Una Excursión A Las Ermitas es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.
Texto
Hoy que ha abierto nuevamente sus puertas al público el Gran Teatro de Córdoba, después de haber sido objeto de reformas importantísimas, las cuales han aumentado de modo extraordinario la suntuosidad y belleza de este edificio, creemos oportuno compendiar en una crónica la historia de nuestro primer coliseo, donde se encierran innumerables y curiosos recuerdos de otros días.
Lo construyó un hombre benemérito, prototipo de constancia y laboriosidad, don Pedro López Morales, e hizo los planos y dirigió las obras un arquitecto notable, un artista de verdadera inspiración, don Amadeo Rodríguez.
Empezaron aquellas el 17 de Junio de 1871 e intervinieron en las mismas hábiles obreros cordobeses, de los que mencionaremos al cantero señor Inurria, padre del laureado escultor del mismo apellido, y al carpintero señor Simancas, ingenioso y fácil poeta.
En el 1873 quedó terminado el teatro y en la noche del 13 de Abril de dicho año se verificó su apertura.
Inaugurólo la compañía de zarzuela de Marimón, en la que figuraba de director el renombrado músico Napoleón Bonoris, con la ópera traducida al español, titulada “Marta”.
La inauguración del hermoso coliseo constituyó un verdadero acontecimiento artístico.
Al acto asistió un público tan selecto como numeroso, que admiró la grandiosidad del edificio y, en uno de los entreactos de la función, obligó a presentarse en el palco escénico, para tributarles entusiásticas ovaciones, al propietario del coliseo, al arquitecto director de las obras, a los maestros de los distintos oficios encargados de aquellas y al pintor escenógrafo don Francisco González Candelvac, autor del telón de boca, de las decoraciones y del decorado de la sala.
Los amigos de don Amadeo Rodríguez y del señor Candevalc les obsequiaron con unas preciosas coronas de oro orladas de laurel.
Durante el medio siglo escaso que cuenta este coliseo han desfilado por él casi todos los artistas españoles eminentes que actúan en los teatros y muchos extranjeros.
Del genero dramático recordaremos a Vico, Mario, don José Mata, Romea, Maria Tubau, la Mendoza Tenorio, Julia Cirera, Carmen Cobeña, Rosario Pino, María Guerrero, Margarita Xirgu y Bords.
De los cantantes consignaremos a Tamberlik, Blanca Donadío, Emma Nevada, Regina Pacciní y Viñas.
También actuaron excelentes compañías de zarzuela, opereta y del llamado género chico y algunas infantiles, en las que figuraban niños verdaderamente precoces, como Aquiles y Rafael Palop.
Asimismo celebraron conciertos el inmortal Sarasate, la admirable Orquesta Sinfónica de Madrid dirigida por el insigne maestro Bretón, el gran violinista Fernández Bordas y otros artistas de fama.
En la escena del Gran Teatro aplaudimos gran número de veces a la notable Estudiantina organizada por aquel músico de lozana inspiración que se llamó Eduardo Lucena y a la del Centro Filarmónico que, en la actualidad, ostenta el nombre del original y malogrado compositor cordobés.
Otras dos estudiantinas actuaron en el coliseo de la antigua calle de la Alegría, obteniendo una entusiástica acogida de nuestro público, la llamada Pignatelli, de Zaragoza, y una formada por auténticos estudiantes portugueses, cuya presencia originó una simpática manifestación de afecto entre cordobeses y lusitanos.
Dos cantantes cordobeses empezaron su carrera artística de modo envidiable, en el Gran Teatro; nos referimos a los tenores Francisco Granados y Rafael Bezares.
Además, en el referido coliseo ha habido innumerables espectáculos de todas clases: funciones de las llamadas de títeres, en las que lucieron sus habilidades gimnastas de tanto renombre como mis Zaeo, la Geraldine y los An-lon-les; de prestidigitación e ilusionismo a cargo de los maestros en este arte Conde Patrizzio, Faure Nicolay y César Watry; bailes de gran espectáculo como el titulado Flama y, hace poco tiempo, los denominados rusos; exhibiciones de autómatas tan perfeccionados como los de Narbón; de transformistas, entre ellos el auténtico e inimitable Frégoli, inventor de su arte y, finalmente, de películas cinematográficas con su acompañamiento de bailarinas, cancioneras y demás números del novísimo género de variedades.
En el hermoso edificio levantado por don Pedro López Morales se ha celebrado diversas funciones patrióticas, conmemorativas y benéficas.
De las primeras recordaremos las verificadas con motivo de la terminación de la última guerra civil y para despedir a las fnerzas [sic] de la guarnición de Córdoba que fueron destinadas a luchar contra los insurrectos cubanos.
De las conmemorativas citaremos la que formó parte de los actos conque se celebró el cuarto centenario del inmortal poeta don Pedro Calderón de la Barca, en la que fue estrenada una loa de don Manuel Fernáiidez Ruano, y las dedicadas a la memoria de don José Zorrilla y don José Echegaray, a raíz de la muerte de ambos.
En ellas se representaron obras de dichos insignes autores y se leyeron composiciones poéticas.
En la segunda, además, don José Marín Cadenas pronunció un discurso enalteciendo los méritos de Echegaray.
De las de carácter benéfico, que han sido muchas, no dejaremos de consignar dos organizadas por la Asociación de Obreros Cordobeses titulada “La Caridad”, en las cuales se rifaron panderetas y vitelas con pinturas y versos de conocidos artistas y poetas y una cuyos productos se destinaron a la Cruz Roja. En su programa figuraba como número saliente y nuevo en esta capital varios asaltos de armas a cargo de dos profesores de esgrima extranjeros y algunos aficionados a tal deporte de nuestra población.
Finalmente, hace poco tiempo, se celebraron dos magníficos festivales, por iniciativa de las señoras marquesa del Mérito y condesa viuda de Hornachuelos, el primero con motivo de la firma de la paz que puso término a la guerra mundial y el segundo también a beneficio de la Cruz Roja.
En aquel hubo un brillante desfile de damas y señoritas engalanadas con los trajes típicos de las naciones beligerantes, lectura de versos, un discurso pronunciado por don Antonio Jaén Morente y una bellísima apoteosis de la Paz, y en este varios distinguidos jóvenes representaron una comedia de los hermanos Alvarez Quintero y se exhibió una colección de cuadros plásticos muy artísticos.
Con las compañías dramáticas, cómicas y líricas alternaron en la representación de obras aficionados de la localidad, algunos de los cuales constituyeron dos sociedades tituladas Duque de Rivas y Fernández Ruano, que cultivaron, con éxito, el arte de Talía.
En el Gran Teatro han sido estrenadas obras, de distintos géneros, originales de don Salvador Barasona, don José Garcia Plaza, don Camilo González Atané, don Marcos R. Blanco Belmonte, don Julio Pellicer, don Pedro Alcalá Zamora, don Francisco Toro Luna, don Vicente Toscano Quesada, don Emilio Santiago Diéguez y el autor de estas líneas.
No ha servido únicamente el Gran Teatro para la representación de dramas, comedias, óperas y zarzuelas, para la celebración de diversos festivales y para realizar en el múltiples espectáculos; también se han verificado en el suntuoso coliseo de la calle de la Alegría otros actos de muy distinta índole, algunos de ellos memorables por su brillantez o por su importancia.
Citaremos primero los literarios.
Una de las primeras veces que vino a Córdoba, después de haber fijado su residencia en Madrid, el poeta don Antonio Fernández Grilo, se organizó una velada en su honor, realizándose en dicho teatro.
En ella tomaron parte todos los literatos residentes en nuestra ciudad.
Grilo empezó a recitar, del modo admirable que él sabia hacerlo, una de sus mejores composiciones, pero no la terminó pretextando una indisposición repentina.
Luego, entre bastidores, confesó ante sus amigos que no había querido molestarse en virtud de la acogida poco cariñosa que acababa de obtener de sus paisanos.
El Ateneo de esta capital celebró dos veladas con motivo de la coronación del último trovador de España, don José Zorrilla.
La primera se efectuó en el mismo día en que se verificara dicha ceremonia en la ciudad de la Alhambra y la segunda cuando vino a Córdoba, de regreso de Granada, el autor inmortal de “Don Juan Tenorio”, quien, con la música divina de sus versos, cautivó a la concurrencia.
Esta ha sido, sin disputa, la fiesta literaria más brillante efectuada, no ya en el Gran Teatro, sino en nuestra capital.
En el coliseo a que nos referimos también se verificaron unos Juegos florales, los primeros en que hubo aquí reina de la fiesta y mantenedor.
Fué aquella dona Paz Olalla, condesa de Hornachuelos; actuó de mantenedor don José Contreras Carmona y se adjudicó el premio de honor a don Vicente Toscano Quesada.
El regimiento de la Reina, por iniciativa de su coronel don Cayetano de Alvear y Ramírez de Arellano, realizó otra fiesta literaria muy simpática para entregar los premios de un certamen convocado en honor de la Inmaculada, Patrona del arma de Infantería.
Como desagravio de la injusticia cometida con el escultor don Mateo Inurria por el jurado de una Exposición de Bellas Artes de Madrid que no le premió su obra titulada “El Náufrago” pretextando infundadamente que era un vaciado, los artistas y literatos cordobeses le dedicaron una fiesta en el citado coliseo, no menos lucida que las mencionadas anteriormente.
La suprimida Escuela provincial de Bellas Artes efectuó varias veces el reparto de premios a sus alumnos en el edificio a que nos referimos, celebrando con este motivo brillantes veladas, en las que tomaban parte los discípulos más aventajados de la Sección de Música de dicho centro docente.
En dos ocasiones el escenario del Gran Teatro y el patio del mismo, puesto al nivel del proscenio por medio de un tablado, convirtiéronse en amplio comedor, donde se efectuaron suntuosos banquetes.
Uno de ellos fue dedicado por el partido liberal de Córdoba al marques de la Vega de Armijo y otro por las corporaciones, entidades y fuerzas vivas de esta capital al ministro de Fomento don Jose Sánchez Guerra cuando vino a inaugurar las obras del Pantano del Guadalmellato.
A ambos actos asistieron nurnerosísimos comensales de la capital y los pueblos de su provincia y selecto público que acudió a oír los discursos y brindis.
También el palco escénico de nuestro primer coliseo ha servido de tribuna a elocuentes oradores políticos.
En él usaron la palabra, entre otros; don Nicolás Salmerón, don Basilio Paraiso y don Melquiades Alvarez.
Durante el discurso de Salmerón, un fotógrafo impresionó una placa al magnesio y el fogonazo produjo gran alarma entre el público, que apenas conocía entonces este procedimiento de hacer instantáneas.
El expresidente de la República española tranquilizó al auditorio diciendo que no se alarmase, pues únicamente se trataba de una de las muchas molestias que tenían que sufrir los hombres públicos.
Algunas de las personas que constituían el auditorio de don Melquiades Alvarez protestaron con silbidos contra parte de las doctrinas expuestas por aquel y el jefe de los reformistas fustigó a sus adversarios en un elocuente período, que le valió una ovación calurosa.
Recientemente pronunciaron conferencias de carácter social el religioso dominico Rvdo. P. Albino González y el exministro don Antonio Goicoechea.
Hace más de treinta años varias personas muy conocidas de esta capital constituyeron una sociedad que adquirió, en arrendamiento, el Gran Teatro, no con ánimo de lucro, sino con el propósito de tenerlo abierto el más largo tiempo que fuera posible.
Dicha sociedad se comprometía a celebrar anualmente, por lo menos, noventa funciones y a abonarse, para ellas, a determinado número de plateas y palcos.
Durante la actuación de la repetida sociedad hubo temporadas muy brillantes, especialmente las de Carnaval, Feria de Nuestra Señora de la Salud y Pascua de Navidad.
Terminaremos estos “Recuerdos de otros dias” con dos notas cómicas:
En cierta ocasión, ya lejana, visitó nuestra ciudad una cantante que se titulaba Condesa Victoria Dominicci.
Anunció un concierto en el Gran Teatro, para el que hizo una propaganda extraordinaria en la Prensa y por todos los medios conocidos, enviando, además, localidades a todas las personas de buena posición.
Llegó la noche de la velada musical y la artista, a pesar de sus autobombos, sufrió un tremendo fracaso. La pobre mujer no sabia cantar y su voz era escasa y desagradable.
Al terminar el mal llamado concierto, la Condesa Victoria Dominicci se despidió muy afectuosamente de los profesores de la orquesta y de los representantes de la Prensa local por las atenciones que le habían dispensado y les invitó para que, el día siguiente, le acompañasen a almorzar en la fonda donde se hospedaba.
Cuando aquellos acudieron a la cita se enteraron, con gran sorpresa, de que la diva , en unión de un tenor cojo que le servía de secretario, desde el teatro se dirigió a la Estación de los ferrocarriles, emprendiendo el viaje en el primer tren para que pudo obtener billete.
Y no fué esto lo malo, sino que se marchó sin pagar a los músicos que tomaron parte en el concierto, los reclamos de la Prensa ni la cuenta de la fonda.
Cierto año fué imposible contratar una buena compañía para que trabajara durante la temporada de Pascua de Navidad y los dueños del coliseo tuvieron que aceptar el ofrecimiento de una sociedad de aficionados de una capital andaluza, que se comprometía a realizar prodigios.
Empezó su actuación la víspera de la Noche Buena con una obra en infinito número de actos titulada “El Nacimiento del Hijo de Dios”.
La comedia corría parejas, por lo mala, con sus intérpretes y el público tomó primeramente el espectáculo a broma y después empezó a marcharse aburrido.
El representante de los propietarios del teatro buscó al director de la sociedad dramática y le dijo:
Amigo, esto es un fracaso, la temporada se acaba esta misma noche; pueden ustedes marcharse a su tierra en cuanto termine la función.
Es que no hemos llegado todavía a la parte interesante de la obra -objetó el improvisado cómico- pero ya verá usted qué gran éxito obtenemos en los actos que restan.
Continuó la representación y con ella el aburrimiento de los espectadores. Las localidades del coliseo estaban ya casi desiertas.
El director y primer actor de la compañía se convenció al fin de la triste realidad y muy apesadumbrado dijo al aludido representante: ya hemos visto que tenia usted razón y seguiremos su consejo. Se ha ido casi todo el público.
Si, pero volverá, agregó el apoderado de los dueños.
¿Qué volverá? preguntó con sorpresa el artista.
¡Ya lo creo! contestóle su interlocutor. ¡cómo que ha salido por piedras!
Noviembre, 1920.
