La historia de la imprenta en Córdoba durante la segunda mitad del Siglo XIX estuvo estrechamente vinculada al desarrollo de la prensa periódica, la publicación de libros y folletos y la expansión de la vida cultural de la ciudad. La documentación reunida por Rodolfo Gil permite reconstruir con especial detalle el periodo comprendido entre 1859 y 1895, durante el cual funcionaron establecimientos como la Imprenta del Diario de Córdoba, la imprenta de Rafael Arroyo, La Actividad, la Imprenta de La Unión, La Puritana, la Imprenta Catalana, La Industria, la imprenta de La Región Andaluza, La Verdad y La Industrial.[1]
El propio Gil señaló que no pretendía escribir una historia completa de la imprenta cordobesa. Al abordar el asunto en la década de 1890 remitió expresamente a las investigaciones que Rafael Ramírez de Arellano había realizado sobre el origen, desarrollo y estado de la imprenta en Córdoba. Según Gil, hasta 1888 Ramírez de Arellano había publicado parte de esos trabajos en el Diario de Córdoba, contando con aportaciones de Francisco de Borja Pavón, Antonio González Francés y Dámaso Delgado López.[2]
La información disponible en Córdoba contemporánea resulta, por tanto, especialmente detallada para conocer la actividad tipográfica de Córdoba desde mediados del siglo XIX y, sobre todo, la estructura que había alcanzado esta industria al finalizar la centuria.
La imprenta y la vida intelectual cordobesa
Rodolfo Gil consideraba la imprenta como el principal instrumento para multiplicar y difundir el pensamiento. Al comenzar su catálogo bibliográfico de Córdoba desde 1859 señalaba que la impresión había permitido superar las dificultades tradicionales para reproducir los textos y propagar las ideas.
Su relación de libros y folletos muestra que las imprentas cordobesas no se limitaron al periodismo. De sus talleres salieron obras religiosas, jurídicas, científicas, históricas, pedagógicas y literarias, además de discursos, memorias, reglamentos, guías, poemarios, novelas y publicaciones relacionadas con instituciones públicas y asociaciones culturales.[3]
Esta relación entre imprenta, prensa y producción intelectual explica que algunos talleres nacieran alrededor de un periódico y que otros llegaran a imprimir simultáneamente libros, folletos y diferentes cabeceras.
La imprenta cordobesa desde 1859
El catálogo bibliográfico de Rodolfo Gil permite comprobar la coexistencia de varios establecimientos durante las décadas centrales del siglo XIX.
En 1859 aparece ya activa la imprenta de Fausto García Tena, en la que se publicó un sermón pronunciado por Bonifacio de Liébana en la Mezquita-Catedral. Al año siguiente imprimió la primera edición de las Poesías de Antonio Fernández Grilo, mientras Rafael Arroyo estampaba el Libro de los hierros o marcas que usan los criadores para sus ganados caballares.
También en 1860 funcionaba la imprenta de La Alborada, a cargo de José Gómez, que produjo una corona fúnebre dedicada a Matilde González Ruano y Luque. En 1862 el mismo establecimiento imprimió unas tablas trigonométricas de Alejandro del Castillo.[4]
Rafael Arroyo
La imprenta de Rafael Arroyo adquirió una presencia considerable desde comienzos de la década de 1860. En 1863 salieron de sus talleres varias obras relacionadas directamente con la historia y la cultura cordobesas:
- La Corte en Córdoba, de Luis Maraver y Alfaro.
- El primer tomo de Tradiciones cordobesas.
- Historia de Córdoba, de Luis Maraver y Alfaro, publicada en dos tomos.
El establecimiento continuó activo durante décadas. En 1889 aparece ya bajo la denominación de Arroyo y Compañía, responsable, entre otras publicaciones, de un tratado de dibujo de Rafael Vázquez.
Gil explicó posteriormente la genealogía empresarial del taller. Según su descripción, había pertenecido inicialmente a Canalejas, pasó después a Nogués y Manté y terminó en manos de Rafael Arroyo. Durante esta última etapa fue trasladado desde la Calle Císter a la Calle Gutiérrez de los Ríos.[5]
La Imprenta del Diario de Córdoba
Uno de los establecimientos de mayor continuidad fue la Imprenta del Diario de Córdoba, vinculada al Diario de Córdoba.
Gil situaba su origen en los establecimientos tipográficos de García Rodríguez y Fausto García Tena. A mediados de la década de 1890 pertenecía a los hermanos García Lovera y se encontraba en la Calle Letrados.[6]
Su producción bibliográfica fue extensa. En la relación elaborada por Gil aparece imprimiendo libros y folletos durante varias décadas.
En 1869 produjo el discurso pronunciado por Francisco de Borja Pavón con motivo de la llegada a Córdoba de los restos de Ambrosio de Morales. En 1870 imprimió el discurso inaugural de la Universidad Libre de Córdoba, pronunciado por Ricardo Illescas y Jiménez, y un trabajo de Edmundo Mac Costello sobre instituciones hipotecarias y agricultura.
En 1872 salieron de sus talleres las composiciones premiadas por la Academia de la Juventud Católica de Córdoba y durante las décadas siguientes continuó imprimiendo obras de literatura, historia, religión, educación y ciencias.
Entre ellas se encontraban trabajos de Dámaso Delgado López, Francisco de Borja Pavón, Francisco Díaz Carmona, Enrique Valdelomar, Manuel González Francés y otros escritores vinculados a la ciudad.
La Actividad
La Actividad fue otro establecimiento tipográfico activo durante el último tercio del siglo XIX.
En 1873 aparece ya como impresora de unos apuntes biográficos elaborados por Francisco Rodríguez Blanco para el Ateneo de Pozoblanco. También produjo obras literarias y religiosas durante los años posteriores.
En la década de 1890 pertenecía a Juan Canales. Sus talleres imprimían entonces El Comercio de Córdoba.[7]
Imprenta de La Unión
La Imprenta de La Unión fue fundada por el periodista y exdiputado provincial Carlos Matilla de la Puente conjuntamente con el periódico La Unión.
Su primera ubicación estuvo en la Calle San Felipe. Posteriormente fue trasladada a la Calle de los Leones.
La asociación entre el periódico y su establecimiento tipográfico permitió desarrollar una actividad editorial que desbordó la impresión diaria de la cabecera. Según Rodolfo Gil, de sus talleres salieron durante los primeros años de la década de 1890 diferentes libros, folletos y publicaciones periódicas.[8]
Entre sus publicaciones figuraron las obras poéticas de Manuel Fernández Ruano, compiladas por Francisco de Borja Pavón, y Ecos de las vigilias, de Enrique Redel, publicada en 1893.
También imprimió una memoria de Ramón Rabadán y otras obras y folletos de diversa naturaleza.
La Puritana
La Puritana fue un establecimiento tipográfico situado en la Calle Claudio Marcelo.
Había sido creado por el Conde de Torres-Cabrera para imprimir La Lealtad durante la última etapa de este periódico conservador. Posteriormente imprimió La Monarquía, sucesora de aquella cabecera.
A mediados de la década de 1890 la administración del establecimiento correspondía a José Navarro Prieto, director, junto al regente del taller, identificado por Gil como el señor Amo.
De sus prensas salieron poesías de Antonio González Francés y Esteban de Benito, una novela de Luis Navarro Porras, un folleto sobre música de Mariano Gallego y un trabajo literario de Julio Pellicer, además de otros opúsculos.[9]
En 1889 aparece documentada imprimiendo La música. Su importancia como elemento de cultura, su estado actual en España y su misión en el culto católico, de Mariano Gallego, obra que incluía una carta del Conde de Torres-Cabrera.
Imprenta Catalana
La Imprenta Catalana había sido creada por el industrial barcelonés Jaime Costas y era anterior a las imprentas de La Unión y La Puritana.
Su actividad fue particularmente diversa. En ella se imprimió La Voz de Córdoba y también diferentes periódicos de la provincia. Produjo, además, libros de Derecho, pedagogía, historia y literatura.
Rodolfo Gil menciona entre los autores publicados por la Imprenta Catalana a Ángel de Torres y Gómez, Antonio Montero Nieto, Marín Moreno, Teodomiro Ramírez de Arellano, Canellas, Camilo González Atané, García Plaza y al propio Rodolfo Gil.[10]
En 1884 publicó Recuerdos de Córdoba, colección de romances tradicionales de Teodomiro Ramírez de Arellano.
También salió de sus prensas Flores marchitas, de Amador Jover y Sanz, y en 1892 imprimió las Poesías y cantares de Camilo González Atané.
La propia Córdoba contemporánea de Rodolfo Gil fue impresa allí. El primer tomo, correspondiente al periodo 1859-1891, salió de la Imprenta y Papelería Catalana, situada en el número 8 de la entonces Calle Ayuntamiento, en 1892.[11]
El segundo tomo de la obra volvió a imprimirse en el mismo establecimiento.
Imprenta del Hospicio
La imprenta del Hospicio tuvo carácter institucional y estuvo sostenida por la Diputación Provincial de Córdoba.
Entre sus trabajos se encontraba la impresión del Boletín Oficial de la Provincia de Córdoba.
Cuando Rodolfo Gil describió la situación de las imprentas de la ciudad a mediados de la década de 1890, el establecimiento había desaparecido.[12]
La Industria
La Industria fue una imprenta propiedad de Baldomero Álamo, situada en un extremo de la Calle Arco Real.
Estaba ya en funcionamiento al comenzar la década de 1890. En sus talleres se imprimieron La Cotorra y la tercera época de La Voz de Córdoba, entre otras publicaciones.
En 1891 imprimió el folleto La política al alcance del pueblo. Lecciones prácticas. ¿Qué es política?, obra de Dámaso Ángulo Mayorga, director de La Voz de Córdoba.[13]
El establecimiento desapareció aproximadamente tres años antes de que Gil redactara su relación de imprentas de 1896. Sus máquinas y enseres fueron adquiridos por Rafael de Torres y Torres, propietario de la imprenta de La Verdad.[14]
Imprenta de La Región Andaluza
La imprenta de La Región Andaluza estuvo vinculada inicialmente al diario del mismo nombre.
Según Rodolfo Gil, su creación parece haber correspondido a una sociedad por acciones. El establecimiento se instaló inicialmente en las inmediaciones del Gobierno Civil, en la Calle Arco Real.
Aunque el periódico La Región Andaluza tuvo una existencia breve, la imprenta continuó funcionando. Pasó posteriormente por la Calle Torres Cabrera y, a mediados de la década de 1890, se encontraba en la plaza de García Lovera, bajo la propiedad de Federico Fernández.[15]
Entre sus publicaciones figuraron poesías de Rafael Abellán, una obra de ginecología traducida del francés por Valentín Montero, un estudio crítico del doctor López Comas y Mosquetazos, de Juan Ocaña.
También se imprimieron en sus talleres La Voz de Córdoba durante una de sus últimas etapas y un boletín administrativo del que, según Gil, solamente llegaron a aparecer cuatro o cinco números.
La Verdad
La imprenta de La Verdad nació en 1893 asociada al diario católico del mismo nombre.
Sus fundadores fueron Francisco Díaz Carmona y Rafael de Torres y Torres. Antes de finalizar aquel año, Díaz Carmona se separó de la empresa y Torres y Torres quedó como único propietario.[16]
El primer taller estuvo situado en el número 5 de la Calle del Castillo. Posteriormente se trasladó a la Calle Cabezas y, finalmente, a la Calle Librería.
En sus prensas se imprimieron los periódicos La Publicidad y El Eco Belmezano, así como obras de Francisco Díaz Carmona, del sacerdote pontanés José Manuel Ibarra y Cejas y de Sebastián Barrios Rejano.
El propio Rodolfo Gil publicó en este establecimiento su memoria sobre la importancia militar de Córdoba.
La desaparición de La Industria permitió además incorporar a La Verdad las máquinas y materiales del antiguo establecimiento de Baldomero Álamo.
La Industrial
La Industrial era una de las imprentas más recientes cuando Rodolfo Gil redactó su panorama de los establecimientos cordobeses.
Tenía el taller en la Calle Morería y había comenzado a imprimir la obra Recuerdos y bellezas de Córdoba, de Peré.[17]
Otros talleres
Gil menciona también instalaciones tipográficas de menor entidad pertenecientes a Ramón Nocheto y Manuel Caballero. El autor las calificó como establecimientos modestos, pero sus talleres llegaron a imprimir publicaciones políticas y masónicas como La Unión Masónica, Unión Republicana y El Orden.[18]
La bibliografía recogida en el primer tomo de Córdoba contemporánea documenta además otros nombres vinculados a la actividad impresora del periodo, entre ellos R. Rojo y Compañía.
Imprenta y prensa periódica
Una característica de la actividad tipográfica cordobesa del último tercio del siglo XIX fue la estrecha vinculación entre imprentas y periódicos.
Varios establecimientos nacieron expresamente para sostener una cabecera:
- La Imprenta del Diario de Córdoba estaba vinculada al Diario de Córdoba.
- La Imprenta de La Unión nació conjuntamente con La Unión.
- La Puritana fue creada inicialmente para imprimir La Lealtad y posteriormente La Monarquía.
- La imprenta de La Región Andaluza apareció junto al periódico del mismo nombre.
- La Verdad nació en 1893 conjuntamente con el diario católico homónimo.
- La Actividad imprimía El Comercio de Córdoba.
- La Industria imprimió La Cotorra y una etapa de La Voz de Córdoba.
- La Imprenta Catalana imprimió La Voz de Córdoba y otras publicaciones de la provincia.
Esta relación permitía que las instalaciones adquiridas para la publicación regular de los periódicos fueran utilizadas también para libros, folletos, memorias y trabajos particulares.
Producción bibliográfica
La variedad de títulos recogidos por Rodolfo Gil permite conocer la amplitud temática de la producción de las imprentas cordobesas.
Durante la segunda mitad del siglo XIX se imprimieron en Córdoba:
- Historias de la ciudad y de la provincia.
- Guías y descripciones monumentales.
- Obras de Derecho.
- Tratados científicos.
- Manuales pedagógicos.
- Estudios de agricultura.
- Obras médicas.
- Sermones y publicaciones religiosas.
- Discursos académicos.
- Memorias institucionales.
- Poesía.
- Novelas.
- Obras teatrales.
- Colecciones de tradiciones y leyendas.
- Publicaciones de Juegos Florales y certámenes.
- Periódicos y revistas.
Entre las obras de temática específicamente cordobesa se encontraban la Historia de Córdoba de Luis Maraver y Alfaro, Tradiciones cordobesas, Recuerdos de Córdoba de Teodomiro Ramírez de Arellano y numerosas descripciones, discursos y estudios relacionados con la ciudad.[19]
Geografía de la imprenta
Los talleres tipográficos estaban repartidos por distintas calles del centro de Córdoba. A finales del siglo XIX se documentan establecimientos en:
- Calle Letrados: Imprenta del Diario de Córdoba.
- Calle Gutiérrez de los Ríos: Arroyo y Compañía, trasladada desde la Calle Císter.
- Calle de los Leones: Imprenta de La Unión, trasladada desde la Calle San Felipe.
- Calle Claudio Marcelo: La Puritana.
- Calle Arco Real: La Industria y primera ubicación de la imprenta de La Región Andaluza.
- Calle Torres Cabrera: una de las ubicaciones de la imprenta de La Región Andaluza.
- Plaza de García Lovera: posterior sede de la imprenta de La Región Andaluza.
- Calle del Castillo: primera sede de La Verdad.
- Calle Cabezas: segunda sede de La Verdad.
- Calle Librería: posterior sede de La Verdad.
- Calle Morería: La Industrial.
- Calle Ayuntamiento: Imprenta Catalana.
La movilidad de algunos establecimientos muestra que una misma imprenta podía cambiar varias veces de local sin perder su denominación empresarial.
La imprenta en la provincia
La actividad tipográfica no se limitaba a Córdoba capital. A mediados de la década de 1890, Rodolfo Gil conocía la existencia de imprentas en diferentes municipios de la provincia.
En Puente Genil, Enrique Gálvez Muñoz disponía de una imprenta de la que salía semanalmente la publicación Pepita Jiménez.
En Cabra, Castilla Lobato imprimía El Semanario de Cabra.
En Montilla funcionaba la imprenta de Sola Torices.
En Pozoblanco se encontraba la imprenta vinculada a El Distrito.
En Aguilar de la Frontera existía el establecimiento denominado La Constancia, mientras que Bujalance contaba también con imprenta.
Gil señalaba además que Baena, Lucena, Montoro y Benamejí habían tenido anteriormente establecimientos tipográficos, aunque no podía confirmar si seguían funcionando cuando redactó su obra.[20]
Investigaciones de Rafael Ramírez de Arellano
La propia existencia de una historiografía específica sobre la imprenta cordobesa está documentada antes de terminar el siglo XIX.
Rodolfo Gil afirmó que Rafael Ramírez de Arellano había estudiado «el origen, desarrollo y estado actual de la imprenta en Córdoba» y que hasta 1888 había realizado investigaciones específicas publicadas en el Diario de Córdoba.
En esos trabajos había recibido la colaboración de Francisco de Borja Pavón, Antonio González Francés y Dámaso Delgado López.[21]
Precisamente por la existencia de estas investigaciones, Gil decidió no repetir los aspectos históricos tratados por Ramírez de Arellano y concentrarse en describir las imprentas que permanecían abiertas o habían sido creadas recientemente.
Situación a finales del siglo XIX
El panorama descrito por Rodolfo Gil a comienzos de 1896 muestra una industria tipográfica formada por establecimientos de procedencia y dimensiones muy diferentes.
Convivían empresas antiguas, como la Imprenta del Diario de Córdoba y la de Rafael Arroyo, con establecimientos surgidos alrededor de periódicos durante las décadas finales del siglo, como La Unión, La Puritana, La Región Andaluza y La Verdad.
Algunos talleres habían desaparecido, como la imprenta del Hospicio y La Industria, mientras aparecían otros nuevos, como La Industrial.
También se produjo una transferencia física de maquinaria entre establecimientos: los artefactos y enseres de La Industria, después de su desaparición, pasaron a manos de Rafael de Torres y Torres, propietario de La Verdad.
La existencia simultánea de varios talleres permitió sostener una producción continua de periódicos, libros y folletos. Al mismo tiempo, las sucesivas aperturas, cierres, traslados y cambios de propietario muestran un sector estrechamente condicionado por la viabilidad económica de la prensa y por la limitada dimensión del mercado lector cordobés.
Gil señalaba precisamente el contraste entre la existencia de escritores y publicaciones y el reducido hábito de adquisición de libros en Córdoba. Su descripción de las imprentas debe entenderse, por ello, dentro de un mercado cultural en el que la edición local dependía tanto de autores e instituciones como de periódicos y asociaciones.[22]
Cronología
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 1859 | La imprenta de Fausto García Tena aparece documentada imprimiendo un sermón pronunciado en la Mezquita-Catedral. |
| 1860 | Rafael Arroyo imprimió el Libro de los hierros o marcas que usan los criadores para sus ganados caballares. Fausto García Tena publicó la primera edición de las Poesías de Antonio Fernández Grilo y la imprenta de La Alborada, a cargo de José Gómez, produjo una corona fúnebre. |
| 1862 | La imprenta de La Alborada publicó unas tablas trigonométricas de Alejandro del Castillo. |
| 1863 | La imprenta de Rafael Arroyo publicó La Corte en Córdoba, Tradiciones cordobesas y la Historia de Córdoba de Luis Maraver y Alfaro. |
| 1869 | La Imprenta del Diario de Córdoba publicó el discurso pronunciado por Francisco de Borja Pavón ante los restos de Ambrosio de Morales. La imprenta de Rafael Arroyo continuaba igualmente activa. |
| 1870 | La Imprenta del Diario de Córdoba publicó el discurso inaugural de la Universidad Libre de Córdoba. |
| 1873 | Aparece documentada La Actividad como establecimiento impresor. |
| 1884 | La Imprenta Catalana publicó Recuerdos de Córdoba, de Teodomiro Ramírez de Arellano. |
| 1888 | Para este año Rafael Ramírez de Arellano había realizado investigaciones específicas sobre el origen, desarrollo y situación de la imprenta en Córdoba, publicadas en el Diario de Córdoba. |
| 1889 | Arroyo aparece ya bajo la denominación de Arroyo y Compañía. La Puritana imprimió un estudio musical de Mariano Gallego. |
| 1891 | Baldomero Álamo imprimió en su establecimiento La Industria el folleto La política al alcance del pueblo, de Dámaso Ángulo Mayorga. |
| 1892 | La Imprenta Catalana publicó el primer tomo de Córdoba contemporánea, de Rodolfo Gil. La Imprenta de La Unión imprimió las obras poéticas de Manuel Fernández Ruano. |
| 1893 | Se fundó la imprenta de La Verdad por Francisco Díaz Carmona y Rafael de Torres y Torres. La Imprenta de La Unión publicó Ecos de las vigilias, de Enrique Redel. |
| 1893 | Aproximadamente por estas fechas desapareció La Industria y sus máquinas y enseres fueron adquiridos por Rafael de Torres y Torres para La Verdad. |
| Enero de 1896 | Rodolfo Gil dejó descrito el panorama de imprentas existentes y de reciente creación en Córdoba al finalizar el siglo XIX. |
Véase también
Referencias
- ↑ Rodolfo Gil, "Córdoba contemporánea. Tomo I. Apuntes para la Historia de la Literatura en esta provincia desde el año 1859, en que se celebraron los primeros Juegos Florales, hasta el próximo pasado 1891", Imprenta y Papelería Catalana, 1892, https://archive.org/details/crdobacontempo00gilruoft. Consultado el 7 de agosto de 2026.
- ↑ Rodolfo Gil, "Córdoba contemporánea. Tomo II. 1892-1895. Apuntes para su historia literaria", Imprenta y Papelería Catalana, 1896, https://archive.org/details/crdobacontempo00gilruoft. Consultado el 7 de agosto de 2026.
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