Menú alternativo
Toggle preferences menu
Menú alternativo personal
No has accedido
Tu dirección IP será visible si haces alguna edición

Diferencia entre revisiones de «Guerra de Cuba»

De Cordobapedia
Página creada con «'''La Guerra de Cuba de 1895-1898''' tuvo una importante repercusión en Córdoba y su provincia, pese a desarrollarse a miles de kilómetros de la ciudad. El conflicto provocó la movilización de numerosos jóvenes cordobeses, el paso por la capital de tropas destinadas a Ultramar, campañas de recaudación de fondos, manifestaciones patrióticas y, tras la derrota española, la llegada de soldados repatriados, muchos de ellos enfermos y en una situación econó…»
 
Sin resumen de edición
 
Línea 3: Línea 3:
Córdoba se convirtió durante aquellos años tanto en lugar de despedida de tropas como, desde [[1898]], en punto de asistencia a los militares que regresaban de Cuba. La [[Cruz Roja de Córdoba]] organizó un dispositivo permanente en la [[Estación Central de Córdoba|Estación Central de los Ferrocarriles]], llegando a habilitar en sus dependencias un hospital provisional para atender a los repatriados que no podían ser trasladados a otros establecimientos sanitarios.<ref name="Montis">DE MONTIS, Ricardo: ''Notas cordobesas. Recuerdos del pasado'', vol. 6, capítulo «Córdoba y el Ejército», Biblioteca Municipal de Córdoba, 1925.</ref>
Córdoba se convirtió durante aquellos años tanto en lugar de despedida de tropas como, desde [[1898]], en punto de asistencia a los militares que regresaban de Cuba. La [[Cruz Roja de Córdoba]] organizó un dispositivo permanente en la [[Estación Central de Córdoba|Estación Central de los Ferrocarriles]], llegando a habilitar en sus dependencias un hospital provisional para atender a los repatriados que no podían ser trasladados a otros establecimientos sanitarios.<ref name="Montis">DE MONTIS, Ricardo: ''Notas cordobesas. Recuerdos del pasado'', vol. 6, capítulo «Córdoba y el Ejército», Biblioteca Municipal de Córdoba, 1925.</ref>


El conflicto dejó igualmente numerosos testimonios personales. Décadas después todavía vivían en Córdoba y su provincia algunos de los hombres que habían combatido en la isla, entre ellos el montillano '''Francisco Morales Alcalde''', superviviente del combate de las [[Lomas de San Juan]], y el cordobés '''Antonio Redondo Salamanca''', condecorado con la [[Cruz del Mérito Militar]].<ref name="Morales">PONFERRADA GÓMEZ, J.: «Los últimos de las Lomas de San Juan. Francisco Morales, de Montilla, uno de los supervivientes de aquella gesta», ''Diario Córdoba'', 10 de febrero de 1956.</ref><ref name="Redondo">«Un soldado cordobés que tomó parte en numerosas acciones de guerra en Santiago de Cuba. Una charla con el excombatiente don Antonio Redondo Salamanca», ''Diario Córdoba'', 1 de marzo de 1956.</ref>
El conflicto dejó igualmente numerosos testimonios personales. Décadas después todavía vivían en Córdoba y su provincia algunos de los hombres que habían combatido en la isla, entre ellos el montillano '''Francisco Morales Alcalde''', superviviente del combate de las Lomas de San Juan, y el cordobés '''Antonio Redondo Salamanca''', condecorado con la Cruz del Mérito Militar.<ref name="Morales">PONFERRADA GÓMEZ, J.: «Los últimos de las Lomas de San Juan. Francisco Morales, de Montilla, uno de los supervivientes de aquella gesta», ''Diario Córdoba'', 10 de febrero de 1956.</ref><ref name="Redondo">«Un soldado cordobés que tomó parte en numerosas acciones de guerra en Santiago de Cuba. Una charla con el excombatiente don Antonio Redondo Salamanca», ''Diario Córdoba'', 1 de marzo de 1956.</ref>


==Contexto histórico==
==Contexto histórico==
Línea 9: Línea 9:
La insurrección que dio comienzo a la última [[Guerra de Cuba]] comenzó el [[24 de febrero]] de [[1895]], extendiéndose rápidamente por buena parte de la isla. España respondió con el envío masivo de tropas procedentes de la Península.
La insurrección que dio comienzo a la última [[Guerra de Cuba]] comenzó el [[24 de febrero]] de [[1895]], extendiéndose rápidamente por buena parte de la isla. España respondió con el envío masivo de tropas procedentes de la Península.


Durante los tres años siguientes fueron enviados a Cuba centenares de miles de soldados españoles, en su mayoría jóvenes procedentes del sistema de reclutamiento obligatorio. El conflicto adquirió una dimensión internacional en [[1898]], tras la intervención de los [[Estados Unidos]], dando lugar a la [[Guerra hispano-estadounidense]].
Durante los tres años siguientes fueron enviados a Cuba centenares de miles de soldados españoles, en su mayoría jóvenes procedentes del sistema de reclutamiento obligatorio. El conflicto adquirió una dimensión internacional en [[1898]], tras la intervención de los Estados Unidos, dando lugar a la Guerra hispano-estadounidense.


La destrucción de la escuadra española en Santiago de Cuba y las derrotas militares del verano de 1898 precipitaron el final de la guerra. El [[Tratado de París]], firmado en diciembre de aquel año, puso término al dominio español sobre Cuba y supuso igualmente la pérdida de Puerto Rico y Filipinas.
La destrucción de la escuadra española en Santiago de Cuba y las derrotas militares del verano de 1898 precipitaron el final de la guerra. El Tratado de París, firmado en diciembre de aquel año, puso término al dominio español sobre Cuba y supuso igualmente la pérdida de Puerto Rico y Filipinas.


La principal causa de mortalidad entre las tropas españolas no fueron, sin embargo, los combates, sino las enfermedades, especialmente la fiebre amarilla, el paludismo, la disentería y otras afecciones favorecidas por las condiciones tropicales, la deficiente alimentación y las largas marchas.<ref>DÍAZ MARTÍNEZ, Yolanda: «La Sanidad Militar del Ejército Español en la Guerra de 1895 en Cuba», ''Asclepio'', vol. 50, nº 1, 1998.</ref>
La principal causa de mortalidad entre las tropas españolas no fueron, sin embargo, los combates, sino las enfermedades, especialmente la fiebre amarilla, el paludismo, la disentería y otras afecciones favorecidas por las condiciones tropicales, la deficiente alimentación y las largas marchas.<ref>DÍAZ MARTÍNEZ, Yolanda: «La Sanidad Militar del Ejército Español en la Guerra de 1895 en Cuba», ''Asclepio'', vol. 50, nº 1, 1998.</ref>
Línea 41: Línea 41:
Ricardo de Montis recordó uno de estos episodios. Una noche se difundió por Córdoba la noticia de una gran victoria de la escuadra española. Los clientes de cafés y casinos salieron a las calles, improvisaron una bandera y acudieron en busca de la [[Banda Municipal de Música]], formándose una manifestación de varios miles de personas que recorrió la ciudad.
Ricardo de Montis recordó uno de estos episodios. Una noche se difundió por Córdoba la noticia de una gran victoria de la escuadra española. Los clientes de cafés y casinos salieron a las calles, improvisaron una bandera y acudieron en busca de la [[Banda Municipal de Música]], formándose una manifestación de varios miles de personas que recorrió la ciudad.


Al día siguiente se conoció que la noticia había sido errónea: la escuadra española había sido destruida en las aguas de [[Santiago de Cuba]].<ref name="Montis"/>
Al día siguiente se conoció que la noticia había sido errónea: la escuadra española había sido destruida en las aguas de Santiago de Cuba.<ref name="Montis"/>


El episodio refleja el cambio experimentado por la sociedad cordobesa durante la campaña, desde el entusiasmo patriótico inicial hasta la creciente preocupación por las noticias de muertos, enfermos y derrotas.
El episodio refleja el cambio experimentado por la sociedad cordobesa durante la campaña, desde el entusiasmo patriótico inicial hasta la creciente preocupación por las noticias de muertos, enfermos y derrotas.
Línea 87: Línea 87:
Morales salió de Cádiz el [[2 de abril]] de [[1895]] a bordo del vapor ''Alfonso XIII''. Tras pasar por Puerto Rico llegó a Cuba y durante los años siguientes intervino en diferentes operaciones contra las fuerzas independentistas.<ref name="Morales"/>
Morales salió de Cádiz el [[2 de abril]] de [[1895]] a bordo del vapor ''Alfonso XIII''. Tras pasar por Puerto Rico llegó a Cuba y durante los años siguientes intervino en diferentes operaciones contra las fuerzas independentistas.<ref name="Morales"/>


En [[1898]] se encontraba en la zona de [[Santiago de Cuba]], donde asistió a los intensos bombardeos que precedieron a la ofensiva estadounidense.
En [[1898]] se encontraba en la zona de Santiago de Cuba, donde asistió a los intensos bombardeos que precedieron a la ofensiva estadounidense.


Formó parte de las tropas destinadas a la defensa de las '''Lomas de San Juan''', una de las posiciones que protegían los accesos a Santiago de Cuba. Allí combatió integrado en las fuerzas españolas que, pese a su inferioridad numérica, resistieron el ataque de las tropas estadounidenses y cubanas antes de retirarse hacia las defensas de Santiago.<ref name="Morales"/>
Formó parte de las tropas destinadas a la defensa de las '''Lomas de San Juan''', una de las posiciones que protegían los accesos a Santiago de Cuba. Allí combatió integrado en las fuerzas españolas que, pese a su inferioridad numérica, resistieron el ataque de las tropas estadounidenses y cubanas antes de retirarse hacia las defensas de Santiago.<ref name="Morales"/>
Línea 277: Línea 277:
* «Un soldado cordobés que tomó parte en numerosas acciones de guerra en Santiago de Cuba», ''Diario Córdoba'', 1 de marzo de 1956.
* «Un soldado cordobés que tomó parte en numerosas acciones de guerra en Santiago de Cuba», ''Diario Córdoba'', 1 de marzo de 1956.


== Referencias ==
<references />
<references />



Revisión actual - 00:29 5 sep 2026

La Guerra de Cuba de 1895-1898 tuvo una importante repercusión en Córdoba y su provincia, pese a desarrollarse a miles de kilómetros de la ciudad. El conflicto provocó la movilización de numerosos jóvenes cordobeses, el paso por la capital de tropas destinadas a Ultramar, campañas de recaudación de fondos, manifestaciones patrióticas y, tras la derrota española, la llegada de soldados repatriados, muchos de ellos enfermos y en una situación económica precaria.

Córdoba se convirtió durante aquellos años tanto en lugar de despedida de tropas como, desde 1898, en punto de asistencia a los militares que regresaban de Cuba. La Cruz Roja de Córdoba organizó un dispositivo permanente en la Estación Central de los Ferrocarriles, llegando a habilitar en sus dependencias un hospital provisional para atender a los repatriados que no podían ser trasladados a otros establecimientos sanitarios.[1]

El conflicto dejó igualmente numerosos testimonios personales. Décadas después todavía vivían en Córdoba y su provincia algunos de los hombres que habían combatido en la isla, entre ellos el montillano Francisco Morales Alcalde, superviviente del combate de las Lomas de San Juan, y el cordobés Antonio Redondo Salamanca, condecorado con la Cruz del Mérito Militar.[2][3]

Contexto histórico

La insurrección que dio comienzo a la última Guerra de Cuba comenzó el 24 de febrero de 1895, extendiéndose rápidamente por buena parte de la isla. España respondió con el envío masivo de tropas procedentes de la Península.

Durante los tres años siguientes fueron enviados a Cuba centenares de miles de soldados españoles, en su mayoría jóvenes procedentes del sistema de reclutamiento obligatorio. El conflicto adquirió una dimensión internacional en 1898, tras la intervención de los Estados Unidos, dando lugar a la Guerra hispano-estadounidense.

La destrucción de la escuadra española en Santiago de Cuba y las derrotas militares del verano de 1898 precipitaron el final de la guerra. El Tratado de París, firmado en diciembre de aquel año, puso término al dominio español sobre Cuba y supuso igualmente la pérdida de Puerto Rico y Filipinas.

La principal causa de mortalidad entre las tropas españolas no fueron, sin embargo, los combates, sino las enfermedades, especialmente la fiebre amarilla, el paludismo, la disentería y otras afecciones favorecidas por las condiciones tropicales, la deficiente alimentación y las largas marchas.[4]

El reclutamiento y las quintas

La guerra tuvo un impacto directo en miles de familias españolas a través del sistema de quintas. Los jóvenes llamados a filas podían ser destinados a los ejércitos de Ultramar, fundamentalmente a Cuba y Filipinas.

La legislación permitía evitar el servicio mediante la denominada redención en metálico. En el caso de los destinos de Ultramar la cantidad podía alcanzar las 2.000 pesetas, una suma fuera del alcance de la mayor parte de las familias trabajadoras.[5]

Esta circunstancia hizo que el peso humano de la guerra recayera de manera especial sobre las clases populares y rurales. En una provincia eminentemente agrícola como Córdoba, muchos de los soldados enviados a Cuba procedían de familias de jornaleros, campesinos y pequeños trabajadores.

No existe todavía un cómputo definitivo de todos los naturales de Córdoba y su provincia movilizados durante la guerra, aunque las noticias de prensa, las relaciones de repatriados y los testimonios conservados muestran una presencia importante de cordobeses en los contingentes destinados a la isla.

Córdoba ante el comienzo de la guerra

El inicio de la guerra provocó en Córdoba una intensa movilización patriótica. Según relató años después Ricardo de Montis, en 1895 surgió en la ciudad un gran entusiasmo al paso de las tropas que se dirigían hacia los puertos de embarque.

Multitudes acudían a recibir y despedir a los soldados en la estación. La popular Marcha de Cádiz se convirtió durante aquellos meses en una de las composiciones más solicitadas por el público cordobés, interpretándose repetidamente en paseos, teatros y actos públicos entre vivas a España y al Ejército.[1]

Uno de los acontecimientos más recordados fue el paso por Córdoba de la primera sección de tiradores armados con fusiles Mauser que marchaba hacia Cuba. Sus jefes, oficiales y soldados fueron invitados a una comida en el Círculo de la Amistad, permaneciendo allí hasta el momento de continuar su viaje. Miles de personas los acompañaron posteriormente hasta la estación para despedirlos.[1]

También tuvo una especial repercusión la marcha del Batallón de Cazadores de Cataluña, que formaba parte de la guarnición de Córdoba. El Ayuntamiento de Córdoba organizó diversos actos de homenaje y se celebró en su honor un festival en el Gran Teatro antes de su partida hacia la campaña.[1]

La guerra en la vida cotidiana cordobesa

La evolución de la contienda era seguida diariamente a través de la prensa y de los telegramas que llegaban a la ciudad. Las noticias de supuestas victorias podían provocar concentraciones espontáneas.

Ricardo de Montis recordó uno de estos episodios. Una noche se difundió por Córdoba la noticia de una gran victoria de la escuadra española. Los clientes de cafés y casinos salieron a las calles, improvisaron una bandera y acudieron en busca de la Banda Municipal de Música, formándose una manifestación de varios miles de personas que recorrió la ciudad.

Al día siguiente se conoció que la noticia había sido errónea: la escuadra española había sido destruida en las aguas de Santiago de Cuba.[1]

El episodio refleja el cambio experimentado por la sociedad cordobesa durante la campaña, desde el entusiasmo patriótico inicial hasta la creciente preocupación por las noticias de muertos, enfermos y derrotas.

Suscripciones populares

La prolongación de la guerra generó numerosas iniciativas de carácter benéfico y patriótico.

En Córdoba llegaron a organizarse hasta tres suscripciones ciudadanas relacionadas con el conflicto. Las primeras tuvieron como objetivo contribuir económicamente al esfuerzo de guerra, mientras que, una vez iniciada la repatriación, las aportaciones fueron destinadas fundamentalmente a socorrer a los soldados que regresaban enfermos o sin recursos.[6]

Las colectas fueron promovidas tanto por instituciones como por asociaciones y particulares y constituyeron una de las principales formas de participación de la población civil cordobesa en la guerra.

Soldados cordobeses en Cuba

Numerosos jóvenes de Córdoba y de distintos municipios de la provincia participaron en las operaciones militares. Algunos de ellos dejaron testimonios que décadas más tarde fueron recuperados por la prensa cordobesa.

Antonio Redondo Salamanca

Antonio Redondo Salamanca nació en Córdoba hacia 1873. De profesión campesino, fue incluido en el reemplazo de 1893 y juró bandera en abril de 1894.[3]

Sirvió inicialmente en la cuarta compañía del segundo batallón del Regimiento de Infantería de Borbón número 17, con guarnición en Málaga.

El 8 de marzo de 1895, pocos días después de iniciarse la insurrección cubana, marchó hacia la isla incorporado al Batallón Peninsular número 2. Embarcó en el vapor correo Santo Domingo y desembarcó en Cuba el día 13 de marzo. A finales de aquel mismo mes comenzó a participar en operaciones militares.[3]

Durante los años siguientes intervino en numerosas acciones de campaña. En mayo de 1895 fue destinado a la zona de Sancti Spíritus y posteriormente combatió en diferentes operaciones en el interior de la isla.

En 1897 tomó parte en una acción en la zona de Barrancas por la que fue propuesto para una recompensa militar. Participó asimismo en operaciones relacionadas con el auxilio de Guamo y posteriormente en numerosas acciones desarrolladas en la región de Manzanillo.[3]

Por su comportamiento en campaña le fue concedida la Cruz del Mérito Militar. La concesión figuraba, según su hoja de servicios, en una disposición publicada en mayo de 1897.[3]

A pesar de los numerosos combates en los que participó, Redondo afirmaba en 1956 que no había sufrido ninguna herida durante toda la campaña.

En 1898 fue destinado a la División de Defensa de La Habana y, tras la reorganización de las fuerzas españolas, pasó al primer batallón del Regimiento de Infantería de San Marcial número 44.

Abandonó La Habana el 7 de diciembre de 1898 a bordo del vapor correo San Ignacio de Loyola. Desembarcó en Santander el 25 de diciembre y regresó posteriormente a Córdoba con tres meses de licencia.[3]

Su carrera militar no terminó con la guerra de Cuba. Continuó en el Ejército hasta obtener la licencia absoluta en 1907, después de aproximadamente doce años de servicio.

En 1956, con unos 83 años, todavía residía en Córdoba. Su testimonio fue recogido por Diario Córdoba como uno de los últimos supervivientes cordobeses de aquella guerra.[3]

Francisco Morales Alcalde

Otro de los supervivientes fue Francisco Morales Alcalde, natural y vecino de Montilla. En febrero de 1956, cuando contaba 84 años, era presentado por la prensa como uno de los escasos supervivientes de los combates de El Caney y las Lomas de San Juan.[2]

Morales salió de Cádiz el 2 de abril de 1895 a bordo del vapor Alfonso XIII. Tras pasar por Puerto Rico llegó a Cuba y durante los años siguientes intervino en diferentes operaciones contra las fuerzas independentistas.[2]

En 1898 se encontraba en la zona de Santiago de Cuba, donde asistió a los intensos bombardeos que precedieron a la ofensiva estadounidense.

Formó parte de las tropas destinadas a la defensa de las Lomas de San Juan, una de las posiciones que protegían los accesos a Santiago de Cuba. Allí combatió integrado en las fuerzas españolas que, pese a su inferioridad numérica, resistieron el ataque de las tropas estadounidenses y cubanas antes de retirarse hacia las defensas de Santiago.[2]

El testimonio recogido en 1956 recordaba la dureza de aquel combate, las numerosas bajas sufridas por las unidades españolas y la muerte de varios de sus mandos.

Tras el final de la guerra regresó a España. En sus últimos años vivía modestamente en Montilla junto a uno de sus hijos, trabajador del campo.

Décadas después de la campaña fue nombrado teniente honorario del Ejército español en reconocimiento a sus servicios militares, circunstancia que destacaba la prensa al recuperar su historia en 1956.[2]

Adolfo Jiménez-Castellanos y Tapia

La vinculación cordobesa con la guerra alcanzó también a los más altos mandos militares españoles. El general Adolfo Jiménez-Castellanos y Tapia, nacido en Montilla en 1844, desarrolló buena parte de su carrera militar en Cuba.

Regresó a la isla en 1895 al comenzar la insurrección, ejerciendo distintos mandos en la región de Puerto Príncipe. En abril de 1898 asumió el mando de la División de la Trocha y, tras la derrota española, participó activamente en la organización de la evacuación y repatriación de las tropas.[7]

En noviembre de 1898 pasó a ejercer la Capitanía General de Cuba tras la dimisión del general Ramón Blanco.

De este modo, un cordobés de Montilla se convirtió en el último capitán general español de Cuba. El 1 de enero de 1899 fue el encargado de efectuar, en nombre de España, la transferencia oficial del gobierno de la isla a las autoridades estadounidenses.

Tras completar las últimas operaciones de evacuación regresó definitivamente a España en febrero de 1899.

La derrota y el regreso de los soldados

El verano de 1898 transformó completamente el clima social existente al comienzo de la guerra. Tras las derrotas militares y navales comenzó la llegada masiva de tropas procedentes de Cuba.

Muchos soldados regresaron en un estado físico muy deteriorado. Las enfermedades tropicales habían causado estragos entre las unidades españolas y una parte considerable de los repatriados llegaba a la Península enferma, debilitada o incapacitada temporalmente para trabajar.

Córdoba, por su condición de importante nudo ferroviario, se convirtió en lugar de paso para numerosos contingentes que viajaban hacia sus localidades de origen.

La imagen de aquellos hombres contrastaba profundamente con las multitudinarias despedidas de 1895.

La Cruz Roja y la Estación Central

Ante la llegada de los repatriados, la Cruz Roja de Córdoba organizó un importante dispositivo de asistencia.

La comisión provincial estableció una guardia permanente en la Estación Central de los Ferrocarriles para atender a los militares que llegaban a Córdoba en los distintos trenes. Voluntarios facilitaban alimentos, asistencia y ayuda a los enfermos y heridos.[1]

En una dependencia de la propia estación se instaló además un hospital provisional para aquellos soldados cuyo estado era demasiado grave para ser trasladados inmediatamente a los hospitales o establecimientos benéficos de la ciudad.[1]

Varias mujeres cordobesas participaron como enfermeras voluntarias, atendiendo a los repatriados durante su estancia en la estación.

Esta instalación no debe confundirse con el posterior Hospital de la Cruz Roja, levantado varias décadas después. Se trataba de una instalación de emergencia creada específicamente para hacer frente a la llegada de los soldados de Ultramar.

La atención prestada en la estación convirtió al ferrocarril en uno de los principales escenarios cordobeses del final de la Guerra de Cuba.

El drama de los repatriados

El regreso a España no significó necesariamente el final de las dificultades para los excombatientes.

Muchos volvieron enfermos, sin trabajo y sin haber cobrado los salarios y cantidades que el Estado les debía por sus servicios. La prensa cordobesa denunció durante los meses siguientes la situación de antiguos soldados obligados a solicitar ayuda o incluso a mendigar mientras esperaban que la administración liquidara sus haberes.[8]

La asistencia no quedó por ello limitada al momento de la llegada de los trenes. Instituciones, asociaciones y particulares participaron en colectas para proporcionar dinero, alimentos, medicamentos y transporte a los antiguos combatientes.[8]

La diferencia entre las celebraciones de 1895 y la situación de los hombres que regresaron tres años después constituye uno de los aspectos más significativos del impacto de la guerra en Córdoba.

La guerra en la provincia

La movilización afectó igualmente a numerosos municipios de la provincia.

Montilla posee una especial vinculación con la campaña. De allí procedía Francisco Morales Alcalde, uno de los supervivientes de las Lomas de San Juan, pero también el general Adolfo Jiménez-Castellanos y Tapia, último capitán general español de Cuba.

También se documenta el regreso de numerosos soldados a Lucena. Entre los repatriados lucentinos citados por las fuentes se encontraban Cristóbal Suárez Fernández, Andrés López, José Castro, Cristóbal Navarro Hernández, Antonio Gómez Margal, Felipe Corral Gómez, Vicente Garrido López, Antonio Delgado Gusin, José Cano Jiménez, Emilio Barreros de la Cruz, Pedro Calzado Lozano y Bernardo Criado Hurtado, entre otros.[9]

Las relaciones publicadas en la prensa de la época permiten comprobar que el impacto humano de la guerra se extendió por numerosos pueblos cordobeses, aunque todavía está pendiente la elaboración de una relación completa de los naturales de la provincia que participaron en la campaña, fallecieron en Cuba o regresaron enfermos.

Impacto social

La Guerra de Cuba afectó a Córdoba en varios niveles.

En primer lugar tuvo un impacto humano, por la marcha de jóvenes llamados a filas y por los muertos y enfermos que dejó la campaña.

Tuvo también un impacto económico. Las familias perdieron durante largos periodos la aportación laboral de los jóvenes movilizados, mientras que la sociedad cordobesa fue requerida para contribuir mediante distintas suscripciones y campañas de ayuda.

Existió asimismo un impacto sanitario. La llegada de soldados enfermos obligó a organizar dispositivos extraordinarios de atención en la estación ferroviaria y reforzó la presencia de la Cruz Roja en la vida asistencial de la ciudad.

Finalmente produjo un impacto político y emocional. El entusiasmo patriótico de 1895 fue sustituido paulatinamente por el cansancio, la preocupación por las bajas y, finalmente, por la impresión causada por la derrota y por el estado en que regresaban numerosos soldados.

Memoria de la Guerra de Cuba en Córdoba

Los antiguos combatientes siguieron formando parte de la memoria colectiva cordobesa durante buena parte del siglo XX.

A mediados de la década de 1950, cuando habían transcurrido casi sesenta años desde la guerra, la prensa local todavía localizaba y entrevistaba a algunos de sus últimos supervivientes.

El 10 de febrero de 1956, Diario Córdoba dedicó un amplio reportaje a Francisco Morales Alcalde, de Montilla, bajo el título Los últimos de las Lomas de San Juan.[2]

Pocas semanas después, el 1 de marzo de 1956, el periódico publicó el testimonio de Antonio Redondo Salamanca, presentado como un soldado cordobés que había intervenido en numerosas acciones de guerra en Cuba y había regresado sin sufrir heridas.[3]

Ambos testimonios constituyen una fuente de especial interés porque recogen directamente los recuerdos de dos hombres que habían participado en la campaña entre 1895 y 1898.

En aquellos años todavía existían antiguos militares que reclamaban un mayor reconocimiento institucional. Las asociaciones de excombatientes trataban de mantener la memoria de los supervivientes y obtener mejoras para quienes habían servido en Cuba y Filipinas.

La supervivencia de Morales y Redondo hasta mediados del siglo XX enlaza así dos épocas muy distintas de la historia cordobesa: la sociedad de finales del siglo XIX que los vio partir hacia Cuba y la Córdoba de los años cincuenta que comenzó a recuperar sus experiencias como parte de la memoria histórica local.

Cronología

24 de febrero de 1895



8 de marzo de 1895



13 de marzo de 1895



2 de abril de 1895



1895



1895



1897



1898



verano de 1898



1898



7 de diciembre de 1898



25 de diciembre de 1898



1 de enero de 1899



10 de febrero de 1956



1 de marzo de 1956



Véase también

Bibliografía

  • DE MONTIS, Ricardo: Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, vol. 6, «Córdoba y el Ejército», Córdoba, 1925.
  • HIDALGO NUCHERA, Patricio (coord.): Andalucía y la repatriación de los soldados en la guerra del 98, Centro de Estudios Andaluces, 2010.
  • DÍAZ MARTÍNEZ, Yolanda: «La Sanidad Militar del Ejército Español en la Guerra de 1895 en Cuba», Asclepio, vol. 50, nº 1, 1998.
  • PONFERRADA GÓMEZ, J.: «Los últimos de las Lomas de San Juan. Francisco Morales, de Montilla, uno de los supervivientes de aquella gesta», Diario Córdoba, 10 de febrero de 1956.
  • «Un soldado cordobés que tomó parte en numerosas acciones de guerra en Santiago de Cuba», Diario Córdoba, 1 de marzo de 1956.

Referencias

  1. 1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5 1,6 DE MONTIS, Ricardo: Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, vol. 6, capítulo «Córdoba y el Ejército», Biblioteca Municipal de Córdoba, 1925.
  2. 2,0 2,1 2,2 2,3 2,4 2,5 PONFERRADA GÓMEZ, J.: «Los últimos de las Lomas de San Juan. Francisco Morales, de Montilla, uno de los supervivientes de aquella gesta», Diario Córdoba, 10 de febrero de 1956.
  3. 3,0 3,1 3,2 3,3 3,4 3,5 3,6 3,7 «Un soldado cordobés que tomó parte en numerosas acciones de guerra en Santiago de Cuba. Una charla con el excombatiente don Antonio Redondo Salamanca», Diario Córdoba, 1 de marzo de 1956.
  4. DÍAZ MARTÍNEZ, Yolanda: «La Sanidad Militar del Ejército Español en la Guerra de 1895 en Cuba», Asclepio, vol. 50, nº 1, 1998.
  5. Museo del Ejército: «Un soldado de reemplazo en Cuba», Ministerio de Defensa.
  6. HIDALGO NUCHERA, Patricio: «Cuando pintan bastos. De la derrota naval al drama de los repatriados en la Córdoba de 1898», en HIDALGO NUCHERA, Patricio (coord.): Andalucía y la repatriación de los soldados en la guerra del 98, Centro de Estudios Andaluces, 2010.
  7. «Adolfo Jiménez Castellanos», biografía del militar montillano.
  8. 8,0 8,1 HIDALGO NUCHERA, Patricio: «Cuando pintan bastos. De la derrota naval al drama de los repatriados en la Córdoba de 1898», en Andalucía y la repatriación de los soldados en la guerra del 98, Centro de Estudios Andaluces, 2010.
  9. HIDALGO NUCHERA, Patricio (coord.): Andalucía y la repatriación de los soldados en la guerra del 98, Centro de Estudios Andaluces, 2010; noticias de Diario de Córdoba recogidas en estudios sobre Lucena y la Guerra de Cuba.