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Una Promesa Y Un Milagro (Notas cordobesas)

De Cordobapedia


Una Promesa Y Un Milagro es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Hace próximamente veinticinco anos estuvo en Córdoba, durante largo tiempo, una compañía de acróbatas y gimnastas que celebraba funciones, en la Plaza de Toros, todos los jueves y domingos.

A tales espectáculos asistía numeroso público porque los llamados títeres agradaban y entretenían a la gente cuando no se conocía el cinematógrafo con su aditamento de tonadilleras y bailarinas.

Las personas mayores iban a admirar los difíciles y arriesgados ejercicios de atletas funámbulos y equilibristas; los chiquillos a deleitarse con las inocentes bufonadas de los payasos.

Entre las artistas de la compañía figuraba una inglesa de formas esculturales, blanca como el alabastro, en la que formaban un extraño pero bello contraste sus grandes ojos negros con su hermosa cabellera rubia.

Cuando esta mujer, interesante y sugestiva, disponíase a realizar, con sus pequeños hijos, trabajos atléticos y juegos icarios, se soltaba el abundante y sedoso pelo, que le cubría la espalda como un regio manto de oro.

Llegó la Feria de Nuestra Señora de la Fuensanta y la compañía a que nos referimos instaló un circo en un corralón próximo al paseo de Madre de Dios, donde continuó celebrando funciones con el mismo éxito que en la Plaza de Toros.

Una de las últimas noches de feria la concurrencia de espectadores en el improvisado circo era extraordinaria.

Hombres, mujeres y chiquillos ocupaban todas las gradas y localidades preferentes, formando una verdadera y compacta multitud.

Llegó el instante de efectuar uno de los trabajos más difíciles y peligrosos. Un artista se colocó sobre un hombro, y después en la barba, sosteniéndolo en equilibrio, un largo bambú que tenía en su extremo superior una escalera de madera colocada horizontalmente. Otro artista,el marido de la inglesa, trepó, ligero, por el bambú hasta llegar a la escalera y empezó a verificar en ella diversos ejercicios.

Al hacer una flexión con los brazos escurriéronsele las manos y, como consecuencia del brusco movimiento, el bambú perdió su centro de gravedad.

El público, aterrorizado, creyendo que aquel enorme aparato y el titiritero se le caían encima, lanzó un grito estentóreo y abandonó sus asientos para huir del peligro.

La artista inglesa, en un momento de suprema angustia, al ver en grave riesgo la vida de su esposo, recordó la profunda devoción de los cordobeses a Nuestra Señora de la Fuensanta y, olvidándose de su religión, mentalmente dirigió una súplica e hizo una promesa a la Virgen.

El gimnasta que sostenía el bambú, a costa de extraordinarios esfuerzos, de prodigios de habilidad, logró restablecer el equilibrio de aquél, evitando una catástrofe.

Los dos artistas siguieron su trabajo con admirable serenidad y, al concluirlo, le tributaron los espectadores la mayor y más entusiástica ovación que, sin duda, oyeron durante toda su vida.

La noche siguiente, la gentil acróbata, al presentarse a trabajar, no lucía, suelta, la cabellera de oro, cubriéndole la espalda como un regio manto.

Aquella había desaparecido y, en su lugar, ostentaba la artista una corta melena de rizados bucles que la embellecía y agraciaba en grado sumo.

¿A qué se debía tal variación? El público la comentaba, sin explicársela y algunas personas la atribuían a caprichos de mujeres.

A muchos fieles de los que iban a orar, en aquellos días, al santuario de la Fuensanta, les llamó la atención una hermosa cabellera rubia, pendiente de una gasa azul, colocada entre los exvotos que cubren los muros del atrio del templo. Semejaba un haz de rayos de sol prendidos en un trozo del purísimo cielo de Andalucía.

Septiembre, 1921.