tu exquisita corrección y, en pago de ella, voy a revelarte un secreto que a nadie he dicho, exceptuando a mi esposa; los extraños e incomprensibles antecedentes de mi suicidio frustrado.

La noche en que se desarrolló el hecho mi secretario y yo, después de haber asistido a una función de teatro, nos retiramos a nuestra habitación de la fonda para descansar.

El lecho de mi acompañante estaba frente al mío; ambos nos acostamos y mi secretario quedó profundamente dormido a los pocos momentos.

Yo, según una antigua costumbre, comencer [sic] a leer un periódico y, al dejarlo en la mesa de noche, fije la vista en un revólver que tenia sobre aquella y lo cogí inconscientemente.

Con este arma, empece a pensar, podría yo ahora, muy fácilmente, matar a mi secretario sin que el se enterase.

Esta idea diabólica, incomprensible, se arraigó en mi cerebro, apesar de la verdadera lucha que sostuve para desecharla.

Tras una hora de dudas, de vacilaciones horribles, de tremendas crisis nerviosas que me hicieron enloquecer decidí realizar el proyecto infame: apunté con el revólver a mi empleado, que disfrutaba de un sueño tranquilo y reparador y levante el gatillo decidido a disparar.

Súbitamente una reflexión me hizo cambiar de propósito; ¿por qué he de matar a este hombre que nada malo me ha hecho? pensé; más justo es que me mate yo y, acto seguido, cambie de dirección el revólver y me disparé un tiro en la cabeza.

Transcurrió mucho tiempo sin que me diese cuenta exacta del suceso y cuando pude coordinar las ideas decidí no referir a persona alguna, exceptuando mi mujer, los antecedentes del hecho, por temor a que nadie los creyera o a que me considerasen un demente peligroso.

Hoy hago contigo esta excepción por los motivos que indique al comienzo de este relato y porque tengo la seguridad de que tu compañero y amigo sabrá guardar el secreto, al menos mientras yo viva.

Desde la trágica noche en que se desarrolló aquella terrible escena, terminó diciendo jamás llevo armas, apesar de que como ustedes saben, viajo frecuentemente y tengo fama de rico.

Abril, 1924.