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Diferencia entre revisiones de «Francisco Leiva Muñoz»

De Cordobapedia
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'''Francisco Leiva Muñoz''', a veces '''Francisco de Leiva y Muñoz''' (*Córdoba [[1824]] - [[Córdoba]], [[1888]]) fue un cirujano, periodista y revolucionario cordobés. Fundador del [[Partido Democrático]] en [[Córdoba]], en diciembre de [[1868]] protagonizó una escisión del partido para fundar el [[Partido Republicano Democrático Federal]].
{{#seo:|title=Francisco Leiva Muñoz|title_mode=append|keywords=Francisco Leiva Muñoz, Francisco de Leiva, Partido Democrático, Partido Republicano Democrático Federal, Batalla de Alcolea, Revolución de 1868, Córdoba|description=Político, periodista, propagandista republicano e historiador cordobés del siglo XIX.}}{{biografia|nombre=Francisco Leiva Muñoz|ocupacion=Político, periodista e historiador|foto=|fecha de nacimiento=[[1824]]|lugar de nacimiento=[[Córdoba]]|fecha de fallecimiento=[[1888]]|lugar de fallecimiento=[[Córdoba]]|profesion=Periodista y escritor|actividad=Política, periodismo e historiografía|destacado=Fundador del Partido Democrático en Córdoba y cronista de la Batalla de Alcolea|inicio contexto=1847|fin contexto=1888}}'''Francisco Leiva Muñoz''', también citado como '''Francisco de Leiva y Muñoz''', ([[Córdoba]], [[1824]] - [[Córdoba]], [[1888]]) fue un político, periodista, propagandista republicano e historiador cordobés. Figura esencial del liberalismo democrático en la provincia durante el reinado de Isabel II y el [[Sexenio Democrático]], fue fundador del [[Partido Democrático]] en [[Córdoba]], dirigente del republicanismo federal cordobés, miembro de la [[Junta Revolucionaria de Córdoba]] de [[1868]] y autor de la obra ''La batalla de Alcolea'', considerada uno de los testimonios más completos sobre la revolución de septiembre de [[1868]].<ref>José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", ''Pregonero'', nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
Su personalidad marcó profundamente la vida política cordobesa durante más de treinta años. Orador infatigable, periodista combativo y organizador revolucionario, fue descrito por sus contemporáneos como el principal agitador republicano de la ciudad. A pesar de la dureza de su actividad política, también destacó por su labor como cronista e historiador, dejando una de las principales fuentes para conocer la [[Batalla de Alcolea]] y los acontecimientos que condujeron al triunfo de la [[Revolución de 1868]].<ref>José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", ''Pregonero'', nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
== Orígenes ==
Nació en [[Córdoba]] en [[1824]], en el seno de una familia humilde. A diferencia de otros dirigentes políticos de su generación, no procedía de la burguesía ilustrada ni había seguido estudios universitarios reglados. Buena parte de su formación fue autodidacta, circunstancia que sus contemporáneos destacaron como una de las claves de su personalidad.
 
Ricardo de Montis afirmaría años después que Leiva era un auténtico «hijo del pueblo», que, careciendo de títulos académicos y de fortuna personal, consiguió convertirse únicamente gracias a su inteligencia y capacidad de trabajo en un periodista, escritor y orador respetado.<ref>Ricardo de Montis, "Francisco Leiva Muñoz". Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
Su evolución intelectual coincidió con el auge del liberalismo democrático europeo de las décadas centrales del siglo XIX, convirtiéndose muy pronto en uno de los principales introductores de aquellas ideas en la ciudad.
 
== Primeras actividades políticas ==
Durante los años cuarenta comenzó a participar en los círculos liberales cordobeses, alineándose con los sectores más avanzados del progresismo.
 
En [[1847]] organizó oficialmente el '''Partido Democrático''' en [[Córdoba]], convirtiéndose en su principal dirigente provincial.<ref>Miguel Jesús López Serrano, ''La provincia de Córdoba de la Gloriosa al reinado de Alfonso XII (1868-1885)'', Universidad de Córdoba, 2011. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
Su actividad política fue intensa desde sus comienzos. Defendió el sufragio universal, la ampliación de las libertades públicas, la descentralización administrativa y la igualdad jurídica, posiciones extraordinariamente avanzadas para la España isabelina.
 
Aquella militancia le costó repetidos encarcelamientos.
 
En [[1847]] fue detenido y permaneció en prisión hasta beneficiarse de la amnistía concedida con motivo del matrimonio de Isabel II.<ref>José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", ''Pregonero'', nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
Durante el [[Bienio Progresista]] volvería igualmente a sufrir persecuciones políticas y nuevas estancias en prisión.
 
== Abogado y dirigente demócrata ==
En aquellos mismos años ingresó en el [[Colegio de Abogados de Córdoba]], alcanzando un notable prestigio profesional.<ref>José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", ''Pregonero'', nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
Contrajo matrimonio con una hija de '''José Illescas y Cárdenas''', alcalde de Córdoba, diputado a Cortes y una de las principales figuras de la oligarquía liberal cordobesa, circunstancia que reforzó notablemente su posición social sin modificar su firme compromiso con el republicanismo democrático.<ref>José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", ''Pregonero'', nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
Durante esta etapa organizó prácticamente desde cero el Partido Democrático cordobés.
 
Su liderazgo fue creciendo hasta convertirse en el principal referente del movimiento democrático provincial.
 
En la revolución de [[1854]] desempeñó un papel fundamental en la coordinación de los demócratas con el propósito de impedir que el triunfo revolucionario quedara monopolizado por los progresistas.<ref>José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", ''Pregonero'', nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
== Concejal del Ayuntamiento ==
Tras el triunfo revolucionario fue elegido concejal del Ayuntamiento de Córdoba.
 
Durante varios meses de [[1855]] asumió interinamente la dirección de los asuntos municipales, ejerciendo como una de las principales autoridades locales del momento.<ref>José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", ''Pregonero'', nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
Aunque finalizado el Bienio continuó formando parte de la corporación municipal, la llegada de la Unión Liberal deterioró progresivamente la situación política.
 
En [[1859]] presentó su dimisión como concejal.
 
La fractura entre moderados, progresistas y demócratas comenzaba ya a hacerse irreversible.
 
== Periodista y propagandista ==
Paralelamente a su actividad política desarrolló una extraordinaria labor periodística.
 
Fue colaborador y director de numerosos periódicos cordobeses de tendencia democrática y republicana.
 
Entre ellos destacaron:
 
* ''[[La Revolución]]''
* ''[[El Derecho]]''
* ''[[La Libertad]]''
* ''[[El Progreso]]''
 
José Luis Casas considera que su influencia sobre la opinión pública cordobesa fue enorme, desarrollando una intensa campaña propagandística tanto en la prensa local como nacional.<ref>José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", ''Pregonero'', nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
Ricardo de Montis afirmaría que sus artículos poseían una extraordinaria energía y que defendía sus ideas con la misma intensidad en los periódicos que en la tribuna o incluso físicamente cuando las circunstancias así lo requerían.
 
Su oratoria alcanzó igualmente gran notoriedad.
 
Era habitual verlo pronunciar varios discursos públicos en un mismo día durante los meses previos a la Revolución de Septiembre de 1868.
 
== Ruptura con el liberalismo moderado ==
A finales de la década de 1850 la evolución del régimen isabelino fue alejando progresivamente a Francisco Leiva de cualquier posibilidad de entendimiento con los partidos monárquicos.
 
En [[1858]] se trasladó temporalmente a Madrid, dejando la organización del Partido Democrático cordobés en manos del abogado [[Ángel de Torres Gómez]], a quien solicitó reiteradamente que asumiera la dirección moral de la democracia provincial. Sin embargo, Torres rechazó hacerlo al mantener todavía vínculos con los sectores monárquicos, circunstancia que Leiva lamentó posteriormente en una de sus obras:{{cita|«Antes de mi marcha hice reiteradas instancias a don Ángel de Torres y Gómez para que me reemplazase en la dirección moral de la democracia cordobesa. Inútiles fueron mis esfuerzos. Ángel de Torres, que no quería separarse de los partidos monárquicos, donde se hallaba querido y mimado, aplazaba siempre la cuestión sin decidirse a tomar ni el vado ni el puente.»<ref>José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", ''Pregonero'', nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>}}Aquella discrepancia marcaría el origen de las dos corrientes que convivieron durante años dentro del republicanismo cordobés.
 
Por una parte se situaban los sectores más moderados, representados por [[Ángel de Torres Gómez]], partidarios de una evolución gradual del sistema político y abiertos al entendimiento con otros grupos liberales.
 
Frente a ellos, Leiva defendía una posición claramente revolucionaria, convencido de que el régimen isabelino únicamente podía ser derribado mediante una insurrección organizada.
 
José Luis Casas señala que esta división anticipó la posterior fractura existente dentro del republicanismo federal durante el [[Sexenio Democrático]], enfrentando a los republicanos de carácter más burgués con los grupos populares partidarios de la movilización revolucionaria permanente.<ref>José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", ''Pregonero'', nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
== La conspiración contra Isabel II ==
Durante los años previos a [[1868]] Francisco Leiva se convirtió en uno de los principales conspiradores republicanos de Andalucía.
 
Desde Madrid mantuvo una intensa actividad política junto a los dirigentes del Partido Demócrata, participando en la estrategia de aislamiento del régimen de Isabel II.
 
Defendió la política del retraimiento electoral, considerando que la participación en unas elecciones controladas por la Corona únicamente servía para legitimar un sistema que juzgaba agotado.<ref>José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", ''Pregonero'', nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
Su implicación en la conspiración revolucionaria alcanzó uno de sus momentos culminantes con la participación en la sublevación de los sargentos del cuartel de San Gil, en Madrid, en [[junio]] de [[1866]].
 
Tras el fracaso del levantamiento tuvo que huir sucesivamente a Villarrobledo y Albacete para evitar su detención.
 
Poco después regresó clandestinamente a Madrid, donde coincidió con el también cordobés Juan Bellido, quien le animó a desplazarse a Sevilla para coordinar los preparativos revolucionarios en Andalucía.
 
Antes de llegar a la capital hispalense pasó por [[Córdoba]], donde fue detenido por las autoridades.
 
Una vez puesto en libertad se trasladó finalmente a Sevilla, donde participó en diversas reuniones conspirativas junto a unionistas, progresistas y demócratas, entre ellos el revolucionario Rafael Pérez del Álamo.<ref>José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", ''Pregonero'', nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
Las investigaciones policiales realizadas en aquellos días dejaron incluso una descripción física del dirigente cordobés:{{cita|«Alto, delgado, moreno, bigote negro, levita del mismo color.»<ref>José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", ''Pregonero'', nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>}}Durante su estancia en Sevilla llegó a entrevistarse con el capitán general de Andalucía, el general Turón, a quien intentó convencer para que encabezara el levantamiento contra Isabel II.
 
Cuando éste rechazó la propuesta, Leiva continuó impulsando los contactos revolucionarios, llegando incluso a estudiar el secuestro del nuevo capitán general, el general Lasala, aunque el proyecto nunca llegó a ejecutarse.<ref>José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", ''Pregonero'', nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
== La Revolución de 1868 ==
El triunfo de la revolución iniciada en Cádiz encontró a Francisco Leiva convertido en uno de los principales dirigentes democráticos de la provincia.
 
El [[20 de septiembre]] de [[1868]], cuando el movimiento revolucionario triunfó en [[Córdoba]], formó parte de la [[Junta Revolucionaria de Córdoba]], organismo que asumió provisionalmente el gobierno de la ciudad tras el derrumbe del poder isabelino.
 
Las diferencias entre Leiva y [[Ángel de Torres Gómez]] afloraron desde los primeros momentos.
 
Mientras Torres defendía una política de consenso con unionistas y progresistas, Leiva reclamaba profundizar inmediatamente en la revolución e implantar un auténtico régimen republicano.
 
Juan Díaz del Moral resumió posteriormente aquella situación afirmando que en Córdoba coexistían dos partidos democráticos claramente diferenciados: el encabezado por Ángel de Torres y el liderado por Francisco Leiva, acompañado por [[Manuel Ruiz Herrero]], [[Abelardo Abdé Díez]] y Rafael Vázquez, entre otros dirigentes republicanos.<ref>Juan Díaz del Moral, ''Historia de las agitaciones campesinas andaluzas''. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
Según el propio Díaz del Moral, las fuerzas populares organizadas directamente por Leiva fueron decisivas durante las primeras horas del levantamiento.
 
Afirma que en la mañana del [[20 de septiembre]] disponía ya de unos ciento veinticinco paisanos armados y que varias decenas participaron en los enfrentamientos desarrollados en la plaza de la Compañía contra las fuerzas gubernamentales.<ref>Juan Díaz del Moral, ''Historia de las agitaciones campesinas andaluzas''. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
Desde ese momento Francisco Leiva pasó a desempeñar un papel fundamental en la organización política y militar de la revolución cordobesa.
 
Su siguiente misión sería acompañar al ejército revolucionario que marchaba hacia el decisivo enfrentamiento de [[Alcolea]].
 
 
== La Batalla de Alcolea ==
La intervención de Francisco Leiva durante la [[Batalla de Alcolea]] constituye el episodio más conocido de su biografía.
 
La [[Junta Revolucionaria de Córdoba]] lo nombró su representante permanente en el cuartel general del ejército revolucionario mandado por el general Francisco Serrano, duque de la Torre, actuando como enlace político entre las autoridades civiles y el mando militar.<ref>Francisco Leiva Muñoz, ''La batalla de Alcolea'', 1878. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
A diferencia de la mayoría de los dirigentes políticos, Leiva permaneció durante toda la jornada junto a las primeras líneas del combate.
 
Desde las inmediaciones del puente de [[Alcolea]] remitió varios telegramas a la Junta Revolucionaria cordobesa informando del desarrollo de las operaciones y solicitando el envío urgente de médicos, practicantes y medios de evacuación para atender a los numerosos heridos que comenzaban a llegar desde el campo de batalla.<ref>Francisco Leiva Muñoz, ''La batalla de Alcolea'', 1878. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
Uno de aquellos telegramas decía:{{cita|«Se acaba de romper el fuego. Vengan médicos, cirujanos y practicantes para curar los heridos y trenes para conducirlos. La artillería está funcionando.»<ref>Francisco Leiva Muñoz, ''La batalla de Alcolea'', 1878. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>}}El propio Serrano felicitó personalmente a Leiva por la rapidez de aquellas gestiones, considerando que habían permitido organizar con suficiente antelación la asistencia sanitaria de los combatientes.
 
Una vez enviado el despacho volvió inmediatamente al frente, permaneciendo junto al Estado Mayor durante buena parte de la batalla.
 
En sus memorias describió con extraordinario detalle tanto los movimientos militares como las conversaciones mantenidas con Serrano, Prim y los principales oficiales revolucionarios.
 
Gracias a ello su obra constituye hoy uno de los relatos más completos conservados sobre la batalla.<ref>Francisco Leiva Muñoz, ''La batalla de Alcolea'', 1878. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
José Luis Casas considera que ningún otro protagonista civil dejó un testimonio tan minucioso de los acontecimientos, razón por la que ''La batalla de Alcolea'' sigue siendo una fuente imprescindible para estudiar la revolución de [[1868]].<ref>José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", ''Pregonero'', nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
== El republicanismo federal ==
El triunfo de la Revolución de Septiembre no eliminó las profundas diferencias existentes dentro del antiguo Partido Democrático.
 
Mientras algunos dirigentes aceptaban la monarquía democrática impulsada por el Gobierno provisional, Francisco Leiva defendía la proclamación inmediata de una república federal.
 
En [[diciembre]] de [[1868]] encabezó la escisión del sector más radical del Partido Democrático cordobés y promovió la creación del [[Partido Republicano Democrático Federal]] en la ciudad.
 
Este nuevo partido se integró en la organización federal dirigida a escala nacional por Francisco Pi y Margall.
 
Leiva se convirtió en el principal dirigente del republicanismo federal cordobés durante los primeros años del [[Sexenio Democrático]], desarrollando una intensa actividad de propaganda mediante mítines, periódicos y reuniones públicas.<ref>Miguel Jesús López Serrano, ''La provincia de Córdoba de la Gloriosa al reinado de Alfonso XII (1868-1885)'', Universidad de Córdoba, 2011. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
Su visión política difería notablemente de la sostenida por los sectores más moderados del republicanismo.
 
Consideraba que la revolución únicamente alcanzaría sus objetivos mediante la participación directa del pueblo y rechazaba cualquier compromiso con las antiguas élites liberales.
 
Esta postura lo enfrentó con numerosos dirigentes democráticos cordobeses, especialmente con [[Ángel de Torres Gómez]], cuyas diferencias políticas se habían ido acentuando desde finales de la década de 1850.
 
== Los Sucesos de Montoro ==
La creciente radicalización del republicanismo federal desembocó pocos meses después en los conocidos [[Sucesos de Montoro]].
 
El [[3 de diciembre]] de [[1868]] una manifestación republicana terminó enfrentándose con las fuerzas del orden público.
 
Como consecuencia del tiroteo fallecieron dos niños de corta edad y varias personas resultaron heridas.
 
Las autoridades responsabilizaron del movimiento revolucionario a Francisco Leiva, quien fue detenido junto con otros dirigentes republicanos.<ref>Juan Díaz del Moral, ''Historia de las agitaciones campesinas andaluzas''. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
El episodio tuvo una enorme repercusión política en la provincia.
 
Pese al descrédito que intentaron provocar sus adversarios, Leiva consolidó desde entonces el liderazgo del republicanismo federal cordobés, especialmente entre las clases populares y los sectores obreros.
 
Décadas después Juan Díaz del Moral continuaba considerando aquellos sucesos como uno de los principales antecedentes del federalismo andaluz.<ref>Juan Díaz del Moral, ''Historia de las agitaciones campesinas andaluzas''. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
== Escritor e historiador ==
Aunque su figura ha permanecido ligada principalmente a la política, Francisco Leiva desarrolló también una importante labor historiográfica.
 
Su principal obra fue '''''La batalla de Alcolea''''', publicada en dos tomos, donde reunió documentos oficiales, telegramas, correspondencia, testimonios personales y un detallado relato cronológico de la revolución cordobesa.
 
La obra destaca por la enorme cantidad de documentación reproducida íntegramente, circunstancia poco habitual en la historiografía española del siglo XIX.
 
Lejos de limitarse a una narración militar, Leiva reconstruyó el ambiente político de la ciudad, el funcionamiento de la [[Junta Revolucionaria de Córdoba]], la organización del ejército revolucionario y las consecuencias inmediatas del triunfo liberal.
 
Por este motivo continúa siendo una fuente de referencia para el estudio del [[Sexenio Democrático]] en Andalucía.
 
Su segundo gran proyecto fue '''''Los bandidos célebres de la provincia de Córdoba''''', una amplia historia del bandolerismo cordobés.
 
La enfermedad y la muerte impidieron concluir la obra.
 
Ricardo de Montis afirmaba que dejó escritas centenares de cuartillas que posteriormente desaparecieron, perdiéndose uno de los estudios históricos más ambiciosos sobre el bandolerismo andaluz.<ref>Ricardo de Montis, "Francisco Leiva Muñoz". Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
 
Además publicó numerosos artículos políticos, ensayos y folletos, muchos de ellos aparecidos originalmente en la prensa cordobesa y posteriormente recopilados por diversos investigadores.
 
Entre ellos destaca la carta abierta dirigida al ''Diario de Córdoba'' el [[30 de diciembre]] de [[1854]], considerada uno de los mejores resúmenes de su pensamiento político y de su concepción de la libertad, la igualdad y la soberanía popular.


== Partido Democrático ==
== Partido Democrático ==


Fundó el [[Partido Democrático]] en Córdoba en [[1847]]. Con el tiempo se formaron dos facciones, la más radicalizada, dirigida por Leiva, y la más centrada, que giraba en torno de la figura de [[Ángel de Torres Gómez|Ángel de Torres]], con la que se identificaban catedráticos y hombres de leyes.<ref>''La provincia de Córdoba de la Gloriosa al reinado de Alfonso XII (1868-1885)'', por Miguel Jesús López Serrano, Universidad de Córdoba, 2011</ref> Con el apoyo del Partido Demócrata, en 1867 se constituyó en Córdoba una [[Junta Revolucionaria interina]], presidida por [[Ángel de Torres Gómez|Ángel de Torres]], con el objetivo de coordinar los preparativos para la inminente revolución. Llegada la [[Revolución de 1868]] y sus primeros roces, Leiva toma la decisión de abandonar el partido creado por él mismo 20 años antes.
Fundó el [[Partido Democrático]] en Córdoba en [[1847]]. Con el tiempo se formaron dos facciones, la más radicalizada, dirigida por Leiva, y la más centrada, que giraba en torno de la figura de [[Ángel de Torres Gómez|Ángel de Torres]], con la que se identificaban catedráticos y hombres de leyes.<ref>Francisco Leiva Muñoz, "Carta al Director del Diario de Córdoba", ''Diario de Córdoba'', [[30 de diciembre]] de [[1854]]. Consultado el DÍA DE HOY.</ref> Con el apoyo del Partido Demócrata, en 1867 se constituyó en Córdoba una [[Junta Revolucionaria interina]], presidida por [[Ángel de Torres Gómez|Ángel de Torres]], con el objetivo de coordinar los preparativos para la inminente revolución. Llegada la [[Revolución de 1868]] y sus primeros roces, Leiva toma la decisión de abandonar el partido creado por él mismo 20 años antes.


== Revolución de 1868 y Sexenio Revolucionario ==
== Revolución de 1868 y Sexenio Revolucionario ==
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Miembro de la Junta Revolucionaria de [[1868]], es elegido como concejal de Córdoba en el primer Ayuntamiento democrático y pasa a ser uno de los héroes en la batalla del puente de Alcolea, donde el ejército revolucionario derrota a las huestes del general isabelino Pavía, más conocido como Novaliches.
Miembro de la Junta Revolucionaria de [[1868]], es elegido como concejal de Córdoba en el primer Ayuntamiento democrático y pasa a ser uno de los héroes en la batalla del puente de Alcolea, donde el ejército revolucionario derrota a las huestes del general isabelino Pavía, más conocido como Novaliches.


En Córdoba, se caracterizó por ser el revolucionario republicano más combativo, llegando a tener varias fuertes discusiones con otros republicanos como [[Ángel de Torres Gómez|Ángel de Torres]] el propio día del levantamiento de [[20 de septiembre]] de [[1868]]. Fue lo que se denominó un "republicano exaltado"<ref>DE LA FUENTE MONGE, G. ''Los revolucionarios de 1868: élites y poder en la España liberal''. Página 64. [http://books.google.es/books?id=EGxzOA54IzYC&pg=PA64&lpg=PA64&dq=%22Leiva+y+MU%C3%B1oz%22+Semana+Santa+1868&source=bl&ots=Ca_9odIav0&sig=uRjFI6cPtLDgOxsIUZTO8U__79w&hl=es&ei=YDI8TpWXMtCXOqWpgNQH&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=1&ved=0CBgQ6AEwAA#v=onepage&q=%22Leiva%20y%20MU%C3%B1oz%22%20Semana%20Santa%201868&f=false Disponible en Internet]</ref>.
En Córdoba, se caracterizó por ser el revolucionario republicano más combativo, llegando a tener varias fuertes discusiones con otros republicanos como [[Ángel de Torres Gómez|Ángel de Torres]] el propio día del levantamiento de [[20 de septiembre]] de [[1868]]. Fue lo que se denominó un "republicano exaltado"<ref>Francisco Leiva Muñoz, "Carta al Director del Diario de Córdoba", ''Diario de Córdoba'', [[30 de diciembre]] de [[1854]]. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>.


También conocido como [[Partido Republicano Democrático Federal]], fue un partido político español de carácter federalista y republicano creado nada más triunfar la [[Revolución de 1868]] como continuación del [[Partido Democrático]], fundado en 1849. El principal teórico del partido y uno de sus líderes más reconocidos fue Francisco Pi y Margall. Extendió su influencia especialmente por la zona mediterránea a partir de sus dos sus bastiones iniciales: Cataluña —donde funcionó el Club de los Federalistas de Barcelona— y Andalucía.
También conocido como [[Partido Republicano Democrático Federal]], fue un partido político español de carácter federalista y republicano creado nada más triunfar la [[Revolución de 1868]] como continuación del [[Partido Democrático]], fundado en 1849. El principal teórico del partido y uno de sus líderes más reconocidos fue Francisco Pi y Margall. Extendió su influencia especialmente por la zona mediterránea a partir de sus dos sus bastiones iniciales: Cataluña —donde funcionó el Club de los Federalistas de Barcelona— y Andalucía.
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En diciembre de [[1868]] se pone en marcha en [[Córdoba]], surgido de la facción de [[Francisco de Leiva y Muñoz]] en el [[Partido Democrático]]. En efecto, se sabía que el partido Demócrata no era unánime. Parecía más bien que había dos almas.
En diciembre de [[1868]] se pone en marcha en [[Córdoba]], surgido de la facción de [[Francisco de Leiva y Muñoz]] en el [[Partido Democrático]]. En efecto, se sabía que el partido Demócrata no era unánime. Parecía más bien que había dos almas.


En palabras de [[Juan Díaz del Moral]]: ''"Llegó a haber en Córdoba dos partidos democráticos: el de [[Ángel de Torres Gómez|Ángel Torres]], Santiago Burbudo, Ángel Ferrer, etc., y el del profesor [[Manuel Ruiz Herrero]], [[Abelardo Abdé Díez|Abelardo Abdé]], [[Francisco de Leiva y Muñoz|Francisco Leiva]], Rafael Vázquez y otros, seguido cada grupo por unos cuantos pueblos de la provincia"''.<ref> Cfr. DÍAZ DEL MORAL, J., ''Historia de las agitaciones campesinas andaluzas''. Córdoba. Madrid. Revista de Derecho Privado. Pozas, 1929.</ref>
En palabras de [[Juan Díaz del Moral]]: ''"Llegó a haber en Córdoba dos partidos democráticos: el de [[Ángel de Torres Gómez|Ángel Torres]], Santiago Burbudo, Ángel Ferrer, etc., y el del profesor [[Manuel Ruiz Herrero]], [[Abelardo Abdé Díez|Abelardo Abdé]], [[Francisco de Leiva y Muñoz|Francisco Leiva]], Rafael Vázquez y otros, seguido cada grupo por unos cuantos pueblos de la provincia"''.<ref>Ricardo de Montis, "Francisco Leiva Muñoz". Consultado el DÍA DE HOY.</ref>


El [[3 de diciembre]] de [[1868]] tuvieron lugar los llamados [[Sucesos de Montoro]], en los que una multitud chocó con la Guardia Civil y resultaron muertos dos niños. Leiva, uno de los cabecillas, quedó detenido. A los pocos días, la facción de Francisco Leiva dará origen al [[Partido Republicano Democrático Federal]].
El [[3 de diciembre]] de [[1868]] tuvieron lugar los llamados [[Sucesos de Montoro]], en los que una multitud chocó con la Guardia Civil y resultaron muertos dos niños. Leiva, uno de los cabecillas, quedó detenido. A los pocos días, la facción de Francisco Leiva dará origen al [[Partido Republicano Democrático Federal]].
== Pensamiento político ==
Francisco Leiva representó la corriente más avanzada del liberalismo democrático cordobés durante el reinado de Isabel II y los primeros años del [[Sexenio Democrático]].
Su pensamiento evolucionó desde el progresismo hacia posiciones claramente republicanas y federales, defendiendo el sufragio universal, la soberanía nacional, la descentralización del Estado, la libertad de imprenta, la igualdad ante la ley y una profunda regeneración de las instituciones públicas.
A diferencia de otros dirigentes democráticos, nunca ocultó su convencimiento de que la monarquía era incompatible con el pleno desarrollo de las libertades públicas. Consideraba que el pueblo debía convertirse en el verdadero sujeto de la política y que la revolución únicamente tenía sentido si desembocaba en una transformación real de las estructuras del Estado.
Su discurso político apelaba constantemente a las clases populares. Frente a una concepción elitista de la política, insistía en que el progreso sólo podía construirse mediante la participación activa de los ciudadanos.
Esta idea aparece reflejada en numerosos artículos periodísticos y especialmente en la carta publicada en el ''Diario de Córdoba'' el [[30 de diciembre]] de [[1854]], donde defendía el protagonismo histórico del pueblo andaluz:{{cita|«Siempre ha sido de todos sabido que el pueblo andaluz es franco, generoso, noble y hospitalario; el principal agente de los grandes movimientos políticos; el que por instinto adivina, a veces, la necesidad de los grandes principios constitucionales.»<ref>Francisco Leiva Muñoz, "Carta al Director del Diario de Córdoba", ''Diario de Córdoba'', [[30 de diciembre]] de [[1854]]. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>}}En ese mismo texto rechazaba las recompensas honoríficas y defendía una concepción profundamente ética del servicio público:{{cita|«No he recibido jamás condecoración alguna; no he sido titular; quiero ser ciudadano libre.»<ref>Francisco Leiva Muñoz, "Carta al Director del Diario de Córdoba", ''Diario de Córdoba'', [[30 de diciembre]] de [[1854]]. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>}}Estas posiciones le convirtieron en una de las voces más representativas del republicanismo democrático cordobés del siglo XIX.
== Personalidad ==
La figura de Francisco Leiva despertó opiniones muy contrapuestas entre sus contemporáneos.
Sus adversarios lo consideraban un agitador permanente, mientras que para sus partidarios era el principal defensor de las libertades democráticas en Córdoba.
El retrato más completo fue realizado por Ricardo de Montis, quien lo describió como un hombre de extraordinaria energía física y moral:{{cita|«Figura atlética, voz potente y campanuda, carácter áspero y ademanes bruscos, siempre dispuesto a defender sus doctrinas en la prensa, en la tribuna y detrás de las barricadas.»<ref>Ricardo de Montis, "Francisco Leiva Muñoz". Consultado el DÍA DE HOY.</ref>}}Montis destacó igualmente su capacidad de trabajo, su enorme facilidad para la improvisación y una actividad prácticamente inagotable.
Durante los días previos a la [[Batalla de Alcolea]] llegó a pronunciar varios discursos públicos cada jornada, recorriendo barrios y plazas para mantener movilizada a la población.
Su oratoria se caracterizaba menos por el refinamiento literario que por la fuerza expresiva y la cercanía con el público popular.
No obstante, el propio Montis señalaba también uno de los rasgos más criticados de su personalidad: una acusada tendencia al protagonismo personal, que le llevaba con frecuencia a recordar sus propios sacrificios en favor de la causa republicana.
A pesar de ello, concluía su semblanza reconociendo que se trataba de uno de los personajes más notables de la Córdoba de la segunda mitad del siglo XIX.
== Últimos años ==
Tras el final del [[Sexenio Democrático]] y la restauración borbónica, Francisco Leiva fue abandonando progresivamente la actividad política. Los problemas de salud y las sucesivas decepciones derivadas del fracaso del proyecto republicano lo llevaron a concentrarse en la investigación histórica y en el periodismo.
Durante aquellos años reunió abundante documentación sobre el bandolerismo cordobés, recopiló testimonios de antiguos protagonistas de la revolución y continuó escribiendo para distintos periódicos locales.
Aunque permaneció fiel a sus ideales republicanos hasta el final de su vida, evitó volver a ocupar puestos de responsabilidad política.
Falleció en [[Córdoba]] en [[1888]].
Su desaparición fue ampliamente comentada por la prensa local, que destacó su protagonismo durante las décadas centrales del siglo XIX y su condición de uno de los principales líderes del republicanismo cordobés.
== Valoración historiográfica ==
La figura de Francisco Leiva ha sido objeto de atención por diversos historiadores dedicados al estudio del liberalismo y del republicanismo andaluz.
Para [[Juan Díaz del Moral]] fue uno de los principales organizadores de la democracia republicana cordobesa y un referente para buena parte de las movilizaciones populares desarrolladas durante el [[Sexenio Democrático]].<ref>Juan Díaz del Moral, ''Historia de las agitaciones campesinas andaluzas''. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
Miguel Jesús López Serrano lo considera el dirigente más representativo del ala federal del republicanismo cordobés y uno de los protagonistas esenciales de la vida política provincial entre [[1847]] y [[1874]].<ref>Miguel Jesús López Serrano, ''La provincia de Córdoba de la Gloriosa al reinado de Alfonso XII (1868-1885)'', Universidad de Córdoba, 2011. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
Por su parte, José Luis Casas Sánchez lo define como un «político audaz y escritor público», destacando tanto su capacidad organizativa como el enorme valor documental de su producción periodística e historiográfica.<ref>José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", ''Pregonero'', nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.</ref>
En la actualidad su obra ''La batalla de Alcolea'' continúa siendo una de las principales fuentes para el conocimiento de la [[Revolución de 1868]] en Andalucía y de la historia contemporánea de [[Córdoba]].
== Obras ==
* ''La batalla de Alcolea'' (1878).
* ''Los bandidos célebres de la provincia de Córdoba'' (inacabada).
* Numerosos artículos políticos publicados en ''[[La Revolución]]'', ''[[El Derecho]]'', ''[[La Libertad]]'', ''[[El Progreso]]'' y otros periódicos cordobeses.
* "Carta al Director del Diario de Córdoba" ([[30 de diciembre]] de [[1854]]).
== Véase también ==
* [[Batalla de Alcolea]]
* [[Revolución de 1868]]
* [[Junta Revolucionaria de Córdoba]]
* [[Partido Democrático]]
* [[Partido Republicano Democrático Federal]]
* [[Ángel de Torres Gómez]]
== Referencias ==
<references />


== Obras ==
== Obras ==

Revisión actual - 23:42 9 jul 2026

Francisco Leiva Muñoz

Político, periodista e historiador

Nacimiento: 1824
Córdoba
Fallecimiento: 1888
Córdoba
Profesion: Periodista y escritor
Actividad: Política, periodismo e historiografía
Destacado: Fundador del Partido Democrático en Córdoba y cronista de la Batalla de Alcolea

Contexto histórico

Décadas: 1847 -

Francisco Leiva Muñoz, también citado como Francisco de Leiva y Muñoz, (Córdoba, 1824 - Córdoba, 1888) fue un político, periodista, propagandista republicano e historiador cordobés. Figura esencial del liberalismo democrático en la provincia durante el reinado de Isabel II y el Sexenio Democrático, fue fundador del Partido Democrático en Córdoba, dirigente del republicanismo federal cordobés, miembro de la Junta Revolucionaria de Córdoba de 1868 y autor de la obra La batalla de Alcolea, considerada uno de los testimonios más completos sobre la revolución de septiembre de 1868.[1]

Su personalidad marcó profundamente la vida política cordobesa durante más de treinta años. Orador infatigable, periodista combativo y organizador revolucionario, fue descrito por sus contemporáneos como el principal agitador republicano de la ciudad. A pesar de la dureza de su actividad política, también destacó por su labor como cronista e historiador, dejando una de las principales fuentes para conocer la Batalla de Alcolea y los acontecimientos que condujeron al triunfo de la Revolución de 1868.[2]

Orígenes

Nació en Córdoba en 1824, en el seno de una familia humilde. A diferencia de otros dirigentes políticos de su generación, no procedía de la burguesía ilustrada ni había seguido estudios universitarios reglados. Buena parte de su formación fue autodidacta, circunstancia que sus contemporáneos destacaron como una de las claves de su personalidad.

Ricardo de Montis afirmaría años después que Leiva era un auténtico «hijo del pueblo», que, careciendo de títulos académicos y de fortuna personal, consiguió convertirse únicamente gracias a su inteligencia y capacidad de trabajo en un periodista, escritor y orador respetado.[3]

Su evolución intelectual coincidió con el auge del liberalismo democrático europeo de las décadas centrales del siglo XIX, convirtiéndose muy pronto en uno de los principales introductores de aquellas ideas en la ciudad.

Primeras actividades políticas

Durante los años cuarenta comenzó a participar en los círculos liberales cordobeses, alineándose con los sectores más avanzados del progresismo.

En 1847 organizó oficialmente el Partido Democrático en Córdoba, convirtiéndose en su principal dirigente provincial.[4]

Su actividad política fue intensa desde sus comienzos. Defendió el sufragio universal, la ampliación de las libertades públicas, la descentralización administrativa y la igualdad jurídica, posiciones extraordinariamente avanzadas para la España isabelina.

Aquella militancia le costó repetidos encarcelamientos.

En 1847 fue detenido y permaneció en prisión hasta beneficiarse de la amnistía concedida con motivo del matrimonio de Isabel II.[5]

Durante el Bienio Progresista volvería igualmente a sufrir persecuciones políticas y nuevas estancias en prisión.

Abogado y dirigente demócrata

En aquellos mismos años ingresó en el Colegio de Abogados de Córdoba, alcanzando un notable prestigio profesional.[6]

Contrajo matrimonio con una hija de José Illescas y Cárdenas, alcalde de Córdoba, diputado a Cortes y una de las principales figuras de la oligarquía liberal cordobesa, circunstancia que reforzó notablemente su posición social sin modificar su firme compromiso con el republicanismo democrático.[7]

Durante esta etapa organizó prácticamente desde cero el Partido Democrático cordobés.

Su liderazgo fue creciendo hasta convertirse en el principal referente del movimiento democrático provincial.

En la revolución de 1854 desempeñó un papel fundamental en la coordinación de los demócratas con el propósito de impedir que el triunfo revolucionario quedara monopolizado por los progresistas.[8]

Concejal del Ayuntamiento

Tras el triunfo revolucionario fue elegido concejal del Ayuntamiento de Córdoba.

Durante varios meses de 1855 asumió interinamente la dirección de los asuntos municipales, ejerciendo como una de las principales autoridades locales del momento.[9]

Aunque finalizado el Bienio continuó formando parte de la corporación municipal, la llegada de la Unión Liberal deterioró progresivamente la situación política.

En 1859 presentó su dimisión como concejal.

La fractura entre moderados, progresistas y demócratas comenzaba ya a hacerse irreversible.

Periodista y propagandista

Paralelamente a su actividad política desarrolló una extraordinaria labor periodística.

Fue colaborador y director de numerosos periódicos cordobeses de tendencia democrática y republicana.

Entre ellos destacaron:

José Luis Casas considera que su influencia sobre la opinión pública cordobesa fue enorme, desarrollando una intensa campaña propagandística tanto en la prensa local como nacional.[10]

Ricardo de Montis afirmaría que sus artículos poseían una extraordinaria energía y que defendía sus ideas con la misma intensidad en los periódicos que en la tribuna o incluso físicamente cuando las circunstancias así lo requerían.

Su oratoria alcanzó igualmente gran notoriedad.

Era habitual verlo pronunciar varios discursos públicos en un mismo día durante los meses previos a la Revolución de Septiembre de 1868.

Ruptura con el liberalismo moderado

A finales de la década de 1850 la evolución del régimen isabelino fue alejando progresivamente a Francisco Leiva de cualquier posibilidad de entendimiento con los partidos monárquicos.

En 1858 se trasladó temporalmente a Madrid, dejando la organización del Partido Democrático cordobés en manos del abogado Ángel de Torres Gómez, a quien solicitó reiteradamente que asumiera la dirección moral de la democracia provincial. Sin embargo, Torres rechazó hacerlo al mantener todavía vínculos con los sectores monárquicos, circunstancia que Leiva lamentó posteriormente en una de sus obras:

«Antes de mi marcha hice reiteradas instancias a don Ángel de Torres y Gómez para que me reemplazase en la dirección moral de la democracia cordobesa. Inútiles fueron mis esfuerzos. Ángel de Torres, que no quería separarse de los partidos monárquicos, donde se hallaba querido y mimado, aplazaba siempre la cuestión sin decidirse a tomar ni el vado ni el puente.»[11]


Aquella discrepancia marcaría el origen de las dos corrientes que convivieron durante años dentro del republicanismo cordobés.

Por una parte se situaban los sectores más moderados, representados por Ángel de Torres Gómez, partidarios de una evolución gradual del sistema político y abiertos al entendimiento con otros grupos liberales.

Frente a ellos, Leiva defendía una posición claramente revolucionaria, convencido de que el régimen isabelino únicamente podía ser derribado mediante una insurrección organizada.

José Luis Casas señala que esta división anticipó la posterior fractura existente dentro del republicanismo federal durante el Sexenio Democrático, enfrentando a los republicanos de carácter más burgués con los grupos populares partidarios de la movilización revolucionaria permanente.[12]

La conspiración contra Isabel II

Durante los años previos a 1868 Francisco Leiva se convirtió en uno de los principales conspiradores republicanos de Andalucía.

Desde Madrid mantuvo una intensa actividad política junto a los dirigentes del Partido Demócrata, participando en la estrategia de aislamiento del régimen de Isabel II.

Defendió la política del retraimiento electoral, considerando que la participación en unas elecciones controladas por la Corona únicamente servía para legitimar un sistema que juzgaba agotado.[13]

Su implicación en la conspiración revolucionaria alcanzó uno de sus momentos culminantes con la participación en la sublevación de los sargentos del cuartel de San Gil, en Madrid, en junio de 1866.

Tras el fracaso del levantamiento tuvo que huir sucesivamente a Villarrobledo y Albacete para evitar su detención.

Poco después regresó clandestinamente a Madrid, donde coincidió con el también cordobés Juan Bellido, quien le animó a desplazarse a Sevilla para coordinar los preparativos revolucionarios en Andalucía.

Antes de llegar a la capital hispalense pasó por Córdoba, donde fue detenido por las autoridades.

Una vez puesto en libertad se trasladó finalmente a Sevilla, donde participó en diversas reuniones conspirativas junto a unionistas, progresistas y demócratas, entre ellos el revolucionario Rafael Pérez del Álamo.[14]

Las investigaciones policiales realizadas en aquellos días dejaron incluso una descripción física del dirigente cordobés:

«Alto, delgado, moreno, bigote negro, levita del mismo color.»[15]


Durante su estancia en Sevilla llegó a entrevistarse con el capitán general de Andalucía, el general Turón, a quien intentó convencer para que encabezara el levantamiento contra Isabel II.

Cuando éste rechazó la propuesta, Leiva continuó impulsando los contactos revolucionarios, llegando incluso a estudiar el secuestro del nuevo capitán general, el general Lasala, aunque el proyecto nunca llegó a ejecutarse.[16]

La Revolución de 1868

El triunfo de la revolución iniciada en Cádiz encontró a Francisco Leiva convertido en uno de los principales dirigentes democráticos de la provincia.

El 20 de septiembre de 1868, cuando el movimiento revolucionario triunfó en Córdoba, formó parte de la Junta Revolucionaria de Córdoba, organismo que asumió provisionalmente el gobierno de la ciudad tras el derrumbe del poder isabelino.

Las diferencias entre Leiva y Ángel de Torres Gómez afloraron desde los primeros momentos.

Mientras Torres defendía una política de consenso con unionistas y progresistas, Leiva reclamaba profundizar inmediatamente en la revolución e implantar un auténtico régimen republicano.

Juan Díaz del Moral resumió posteriormente aquella situación afirmando que en Córdoba coexistían dos partidos democráticos claramente diferenciados: el encabezado por Ángel de Torres y el liderado por Francisco Leiva, acompañado por Manuel Ruiz Herrero, Abelardo Abdé Díez y Rafael Vázquez, entre otros dirigentes republicanos.[17]

Según el propio Díaz del Moral, las fuerzas populares organizadas directamente por Leiva fueron decisivas durante las primeras horas del levantamiento.

Afirma que en la mañana del 20 de septiembre disponía ya de unos ciento veinticinco paisanos armados y que varias decenas participaron en los enfrentamientos desarrollados en la plaza de la Compañía contra las fuerzas gubernamentales.[18]

Desde ese momento Francisco Leiva pasó a desempeñar un papel fundamental en la organización política y militar de la revolución cordobesa.

Su siguiente misión sería acompañar al ejército revolucionario que marchaba hacia el decisivo enfrentamiento de Alcolea.


La Batalla de Alcolea

La intervención de Francisco Leiva durante la Batalla de Alcolea constituye el episodio más conocido de su biografía.

La Junta Revolucionaria de Córdoba lo nombró su representante permanente en el cuartel general del ejército revolucionario mandado por el general Francisco Serrano, duque de la Torre, actuando como enlace político entre las autoridades civiles y el mando militar.[19]

A diferencia de la mayoría de los dirigentes políticos, Leiva permaneció durante toda la jornada junto a las primeras líneas del combate.

Desde las inmediaciones del puente de Alcolea remitió varios telegramas a la Junta Revolucionaria cordobesa informando del desarrollo de las operaciones y solicitando el envío urgente de médicos, practicantes y medios de evacuación para atender a los numerosos heridos que comenzaban a llegar desde el campo de batalla.[20]

Uno de aquellos telegramas decía:

«Se acaba de romper el fuego. Vengan médicos, cirujanos y practicantes para curar los heridos y trenes para conducirlos. La artillería está funcionando.»[21]


El propio Serrano felicitó personalmente a Leiva por la rapidez de aquellas gestiones, considerando que habían permitido organizar con suficiente antelación la asistencia sanitaria de los combatientes.

Una vez enviado el despacho volvió inmediatamente al frente, permaneciendo junto al Estado Mayor durante buena parte de la batalla.

En sus memorias describió con extraordinario detalle tanto los movimientos militares como las conversaciones mantenidas con Serrano, Prim y los principales oficiales revolucionarios.

Gracias a ello su obra constituye hoy uno de los relatos más completos conservados sobre la batalla.[22]

José Luis Casas considera que ningún otro protagonista civil dejó un testimonio tan minucioso de los acontecimientos, razón por la que La batalla de Alcolea sigue siendo una fuente imprescindible para estudiar la revolución de 1868.[23]

El republicanismo federal

El triunfo de la Revolución de Septiembre no eliminó las profundas diferencias existentes dentro del antiguo Partido Democrático.

Mientras algunos dirigentes aceptaban la monarquía democrática impulsada por el Gobierno provisional, Francisco Leiva defendía la proclamación inmediata de una república federal.

En diciembre de 1868 encabezó la escisión del sector más radical del Partido Democrático cordobés y promovió la creación del Partido Republicano Democrático Federal en la ciudad.

Este nuevo partido se integró en la organización federal dirigida a escala nacional por Francisco Pi y Margall.

Leiva se convirtió en el principal dirigente del republicanismo federal cordobés durante los primeros años del Sexenio Democrático, desarrollando una intensa actividad de propaganda mediante mítines, periódicos y reuniones públicas.[24]

Su visión política difería notablemente de la sostenida por los sectores más moderados del republicanismo.

Consideraba que la revolución únicamente alcanzaría sus objetivos mediante la participación directa del pueblo y rechazaba cualquier compromiso con las antiguas élites liberales.

Esta postura lo enfrentó con numerosos dirigentes democráticos cordobeses, especialmente con Ángel de Torres Gómez, cuyas diferencias políticas se habían ido acentuando desde finales de la década de 1850.

Los Sucesos de Montoro

La creciente radicalización del republicanismo federal desembocó pocos meses después en los conocidos Sucesos de Montoro.

El 3 de diciembre de 1868 una manifestación republicana terminó enfrentándose con las fuerzas del orden público.

Como consecuencia del tiroteo fallecieron dos niños de corta edad y varias personas resultaron heridas.

Las autoridades responsabilizaron del movimiento revolucionario a Francisco Leiva, quien fue detenido junto con otros dirigentes republicanos.[25]

El episodio tuvo una enorme repercusión política en la provincia.

Pese al descrédito que intentaron provocar sus adversarios, Leiva consolidó desde entonces el liderazgo del republicanismo federal cordobés, especialmente entre las clases populares y los sectores obreros.

Décadas después Juan Díaz del Moral continuaba considerando aquellos sucesos como uno de los principales antecedentes del federalismo andaluz.[26]

Escritor e historiador

Aunque su figura ha permanecido ligada principalmente a la política, Francisco Leiva desarrolló también una importante labor historiográfica.

Su principal obra fue La batalla de Alcolea, publicada en dos tomos, donde reunió documentos oficiales, telegramas, correspondencia, testimonios personales y un detallado relato cronológico de la revolución cordobesa.

La obra destaca por la enorme cantidad de documentación reproducida íntegramente, circunstancia poco habitual en la historiografía española del siglo XIX.

Lejos de limitarse a una narración militar, Leiva reconstruyó el ambiente político de la ciudad, el funcionamiento de la Junta Revolucionaria de Córdoba, la organización del ejército revolucionario y las consecuencias inmediatas del triunfo liberal.

Por este motivo continúa siendo una fuente de referencia para el estudio del Sexenio Democrático en Andalucía.

Su segundo gran proyecto fue Los bandidos célebres de la provincia de Córdoba, una amplia historia del bandolerismo cordobés.

La enfermedad y la muerte impidieron concluir la obra.

Ricardo de Montis afirmaba que dejó escritas centenares de cuartillas que posteriormente desaparecieron, perdiéndose uno de los estudios históricos más ambiciosos sobre el bandolerismo andaluz.[27]

Además publicó numerosos artículos políticos, ensayos y folletos, muchos de ellos aparecidos originalmente en la prensa cordobesa y posteriormente recopilados por diversos investigadores.

Entre ellos destaca la carta abierta dirigida al Diario de Córdoba el 30 de diciembre de 1854, considerada uno de los mejores resúmenes de su pensamiento político y de su concepción de la libertad, la igualdad y la soberanía popular.

Partido Democrático

Fundó el Partido Democrático en Córdoba en 1847. Con el tiempo se formaron dos facciones, la más radicalizada, dirigida por Leiva, y la más centrada, que giraba en torno de la figura de Ángel de Torres, con la que se identificaban catedráticos y hombres de leyes.[28] Con el apoyo del Partido Demócrata, en 1867 se constituyó en Córdoba una Junta Revolucionaria interina, presidida por Ángel de Torres, con el objetivo de coordinar los preparativos para la inminente revolución. Llegada la Revolución de 1868 y sus primeros roces, Leiva toma la decisión de abandonar el partido creado por él mismo 20 años antes.

Revolución de 1868 y Sexenio Revolucionario

Miembro de la Junta Revolucionaria de 1868, es elegido como concejal de Córdoba en el primer Ayuntamiento democrático y pasa a ser uno de los héroes en la batalla del puente de Alcolea, donde el ejército revolucionario derrota a las huestes del general isabelino Pavía, más conocido como Novaliches.

En Córdoba, se caracterizó por ser el revolucionario republicano más combativo, llegando a tener varias fuertes discusiones con otros republicanos como Ángel de Torres el propio día del levantamiento de 20 de septiembre de 1868. Fue lo que se denominó un "republicano exaltado"[29].

También conocido como Partido Republicano Democrático Federal, fue un partido político español de carácter federalista y republicano creado nada más triunfar la Revolución de 1868 como continuación del Partido Democrático, fundado en 1849. El principal teórico del partido y uno de sus líderes más reconocidos fue Francisco Pi y Margall. Extendió su influencia especialmente por la zona mediterránea a partir de sus dos sus bastiones iniciales: Cataluña —donde funcionó el Club de los Federalistas de Barcelona— y Andalucía.

En diciembre de 1868 se pone en marcha en Córdoba, surgido de la facción de Francisco de Leiva y Muñoz en el Partido Democrático. En efecto, se sabía que el partido Demócrata no era unánime. Parecía más bien que había dos almas.

En palabras de Juan Díaz del Moral: "Llegó a haber en Córdoba dos partidos democráticos: el de Ángel Torres, Santiago Burbudo, Ángel Ferrer, etc., y el del profesor Manuel Ruiz Herrero, Abelardo Abdé, Francisco Leiva, Rafael Vázquez y otros, seguido cada grupo por unos cuantos pueblos de la provincia".[30]

El 3 de diciembre de 1868 tuvieron lugar los llamados Sucesos de Montoro, en los que una multitud chocó con la Guardia Civil y resultaron muertos dos niños. Leiva, uno de los cabecillas, quedó detenido. A los pocos días, la facción de Francisco Leiva dará origen al Partido Republicano Democrático Federal.

Pensamiento político

Francisco Leiva representó la corriente más avanzada del liberalismo democrático cordobés durante el reinado de Isabel II y los primeros años del Sexenio Democrático.

Su pensamiento evolucionó desde el progresismo hacia posiciones claramente republicanas y federales, defendiendo el sufragio universal, la soberanía nacional, la descentralización del Estado, la libertad de imprenta, la igualdad ante la ley y una profunda regeneración de las instituciones públicas.

A diferencia de otros dirigentes democráticos, nunca ocultó su convencimiento de que la monarquía era incompatible con el pleno desarrollo de las libertades públicas. Consideraba que el pueblo debía convertirse en el verdadero sujeto de la política y que la revolución únicamente tenía sentido si desembocaba en una transformación real de las estructuras del Estado.

Su discurso político apelaba constantemente a las clases populares. Frente a una concepción elitista de la política, insistía en que el progreso sólo podía construirse mediante la participación activa de los ciudadanos.

Esta idea aparece reflejada en numerosos artículos periodísticos y especialmente en la carta publicada en el Diario de Córdoba el 30 de diciembre de 1854, donde defendía el protagonismo histórico del pueblo andaluz:

«Siempre ha sido de todos sabido que el pueblo andaluz es franco, generoso, noble y hospitalario; el principal agente de los grandes movimientos políticos; el que por instinto adivina, a veces, la necesidad de los grandes principios constitucionales.»[31]


En ese mismo texto rechazaba las recompensas honoríficas y defendía una concepción profundamente ética del servicio público:

«No he recibido jamás condecoración alguna; no he sido titular; quiero ser ciudadano libre.»[32]


Estas posiciones le convirtieron en una de las voces más representativas del republicanismo democrático cordobés del siglo XIX.

Personalidad

La figura de Francisco Leiva despertó opiniones muy contrapuestas entre sus contemporáneos.

Sus adversarios lo consideraban un agitador permanente, mientras que para sus partidarios era el principal defensor de las libertades democráticas en Córdoba.

El retrato más completo fue realizado por Ricardo de Montis, quien lo describió como un hombre de extraordinaria energía física y moral:

«Figura atlética, voz potente y campanuda, carácter áspero y ademanes bruscos, siempre dispuesto a defender sus doctrinas en la prensa, en la tribuna y detrás de las barricadas.»[33]


Montis destacó igualmente su capacidad de trabajo, su enorme facilidad para la improvisación y una actividad prácticamente inagotable.

Durante los días previos a la Batalla de Alcolea llegó a pronunciar varios discursos públicos cada jornada, recorriendo barrios y plazas para mantener movilizada a la población.

Su oratoria se caracterizaba menos por el refinamiento literario que por la fuerza expresiva y la cercanía con el público popular.

No obstante, el propio Montis señalaba también uno de los rasgos más criticados de su personalidad: una acusada tendencia al protagonismo personal, que le llevaba con frecuencia a recordar sus propios sacrificios en favor de la causa republicana.

A pesar de ello, concluía su semblanza reconociendo que se trataba de uno de los personajes más notables de la Córdoba de la segunda mitad del siglo XIX.

Últimos años

Tras el final del Sexenio Democrático y la restauración borbónica, Francisco Leiva fue abandonando progresivamente la actividad política. Los problemas de salud y las sucesivas decepciones derivadas del fracaso del proyecto republicano lo llevaron a concentrarse en la investigación histórica y en el periodismo.

Durante aquellos años reunió abundante documentación sobre el bandolerismo cordobés, recopiló testimonios de antiguos protagonistas de la revolución y continuó escribiendo para distintos periódicos locales.

Aunque permaneció fiel a sus ideales republicanos hasta el final de su vida, evitó volver a ocupar puestos de responsabilidad política.

Falleció en Córdoba en 1888.

Su desaparición fue ampliamente comentada por la prensa local, que destacó su protagonismo durante las décadas centrales del siglo XIX y su condición de uno de los principales líderes del republicanismo cordobés.

Valoración historiográfica

La figura de Francisco Leiva ha sido objeto de atención por diversos historiadores dedicados al estudio del liberalismo y del republicanismo andaluz.

Para Juan Díaz del Moral fue uno de los principales organizadores de la democracia republicana cordobesa y un referente para buena parte de las movilizaciones populares desarrolladas durante el Sexenio Democrático.[34]

Miguel Jesús López Serrano lo considera el dirigente más representativo del ala federal del republicanismo cordobés y uno de los protagonistas esenciales de la vida política provincial entre 1847 y 1874.[35]

Por su parte, José Luis Casas Sánchez lo define como un «político audaz y escritor público», destacando tanto su capacidad organizativa como el enorme valor documental de su producción periodística e historiográfica.[36]

En la actualidad su obra La batalla de Alcolea continúa siendo una de las principales fuentes para el conocimiento de la Revolución de 1868 en Andalucía y de la historia contemporánea de Córdoba.

Obras

Véase también

Referencias

  1. José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", Pregonero, nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.
  2. José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", Pregonero, nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.
  3. Ricardo de Montis, "Francisco Leiva Muñoz". Consultado el DÍA DE HOY.
  4. Miguel Jesús López Serrano, La provincia de Córdoba de la Gloriosa al reinado de Alfonso XII (1868-1885), Universidad de Córdoba, 2011. Consultado el DÍA DE HOY.
  5. José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", Pregonero, nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.
  6. José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", Pregonero, nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.
  7. José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", Pregonero, nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.
  8. José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", Pregonero, nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.
  9. José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", Pregonero, nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.
  10. José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", Pregonero, nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.
  11. José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", Pregonero, nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.
  12. José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", Pregonero, nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.
  13. José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", Pregonero, nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.
  14. José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", Pregonero, nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.
  15. José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", Pregonero, nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.
  16. José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", Pregonero, nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.
  17. Juan Díaz del Moral, Historia de las agitaciones campesinas andaluzas. Consultado el DÍA DE HOY.
  18. Juan Díaz del Moral, Historia de las agitaciones campesinas andaluzas. Consultado el DÍA DE HOY.
  19. Francisco Leiva Muñoz, La batalla de Alcolea, 1878. Consultado el DÍA DE HOY.
  20. Francisco Leiva Muñoz, La batalla de Alcolea, 1878. Consultado el DÍA DE HOY.
  21. Francisco Leiva Muñoz, La batalla de Alcolea, 1878. Consultado el DÍA DE HOY.
  22. Francisco Leiva Muñoz, La batalla de Alcolea, 1878. Consultado el DÍA DE HOY.
  23. José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", Pregonero, nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.
  24. Miguel Jesús López Serrano, La provincia de Córdoba de la Gloriosa al reinado de Alfonso XII (1868-1885), Universidad de Córdoba, 2011. Consultado el DÍA DE HOY.
  25. Juan Díaz del Moral, Historia de las agitaciones campesinas andaluzas. Consultado el DÍA DE HOY.
  26. Juan Díaz del Moral, Historia de las agitaciones campesinas andaluzas. Consultado el DÍA DE HOY.
  27. Ricardo de Montis, "Francisco Leiva Muñoz". Consultado el DÍA DE HOY.
  28. Francisco Leiva Muñoz, "Carta al Director del Diario de Córdoba", Diario de Córdoba, 30 de diciembre de 1854. Consultado el DÍA DE HOY.
  29. Francisco Leiva Muñoz, "Carta al Director del Diario de Córdoba", Diario de Córdoba, 30 de diciembre de 1854. Consultado el DÍA DE HOY.
  30. Ricardo de Montis, "Francisco Leiva Muñoz". Consultado el DÍA DE HOY.
  31. Francisco Leiva Muñoz, "Carta al Director del Diario de Córdoba", Diario de Córdoba, 30 de diciembre de 1854. Consultado el DÍA DE HOY.
  32. Francisco Leiva Muñoz, "Carta al Director del Diario de Córdoba", Diario de Córdoba, 30 de diciembre de 1854. Consultado el DÍA DE HOY.
  33. Ricardo de Montis, "Francisco Leiva Muñoz". Consultado el DÍA DE HOY.
  34. Juan Díaz del Moral, Historia de las agitaciones campesinas andaluzas. Consultado el DÍA DE HOY.
  35. Miguel Jesús López Serrano, La provincia de Córdoba de la Gloriosa al reinado de Alfonso XII (1868-1885), Universidad de Córdoba, 2011. Consultado el DÍA DE HOY.
  36. José Luis Casas Sánchez, "Francisco Leiva Muñoz. Político audaz y escritor público", Pregonero, nº 85, diciembre de 1990. Consultado el DÍA DE HOY.

Obras

  • Los bandidos célebres de la provincia de Córdoba
  • La batalla de Alcolea (1878)


Francisco de Leiva por Ricardo de Montis

En la segunda mitad del siglo XIX, durante aquella época pródiga en turbulencias políticas en que hubo cambios de régimen y de dinastías, movimientos revolucionarios y golpes de estado, entre los hombres que en Córdoba tomaban parte activa en las luchas suscitadas más que por el antagonismo de las ideas por la exacerbación y el encono de las pasiones, destacábase por su labor constante, por su febril actividad, por sus extraordinarias energías, don Francisco Leiva Muñoz.

¿Qué cordobés de sus tiempos le habrá olvidado? Seguramente todos recordarán la figura atlética del exaltado propagandista republicano, de voz potente y campanuda, de carácter áspero, de ademanes bruscos, siempre dispuesto a defender sus doctrinas en la prensa con una pluma acerada como puñal florentino, en la reunión pública con un verbo cálido y subyugador, en las plazas detrás de las barricadas, en las calles, si las circunstancias lo exigían, a bofetadas y garrotazos.

Don Francisco Leiva, a pesar de todos los vicios y defectos de que le acusaban sus enemigos (¿quien no los tiene?) era un hombre de mérito extraordinario.

Hijo del pueblo, sin carrera, sin profesión ni oficio y muy escaso de cultura, merced casi exclusivamente a su talento natural, logró escribir con no escasa corrección, dominar la palabra y ser orador y periodista.

Además de colaborar en todas las publicaciones defensoras de ideas avanzadas que en el periodo a que nos referimos veían la luz, con gran frecuencia, en nuestra capital, fundó y dirigió algunas y puede decirse que fue el alma de las tituladas El Derecho, La Libertad, El Progreso y La Revolución.

En todos esos periódicos sostuvo campañas en pro de sus ideales, muchas veces violentísimas, que le originaron serios disgustos; sin embargo jamás tuvo un desafío porque cuando las cuestiones periodísticas se agravaban llegando al terreno personal él las resolvía sin pistolas, espadas ni padrinos; con el enorme bastón que usaba, o simplemente a puñetatos.

Con ser grandes sus aficiones al periodismo eran mayores las que tenía a la oratoria.

Padecía de verborrea y nosotros nos atreveríamos a asegurar que el día en que no había encontrado ocasión de hablar en público parecíale que le faltaba algo indispensable para la vida.

Cuando estalló la revolución de Septiembre, en las vísperas de la batalla de Alcolea, nuestro hombre salía a cuatro y cinco discursos diarios.

En cualquier sitio de reunión, en un solar, en medio de una plaza improvisaba una tribuna y desde ella dirigía la palabra al pueblo ensalzando las excelencias del régimen republicano, fustigando con crueldad a los gobernantes, excitando a las multitudes para que se aprestasen a la defensa de los ideales que el creía regeneradores.

Y sus apóstrofes, la misma, rudeza de su forma falta de galas retóricas pero llena de energía y de virilidad, interesaban al auditorio, proporcionando éxitos al orador.

Tenia éste un defecto por el que en más de una ocasión censuráronle, no ya sus enemigos sino sus correligionarios; el de anteponer a todo el yo, su propia personalidad; el de enaltecer su labor presentándola como ejemplo de actuación ciudadana y dedicarle elogios desmedidos.

Compañeros -decía en todas sus peroratas- es necesario que imiteis mi conducta. ¿Sabeis lo que ha hecho un don Francisco Leiva? Pues un don Francisco Leiva se ha sacrificado, y el Demóstenes de gorro frigio, o de sombreo de paja negro, comenzaba a narrar sus sacrificios y a hacerse una apología interminable.

Hablaba en cierta ocasión el paladín de la República en un corralón, con honores de huerto, de Trascastillo y entre sus oyentes figuraba un negro, hombre también de exaltadas ideas.

El orador, tomo de costumbre, a la mediación de su discurso comenzó a darse tono y, al preguntar: ¿sabeis lo que ha hecho un don Francisco Leiva? el negro contestóle con voz estentórea: ¡estamos hartos de saberlo y no queremos oir a osté!

Tal repuesta produjo la carcajada general y ahogó las palabras en la garganta del tribuno que no pudo, en aquel momento, articular una frase.

Leiva. que era hombre de valor reconocido, solicitó y obtuvo permiso para asistir, como cronista, a la batalla de Alcolea y estuvo en el sitio de mas peligro, donde las balas sembraron el campo de cadaveres.

Con las impresiones que allí recibiera y con los numerosos antecedentes, notas y documentos que había recogido, escribió y publicó una interesantísima y bien documentada historia de la memorable batalla, que reveló sus excepcionales dotes de historiador concienzudo y confirmó las de literato, que ya tenía plenamente demostradas.

Cuando las enfermedades, los infortunios y los desengaños le retiraron de las candentes luchas políticas, las que había sido incansable guerrillero, se dedicó a recopilar materiales para otro libro curioso, la historia del bandolerismo en Andalucía, y cuando dispuso de los elementos necesarios, acometió su empresa, pero no pudo terminarla por haberle sorprendido antes la muerte.

Sin embargo, dejó escrito gran parte de su trabajo, centenares de cuartillas que, sin duda se extraviaron porque nadie tuvo interés en conservarlas, perdiéndose con ellas una obra importante, que representaba una labor intelectual de algunos años.

Entre las buenas dotes del cronista de la batalla de Alcolea sobresalía la imparcialidad. A pesar de sus radicalismos, de sus exaltaciones y apasionamientos, cuando encontraba una ocasión oportuna complacíase en hacer justicia aun a sus mayores enemigos en ideas.

A pesar de que él vivió y murió fuera del seno de la Religión católica, en el momento de verificarse la inhumación del cadáver de aquel sacerdote, modelo de toda clase de virtudes, que se llamó don Agustín Moreno, pronunció una oración fúnebre tributándole grandes elogios, la cual, impresa en una hoja, fue después repartida profusamente.

Un día don Francisco Leiva Muñoz, abrumado por la enfermedad que le llevó al sepulcro, presentóse en la redacción del periódico La Lealtad, donde realizaba su aprendizaje el autor de estas líneas.

Poetita,

le dijo, empleando un tono cariñoso muy raro en él:

vengo a encomendarte un encargo que debes considerar como mi última voluntad.
Tú sabes que hace algunos años descubrí y saqué a la vergüenza pública en unas Armonías literarias publicadas en la prensa local a un plagiario que sentó plaza de poeta haciendo pasar como suyas numerosas composiciones de un escritor americano.
Mis Armonías, obligáronle, no solamente a abandonar el deshonroso y nada lucrativo oficio de ladrón literario, sino a ausentarse de Córdoba.
Estoy seguro de que mientras yo viva, no pretenderá nuevamente vestirse con plumas de pavo real, pero temo que el día en que se entere de mi muerte, ya próxima, reincida en su delito.
Si reincidiera, quiero que tú continúes desenmascarándole y, con este objeto, vengo a entregarte el libro donde estan recopilados los versos que reproducía, con su firma, este salteador del Parnaso.

Así se expresaba Leiva al mismo tiempo que ponía en nuestras manos un tomo de poesías al que faltaban muchas hojas; todas las que contenían las composiciones plagiadas que nuestro amigo cortó para enviarlas la imprenta, formando parte de sus famosos artículos Armonías literarias.

Ofrecimos bajo palabra de honor cumplir el encargo que nos confiaba aquel hombre, casi en el borde del sepulcro, pero no tuvimos que continuar su obra porque el falso poeta, quizá temeroso de que se repitiera el castigo, jamás volvió a ofrecer como propios los frutos de la agena inspiración

Sin embargo, entre los papeles curiosos de nuestro archivo, conservamos los restos del libro que, hacé más de treinta años, nos entregara don Francisco Leiva.

Artículo enviado al Diario de Córdoba (30 de diciembre de 1854)

— Sr. Director:
Muy señor mío: en el núm. 56 de su interesante periódico he leído su artículo bajo el epígrafe: «El pueblo progresista,» en cuyo desarrollo puede observarse claramente el modo de pensar del autor; espíritu noble y levantado, que no se deja abatir fácilmente por desalientos pasajeros, antes por el contrario redobla sus energías para sobreponerse, si es posible, a la indiferencia de nuestras masas. Al mismo tiempo que le felicito, cúmpleme advertirle algunos desaciertos que me han parecido notablemente injustos.
Formándose en tan precioso cuadro una sentencia general sobre todo el pueblo andaluz, y aún quisiera decir que sobre toda la nación española, la necesidad me invita a rectificarla, aunque sea solo bajo el punto de vista de lo que hace algunos años sucede entre nosotros.
Siempre ha sido de todos sabido que el pueblo andaluz es franco, generoso, noble y hospitalario; el principal agente de los grandes movimientos políticos; el que por instinto adivina, a veces, la necesidad de los grandes principios constitucionales; ese que todavía con el nombre de «Pueblo soberano» ha derramado tanta sangre en su defensa. Vd. puede, señor, para donde quiera que se dirija, ver a la multitud sometida a la ley del trabajo; pero siempre preparada para dar la vida por la libertad.
¿Qué sentimiento de justicia puede obligar a ese pueblo generoso y noble a permanecer estacionario, indiferente hoy, por más que la experiencia le haya probado que su sacrificio ha quedado estéril por la señalada injusticia con que constantemente le han tratado sus mandatarios?
Si mis hipócritas detractores, si esos con quienes Vd. sostiene principios de progreso, no estuvieran completamente absorbidos en sus pequeños intereses y ambiciones, verían que el desaliento no nace de un hombre poco progresista, sino de la experiencia siempre desmentida en nuestros procedimientos políticos. Vd. no puede ignorar que en esos hombres existe un germen progresista que Vd. cultiva con atractivo inagotable.
Quisiera también hacer aquí una ligera profesión de mis ideas políticas; por temor de que mi silencio me conduzca con esos hombres, a quienes Vd. hace defensores de una bandera que no es la mía. Y todavía más; la rechazo, porque la desprestigia el nuevo ministerio, que repelen todos los amantes de la libertad, y que en crédito de su honor personal, —así lo desea—, ha sido el más decidido enemigo de la igualdad y la justicia. Esos mismos hombres que han trabajado conmigo en la cárcel y sufrido persecuciones.
Hace pocos días, el 3 de agosto, defendiendo a mi amigo el Duque de la Victoria, dije lo siguiente: «Señores, los que profesan las ideas del progreso no pueden asociarse con los de la reacción; sírvase el Sr. Duque recordar su palabra dada, y se me pedirá cuenta de la pena de mi separación.»
Para mí las dos banderas, reacción y progreso, no pueden confundirse, y ambas se asocian, cuando el hombre vive conforme al evangelio más sencillo.
Si mis títulos no están en concierto con los de Vd. del punto de vista social, pueden muy bien emerger de mis procedimientos políticos, al paso que Vd. se convencerá con ellos de que tengo más derecho a levantar la bandera del progreso y sostenerlo.
Yo me he sometido con gusto, y aún con verdadero placer, a las duras condiciones de la cárcel, a las del hambre y aun a la separación de mi familia; yo he visto bajar el puñal de un verdugo sobre la frente de mis hijos, por sostener un sagrado deber.
No he recibido jamás condecoración alguna; no he sido titular, quiero ser ciudadano libre, y como español, escudo de la libertad, porque el mérito y el honor no deben ser jamás representados por un metal cualquiera que pueda ser desfigurado por el abuso.
El 19 de julio formando uno de los miembros del glorioso pronunciamiento, dije así: «Pueblo progresista, yo entiendo que hoy más que nunca está en circulación tu noble sangre; no desmayes, pues en proporción a tu confianza en la victoria pronto veremos ondear al pueblo andaluz su bandera. Que la Junta de Gobierno no interprete mal esos deseos; dirija a los Milicianos Nacionales un pensamiento de fraternidad, que haga olvidar ese pequeño resentimiento que ha engendrado el vergonzoso y triste proceder de la última Junta de Gobierno.»
Y dije también: «No desmayemos; la libertad no se alcanzó en un siglo; es necesario fortificar el espíritu de los pueblos que serán gobernados por el brazo de la justicia, y por la sabiduría de las leyes.»
Algunos hombres, capaces de señalar el punto negro de un acto honroso, han querido dudar de mi patriotismo. A estos hombres, yo les diría que conquisten el derecho que yo me he conquistado en medio de los peligros, de las lágrimas, de las persecuciones.
Vd., sin duda, no desconoce que en todos los países libres hay un desnivelamiento de clases; que la categoría del mérito nada tiene de común con esa injusta desigualdad; y que el hombre por nacimiento está sujeto al «veredicto de la ley.» Esta ha declarado que el mérito se ajusta al sacrificio.
Aquí, en Córdoba, nadie ignora quiénes me han hecho el honor de confiarme la doctrina progresista. Conservo entre mis más gratos deberes la de mis antiguos insurrectos; ellos me harán justicia, pues desde el día en que se proclamó el triunfo dejé de ser hombre exclusivo.
Aunque creo que he aprendido y sé que nada hay más halagüeño que la libertad, me es muy difícil persuadirme de que exista un pueblo andaluz que desmerezca el justo nombre que ha ganado.
Persuadámonos, pues, señor Director, que todas las conquistas de los pueblos, las guerras sostenidas al grito de libertad, no se han hecho ni por una parte exclusiva, ni por esa clase ignorante que Vd. califica de «progresista»; sino por el pueblo español, por los nobles intereses que dicta el corazón, por la justicia y por el derecho.
El artículo de Vd. me ha parecido en sumo grado notable, pero demasiado general.
Quiero rectificar también algunas ideas; si el pueblo andaluz no es el confirmado labrador que hace indigna obra de pasto de malas prácticas, tampoco es posible desconocer que «la indiferencia» lo debe anunciar el desaliento de los hombres buenos.
Siempre han existido violentos excesos, que han arrancado a nuestra sociedad civilizada heridas profundas; y esos mismos excesos han sido recompensados con la libertad; y las sangrientas sediciones han servido para consolidar el derecho constitucional; pero desde que se ha dicho «ese pueblo soberano,» no se ha hecho más que explotar la credulidad de un pueblo que por instinto es generoso, noble y hospitalario.
Cordobeses: depurando mi lenguaje, el sentir de mi artículo, quisiera demostrar que hay sentimientos nobles, verdaderamente sagrados; emociones siempre respetables. Los hombres obran, las masas sienten. Observar es obrar.
Cordobeses: en las ideas políticas, como en el amor por la libertad, siempre la libertad absoluta. Mientras sea posible, debe intentarse; y una vez conseguida, conservarla; sobre todo, que la libertad sea justa, igual y respetada.
Lo dice con entera franqueza y en honor de la verdad, a las creencias políticas y religiosas y a la libertad, el que suscribe.
En Córdoba, 30 de diciembre de 1854. — Francisco de Leiva.

Referencias