Obispo y cardenal | |
| Nacimiento: | 3 de octubre de 1585 Segovia |
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| Fallecimiento: | 2 de diciembre de 1653 Roma |
| Profesion: | Religioso dominico |
| Actividad: | Obispo, diplomático y cardenal |
Obispo de Córdoba | |
| Predecesor: | Cristóbal de Lobera y Torres |
| Sucesor: | Pedro de Tapia |
Domingo Pimentel de Zúñiga (Segovia, 3 de octubre de 1585 - Roma, 2 de diciembre de 1653), llamado Rodrigo Pimentel antes de profesar en la Orden de Predicadores, fue un religioso dominico, diplomático, hombre de Estado y cardenal español. Miembro de una de las familias nobiliarias más influyentes de la Monarquía Hispánica, desempeñó un destacado papel en la política eclesiástica del reinado de Felipe IV, siendo uno de los negociadores de la Corona ante la Santa Sede en las cuestiones relativas al Patronato Real y a la jurisdicción eclesiástica.
Fue obispo de Osma entre 1631 y 1633, obispo de Córdoba entre 1633 y 1641 y arzobispo de Sevilla desde 1641 hasta su fallecimiento. En 1652 fue creado cardenal por el papa Inocencio X.
Su pontificado cordobés coincidió con uno de los periodos más difíciles del siglo XVII español, marcado por la guerra, las epidemias y las graves dificultades económicas. Durante aquellos años organizó una de las mayores obras asistenciales desarrolladas por un obispo cordobés, elaborando un padrón de todas las familias pobres de la ciudad y distribuyendo diariamente alimentos y limosnas según las necesidades de cada persona. La magnitud de esta labor benéfica quedó reflejada en una copla popular que durante años cantaron los niños cordobeses:
- Don Domingo Pimentel
- Obispo de esta ciudad,
- sustenta cinco mil niños
- a media libra de pan.
Por su intensa actividad caritativa, su sólida formación intelectual y su posterior carrera diplomática y cardenalicia, está considerado como uno de los obispos más relevantes que gobernaron la diócesis de Córdoba durante el siglo XVII.
Orígenes y formación
Nació en Segovia el 3 de octubre de 1585, en el seno de la poderosa Casa de Benavente. Fue hijo de Juan Alonso Pimentel de Herrera, VIII conde y V duque de Benavente, y de Mencía de Zúñiga y Requesens.
Recibió una esmerada educación y cursó estudios en la Universidad de Salamanca. En su juventud ingresó en la Orden de Alcántara, alcanzando la encomienda de Mayorga, aunque poco después abandonó la carrera militar para profesar como fraile dominico en el convento de Santa Cruz la Real de Segovia, adoptando el nombre de Domingo.
Dentro de la Orden de Predicadores destacó pronto por su formación teológica y sus cualidades intelectuales. Fue profesor del prestigioso Colegio de San Gregorio de Valladolid, regente de estudios y posteriormente provincial de la provincia dominicana de Castilla, convirtiéndose en una de las figuras más respetadas de la orden.
Carrera episcopal
El prestigio alcanzado dentro de la Orden de Predicadores y su cercanía a la Corte hicieron que Felipe IV lo propusiera para ocupar el obispado de Osma en 1630, tomando posesión de la diócesis al año siguiente.
En 1633 fue promovido inicialmente al obispado de Málaga, aunque antes de llegar a tomar posesión de aquella sede el monarca modificó su decisión y lo destinó al obispado de Córdoba, una de las diócesis más importantes de Castilla.
Su nombramiento coincidió con un momento especialmente delicado en las relaciones entre la Monarquía Hispánica y la Santa Sede. Antes de incorporarse definitivamente a la diócesis cordobesa, Felipe IV le confió una importante misión diplomática junto al jurista Juan Chumacero Carrillo y Sotomayor.
Ambos actuaron como representantes de la Corona en las negociaciones mantenidas con el papado sobre las reservas pontificias, el Patronato Real y las competencias jurisdiccionales entre el rey y la Santa Sede. Aquellas conversaciones constituyeron uno de los principales conflictos político-religiosos del siglo XVII español y anticiparon el acuerdo que acabaría cristalizando más de un siglo después en el Concordato de 1753.
Obispo de Córdoba
Domingo Pimentel tomó posesión del obispado de Córdoba en 1633, sucediendo a Cristóbal de Lobera y Torres.
Su pontificado se desarrolló durante los años más difíciles del reinado de Felipe IV, marcados por la Guerra de los Treinta Años, la rebelión de Cataluña, la independencia de Portugal y una profunda crisis económica que afectó gravemente a Andalucía.
La situación provocó un notable incremento de la pobreza en la ciudad de Córdoba. Consciente de esta realidad, el obispo organizó un amplio sistema de asistencia social que constituye una de las iniciativas benéficas más destacadas de la historia de la diócesis.
Mandó elaborar un padrón completo de todas las familias necesitadas de la ciudad, clasificándolas según sus circunstancias personales y económicas. Gracias a este registro distribuyó diariamente pan, dinero y otros alimentos entre miles de personas, adaptando las ayudas a la edad y situación de cada beneficiario.
Las crónicas de la época afirman que llegó a sostener diariamente a unos cinco mil niños, circunstancia que dio origen a la popular copla que perduró durante generaciones entre los cordobeses.
Su actividad caritativa convirtió al palacio episcopal en uno de los principales centros de beneficencia de la ciudad durante los años de mayor escasez.
Además de esta labor asistencial, continuó la política pastoral desarrollada por sus predecesores mediante visitas a la diócesis, el fortalecimiento de la disciplina eclesiástica y la atención al clero y a las instituciones religiosas.
Arzobispo de Sevilla

En 1641 Felipe IV lo promovió al arzobispado de Sevilla, una de las sedes metropolitanas más importantes de la Monarquía.
Su prestigio continuó creciendo durante los años siguientes, tanto por su experiencia de gobierno como por su participación en diversos asuntos de Estado relacionados con las relaciones entre España y la Santa Sede.
El papa Inocencio X lo creó cardenal en el consistorio celebrado el 19 de febrero de 1652, incorporándose así al Colegio Cardenalicio.
Poco después viajó a Roma para participar en diversos asuntos eclesiásticos vinculados a la Monarquía Hispánica.
Fallecimiento
Falleció en Roma el 2 de diciembre de 1653, mientras permanecía al servicio de la Iglesia y de la Monarquía española.
Recibió sepultura en la iglesia dominica de Santa Maria sopra Minerva, donde reposan numerosos cardenales y destacados miembros de la Orden de Predicadores.
Personalidad y legado
Domingo Pimentel reunió tres facetas poco frecuentes en una misma persona: miembro de una de las principales familias nobiliarias castellanas, destacado intelectual dominico y experimentado diplomático de la Monarquía Hispánica.
Sin embargo, en la diócesis de Córdoba su recuerdo quedó ligado principalmente a su extraordinaria labor benéfica. En una época marcada por el hambre y la guerra, destinó una parte considerable de las rentas episcopales al sostenimiento diario de miles de pobres, especialmente niños, convirtiéndose en uno de los prelados más queridos por la población cordobesa del siglo XVII.
Su actuación constituye uno de los ejemplos más destacados de beneficencia episcopal documentados en la historia moderna de la diócesis y explica que su memoria permaneciera viva durante décadas en la tradición popular de la ciudad.
Referencias
- ↑ Juan Gómez Bravo, Catálogo de los Obispos de Córdoba, tomo II.
- ↑ Juan Loperráez Corvalán, Descripción histórica del Obispado de Osma, tomo I.
- ↑ Memorial de Felipe IV a Urbano VIII.
- ↑ Gaetano Moroni, Dizionario di erudizione storico-ecclesiastica, vol. LIII.
- ↑ FamilySearch, «Domingo Pimentel de Zúñiga y Requesens», https://ancestors.familysearch.org/es/GVZG-DFB/domingo-pimentel-de-zuniga-y-requesens-1585-1653. Consultado el 8 de julio de 2026.

