El Auto de fe de Córdoba de 1627 fue un auto de fe general celebrado por el Tribunal de la Inquisición de Córdoba el 21 de diciembre de 1627 en la Plaza de la Corredera. Constituyó uno de los mayores actos públicos inquisitoriales celebrados en la Córdoba del siglo XVII.
El acontecimiento es conocido con extraordinario detalle gracias a una relación impresa inmediatamente después de su celebración con el título Relación del Auto General de la Fee, que se celebró en la Ciudad de Córdoba, a veintiuno del mes de Diciembre de mil y seiscientos y veinte y siete años.[1]
La relación fue escrita por el jesuita Rodrigo de Figueroa por mandato del tribunal cordobés y dedicada al inquisidor general, el cardenal Antonio Zapata y Cisneros. Fue impresa en Córdoba por Francisco Sánchez Romero, impresor y mercader de libros y oficial del Santo Oficio.[2]
Los inquisidores
El auto fue celebrado por tres inquisidores apostólicos del Tribunal de la Inquisición de Córdoba:
- Damián de Armenta y Valenzuela, arcediano y canónigo de la Catedral de Córdoba.
- Juan Ramírez de Contreras, caballero de la Orden de Santiago.
- Cristóbal de Mesa Cortés, canónigo de la Catedral de Córdoba.[1]
Entre ellos, Damián de Armenta y Valenzuela aparece en la propia relación denominado «el inquisidor más antiguo», por lo que ocupaba el primer lugar de precedencia dentro del tribunal durante la ceremonia.
El anuncio del auto
Los preparativos comenzaron exactamente un mes antes.
El domingo 21 de noviembre de 1627, festividad de la Presentación de la Virgen, el Tribunal comunicó oficialmente al Cabildo Catedral y al Cabildo de la Ciudad que el día 21 de diciembre, festividad entonces de Santo Tomás Apóstol, se celebraría un auto general de fe.[1]
El anuncio adquirió desde el principio carácter de acontecimiento público.
El alguacil mayor de la Inquisición, Antonio de Sosa, acompañado del secretario Pedro de Salinas, familiares del Santo Oficio, ministros y numerosos caballeros de Córdoba, salió a caballo desde los Alcázares.
El primer pregón se realizó ante el Ayuntamiento y posteriormente el cortejo recorrió los lugares más públicos de Córdoba anunciando la celebración mediante atabales, trompetas y chirimías.[1]
El objetivo era congregar al mayor número posible de personas. Los autos generales de fe constituían tanto un procedimiento judicial como una gran ceremonia pública destinada a mostrar el poder del Santo Oficio y el castigo de las conductas consideradas contrarias a la fe católica.[2]
El gran cadalso de la Corredera
Para la celebración se comenzó inmediatamente a construir un enorme escenario en la Plaza de la Corredera, denominada en la fuente «plaza mayor».
El cadalso tenía aproximadamente veintiocho varas en cuadro, al que se añadió otro espacio de unas diez varas destinado a la llamada media naranja, donde debían permanecer determinados reos.[1]
La estructura contaba con:
- dos púlpitos para la lectura de las sentencias;
- un altar central donde se colocó la Cruz Verde de la Inquisición;
- dos grandes espacios con gradas para el Cabildo eclesiástico y el Cabildo secular;
- lugares reservados para inquisidores y demás autoridades;
- un corredor inferior alrededor del tablado;
- espacios para los reos y penitentes.
Los soldados de los Alcázares, armados con alabardas, fueron distribuidos alrededor de la estructura como guardia del Santo Oficio.[1]
La Corredera quedó así transformada durante varios días en un enorme escenario religioso, judicial y político.
La víspera: 20 de diciembre
El 20 de diciembre, víspera del auto, el tribunal impuso estrictas medidas de orden público.
Se prohibió portar armas ofensivas o defensivas y se restringió la circulación de coches, caballos y sillas por las calles que debía atravesar la procesión.[1]
También fueron convocados todos los conventos y comunidades religiosas de la ciudad.
A las dos de la tarde comenzó a concentrarse una gran multitud en el Campillo de los Alcázares.
Participaron las distintas órdenes religiosas establecidas en Córdoba, entre ellas dominicos, franciscanos, agustinos, carmelitas, trinitarios, mercedarios, mínimos y terceros, junto con cofradías, familiares, comisarios, notarios, calificadores y oficiales del Santo Oficio.[1]
La relación señala expresamente la enorme cantidad de personas congregadas.
Procesión de la Cruz Verde
El elemento central de la procesión era la Cruz Verde de la Inquisición, cubierta con manga y velo negro.
La comitiva salió de los Reales Alcázares, atravesó el Campillo y recorrió diferentes calles de Córdoba pasando por las inmediaciones de la Iglesia Mayor, la Platería, la Calle de la Feria y las Casas del Cabildo hasta llegar a la Plaza de la Corredera.[1]
Una vez allí, la Cruz Verde quedó colocada sobre el altar del cadalso.
Fue custodiada durante toda la noche por soldados y religiosos dominicos, rodeada de grandes hachas encendidas.
La mañana del 21 de diciembre
Desde primeras horas de la mañana se preparó una segunda procesión, esta vez protagonizada por los reos.
Los condenados fueron sacados de las cárceles de la Inquisición situadas en los Alcázares.
Marchaban ordenados según la gravedad de sus sentencias y acompañados por familiares del Santo Oficio, religiosos, clérigos y soldados.
Junto a los condenados vivos se transportaban también estatuas o efigies correspondientes a personas fallecidas o fugitivas que habían sido juzgadas por el tribunal.[2]
Los penitentes portaban las insignias correspondientes a sus condenas, entre ellas sambenitos, corozas, sogas o velas.
La Compañía de soldados del Alcázar abría y protegía distintos sectores del cortejo.
Los dos cabildos
La ceremonia muestra la participación conjunta de las grandes instituciones de la ciudad.
Tras los penitentes desfilaron el Cabildo Catedral de Córdoba y el Ayuntamiento de Córdoba, con sus respectivos maceros, jurados, veinticuatros y demás oficiales.
A continuación marchaban las principales autoridades del Santo Oficio.
La estricta ordenación de los asistentes simbolizaba la jerarquía social e institucional de la Córdoba del Antiguo Régimen.
El sermón
Una vez ocupados todos los lugares del cadalso, subió al púlpito fray Pedro Manrique, dominico y prior del Convento de San Pablo, además de calificador del Santo Oficio.
Pronunció el sermón de la jornada.
Posteriormente el secretario Juan Tello realizó públicamente la profesión de fe, mientras los asistentes permanecían arrodillados.[1]
Comenzó entonces la lectura pública de las sentencias.
Los condenados
La relación conserva los nombres, procedencias, delitos y penas de los procesados.
Las causas fueron leídas comenzando por las consideradas menos graves y avanzando hacia aquellas que suponían las mayores penas.
Entre los procesados figuraban personas acusadas de:
- blasfemia;
- bigamia;
- hechicería;
- observancia de la Ley de Moisés o judaísmo;
- reincidencia en prácticas judaizantes.
La inmensa mayoría de las causas estaban relacionadas con el judaísmo.
Blasfemos
La relación comienza con dos condenados por blasfemia.
Juan Méndez de Lara, también llamado Ballartos de Lara, fue condenado a presentarse con soga y mordaza, oír misa en aquella condición y recibir doscientos azotes.
Diego Felipe González de los Cobos y Lasso, natural del obispado de Oviedo, fue condenado a soga y mordaza y a seis años de destierro de Córdoba y del distrito de la Inquisición.[1]
Bigamia
Cristóbal García, también llamado Jiménez, fue condenado por haberse casado dos veces.
Debía comparecer con coroza y las insignias de su delito, abjurar de levi, recibir doscientos azotes y cumplir tres años de galeras.[1]
Hechicería
Tres mujeres fueron procesadas por prácticas calificadas por el tribunal como hechicería.
Entre ellas figuraba Ana de Iódar, natural de Iznatoraf y vecina de Villanueva del Arzobispo, a quien la relación atribuye conjuros, invocaciones demoníacas, utilización de figuras de cera y diferentes prácticas mágicas.
También aparecen María de San León, conocida como Espejo, natural y vecina de Córdoba, y Francisca Méndez, natural de Lisboa y vecina de Córdoba.[1]
Los judaizantes
El núcleo fundamental del auto estuvo constituido por personas acusadas de seguir la Ley de Moisés.
El estudio de Manuel Torres Aguilar contabiliza 57 procesados dentro del principal grupo de judaizantes, a los que debe añadirse Isabel Álvarez, portuguesa y vecina de Andújar, mencionada separadamente por la relación, además de los difuntos, fugitivos y condenados a relajación.[2]
Muchos aparecen identificados expresamente como portugueses o portuguesas.
Procedían o residían en numerosas poblaciones de Andalucía, especialmente:
El documento permite observar la existencia de extensas redes familiares de cristianos nuevos portugueses repartidas por diferentes poblaciones andaluzas.
Prácticas perseguidas
La propia relación explica las conductas por las que muchos de estos procesados fueron considerados observantes de la Ley de Moisés.
Entre ellas cita:
- amortajar a los muertos con lienzo nuevo;
- realizar ayunos judíos;
- guardar el sábado;
- ponerse ropa limpia los viernes;
- preparar los candiles ese día;
- desangrar las carnes;
- no comer tocino;
- no comer conejo;
- evitar determinados pescados sin escamas.[1]
Estas prácticas domésticas permiten apreciar hasta qué punto la actividad inquisitorial penetraba en la vida familiar, la alimentación y las costumbres privadas.
Difuntos y fugitivos
El tribunal también dictó sentencias contra personas que no estaban físicamente presentes.
Dos difuntos fueron representados mediante estatuas con hábito de reconciliados.
Otro procesado, Alonso López de Acuña, de origen portugués y vecino de Priego, había muerto en la cárcel. Su estatua compareció con las insignias de relajado y se ordenó posteriormente la quema de sus restos.[1]
Además aparecieron las estatuas de diez fugitivos condenados en ausencia.
Las efigies eran tratadas ceremonialmente como representación del reo y podían ser entregadas a la justicia secular y posteriormente quemadas.
Relajados en persona
Cuatro personas fueron condenadas a ser relajadas en persona al brazo secular:
| Nº | Nombre | Vecindad | Observación |
|---|---|---|---|
| 78 | Antonio Gutiérrez de Montiel | Aguilar | Marido de María Núñez; calificado en la relación como «judío relapso» |
| 79 | María Núñez | Aguilar | Mujer de Antonio Gutiérrez de Montiel |
| 80 | Francisca López, también llamada Díaz | Bujalance | Portuguesa |
| 81 | María de los Santos | Priego | Portuguesa; reconciliada y posteriormente considerada relapsa |
La relajación al brazo secular significaba que el Santo Oficio entregaba formalmente a los condenados a la justicia real para la ejecución de la sentencia.
Balance de las causas
Según la relación y el análisis realizado por Manuel Torres Aguilar, los procesados pueden resumirse de la siguiente manera:
| Tipo de causa | Número aproximado |
|---|---|
| Blasfemia | 2 |
| Bigamia | 1 |
| Hechicería | 3 |
| Judaizantes del grupo principal | 57 |
| Isabel Álvarez, judaizante citada separadamente | 1 |
| Difuntos reconciliados | 2 |
| Difunto relajado | 1 |
| Fugitivos relajados en estatua | 10 |
| Relajados en persona | 4 |
| Total | 81 |
La cifra pone de manifiesto el enorme peso de las causas relacionadas con el criptojudaísmo dentro del auto de 1627.[2]
Damián de Armenta y Valenzuela
Terminada la lectura de las sentencias y separados los condenados que iban a ser entregados a la justicia real, los restantes penitentes se arrodillaron ante el tribunal.
En ese momento intervino personalmente Damián de Armenta y Valenzuela, denominado por la relación «el inquisidor más antiguo».
Armenta tomó sobrepelliz y estola y dirigió la ceremonia de abjuración.
Los penitentes abjuraron de sus errores, unos de levi y otros de vehementi, y realizaron juramento de vivir y morir en la fe católica.
Posteriormente se pronunciaron las preces y absoluciones correspondientes.[1]
Del Alcázar al Marrubial
Los condenados que debían ser ejecutados quedaron bajo la responsabilidad de la justicia real.
Fueron conducidos fuera de Córdoba por la Puerta de Plasencia, hacia el campo situado junto al antiguo camino de Madrid conocido como Marrubial.
Allí se encontraba el quemadero de la Inquisición de Córdoba.[2]
El historiador Teodomiro Ramírez de Arellano describió posteriormente este lugar como el espacio tradicional en el que se llevaban a cabo las ejecuciones de los condenados por el tribunal cordobés.[3]
La relación contemporánea señala que religiosos acompañaron a los condenados durante el trayecto realizando exhortaciones hasta el final de las ejecuciones.
Las diez estatuas correspondientes a fugitivos fueron igualmente conducidas al quemadero, junto con la representación y restos de Alonso López de Acuña.
Después del auto
Los penitentes reconciliados regresaron a las cárceles inquisitoriales de los Alcázares para cumplir las penas que les habían sido impuestas.
Al día siguiente fueron ejecutadas otras penas públicas.
El secretario Pedro de Navas salió acompañado de familiares del Santo Oficio y de los condenados a recibir azotes, recorriendo con pregonero y verdugo las calles acostumbradas de Córdoba.[1]
De este modo, las consecuencias públicas del auto se prolongaron más allá del propio 21 de diciembre.
Un gran espectáculo urbano
El auto de 1627 permite conocer uno de los principales usos ceremoniales de la Plaza de la Corredera antes de su configuración actual.
El historiador Manuel Torres Aguilar ha destacado la dimensión teatral, religiosa, jurídica y ejemplarizante de estas ceremonias. La participación de los dos cabildos, las órdenes religiosas, cofradías, familiares de la Inquisición, soldados, músicos y autoridades convertía el auto general en uno de los acontecimientos públicos de mayor magnitud que podía celebrarse en una ciudad del siglo XVII.[2]
La celebración ocupó buena parte del centro urbano y alteró durante varios días la circulación, el funcionamiento de las instituciones y la vida cotidiana de los cordobeses.
La relación impresa
La conservación de la Relación del Auto General de la Fee convierte el auto de Córdoba de 1627 en uno de los acontecimientos inquisitoriales mejor documentados de la ciudad.
Rodrigo de Figueroa terminó su relato al día siguiente de la ceremonia, fechando su dedicatoria en:
- «Córdoba, 22 de diciembre de 1627».[1]
La finalidad del impreso era conservar y difundir públicamente la memoria del acontecimiento.
Una copia de la relación ha sido reproducida íntegramente como anexo documental en el estudio de Manuel Torres Aguilar sobre la difusión pública de los autos de fe.[2]
Otros autos de fe en la Corredera
El de 1627 no fue un acontecimiento aislado.
Durante el siglo XVII el Tribunal de Córdoba celebró otros grandes autos generales en la Plaza de la Corredera, entre ellos:
- 2 de diciembre de 1625.
- 21 de diciembre de 1627.
- 3 de mayo de 1655.
El ciclo iniciado durante la década de 1620 supuso una nueva fase de intensa actividad pública del tribunal cordobés después de varias décadas en las que habían sido menos frecuentes los autos generales con relajados.[2]
Importancia histórica
El Auto de fe de Córdoba de 1627 constituye una fuente excepcional para estudiar simultáneamente la Inquisición en Córdoba, la comunidad conversa portuguesa, las élites políticas y religiosas de la ciudad y el uso de los espacios públicos en el siglo XVII.
Su detallada relación permite reconstruir no sólo las sentencias, sino también los sonidos, recorridos y espacios de aquella Córdoba: los pregones acompañados de trompetas y chirimías, los soldados de los Alcázares, las comunidades religiosas recorriendo las calles, la enorme estructura levantada en la Corredera y el itinerario final hasta el quemadero del Marrubial.
El documento ofrece así una imagen particularmente precisa de cómo justicia, religión y representación pública del poder se encontraban estrechamente unidas en la Córdoba del Antiguo Régimen.
Bibliografía
- FIGUEROA, Rodrigo de: Relación del Auto General de la Fee, que se celebró en la Ciudad de Córdoba, a veintiuno del mes de Diciembre de mil y seiscientos y veinte y siete años, Córdoba, Francisco Sánchez Romero, 1627.
- GRACIA BOIX, Rafael: Autos de fe y causas de la Inquisición de Córdoba, Diputación Provincial de Córdoba, Córdoba, 1983.
- MAQUEDA ABREU, Consuelo: El auto de fe, Istmo, Madrid, 1992.
- RAMÍREZ DE ARELLANO, Teodomiro: Paseos por Córdoba, 1873-1877.
- TORRES AGUILAR, Manuel: «La pública difusión del Auto General de Fe», Revista de la Inquisición. Intolerancia y Derechos Humanos, nº 19, 2015, pp. 25-40.
Véase también
Referencias
- ↑ 1,00 1,01 1,02 1,03 1,04 1,05 1,06 1,07 1,08 1,09 1,10 1,11 1,12 1,13 1,14 1,15 1,16 1,17 1,18 FIGUEROA, Rodrigo de: Relación del Auto General de la Fee, que se celebró en la Ciudad de Córdoba, a veintiuno del mes de Diciembre de mil y seiscientos y veinte y siete años, Córdoba, Francisco Sánchez Romero, 1627.
- ↑ 2,0 2,1 2,2 2,3 2,4 2,5 2,6 2,7 2,8 TORRES AGUILAR, Manuel: «La pública difusión del Auto General de Fe», Revista de la Inquisición. Intolerancia y Derechos Humanos, nº 19, 2015, pp. 25-40.
- ↑ RAMÍREZ DE ARELLANO, Teodomiro: Paseos por Córdoba, edición digital de la Red Municipal de Bibliotecas de Córdoba.
