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El sombrero cordobés es una de las prendas más características y reconocibles de la indumentaria andaluza y española, profundamente vinculada a la identidad de Córdoba y proyectada al mundo a través del toreo, el flamenco y la cultura popular. De ala ancha y copa troncocónica, ha sido lucido por toreros, artistas, científicos y personalidades de todo el mundo, convirtiéndose en símbolo universal de lo andaluz.

Historia y origen

Los orígenes del sombrero cordobés no están completamente establecidos. En algunos grabados del siglo XVII pueden verse jornaleros que lo visten, pero no fue hasta el siglo XIX y principios del siglo XX cuando se generalizó su uso entre todas las clases sociales. Algunos investigadores señalan que su verdadera historia se remonta al año 1700, con la denominación de «clásico», recto de copa y airoso de ala.[1]

En Córdoba existió una tradición artesana sombrerera de raíces profundas. En el primer tercio del siglo XX, las sombrererías y los fabricantes de sombreros de ala ancha eran establecimientos habituales en las calles céntricas de la ciudad, especialmente en los barrios. La transición del calañés, el castoreño o el catite —el sombrero mascota que utilizó Rafael Molina «Lagartijo el Grande»— se convirtió en el sombrero cordobés de copa más alta y algo troncocónica que usó Rafael Guerra «Guerrita».[2]

El antiguo sombrero cordobés se diferencia del sevillano en que el cordobés es de copa alta y cónica, con ala ancha, mientras que el sevillano es de copa baja, recta y ala pequeña. El sombrero cordobés actual es un estilo intermedio entre los dos, que la tradición ha consagrado como la forma auténtica.[3]

Descripción y características

El sombrero cordobés es una prenda de líneas aerodinámicas: base alada flexible, copa plana de discreta prominencia, proporcionada al ala circular. Ese conjunto le confiere majestad y altura al hombre que lo lleva.[4]

Sus medidas varían entre la tradición moderna y la antigua. La horma puede oscilar entre 10 y 12 cm, mientras que el ala varía entre 8 y 10 cm. El color más señorial y tradicional es el negro, aunque existen otras tonalidades: rojo, gris perla, gris marengo, verde, azul marino, marrón, beige, tabaco, marfil. El color gris oscuro, denominado «color para montar a caballo», fue el preferido por los antiguos usuarios; en tiempos del famoso Manolete se inició el llamado «pina de algarroba».[5]

Ponerse el sombrero cordobés tiene su rito: se coge con los dedos de la mano de la cintura, por la parte de la cinta; se encasqueta en la cabeza y con el flamenquismo se alisan las alas ligeramente hacia adelante por la derecha, se alisan con el canto de la palma de las manos una liga llamada «churigota». La señal de no saber ponerse el clásico sombrero cordobés es tocarlo por la copa, lo que debe hacerse únicamente por el alero para sacarle brillo a sus reflejos.[6]

Los que crearon un estilo: figuras históricas

Los grandes toreros cordobeses fueron quienes forjaron el estilo y la leyenda del sombrero. Catite, Manene, Lagartijo, Guerrita, Machaco, Rombita, Cañero y Camará son los nombres que crearon verdaderos estilos al lucirlo.[7]

Fue Rafael Guerra «Guerrita» quien, según la crónica cordobesa, mantuvo la tradición hasta su muerte. Su paso por el Gran Capitán, desde la calle Góngora al Club, era toda una lección de garbo y de bien llevar la prenda. Parecía que cada tarde iba a iniciar el paseíllo en la plaza.[8]

Julio Romero de Torres fue otra de las figuras que más identificó la prenda con la ciudad. Sus pinturas inmortalizaron el sombrero cordobés como símbolo de la identidad andaluza, convirtiéndolo en elemento visual inseparable de sus composiciones.[9]

Rafael Vázquez Alba: el artesano

El sombrero cordobés fue también sustento de familias enteras. El artesano Rafael Vázquez Alba fue uno de los sombreros más reconocidos de Córdoba, con casi cuarenta años de oficio documentados en la materia. De su taller salieron las prendas destinadas a personalidades de toda España y del extranjero: la Marquesa de Villaverde, el doctor Alexander Fleming, Jorge Negrete, Pepe Marchena, Manuel Amador, Lana Turner o Conchita Citrón «El Cordobés», entre otros. Fabricaba tres tipos de sombrero: el bajito de copa y poco cónico, el bajo de copa y mayor de ala, y el nuestro, el cordobés. El precio de sus prendas rondaba las 250 pesetas, con una producción de siete familias de la ciudad implicadas en el oficio.[10]

Don Rafael Mellado Ruiz: el maestro sombrerero

Otro nombre fundamental en la historia del sombrero cordobés fue don Rafael Mellado Ruiz, maestro artesano que desde el año 1902 ingresó como aprendiz en la acreditadísima casa Ariza, instalada en la imprenta «La Verdad». Aventajado discípulo por sus décadas de oficio, siguió la profesión a través de los años. En 1912, la sombrerería en que trabajaba se trasladó a la calle Claudio Marcelo, el mismo local que entonces ocupaba la ferretería «El Candado».[11]

Proyección universal

El sombrero cordobés trascendió las fronteras de Córdoba y de España para convertirse en prenda reconocida en los cinco continentes. La crónica cordobesa recoge con orgullo cómo fue adoptado por personalidades internacionales de primer nivel.

En 1953, la prensa cordobesa informaba con asombro de que los egipcios habían adoptado el sombrero cordobés, sustituyendo el tarbuch como el mejor símbolo de los nuevos tiempos, en un reconocimiento del prestigio de la prenda como símbolo de modernidad y elegancia.[12]

El científico inglés Alexander Fleming, durante su estancia en Córdoba, lució alegre y mayestáticamente el sombrero cordobés. También Vittorio de Sica, al bajar del avión en Barajas, se presentó con el sombrero cordobés, ante la admiración de Carmen Sevilla.[13]

La crónica de 1959 añade otros nombres: el rey de Bélgica y los embajadores del Pakistán en Madrid y Londres, Ava Gardner, Rita Hayworth, José Iturbi y el Ali-Khan, entre los aficionados al sombrero cordobés de distintas nacionalidades.[14]

Los Beatles también lo vistieron, como símbolo de España, en su visita al país. También Geraldine Chaplin, hija de Charles Chaplin, fue fotografiada en Sevilla con un sombrero cordobés, que le fue regalado en su visita a Andalucía.[15]

El sombrero cordobés en la Feria

La feria de Córdoba fue siempre el escenario por excelencia del sombrero. El Real Centro Filarmónico adoptó la campaña del sombrero cordobés como una obligación de sus socios, recomendando a todos sus componentes que lo luciesen en las fiestas de mayo. La Federación de peñas instó a sus miembros varones a llevarlo en los días feriales.[16]

Durante los festejos de mayo en Córdoba, el sombrero de ala ancha era el complemento indispensable del traje campero. Se arrojaba al ruedo en las tardes triunfales de los toreros y, en los casos más excepcionales, podía regalarse a algún pollino por tres o cuatro pesetas.[17]

El periodista Cabello Castejón describió en 1960 cómo el sombrero, el vestido de faralaes y la mantilla de blonda eran prendas esenciales de las fiestas de mayo en Córdoba: bien merecía la ciudad que sus hombres se avecindaran a revalorizarlo, como el galante gesto de ponérselo a la dama que lo enaltecía.[18]

El sombrero y la capa cordobesa

La capa y el sombrero cordobés constituyeron un binomio indisociable en el imaginario castizo de la ciudad. Llevar la «pañosa» sin el sombrero cordobés se consideraba incompleto; ambas prendas se complementaban mutuamente en el paseo y en la vida social de Córdoba. La crónica costumbrista insistió en numerosas ocasiones en que no tenía sentido recuperar la una sin el otro.[19]

El sombrero en el siglo XXI

Ya en el siglo XXI, el sombrero cordobés sobrevive como prenda de feria, de flamenco y de identidad local. En la segunda década del siglo aún podía verse en la persona de Ángel Barrilero Carmona, que lo lucía con elegancia y empaque por las calles de la ciudad. Su uso se circunscribe principalmente a los días de feria y a los actos flamencos, aunque persiste como símbolo vivo de la identidad cordobesa y andaluza.

El establecimiento Rusi, con larga tradición en Córdoba, fue durante décadas uno de los principales referentes para la adquisición del sombrero cordobés en la ciudad.

Referencias

  1. MONTIEL, J. "El sombrero cordobés vuelve a su mayor esplendor". Diario Córdoba, 25 de mayo de 1953.
  2. FIDELIO. "Sombrero". Diario Córdoba, 18 de octubre de 1951.
  3. MONTIEL, J. "El sombrero cordobés vuelve a su mayor esplendor". Diario Córdoba, 25 de mayo de 1953.
  4. JUAN LATINO. "No hay mejor prenda del traje del hombre. Triunfo universal del sombrero cordobés". Diario Córdoba, 14 de junio de 1958.
  5. MONTIEL, J. "El sombrero cordobés vuelve a su mayor esplendor". Diario Córdoba, 25 de mayo de 1953.
  6. MONTIEL, J. "El sombrero cordobés vuelve a su mayor esplendor". Diario Córdoba, 25 de mayo de 1953.
  7. MONTIEL, J. "El sombrero cordobés vuelve a su mayor esplendor". Diario Córdoba, 25 de mayo de 1953.
  8. R. G. "La «pañosa» a la vista". Diario Córdoba, 7 de febrero de 1962.
  9. SÁNCHEZ GARRIDO, J. L. "El sombrero cordobés desde hace cuarenta años a la fecha. 'Lagartijo El Viejo' no lo usó nunca". Diario Córdoba, 25 de mayo de 1944.
  10. VÁZQUEZ ALBA, R. "'El empaque y el retoque final para la elegancia flamenca'". Diario Córdoba, 23 de abril de 1965.
  11. SÁNCHEZ GARRIDO, J. L. "El sombrero cordobés desde hace cuarenta años a la fecha". Diario Córdoba, 25 de mayo de 1944.
  12. R. G. "Casticismo trashumante". Diario Córdoba, 27 de noviembre de 1953.
  13. JUAN LATINO. "No hay mejor prenda del traje del hombre. Triunfo universal del sombrero cordobés". Diario Córdoba, 14 de junio de 1958.
  14. JUAN LATINO. "El mundo, bajo el sombrero cordobés. Una prenda andaluza que simboliza a España". Diario Córdoba, 19 de marzo de 1959.
  15. "Un cordobés para Geraldine". Diario Córdoba, 3 de mayo de 1964.
  16. MONTIEL, J. "El sombrero cordobés vuelve a su mayor esplendor". Diario Córdoba, 25 de mayo de 1953.
  17. R. G. "El sombrero cordobés". Diario Córdoba, 14 de septiembre de 1964.
  18. CABELLO CASTEJÓN, R. "El sombrero cordobés, el vestido de faralaes y la mantilla de blonda, prendas esenciales". Hoja del Lunes de Córdoba, 23 de mayo de 1960.
  19. R. G. "La capa y el sombrero". Diario Córdoba, 18 de enero de 1958.