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Diferencia entre revisiones de «Coches de caballos en Córdoba»

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Un capítulo singular en la historia de los coches de caballos cordobeses es el protagonizado por el '''[[Caballerizas Reales|Depósito de Sementales]]''' del Ejército, instalado en las históricas Caballerizas Reales —declaradas Monumento Histórico Nacional en 1929—, que desde el siglo XIX mantuvo en Córdoba una colección de carruajes representativos.
Un capítulo singular en la historia de los coches de caballos cordobeses es el protagonizado por el '''[[Caballerizas Reales|Depósito de Sementales]]''' del Ejército, instalado en las históricas Caballerizas Reales —declaradas Monumento Histórico Nacional en 1929—, que desde el siglo XIX mantuvo en Córdoba una colección de carruajes representativos.


En la Feria de [[Nuestra Señora de la Salud]] de '''1959''', el reportaje publicado por el diario ''Córdoba'' bajo la firma de [[Francisco Navarro Calabuig]] describía cómo el teniente coronel San fil dirigía el Depósito de Sementales ''«orientado a la creación de la conciencia circulatoria en los cordobeses del futuro que tiene con paso acelerado»''. El Depósito prestaba a la feria sus coches más castizos: la '''«araña»''' —coche ligero y de estiba—, el '''«landó»''' y la '''«berlina»''', atendidos por palafreneros y a cargo de jinetes militares. Todos los coches, objeto de ''«esmerado y doblemente compensado»'' cuidado, eran presentados con «magnífico estado» como «el legítimo orgullo y la inmensa corriente estética en las formas cordobesas que se corresponden bien con estas armas».
En la [[Feria de Nuestra Señora de la Salud (cuadro de Julio Romero de Torres)|Feria de Nuestra Señora de la Salud]] de '''1959''', el reportaje publicado por el diario ''Córdoba'' bajo la firma de [[Francisco Navarro Calabuig]] describía cómo el teniente coronel San fil dirigía el Depósito de Sementales ''«orientado a la creación de la conciencia circulatoria en los cordobeses del futuro que tiene con paso acelerado»''. El Depósito prestaba a la feria sus coches más castizos: la '''«araña»''' —coche ligero y de estiba—, el '''«landó»''' y la '''«berlina»''', atendidos por palafreneros y a cargo de jinetes militares. Todos los coches, objeto de ''«esmerado y doblemente compensado»'' cuidado, eran presentados con «magnífico estado» como «el legítimo orgullo y la inmensa corriente estética en las formas cordobesas que se corresponden bien con estas armas».


El Depósito de Sementales mantendría su actividad en las Caballerizas Reales hasta '''1995''', cuando fue trasladado a [[Écija]]. Las Caballerizas pasaron a propiedad municipal en [[2002]].
El Depósito de Sementales mantendría su actividad en las Caballerizas Reales hasta '''1995''', cuando fue trasladado a [[Écija]]. Las Caballerizas pasaron a propiedad municipal en [[2002]].
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|Incremento de hasta 50 pesetas
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El Ayuntamiento estableció asimismo '''paradas oficiales''' para los coches de caballos en los siguientes puntos: [[Estación Central de los Ferrocarriles]], [[Hotel Córdoba Palace]], [[Hotel Regina]], calle Torrijos, final de las Margaritas, final de [[Cercadilla]], [[Carretera del Brillante]] y [[Casa Provincial de Maternidad]].
El Ayuntamiento estableció asimismo '''paradas oficiales''' para los coches de caballos en los siguientes puntos: [[Estación Central de Córdoba|Estación Central de los Ferrocarriles]], [[Hotel Meliá|Hotel Córdoba Palace]], [[Hotel Regina]], [[calle Torrijos]], final de las [[Las Margaritas|Margaritas]], final de [[Estación de Cercadilla|Cercadilla]], [[Carretera del Brillante]] y [[Casa de los Expósitos|Casa Provincial de Maternidad]].


Estas tarifas vinieron a sustituir a las antiguas, que databan del siglo anterior y que «prácticamente habían perdido su vigencia». El diario ''Córdoba'' señalaba el 10 de julio de 1956 que «la invasión creciente de los automóviles el carruaje de tracción animal no tenía nada que hacer», pero que el turismo había cambiado la situación: «el turista prefiere un carreraje en un buen coche de caballos».
Estas tarifas vinieron a sustituir a las antiguas, que databan del siglo anterior y que ''«prácticamente habían perdido su vigencia»''. El diario ''Córdoba'' señalaba el 10 de julio de 1956 que ''«la invasión creciente de los automóviles el carruaje de tracción animal no tenía nada que hacer»'', pero que el turismo había cambiado la situación: ''«el turista prefiere un carreraje en un buen coche de caballos»''.


== El renacimiento turístico (años 50-60) ==
== El renacimiento turístico (años 50-60) ==
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El renacimiento de los coches de caballos a partir de mediados de los años cincuenta supuso también una transformación profunda del oficio de cochero. El columnista del diario ''Córdoba'' describía en '''1956''' la metamorfosis: «Hoy el cochero se ha elevado de categoría social. Al resurgir a la geografía ciudadana, ya no lleva al beodo escandaloso y al demás individuos de vida equívoca. Esta vez surge para remediar una tradición y como algo típico exigido por los extranjeros».
El renacimiento de los coches de caballos a partir de mediados de los años cincuenta supuso también una transformación profunda del oficio de cochero. El columnista del diario ''Córdoba'' describía en '''1956''' la metamorfosis: «Hoy el cochero se ha elevado de categoría social. Al resurgir a la geografía ciudadana, ya no lleva al beodo escandaloso y al demás individuos de vida equívoca. Esta vez surge para remediar una tradición y como algo típico exigido por los extranjeros».


Los populares apodos de los antiguos aurigas —«Malagana», «El Bute», «Pepote»— cedían paso a una nueva generación de cocheros más «distinguidos y cultos» que realizaban excursiones a las ruinas de [[Medina Azahara]], a las de [[San Jerónimo de Valparaíso|San Jerónimo]] y recorrían los monumentos, lugares típicos, patios y calllejones con historia. Se habían acostumbrado incluso a oír el lenguaje extranjero.
Los populares apodos de los antiguos aurigas —«Malagana», «El Bute», «Pepote»— cedían paso a una nueva generación de cocheros más «distinguidos y cultos» que realizaban excursiones a las ruinas de [[Medina Azahara]], a las de [[Real Monasterio de San Jerónimo de Valparaíso|San Jerónimo]] y recorrían los monumentos, lugares típicos, patios y calllejones con historia. Se habían acostumbrado incluso a oír el lenguaje extranjero.


=== El turista y el cochero ===
=== El turista y el cochero ===
El diario ''Córdoba'' publicó en '''1963''' una extensa crónica, firmada M.H.G., de una conversación con el cochero '''Juanito''', cuya jaca atendía al nombre de '''«Zoraida»'''. El diálogo revelaba la nueva realidad del oficio: había entre 15 y 20 coches en Córdoba, y los turistas constituían su clientela casi exclusiva. Juanito llevaba a sus clientes extranjeros «por los barrios típicos durante la noche», mostrándoles «las calles típicas de Córdoba durante la noche» y llevándolos a lugares como el [[Cristo de los Faroles]] o el [[Zoco]] de la Judería. Declaraba con orgullo:{{Cita|Yo soy el guía, burgués, la gente paga bien en el coche. A veces, reformándose más y más, podrían incrementar sus ingresos los caballos. Porque algunos tienen una «pinta» que dan grima velos.|«Juanito», cochero cordobés, diario ''Córdoba'', 14 de julio de 1963}}Los extranjeros preferían Córdoba por sus barrios. El turista que llegaba a la ciudad tomaba el coche desde el hotel de turno para recorrer las calles durante horas: los orientales, los ingleses y los italianos «gustan mucho de bajarse en los rincones típicos»; los franceses y los norteamericanos «suben en gran cantidad y al final te ponen en la mano diez duros y se van».  
El diario ''Córdoba'' publicó en '''1963''' una extensa crónica, firmada M.H.G., de una conversación con el cochero '''Juanito''', cuya jaca atendía al nombre de '''«Zoraida»'''. El diálogo revelaba la nueva realidad del oficio: había entre 15 y 20 coches en Córdoba, y los turistas constituían su clientela casi exclusiva. Juanito llevaba a sus clientes extranjeros ''«por los barrios típicos durante la noche»'', mostrándoles ''«las calles típicas de Córdoba durante la noche»'' y llevándolos a lugares como el [[Cristo de los Faroles]] o el [[Zoco Municipal|Zoco]] de la Judería. Declaraba con orgullo:{{Cita|Yo soy el guía, burgués, la gente paga bien en el coche. A veces, reformándose más y más, podrían incrementar sus ingresos los caballos. Porque algunos tienen una «pinta» que dan grima velos.|«Juanito», cochero cordobés, diario ''Córdoba'', 14 de julio de 1963}}Los extranjeros preferían Córdoba por sus barrios. El turista que llegaba a la ciudad tomaba el coche desde el hotel de turno para recorrer las calles durante horas: los orientales, los ingleses y los italianos ''«gustan mucho de bajarse en los rincones típicos»''; los franceses y los norteamericanos ''«suben en gran cantidad y al final te ponen en la mano diez duros y se van»''.  


El cochero hacía de guía, intérprete a su modo, presentando los monumentos en inglés y francés «sabiendo los nombres de los monumentos». «No hace falta —concluía el artículo— ser un mago para entender la ciudad que la hayan recibido de labios de estos serviciales trabajadores. La buena voluntad no basta».
El cochero hacía de guía, intérprete a su modo, presentando los monumentos en inglés y francés ''«sabiendo los nombres de los monumentos»''. «''No hace falta'' —concluía el artículo— ''ser un mago para entender la ciudad que la hayan recibido de labios de estos serviciales trabajadores. La buena voluntad no basta».''


=== El itinerario turístico ===
=== El itinerario turístico ===
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== La cuestión de las campanillas (1967) ==
== La cuestión de las campanillas (1967) ==
En julio de '''[[1967]]''', los vecinos del barrio de la Catedral protagonizaron una queja ante el diario ''Córdoba'': las campanillas de los coches de caballos que recorrían las calles de la Judería sin cesar durante la madrugada no les dejaban dormir. El debate resultó revelador: desde los cocheros se argumentaba que las campanillas «se mantienen despiertos y alegres, aparte de que muestran su alborozo por no terminar en las plazas de toros».  
En julio de '''[[1967]]''', los vecinos del barrio de la Catedral protagonizaron una queja ante el diario ''Córdoba'': las campanillas de los coches de caballos que recorrían las calles de la Judería sin cesar durante la madrugada no les dejaban dormir. El debate resultó revelador: desde los cocheros se argumentaba que las campanillas ''«se mantienen despiertos y alegres, aparte de que muestran su alborozo por no terminar en las plazas de toros».''


El periódico, sin zanjar el asunto, se hacía eco de la petición de los vecinos de prescindir de «alguna que otra campanilla a los caballos, en bien del sosiego del vecindario y del prestigio de Córdoba», subrayando que aquello que los poetas describían como señal de tipismo resultaba, a las tres de la madrugada, una fuente de incomodidad vecinal.
El periódico, sin zanjar el asunto, se hacía eco de la petición de los vecinos de prescindir de ''«alguna que otra campanilla a los caballos, en bien del sosiego del vecindario y del prestigio de Córdoba»'', subrayando que aquello que los poetas describían como señal de tipismo resultaba, a las tres de la madrugada, una fuente de incomodidad vecinal.


== Crisis del gremio: los años 70 ==
== Crisis del gremio: los años 70 ==


=== «Una agencia de viajes ha acabado con nosotros» ===
=== «Una agencia de viajes ha acabado con nosotros» ===
El reportaje publicado por el diario ''Córdoba'' el '''10 de agosto de 1973''', con texto de '''[[Francisco Solano Márquez]]''' y fotografías de '''Ladis-hijo''', retrataba un gremio herido. El título lo decía todo: '''«Los cocheros, gremio en crisis»'''.
El reportaje publicado por el diario ''Córdoba'' el '''10 de agosto de 1973''', con texto de '''[[Francisco Solano Márquez]]''' y fotografías de '''Ladis-hijo''', retrataba un gremio herido. El título lo decía todo: '''''«Los cocheros, gremio en crisis»'''''.


En ese momento había '''41 coches''' en Córdoba. Las tres paradas eran: calle [[Calle Torrijos|Torrijos]] (junto a la Mezquita, sin admitir más de cuatro coches), [[Campo Santo de los Mártires]], y entre el [[Hotel Meliá|Meliá Córdoba]] y la [[Puerta de Almodóvar]]. La tarifa para cuatro personas durante dos horas ascendía a '''300 pesetas'''.
En ese momento había '''41 coches''' en Córdoba. Las tres paradas eran: calle [[Calle Torrijos|Torrijos]] (junto a la Mezquita, sin admitir más de cuatro coches), [[Campo Santo de los Mártires]], y entre el [[Hotel Meliá|Meliá Córdoba]] y la [[Puerta de Almodóvar]]. La tarifa para cuatro personas durante dos horas ascendía a '''300 pesetas'''.
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== Datos actuales ==
== Datos actuales ==
En la actualidad los coches de caballos siguen siendo un atractivo turístico de [[Córdoba]], con un recorrido que incluye el [[Alcázar de los Reyes Cristianos]], la ribera del [[Guadalquivir]], la [[Puerta del Puente (Córdoba)|Puerta del Puente]] o la [[Mezquita-Catedral de Córdoba|Mezquita-Catedral]]. Las tres paradas habituales se ubican en calle [[Torrijos (calle, Córdoba)|Torrijos]] (frente a la Mezquita-Catedral), [[Campo Santo de los Mártires]] y la zona del [[Meliá Córdoba]]-[[Puerta de Almodóvar]].
En la actualidad los coches de caballos siguen siendo un atractivo turístico de [[Córdoba]], con un recorrido que incluye el [[Alcázar de los Reyes Cristianos]], la ribera del [[Guadalquivir]], la [[Puerta del Puente (Córdoba)|Puerta del Puente]] o la [[Mezquita-Catedral de Córdoba|Mezquita-Catedral]]. Las tres paradas habituales se ubican en calle [[Calle Torrijos|Torrijos]] (frente a la Mezquita-Catedral), [[Campo Santo de los Mártires]] y la zona del [[Meliá Córdoba]]-[[Puerta de Almodóvar]].


== Fuentes primarias ==
== Fuentes primarias ==
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<references />
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== Véase también ==
*
 
* [[Caballerizas Reales de Córdoba]]
* [[Feria de Nuestra Señora de la Salud (Córdoba)]]
* [[Rafael Guerra Bejarano|Rafael «Guerrita»]]
* [[Historia de Córdoba en el siglo XX]]
* [[Turismo en Córdoba]]
* [[Paseo del Gran Capitán (Córdoba)]]


[[Categoría:Años 1950]]
[[Categoría:Años 1950]]

Revisión actual - 21:36 28 mar 2026

Los coches de caballos de Córdoba constituyen uno de los elementos más característicos del paisaje urbano y turístico de la ciudad. Su uso como transporte de alquiler en Córdoba se remonta al menos al siglo XIX, cuando los llamados «coches de punto» formaban parte habitual de la vida cotidiana de la ciudad.

Tras un período de declive ante el avance del automóvil, el auge del turismo en los años cincuenta y sesenta del siglo XX propició su renacimiento con una función esencialmente turística, consolidándose como una de las experiencias más reconocibles para el visitante de la ciudad califal.

Antecedentes históricos

La presencia de carruajes tirados por caballos en Córdoba se documenta desde, al menos, el primer tercio del siglo XIX. La última tarifa oficial de «carruajes de tracción animal» anterior a la regulación de 1956 databa del año 1843, lo que da idea de la larga trayectoria del servicio. En aquella época, los coches de punto caracterizaban el paisaje urbano del Paseo del Gran Capitán, con sus cocheros dormitando en el pescante entre servicio y servicio.

Las paradas de los coches de punto se caracterizaban, según los testimonios de la época, por la suciedad de los lugares donde se estacionaban. Los cocheros de entonces eran descritos como «juerguistas» que transcurrían el tiempo entre el bostezo del auriga dormilón y la telega colgada en su cabezal. La tarifa de referencia de seis reales y dos pesetas subsistió hasta bien entrado el siglo XX, siendo los establecimientos de referencia la Venta de Vargas, el Arroyo de Pedroches y los antiguos merenderos.

Con la irrupción masiva del automóvil a lo largo de las décadas de 1920 y 1930, los coches de caballos fueron desapareciendo de las calles cordobesas. Hacia mediados del siglo XX apenas quedaban «cuatro o cinco que apenas tenían clientela», según recoge el diario Córdoba, y estos únicamente encontraban encaje «en las estaciones a la llegada de los trenes».

El Depósito de Sementales y sus coches

Un capítulo singular en la historia de los coches de caballos cordobeses es el protagonizado por el Depósito de Sementales del Ejército, instalado en las históricas Caballerizas Reales —declaradas Monumento Histórico Nacional en 1929—, que desde el siglo XIX mantuvo en Córdoba una colección de carruajes representativos.

En la Feria de Nuestra Señora de la Salud de 1959, el reportaje publicado por el diario Córdoba bajo la firma de Francisco Navarro Calabuig describía cómo el teniente coronel San fil dirigía el Depósito de Sementales «orientado a la creación de la conciencia circulatoria en los cordobeses del futuro que tiene con paso acelerado». El Depósito prestaba a la feria sus coches más castizos: la «araña» —coche ligero y de estiba—, el «landó» y la «berlina», atendidos por palafreneros y a cargo de jinetes militares. Todos los coches, objeto de «esmerado y doblemente compensado» cuidado, eran presentados con «magnífico estado» como «el legítimo orgullo y la inmensa corriente estética en las formas cordobesas que se corresponden bien con estas armas».

El Depósito de Sementales mantendría su actividad en las Caballerizas Reales hasta 1995, cuando fue trasladado a Écija. Las Caballerizas pasaron a propiedad municipal en 2002.

El coche de caballos del "Guerrita"

Entre los coches de caballos más señalados de la Córdoba del siglo XX destaca el que perteneció al célebre matador de toros cordobés Rafael Guerra «Guerrita» (1862-1941), quien abandonó la fiesta en la tarde del 15 de octubre de 1899 en Zaragoza, después de estoquearse a «Pelón» del toro Colorado de la ganadería de don Jorge Díaz, figurando en el cartel con «Villita» y «Algabeño».


Con la muerte de don Rafael Guerra, sus familiares vendieron el coche a Emilio Gallardo, quien lo condujo y alternó en sus faenas con las del propietario, haciéndolo con el transporte de empleados de las fincas de vinos cordobesas. Gallardo adquirió el coche por 600 pesetas. Junto al nombre del torero, el coche cargaba una «historia imborrable» ligada al ruedo. Su propietario, entrevistado en 1953 para el diario Córdoba por el periodista Luis Cavanillas Avila en Villafranca de Córdoba —pueblo donde el coche prestaba servicio de la estación al pueblo varias veces al día—, declaró que «no lo cambiaría ni por un "haiga" americano»:

No lo vendí a nadie, por lo visto se lo han cargado. ¿Y sé yo si lo marqué o "gente gorda" lo hizo? Yo recuerdo del coche sus arcos bonitos, entonces lo enganchaban cuatro, pero yo con mi caballo y mi mula he recorrido más kilómetros y con más peso, que el coche en toda su vida.
Emilio Gallardo, propietario del coche del «Guerrita», diario Córdoba, 30 de septiembre de 1953



Regulación municipal: las tarifas de 1956

La renovación del servicio de coches de caballos en Córdoba fue acompañada de una nueva regulación tarifaria aprobada por la Comisión Permanente Municipal en la sesión del 7 de julio de 1956, presidida por el alcalde don Antonio Cruz Conde y con asistencia del secretario, señor Lázaro Marín.

Las nuevas tarifas establecidas fueron:

Servicio Tarifa
Carrera (2 personas) 9,75 pesetas
Carrera (3-4 personas) 15 pesetas
Por hora (1-2 personas) 25 pesetas
Por hora (3-4 personas) 30 pesetas
Con motivo de la Feria Incremento de hasta 50 pesetas

El Ayuntamiento estableció asimismo paradas oficiales para los coches de caballos en los siguientes puntos: Estación Central de los Ferrocarriles, Hotel Córdoba Palace, Hotel Regina, calle Torrijos, final de las Margaritas, final de Cercadilla, Carretera del Brillante y Casa Provincial de Maternidad.

Estas tarifas vinieron a sustituir a las antiguas, que databan del siglo anterior y que «prácticamente habían perdido su vigencia». El diario Córdoba señalaba el 10 de julio de 1956 que «la invasión creciente de los automóviles el carruaje de tracción animal no tenía nada que hacer», pero que el turismo había cambiado la situación: «el turista prefiere un carreraje en un buen coche de caballos».

El renacimiento turístico (años 50-60)

La transformación del oficio

El renacimiento de los coches de caballos a partir de mediados de los años cincuenta supuso también una transformación profunda del oficio de cochero. El columnista del diario Córdoba describía en 1956 la metamorfosis: «Hoy el cochero se ha elevado de categoría social. Al resurgir a la geografía ciudadana, ya no lleva al beodo escandaloso y al demás individuos de vida equívoca. Esta vez surge para remediar una tradición y como algo típico exigido por los extranjeros».

Los populares apodos de los antiguos aurigas —«Malagana», «El Bute», «Pepote»— cedían paso a una nueva generación de cocheros más «distinguidos y cultos» que realizaban excursiones a las ruinas de Medina Azahara, a las de San Jerónimo y recorrían los monumentos, lugares típicos, patios y calllejones con historia. Se habían acostumbrado incluso a oír el lenguaje extranjero.

El turista y el cochero

El diario Córdoba publicó en 1963 una extensa crónica, firmada M.H.G., de una conversación con el cochero Juanito, cuya jaca atendía al nombre de «Zoraida». El diálogo revelaba la nueva realidad del oficio: había entre 15 y 20 coches en Córdoba, y los turistas constituían su clientela casi exclusiva. Juanito llevaba a sus clientes extranjeros «por los barrios típicos durante la noche», mostrándoles «las calles típicas de Córdoba durante la noche» y llevándolos a lugares como el Cristo de los Faroles o el Zoco de la Judería. Declaraba con orgullo:

Yo soy el guía, burgués, la gente paga bien en el coche. A veces, reformándose más y más, podrían incrementar sus ingresos los caballos. Porque algunos tienen una «pinta» que dan grima velos.
«Juanito», cochero cordobés, diario Córdoba, 14 de julio de 1963


Los extranjeros preferían Córdoba por sus barrios. El turista que llegaba a la ciudad tomaba el coche desde el hotel de turno para recorrer las calles durante horas: los orientales, los ingleses y los italianos «gustan mucho de bajarse en los rincones típicos»; los franceses y los norteamericanos «suben en gran cantidad y al final te ponen en la mano diez duros y se van».

El cochero hacía de guía, intérprete a su modo, presentando los monumentos en inglés y francés «sabiendo los nombres de los monumentos». «No hace falta —concluía el artículo— ser un mago para entender la ciudad que la hayan recibido de labios de estos serviciales trabajadores. La buena voluntad no basta».

El itinerario turístico

A partir de los testimonios recogidos en el diario Córdoba entre 1963 y 1973, es posible reconstruir el itinerario turístico tipo que realizaban los coches de caballos por el casco histórico de Córdoba:

Puerta de AlmodóvarTrinidadOsarioCristo de los FarolesTorre de la MalmuertaLagunillasSanta MarinaPlaza de la CorrederaBodegasPlaza del PotroMezquitaJuderíaAlcázar de los Reyes Cristianos → murallas → Puente Romano → hotel de partida.

Este recorrido, que discurría preferentemente de noche aprovechando el silencio y la iluminación del casco histórico, duraba habitualmente dos horas para un grupo de cuatro personas.

La cuestión de las campanillas (1967)

En julio de 1967, los vecinos del barrio de la Catedral protagonizaron una queja ante el diario Córdoba: las campanillas de los coches de caballos que recorrían las calles de la Judería sin cesar durante la madrugada no les dejaban dormir. El debate resultó revelador: desde los cocheros se argumentaba que las campanillas «se mantienen despiertos y alegres, aparte de que muestran su alborozo por no terminar en las plazas de toros».

El periódico, sin zanjar el asunto, se hacía eco de la petición de los vecinos de prescindir de «alguna que otra campanilla a los caballos, en bien del sosiego del vecindario y del prestigio de Córdoba», subrayando que aquello que los poetas describían como señal de tipismo resultaba, a las tres de la madrugada, una fuente de incomodidad vecinal.

Crisis del gremio: los años 70

«Una agencia de viajes ha acabado con nosotros»

El reportaje publicado por el diario Córdoba el 10 de agosto de 1973, con texto de Francisco Solano Márquez y fotografías de Ladis-hijo, retrataba un gremio herido. El título lo decía todo: «Los cocheros, gremio en crisis».

En ese momento había 41 coches en Córdoba. Las tres paradas eran: calle Torrijos (junto a la Mezquita, sin admitir más de cuatro coches), Campo Santo de los Mártires, y entre el Meliá Córdoba y la Puerta de Almodóvar. La tarifa para cuatro personas durante dos horas ascendía a 300 pesetas.

El problema central que denunciaban los cocheros era la competencia de las agencias de viajes: hacían visitas a Córdoba en autocar, recogían clientes de todos los hoteles y ya no llamaban a los cocheros para el servicio. «Nos han cargado ¿sabe usted?». El autocar, frío y masivo, mostraba Córdoba sin ánimo de tomar partido. Pero el turismo nunca podía elegir en estas cosas.

Otro problema estructural era la relación con los guías turísticos: estos contrataban los coches y cobraban entre 250 y 300 pesetas por persona, de las que solo 100 quedaban para el cochero. El cochero **Antonio** («El Pecas»), con quince años en el oficio, lo resumía con amargura:

Los guías tratan los coches y cobran doscientas cincuenta y hasta trescientas pesetas por persona, de las que nos quedan a nosotros solo cien —nos dice—. Miren su bolsillo y nos muestran un recibo que corrobora lo que nos ha dicho.
«Antonio, El Pecas», cochero cordobés, diario Córdoba, 10 de agosto de 1974



El coste del caballo

Un caballo que tirase del coche valía en 1973 cerca de cinco mil duros (25.000 pesetas). «Y hay que echarle de comer trabajando y sin trabajar», declaraban los cocheros. El mantenimiento diario de un animal ascendía a unos veinte duros, con independencia de si trabajaba o no. Los caballos de tiro, flacos y con sus seis mil duros de precio, quedaban convertidos, a fuerza de trabajo sin descanso, en «filetes o en embutidos».

El gremio estaba integrado en la Agrupación Sindical de Coches de Caballos, con todos los vehículos matriculados y los cocheros asegurados. Para obtener la licencia municipal era preciso acreditar: revista de Industria, licencia municipal, trámites necesarios para la obtención del carné y un examen previo en que se preguntaba «los nombres de calles, casas, hoteles y centros importantes».

El invierno, malo

La estacionalidad era feroz. Los coches trabajaban generalmente de abril a septiembre, desde las siete de la mañana —cuando comenzaban las tareas de preparación— hasta las dos o las tres de la madrugada. Pero fuera de agosto y de la Semana Santa no solían abundar los días que se daba bien. «De modo que generalmente en invierno hay que colgar los arreos y buscarse otra ocupación. Y cuando llega octubre me voy a los albañiles», declaraba Antonio en 1974.

En 1974 el número de coches había subido a 42, aunque el número de turistas había disminuido considerablemente a consecuencia de la crisis económica europea. Una visita completa a la ciudad suponía 400 pesetas para un grupo de cuatro viajeros, precio que había aumentado con respecto al año anterior.

Los cocheros y sus caballos

Los jacos celebres

Los caballos que arrastraban los carruajes tenían personalidad propia en el imaginario popular. En los años de bonanza, los caballos eran animales reconocidos por los recorridos que conocían palmo a palmo, sin necesidad de orientación. En 1966 el diario Córdoba señalaba que los jacos de tiro eran «los últimos supervivientes de una larga época en que ellos eran signo de señorío», añadiendo que iban quedando «muy pocos». Los más se cuidaban para lucirse como jinetes en las ferias, convirtiéndose en filetes o en embutidos. Los que más vale la pena de destacar son los caballos llamados populares como «Zoraida» (de Juanito, 1963) y la yegua cenicienta del cochero anónimo retratado en 1951 —«bella hermosísima jaca guiada por quien fue bizarro caballista don Antonio Cañero».

Los apodos de los cocheros

El folclore de los cocheros cordobeses había dejado para el recuerdo una galería de apodos: «Malagana», «Mediaoreja», «Calcetines»... Los tipos populares que se sentaban en el pescante del Gran Capitán de antaño habían dado paso a una generación más discreta, aunque no menos pintoresca. En la crónica de 1963 el columnista R.G. recordaba a aquellos aurigas de la belle époque que «sabían de historias y costuras sabrosas y picantes» y podían «llenar muchas páginas».

Datos actuales

En la actualidad los coches de caballos siguen siendo un atractivo turístico de Córdoba, con un recorrido que incluye el Alcázar de los Reyes Cristianos, la ribera del Guadalquivir, la Puerta del Puente o la Mezquita-Catedral. Las tres paradas habituales se ubican en calle Torrijos (frente a la Mezquita-Catedral), Campo Santo de los Mártires y la zona del Meliá Córdoba-Puerta de Almodóvar.

Fuentes primarias

  • Córdoba (diario), 8 de diciembre de 1951, columna «Córdoba en labios» / FIDELIO.
  • Córdoba (diario), 27 de mayo de 1952, «Postal del Día»: «Coches de Caballos».
  • Córdoba (diario), 30 de septiembre de 1953: «El coche de caballos de "Guerrita" al servicio de los viajeros de Villafranca de Córdoba» (Luis Cavanillas Avila).
  • Córdoba (diario), 7 de julio de 1956: «Fueron aprobadas las tarifas para los coches de caballos».
  • Córdoba (diario), 10 de julio de 1956: «Los coches de caballos vuelven a las calles de Córdoba».
  • Córdoba (diario), 23 de julio de 1956: «Vuelven los coches de punto».
  • Córdoba (diario), 21 de agosto de 1956, «Postal del Día»: «Los aurigas modernos».
  • Córdoba (diario), 24 de mayo de 1959: «La vieja estampa de los coches de caballos, añoranza de la Feria» (Francisco Navarro Calabuig).
  • Córdoba (diario), 27 de mayo de 1961, «Postal del Día»: «Los coches de caballos».
  • Córdoba (diario), 14 de julio de 1963: «Los paseos en coches de caballos por las calles de Córdoba» (M.H.G.).
  • Córdoba (diario), 3 de septiembre de 1963, «Postal del Día»: «Los aurigas de ahora».
  • Córdoba (diario), 21 de abril de 1964, «Postal del Día»: «Coches de caballos».
  • Córdoba (diario), 4 de julio de 1964, «Postal del Día»: «Caravanas turísticas».
  • Córdoba (diario), 26 de abril de 1966, «Postal del Día»: «Aurigas de hogaño».
  • Córdoba (diario), 14 de julio de 1967: «Coches de muchas campanillas».
  • Córdoba (diario), 10 de agosto de 1973: «Los cocheros, gremio en crisis» (Francisco Solano Márquez / Ladis-hijo).
  • Córdoba (diario), 10 de agosto de 1974: «Los coches de caballos, una tradición difícil de mantener» (Ignacio Cid / Ladis-hijo).

Notas