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La capa cordobesa, conocida popularmente como la «pañosa», es una prenda de abrigo de larga tradición en Córdoba, que constituyó durante siglos uno de los elementos más reconocibles de la indumentaria masculina cordobesa. Adaptable a todas las clases sociales —las había de mejor o peor calidad—, su uso fue declinando a lo largo del siglo XX, aunque nunca llegó a desaparecer del todo del paisaje callejero de la ciudad.[1]

Historia

Córdoba fue siempre una ciudad pródiga en «capistas». En el primer tercio del siglo XX todavía abundaban quienes se defendían de los rigores invernales con la clásica «pañosa», que no solo era prenda popular sino también signo de distinción. Con ella alternaban aquellos abrigos de nombres afrancesados que con el tiempo también cayeron en desuso.[2]

Los atardeceres invernales en la calle del Gran Capitán se caracterizaban por la presencia de la capa, que alternaba con el macferlan. La capital cordobesa era una de las poblaciones donde había más afición a lucir la castiza prenda, siendo el sombrero cordobés su complemento natural e inseparable.[3]

La crónica costumbrista de 1952 recoge cómo en las noches invernales, con la luna y las estrellas pareciendo arrojar sobre la ciudad millones de agujas heladas, se hubiera querido ir embozados en una capa negra o marrón, sombrero negro y zapatos acharolados, para tener la apariencia del caballero de la tristísima figura urbana, metido en callejones de sombras, paseando por calles estrechas, silenciosas y oscuras, iluminadas por una débil luz de farola vieja.[4]

La figura del «capista» y el Guerra

El referente histórico indiscutible del «capista» cordobés fue el torero Rafael Guerra «Guerrita», el Califa. Fue él quien mantuvo la tradición hasta su muerte, paseando la capa con la majeza que le caracterizaba, desde la calle Góngora hasta el Club —entonces en la calle Gondomar—, en un recorrido que era toda una lección de garbo y de bien llevar la prenda. Parecía que cada tarde iba a iniciar el paseíllo en la plaza.[5]

Con la desaparición del Guerra se fue, indudablemente, una página llena de casticismo de la historia de Córdoba. Lo que no desapareció de la retina colectiva fue la silueta torera del gran Rafael, cuando pasaba por el Gran Capitán camino del Club Guerrita.[6]

El Real Centro Filarmónico también fue espacio vinculado a la capa. En 1967, el señor Campanero, presidente de la entidad, expresó la ilusión de que todos sus componentes —tanto si actuaban o desfilaban por las calles de Córdoba como fuera de ella— lucieran en todo momento capa y sombrero cordobés, estimándola como la mejor prenda para distinguir a los cordobeses.[7]

La «pañosa» y el sombrero cordobés

La capa nunca se entendió en Córdoba sin su complemento natural: el sombrero cordobés. Llevar la «pañosa» exigía tocarse con el sombrero cordobés, que también era muy nuestro, aunque abundaran quienes creyeran que todo ello era anacrónico. El abrigo, la gabardina y la trinchera se imponían cada vez más por comodidad que por belleza, pero desplazarlos para rescatar del olvido la capa resultaba una tarea difícil.[8]

La crónica de 1968 recoge con nostalgia cómo muchos cordobeses guardaban celosamente la capa y el sombrero en los viejos armarios, contemplándolos de vez en cuando para evitar el recuerdo de sus años mozos, en los que lucían airosamente la prenda por las calles.[9]

El declive y la cuestión de los «Amigos de la Capa»

La prensa cordobesa recoge desde los años cincuenta un debate recurrente: la conveniencia de constituir una asociación de «Amigos de la Capa» en Córdoba, similar a las que funcionaban en Madrid y otras capitales, con el fin de frenar el declive de la prenda y mantener viva la costumbre.[10]

En 1964 se constató que no se había conseguido organizar dicha asociación en Córdoba, aunque la idea contaba con simpatías. La realidad era que la «pañosa» se consideraba ya una pieza de museo, y aunque sus partidarios la estimaban como el auténtico abrigo de invierno que no hacía resfriarse, no hacía «coger la reuma» y evitaba casi el gasto de antibióticos —una verdadera ganga—, los detractores eran más numerosos que los partidarios.[11]

La crónica de 1964 añade que para que la prenda volviera a adquirir su pasado prestigio habría que organizar cursillos para que se aprendiera su manejo, como sabían hacerlo los abuelos, dejarse la barba, el bigote y usar el sombrero ancho o el hongo. Es decir, que parecería que se estaba en Carnaval.[12]

En 1965, la crónica costumbrista anota que hasta diez o doce cordobeses lucían la «pañosa» y también el sombrero ancho en las jornadas invernales, y que los dos organillos que existían en Córdoba habían dejado de tocar por el centro, quedando solo para recreo de turistas en el barrio de la Catedral. Ambas realidades —la capa y el organillo— aparecían como notas de un tipismo que se iba perdiendo irremisiblemente.[13]

La capa como identidad cordobesa

Más allá del debate sobre su uso práctico, la capa fue reivindicada como símbolo de identidad local. La prensa de la época recuerda que en los festejos populares de Córdoba sirvió de cartel de propaganda: un popular cordobés envuelto en la airosa prenda era estampa ferial reconocible, aunque ya se la exhumara casi como una reliquia.[14]

La capa, se argumentaba, es prenda que no rima con las bebidas corrientes del momento —el coca-cola, el whisky— pero sí con el tintorro y, en Córdoba, con los ricos caldos de Moriles.[15]

La crónica de 1958 resume la postura nostálgica con claridad: no se debe renunciar al casticismo que llegaron en estas prendas nuestros últimos abuelos. Son muchos los cordobeses que guardan celosamente la capa y el sombrero en los viejos armarios, y de vez en cuando los contemplan para evocar sus años mozos. No se deciden a extraerlos del armario y volver a usarlos porque la era atómica, la era de los Sputniks y del Coca-Cola, no les parece que sea la más propicia para lucirlos.[16]

Referencias

  1. R. G. "La «pañosa»". Diario Córdoba, 17 de enero de 1957.
  2. R. G. "La «pañosa»". Diario Córdoba, 17 de enero de 1957.
  3. R. G. "La «pañosa» a la vista". Diario Córdoba, 7 de febrero de 1962.
  4. FIDELIO. "Capa". Diario Córdoba, 16 de enero de 1952.
  5. R. G. "Capas y barbas". Diario Córdoba, 1 de febrero de 1963.
  6. R. G. "La «pañosa» a la vista". Diario Córdoba, 7 de febrero de 1962.
  7. "Capa y sombrero para todo el Real Centro Filarmónico". Diario Córdoba, 21 de abril de 1967.
  8. R. G. "La «pañosa» a la vista". Diario Córdoba, 7 de febrero de 1962.
  9. R. G. "El sombrero y la capa". Diario Córdoba, 17 de abril de 1968.
  10. R. G. "Se impone la capa". Diario Córdoba, 15 de febrero de 1955.
  11. R. G. "Los amigos de la capa". Diario Córdoba, 7 de enero de 1964.
  12. R. G. "Capas y «capistas»". Diario Córdoba, 11 de marzo de 1964.
  13. R. G. "Una buena capa...". Diario Córdoba, 26 de enero de 1965.
  14. R. G. "Los amigos de la capa". Diario Córdoba, 7 de enero de 1964.
  15. R. G. "Capas y «capistas»". Diario Córdoba, 11 de marzo de 1964.
  16. R. G. "La capa y el sombrero". Diario Córdoba, 18 de enero de 1958.