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El cultivo del olivo en Córdoba en 1879

De Cordobapedia


El cultivo del olivo en la provincia de Córdoba en 1879 ocupaba, según los datos reunidos por el ingeniero agrónomo Juan de Dios de la Puente y Rocha, 117.082,13 hectáreas y constituía uno de los principales componentes de la agricultura provincial. De la Puente calculaba una producción media de 19,55 hectolitros de aceituna por hectárea, aproximadamente 2.288.955,64 hectolitros de aceituna para el conjunto provincial y unos 388.712,67 hectolitros de aceite anuales.[1]

Estas cifras proceden de la conferencia agrícola pronunciada por De la Puente el 7 de diciembre de 1879 en el salón de sesiones de la Diputación Provincial de Córdoba. La intervención fue posteriormente publicada bajo el título Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba. Conferencia agrícola dada por Don Juan de Dios de la Puente, ingeniero agrónomo, en la imprenta del Diario de Córdoba, situada en la Calle San Fernando y la calle Letrados.[2]

El documento constituye una descripción detallada del olivar cordobés del último cuarto del Siglo XIX. Además de cuantificar la extensión y producción del cultivo, identifica 29 variedades de olivo, señala su distribución territorial, describe las labores realizadas en diferentes pueblos, calcula rendimientos y costes, estudia las principales enfermedades conocidas por los agricultores y propone numerosas reformas destinadas a aumentar la producción.

De la Puente consideraba que el olivo constituía para la agricultura cordobesa un «germen de la más positiva riqueza» y sostenía que las condiciones naturales de la provincia permitían obtener unos resultados superiores a los que realmente se alcanzaban.[3]

La conferencia agrícola de 1879

La conferencia formaba parte del programa de divulgación agrícola establecido por la ley de 1 de agosto de 1876, que promovía este tipo de sesiones con el objetivo de difundir conocimientos agronómicos entre agricultores y propietarios.

La Junta Provincial de Agricultura de Córdoba había elaborado un cuestionario de temas susceptibles de ser tratados en estas reuniones. De la Puente escogió el número 16, dedicado al olivo, debido a la extensión que había alcanzado el cultivo en prácticamente toda la provincia.

Su propósito era estudiar:

  • Las variedades existentes.
  • Su distribución territorial.
  • Los sistemas de plantación.
  • Las labores del suelo.
  • Los abonos.
  • La poda.
  • La recolección.
  • La producción de aceituna.
  • El rendimiento en aceite.
  • La rentabilidad.
  • Las enfermedades y plagas.
  • Las mejoras que podían introducirse.

La intervención combinó datos estadísticos con observaciones realizadas por el propio ingeniero, información proporcionada desde los diferentes partidos judiciales y referencias a tratados agronómicos de la época.[4]

Córdoba como región natural del olivo

De la Puente consideraba que las condiciones climáticas de la provincia eran particularmente apropiadas para el olivar.

Según sus cálculos, durante el invierno las temperaturas no alcanzaban normalmente los ocho grados bajo cero que consideraba peligrosos para la supervivencia del árbol.

Desde la primavera, cuando se alcanzaban temperaturas medias de aproximadamente 18 o 19 grados, hasta las primeras heladas de otoño, el olivo recibía además suficiente calor para completar la maduración del fruto.

La conclusión del ingeniero era explícita: la provincia se encontraba dentro de la región natural del olivo.[5]

117.082 hectáreas de olivar

La superficie de olivar que De la Puente atribuía a la provincia ascendía a 117.082,13 hectáreas.

La distribución por partidos judiciales era:

Los datos muestran una concentración especialmente importante del olivar en Montoro, Bujalance, Aguilar de la Frontera y Lucena, que conjuntamente reunían una parte considerable de la superficie provincial.

Las variedades de olivo

Uno de los elementos de mayor interés del trabajo es el catálogo realizado por De la Puente.

El ingeniero afirmaba haber preparado, por acuerdo de la Junta Provincial de Agricultura de Córdoba, un herbario con las variedades cultivadas en la provincia, que mostró a los asistentes durante la conferencia.

Identificó 29 denominaciones de olivo, algunas de las cuales intentó relacionar con las clasificaciones botánicas entonces existentes y otras que describió a partir de sus características locales.[7]

Tachuno

El Tachuno tenía hojas pequeñas y lanceoladas y un fruto aovado y pequeño.

Lechín

El Lechín presentaba hojas pequeñas y muy verdes y fruto pequeño, negro y ovalado.

De la Puente lo consideraba una de las variedades que proporcionaban mayor cantidad de aceite y calificaba su rendimiento oleoso como superior al de muchas otras.

Negrillo

El Negrillo poseía hojas angostas, lanceoladas y plateadas por el envés. Su aceituna permanecía fuertemente adherida al árbol.

Nevadillo blanco

El Nevadillo blanco tenía ramas medianas y encorvadas, hojas plateadas por el envés y verdes y lustrosas por el haz.

Su fruto era redondeado, precoz, muy negro en completa madurez y poco adherente.

Era una de las variedades más difundidas en Córdoba y De la Puente la consideraba muy productiva, aunque sensible al frío.

Nevadillo negro

El Nevadillo negro era considerado una subvariedad del anterior, caracterizada por hojas menos plateadas y fruto negro y precoz.

Manzanillo

El Manzanillo tenía ramas largas y encorvadas, hojas medianas y verdes y fruto redondo.

Aunque De la Puente consideraba que no era de las variedades más abundantes, señalaba que producía aceite de elevada calidad y una aceituna especialmente apreciada.

Atomatado

El Atomatado presentaba ramas abundantes, hojas medianas algo ensanchadas y fruto lobulado.

De la Puente afirmaba no haber encontrado aquella variedad clasificada en los autores consultados y la denominó botánicamente lobata por presentar el fruto lóbulos que le recordaban a los del tomate.[8]

Imperial

El Imperial era considerado una subvariedad del Manzanillo.

Se distinguía por sus hojas más largas, estrechas y lisas y por un fruto muy redondo, pequeño y amarillento antes de alcanzar la madurez.

Ocal

El Ocal presentaba ramas derechas, hojas grandes y brillantes y aceitunas grandes, muy adherentes y de tonalidad morado oscuro.

Producía relativamente poco aceite, por lo que su fruto se destinaba preferentemente al consumo y encurtido.

Gordal

El Gordal presentaba hojas grandes y fruto negro y redondo.

Al igual que el Ocal, tenía un rendimiento oleoso reducido y se valoraba especialmente como aceituna de mesa.

Picudo ordinario

El Picudo ordinario tenía ramas altas y derechas, hojas grandes y brillantes y fruto puntiagudo y muy adherente.

De la Puente destacaba la productividad del Picudo y su resistencia al frío.

Picudo real

El Picudo real era considerado una subvariedad del anterior, con fruto de mayor tamaño y también puntiagudo.

Carrasqueño

El Carrasqueño presentaba ramas cortas y encorvadas, hojas cortas ensanchadas en su parte superior y frutos pequeños, redondos, negros, olorosos y adherentes.

Campanillo

El Campanillo poseía hojas muy grandes y frutos igualmente grandes, ovalados y no completamente negros.

Cornezuelo

El Cornezuelo tenía hojas largas y estrechas y fruto rojizo, delgado y encorvado.

Aunque se consideraba poco rico en aceite y propenso a producir aceites rancios, su resistencia al frío y las posibilidades de preparar la aceituna mediante adobo favorecían su cultivo.

Alameño

El Alameño tenía hojas obtusas, claras, lustrosas y abundantes, con fruto negro, redondo y poco adherente.

Tetudo

El Tetudo presentaba ramas largas y encorvadas, hojas medianas y fruto redondo, negro y muy adherente.

Chorreado

El Chorreado tenía ramas largas e inclinadas y fruto pequeño dispuesto longitudinalmente sobre aquellas.

De la Puente consideraba especialmente apropiada la denominación utilizada por los agricultores debido al aspecto que ofrecían las aceitunas distribuidas a lo largo de las ramas.

Lengua de pájaro

La Lengua de pájaro poseía hojas muy alargadas y fruto pequeño y prolongado.

El ingeniero tampoco encontró esta variedad clasificada en los tratados consultados y propuso para ella una denominación basada en la longitud de las hojas.

Escarabajuelo

El Escarabajuelo tenía hojas largas, estrechas y oscuras y fruto redondo, rojizo, precoz y poco adherente.

Otras variedades

El catálogo se completaba con:

  • Albaideño.
  • Hojiblanco.
  • Gatuno.
  • Mollar.
  • Ecijano.
  • Correal.
  • Tempranillo.
  • Ojudo.
  • Paseto.[9]

Distribución territorial de las variedades

De la Puente ofreció también una relación de las variedades que había localizado en cada partido judicial.

Aguilar

En Aguilar de la Frontera registró:

  • Tachuno.
  • Manzanillo.
  • Hojiblanco.
  • Gordal.
  • Lechín.
  • Ojudo.
  • Picudo ordinario.
  • Picudo real.
  • Tempranillo.

Baena

En Baena:

  • Picudo.
  • Hojiblanco.
  • Manzanillo.
  • Carrasqueño.

Bujalance

En Bujalance:

  • Nevadillo blanco.
  • Gatuno.
  • Picudo.
  • Manzanillo.
  • Atomatado.

Cabra

En Cabra:

  • Hojiblanco.
  • Carrasqueño.
  • Picudo.
  • Manzanillo.

Castro del Río

En Castro del Río:

  • Picudo.
  • Hojiblanco.
  • Manzanillo.
  • Nevadillo blanco.
  • Nevadillo negro.
  • Alameño.

Córdoba

En el partido de Córdoba identificó:

  • Nevadillo.
  • Manzanillo.
  • Ocal.
  • Tachuno.
  • Campanillo.
  • Ecijano.
  • Albaideño.
  • Lengua de pájaro.
  • Escarabajuelo.

Fuente Obejuna

En Fuente Obejuna:

  • Nevadillo blanco.
  • Ecijano.
  • Alameño.
  • Mollar.
  • Correal.

Hinojosa

En el partido de Hinojosa del Duque:

  • Carrasqueño.
  • Nevadillo blanco.
  • Nevadillo negro.
  • Ocal.

Lucena

En Lucena:

  • Hojiblanco.
  • Manzanillo.
  • Carrasqueño.
  • Ocal.

Montilla

En Montilla:

  • Hojiblanco.
  • Nevadillo.
  • Picudo.
  • Alameño.
  • Lechín.
  • Ocal.
  • Manzanillo.
  • Negrillo.
  • Chorreado.

Montoro

En Montoro:

  • Nevadillo blanco.
  • Nevadillo negro.
  • Manzanillo.
  • Picudo.
  • Ocal.
  • Paseto.
  • Imperial.
  • Atomatado.
  • Cornezuelo.

Posadas

En Posadas:

  • Ecijano.
  • Picudo.
  • Gatuno.
  • Manzanillo.
  • Alameño.
  • Ocal.
  • Paseto.

Pozoblanco

En Pozoblanco:

  • Nevadillo blanco.
  • Nevadillo negro.
  • Carrasqueño.
  • Mollar.
  • Paseto.
  • Ecijano.
  • Alameño.

Priego

En Priego de Córdoba:

  • Picudo.
  • Hojiblanco.
  • Nevadillo.
  • Manzanillo.
  • Alameño.
  • Carrasqueño.

La Rambla

En La Rambla:

  • Alameño.
  • Lechín.
  • Picudo.
  • Ocal.
  • Hojiblanco.

Rute

En Rute:

  • Hojiblanco.
  • Manzanillo.
  • Nevadillo.
  • Carrasqueño.[10]

De este inventario, De la Puente concluía que las variedades más extendidas por la provincia eran Nevadillo, Manzanillo, Carrasqueño, Picudo, Lechín, Tachuno, Ocal y Gordal.

Cómo se plantaban los olivares

El procedimiento más utilizado para multiplicar el olivo era la plantación mediante estacas.

En cada hoyo se introducían tres o más estacas ligeramente inclinadas. El método aumentaba las posibilidades de enraizamiento, pero provocaba que muchos árboles acabaran formados por varios troncos.

De la Puente aconsejaba eliminar posteriormente los pies menos vigorosos y dejar solamente uno.

Mencionaba expresamente que en Montoro y otras localidades se denominaba «en palanca» al olivo formado con un único pie.[11]

Unos 90 o 95 olivos por hectárea

Los olivos se disponían a tresbolillo o, más frecuentemente, a marco real.

La distancia habitual indicada por el ingeniero era de aproximadamente 10,031 metros, que permitía plantar entre 90 y 95 olivos por hectárea.

Esta densidad podía modificarse dependiendo de:

  • La presencia de otros cultivos entre los olivos.
  • La pendiente.
  • La naturaleza del terreno.
  • El tamaño de los árboles.

En determinadas zonas serranas con árboles de menor porte podían alcanzarse incluso 125 olivos por hectárea.[12]

El principio utilizado para determinar la separación mínima era que, al mediodía del 22 de marzo, la sombra de cada olivo no alcanzase al árbol inmediatamente situado al norte.

Hoyos de un metro cúbico

Los hoyos destinados a la plantación debían tener aproximadamente un metro cúbico.

De la Puente recomendaba abrirlos con suficiente antelación para que quedasen expuestos a los agentes atmosféricos.

También aconsejaba separar la tierra extraída en diferentes capas y devolver al fondo, durante la plantación, la tierra superficial extraída inicialmente, por considerarla más rica en sustancias nutritivas.

La plantación debía efectuarse a finales del invierno utilizando preferentemente ramas de unos dos años procedentes de variedades bien adaptadas a cada localidad.[13]

Orientación de los olivos

Cuando las condiciones del terreno lo permitiesen, las líneas de plantación debían orientarse de norte a sur.

El propósito era conseguir que la luz solar alcanzase correctamente todas las partes del árbol.

Cuando aquella orientación resultase imposible por la configuración del terreno, debía buscarse la disposición que garantizase una mayor exposición al sol.

Las labores variaban según los pueblos

Una información particularmente valiosa de la conferencia es la comparación del número de labores de arado que recibían los olivares en diferentes lugares.

De la Puente señalaba:

Consideraba especialmente recomendable la práctica de Montilla.

Según el ingeniero, un olivar con tres labores podía considerarse razonablemente cultivado, pero defendía como situación óptima un mínimo de cuatro:

  1. Una labor profunda después de la recolección.
  2. Una segunda en enero.
  3. Una tercera después de la floración.
  4. Una cuarta durante la segunda mitad de agosto o comienzos de septiembre.

La cava al goteo

Otra labor considerada indispensable era la denominada cava al goteo.

Consistía en remover la tierra existente alrededor del tronco hasta aproximadamente el límite de la proyección de la copa.

La operación perseguía:

  • Eliminar malas hierbas.
  • Mullir la tierra.
  • Facilitar la entrada de agua.
  • Mejorar la acción de los agentes atmosféricos sobre el suelo.

Durante la época lluviosa podían formarse piletas o alcorques destinados a retener agua, que posteriormente debían eliminarse durante el verano.[15]

El problema de la falta de abono

De la Puente consideraba insuficiente el abonado realizado habitualmente en los olivares cordobeses.

Según su descripción, salvo excepciones, se utilizaba fundamentalmente estiércol de cuadra y no se aportaban nutrientes en cantidad proporcional a las necesidades del cultivo.

Recomendaba fertilizar los olivares al menos cada dos o tres años, preferentemente durante el otoño.[16]

Entre los estiércoles destacaba los procedentes de:

  • Cabra.
  • Oveja.
  • Caballo.
  • Vaca.

El orujo como fertilizante

Una de las recomendaciones más interesantes era reutilizar el orujo como abono.

De la Puente lamentaba que este residuo se utilizase principalmente:

  • Como combustible.
  • Como alimento para ganado y aves.
  • Para venderlo a fábricas que extraían el aceite residual mediante sulfuro de carbono.

Consideraba que el orujo contenía sustancias nutritivas que originalmente habían sido extraídas del suelo por el propio olivo y que devolverlo al terreno permitía cerrar parcialmente aquel ciclo.[17]

Para terrenos arcillosos aconsejaba mezclar aproximadamente seis partes de orujo con una de cal.

El alpechín como abono

También consideraba aprovechable el alpechín.

Los análisis disponibles señalaban la presencia de potasa, magnesia, cal, sílice, cloro, fosfatos, ácido sulfúrico y nitrógeno.

El ingeniero advertía, sin embargo, que no debía emplearse inmediatamente después de su obtención, pues los ácidos presentes podían dañar las raíces.

Recomendaba dejarlo fermentar durante algunos días o acelerar su transformación mezclándolo con:

  • Agua.
  • Tierra.
  • Cal.
  • Ceniza.[18]

La poda y la vecería

De la Puente otorgaba a la poda una importancia fundamental.

Consideraba necesario distinguir entre ramas leñosas, fructíferas, chupones, madera falsa y pequeños ramos productores.

Entre los principios que enumeraba figuraban:

  • La floración se produce sobre ramas de determinada edad.
  • La luz solar es esencial para el desarrollo del fruto.
  • Las ramas horizontales y colgantes son particularmente fructíferas.
  • Un follaje excesivamente cerrado reduce la producción.
  • La savia debe distribuirse equilibradamente.
  • Las ramas verticales tienden a desarrollar más madera y menos fruto.
  • Un exceso de ramas fructíferas podía favorecer la alternancia de cosechas.[19]

Crítica a la tala cada tres años

Según la conferencia, en buena parte de la provincia los olivos eran podados aproximadamente cada tres años.

De la Puente consideraba que en realidad se practicaban fuertes talas periódicas y se descuidaban las podas y limpiezas anuales.

Atribuía a esta práctica parte de la vecería, es decir, la tendencia del olivo a producir una cosecha abundante un año y una reducida al siguiente.

Su propuesta consistía en realizar podas anuales más moderadas e inteligentes para intentar obtener una producción más constante.[20]

La recolección

La recolección comenzaba generalmente durante noviembre o diciembre.

De la Puente consideraba que debía adelantarse cuando fuese posible y que nunca debía retrasarse innecesariamente.

Según su interpretación, la aceituna ya había acumulado su aceite antes de alcanzar una madurez completa y mantenerla demasiado tiempo en el árbol podía perjudicar tanto la calidad del aceite como la cosecha siguiente.

En la recogida participaban hombres y mujeres trabajando frecuentemente a destajo.

Calculaba que el coste medio de recoger una fanega de aceituna rondaba entre cuatro y cinco reales.[21]

La crítica al vareo

Una de las críticas más firmes del documento se dirigía contra el vareo.

De la Puente lo calificaba como una práctica perjudicial porque los golpes:

  • Herían las aceitunas.
  • Destrozaban brotes.
  • Dañaban yemas destinadas a fructificar al año siguiente.
  • Favorecían la alternancia de cosechas.
  • Facilitaban la alteración y pudrición del fruto.
  • Podían empeorar el sabor y conservación del aceite.[22]

La alternativa que defendía era recoger las aceitunas a mano o «a ordeño».

Reconocía que este sistema podía incrementar el coste inmediato de la recolección, especialmente en grandes propiedades, pero sostenía que el aumento y mayor regularidad de las cosechas compensarían el gasto adicional.

El propio ingeniero afirmaba que algunos propietarios de Córdoba y otros pueblos de la provincia habían comenzado ya a utilizar este procedimiento con resultados favorables.

Diferencias de productividad

Los rendimientos variaban considerablemente según los partidos judiciales.

La producción media de aceituna por hectárea calculada por De la Puente era:

El promedio provincial se establecía en 19,55 hectolitros de aceituna por hectárea.

Más de dos millones de hectolitros de aceituna

Aplicando aquel rendimiento medio a las 117.082,13 hectáreas de olivar, De la Puente estimó la producción provincial en:

2.288.955,64 hectolitros de aceituna.

La cifra era aproximada y el propio autor advertía de las dificultades de establecer un resultado uniforme debido a las diferencias entre:

  • Suelos.
  • Variedades.
  • Exposición.
  • Técnicas agrícolas.
  • Intensidad de las labores.
  • Sistemas de elaboración.[24]

La necesidad de una Estación Agronómica en Córdoba

Precisamente por la insuficiencia de datos científicos, De la Puente reclamó en 1879 la creación de una Estación Agronómica en Córdoba.

Señalaba que la provincia carecía de medios para analizar químicamente las numerosas variedades de aceitunas que cultivaba.

Consideraba que este tipo de institución era indispensable para el progreso de la agricultura y mencionaba que otras provincias habían comenzado a disponer de establecimientos semejantes.

Para el ingeniero, una estación cordobesa permitiría estudiar científicamente:

  • La composición de las variedades.
  • Su riqueza oleosa.
  • Los abonos.
  • Los suelos.
  • Los procedimientos de elaboración.
  • La productividad agrícola.[25]

La petición constituye uno de los testimonios tempranos sobre la demanda de una infraestructura científica específicamente dedicada a la agricultura cordobesa.

Composición de las aceitunas

A falta de análisis propios realizados en Córdoba, De la Puente recurrió a estudios publicados por otros ingenieros agrónomos.

Para cien partes de aceituna establecía aproximadamente:

  • 83,413 partes de pulpa.
  • 14,327 partes de madera del hueso.
  • 2,260 partes de almendra.[26]

Los análisis reproducidos proporcionaban también diferencias entre variedades.

La Hojiblanca ofrecía en aquellos ensayos aproximadamente un 24,39 % de aceite sobre el fruto, mientras que para la Manzanilla se señalaba un 22,42 %.

Como cálculo general, el autor adoptó finalmente un contenido aproximado del 22 % de aceite y un 27 % de orujo por cada cien partes de aceituna.[27]

Producción de aceite

A partir de los datos de superficie, cosecha y rendimiento, De la Puente calculó una producción media provincial de:

3,32 hectolitros de aceite por hectárea.

Para las 117.082,13 hectáreas existentes, el resultado era:

388.712,67 hectolitros de aceite.

Valorados a 80 pesetas por hectolitro, representaban:

31.097.013,60 pesetas.[28]

El cálculo proporciona una aproximación contemporánea a la magnitud económica que el olivar tenía para Córdoba a finales de la década de 1870.

Rentabilidad de una hectárea de olivar

De la Puente elaboró también una cuenta teórica para una hectárea con 94 olivos.

Suponía una producción media de:

  • 19,55 hectolitros de aceituna.
  • 3,32 hectolitros de aceite.

Valorando el aceite a 80 pesetas por hectolitro, obtenía un producto inicial de 265,60 pesetas.

Después de descontar un 10 % correspondiente a la molienda, quedaba un producto bruto de:

239,04 pesetas por hectárea.

Los gastos de cultivo, incluyendo arado, tala, limpia, cava, recolección, acarreo y otras operaciones, eran estimados en:

75 pesetas por hectárea.

El resultado era un beneficio líquido aproximado de:

164,04 pesetas por hectárea.[29]

El propio autor insistía en que este cálculo era solamente orientativo debido a las importantes diferencias existentes entre olivares.

Las enfermedades según los agricultores

Otra de las aportaciones del documento es la recopilación de los nombres con los que los propios agricultores identificaban las alteraciones y plagas del olivo.

Entre ellos aparecían:

  • Palomilla.
  • Meloja.
  • Melera.
  • Berruga.
  • Tiña.
  • Algodón.
  • Tizne.
  • Repilo.
  • Pulgón.
  • Aceitón.
  • Hollín.
  • Mosca de la aceituna.
  • Agalla.
  • Oruga.
  • Viruela.[30]

El interés del listado reside tanto en la información agronómica como en la conservación de la terminología utilizada localmente por los agricultores cordobeses del siglo XIX.

Distribución territorial de las alteraciones

La conferencia registraba las siguientes denominaciones:

El «algodón» del olivo

La alteración denominada algodón era conocida especialmente en Castro del Río, Baena y Montilla.

De la Puente la relacionaba con un insecto al que los agricultores denominaban pulga del olivo.

La enfermedad recibía aquel nombre por la aparición, durante la floración, de una sustancia viscosa de aspecto algodonoso sobre pecíolos y pedúnculos.

Según las observaciones recogidas, afectaba especialmente a los olivos nevadillos.

La conferencia reconocía que no se conocía un tratamiento eficaz, aunque fuertes vientos y lluvias parecían disminuir los efectos.[32]

Pulgón y agallas

Las denominadas agallas y el pulgón se registraban principalmente en Montilla, Montoro, Bujalance y Priego de Córdoba.

La recomendación consistía en cortar y quemar las agallas que contenían los organismos considerados responsables de la posterior aparición del insecto.

Se observaban especialmente en las variedades Nevadillo negro y Picudo y en terrenos húmedos.

Meloja, melera, aceitón, tizne y hollín

La conferencia dedicó especial atención a un conjunto de alteraciones conocidas con diferentes nombres según los pueblos.

Se hablaba de:

  • Meloja.
  • Melera.
  • Melaza.
  • Aceitón.
  • Aceitillo.
  • Tizón.
  • Tizne.
  • Hollín.

De la Puente explicaba que los especialistas de la época no coincidían acerca de su origen. Algunos atribuían el problema a insectos y otros a diferentes hongos, mientras que una tercera interpretación consideraba necesaria la actuación conjunta de ambos.[33]

Las prácticas de Lucena, Encinas Reales, Montemayor y Nueva Carteya

De especial interés resulta el remedio empleado en varios pueblos cordobeses contra la melera.

En Lucena, Encinas Reales, Montemayor y Nueva Carteya, los agricultores consideraban que la excesiva humedad favorecía la enfermedad.

Para combatirla:

  • Abrían zanjas de desagüe.
  • Dejaban el terreno temporalmente sin determinadas labores.
  • En ocasiones sembraban cebada.

De la Puente consideraba recomendable esta práctica.[34]

El autor relacionaba estas técnicas con las observaciones que hacia 1820 había realizado el agricultor lucentino Juan A. Sotomayor.

Airear los árboles

Para combatir las enfermedades relacionadas con humedad y melaza, De la Puente recomendaba especialmente mantener las copas abiertas.

Una poda clara debía permitir:

  • Entrada de luz.
  • Circulación de aire.
  • Menor acumulación de humedad.

El propio autor afirmaba que los olivos más castigados eran con frecuencia aquellos en los que la poda estaba más descuidada.

La palomilla o mosca del olivo

De la Puente calificaba la palomilla como una de las alteraciones más extendidas y perjudiciales.

Se encontraba, entre otros lugares, en:

El insecto podía afectar tanto al tronco y las ramas como al propio fruto.[35]

Alejar el ramón de los olivares

El documento relacionaba algunos focos de palomilla con la acumulación de ramas procedentes de la poda.

Por este motivo recomendaba retirar inmediatamente el ramón y llevarlo lejos de los olivares.

De la Puente afirmaba que esta precaución se practicaba ya en:

La referencia demuestra la circulación de prácticas preventivas entre diferentes localidades cordobesas.

El repilo

El repilo era conocido en Cabra, Montoro y Posadas.

De la Puente señalaba que sus efectos habían sido relativamente limitados en la provincia y que en algunos lugares de Posadas había desaparecido después de presentarse inicialmente con cierta intensidad.

La enfermedad provocaba:

  • Secado de brotes tiernos.
  • Caída de hojas.
  • Caída prematura del fruto.

El origen no estaba claro para los especialistas de la época. En algunas localidades se atribuía a insectos y en otras a factores meteorológicos.[37]

Polilla y oruga minadora

En las variedades Ocal y Ecijano de Montilla, Montoro, Posadas y Pozoblanco se observaba una pequeña oruga verde en el envés de las hojas.

Era conocida entre agricultores como:

  • Oruga minadora.
  • Polilla del olivo.
  • Tiña.

El trabajo describe detalladamente el ciclo del insecto y sus sucesivas generaciones sobre hueso, hojas, yemas, brotes y aceitunas.[38]

Barrenillos y otros insectos

La conferencia mencionaba además diferentes insectos asociados a las ramas y cortezas.

En Córdoba, Montoro y otros lugares se habían observado larvas alrededor de los cortes de poda cuando esta se realizaba demasiado tarde, una vez comenzado el movimiento de la savia.

Algunos agricultores las identificaban como barrenillo, aunque De la Puente dudaba de esta identificación al comprobar que las larvas observadas permanecían en determinadas capas de la corteza y no penetraban en la madera del modo esperado.[39]

Hongos, líquenes y plantas parásitas

Las plantas parásitas de mayor tamaño eran consideradas poco importantes en los olivares cordobeses.

De la Puente señalaba que muérdago y cuscuta eran relativamente poco frecuentes.

En cambio, se encontraban con mayor frecuencia:

  • Líquenes.
  • Hongos.
  • Otras criptógamas.

Recomendaba eliminarlos durante la poda porque retenían humedad sobre la corteza y podían favorecer procesos de putrefacción y deterioro del árbol.[40]

Diagnóstico del olivar cordobés

El diagnóstico general de De la Puente era favorable respecto a las condiciones naturales pero crítico respecto a varias prácticas agrícolas.

Consideraba que Córdoba disponía de:

  • Un clima adecuado.
  • Suelos apropiados.
  • Numerosas variedades.
  • Una gran superficie cultivada.
  • Importante experiencia agrícola.

Sin embargo, sostenía que la productividad podía crecer considerablemente si se corregían determinadas costumbres.

Sus principales propuestas fueron:

  1. Aumentar el número de labores del suelo.
  2. Abonar periódicamente los olivares.
  3. Aprovechar orujo y alpechín como fertilizantes.
  4. Practicar podas anuales y mejor estudiadas.
  5. Evitar copas excesivamente densas.
  6. Adelantar la recolección.
  7. Sustituir el vareo por la recogida a mano.
  8. Retirar rápidamente el ramón de poda.
  9. Mejorar el conocimiento de plagas y enfermedades.
  10. Crear una Estación Agronómica en Córdoba.[41]

Una agricultura entre la tradición y la ciencia

La conferencia refleja un momento de transición en el olivar cordobés.

Muchas prácticas procedían de una experiencia agrícola transmitida durante generaciones, mientras que comenzaban a incorporarse:

  • Análisis químicos.
  • Clasificación botánica.
  • Estudios entomológicos.
  • Cálculos de productividad.
  • Comparaciones territoriales.
  • Estadísticas de superficie.
  • Estudios sobre fertilización.
  • Conocimientos de fisiología vegetal.

De la Puente utilizaba constantemente la experiencia de los agricultores cordobeses, pero la comparaba con las nuevas teorías agronómicas y proponía modificar aquellas prácticas tradicionales que consideraba perjudiciales.

El ejemplo más evidente era el vareo, mantenido pese a que el ingeniero sostenía que tanto los autores agrícolas antiguos como los especialistas contemporáneos coincidían en sus efectos negativos.

Valor histórico del documento

Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba constituye una fuente especialmente relevante para reconstruir la agricultura provincial de 1879.

Permite conocer:

  • La superficie exacta que se atribuía al olivar.
  • La distribución territorial del cultivo.
  • Las variedades conocidas por los agricultores.
  • La terminología local empleada para designarlas.
  • Las diferencias de cultivo entre partidos judiciales.
  • La densidad de plantación.
  • Los procedimientos de multiplicación.
  • El número de labores realizadas.
  • Los sistemas de poda.
  • El uso de estiércol.
  • El aprovechamiento potencial del orujo y alpechín.
  • El coste de la recolección.
  • La participación de hombres y mujeres en la recogida.
  • La persistencia del vareo.
  • La introducción de la recogida a ordeño.
  • Los rendimientos medios.
  • El valor económico estimado del aceite.
  • La rentabilidad calculada por hectárea.
  • Los nombres locales de las enfermedades.
  • Las prácticas empleadas para combatirlas.
  • La demanda de una investigación agronómica propia en Córdoba.

El documento ofrece así una de las descripciones cuantitativas y técnicas más completas disponibles sobre el olivar cordobés del último cuarto del siglo XIX.

Cronología

Fecha Acontecimiento
1 de agosto de 1876 Una ley estableció las conferencias agrícolas destinadas a difundir conocimientos agronómicos, marco en el que posteriormente se celebró la intervención dedicada al olivo cordobés.
1879 La Junta Provincial de Agricultura de Córdoba incluyó el cultivo del olivo entre las materias previstas para sus conferencias agrícolas.
1879 Juan de Dios de la Puente y Rocha reunió y clasificó por encargo de la Junta un herbario con variedades de olivo cultivadas en la provincia.
7 de diciembre de 1879 Juan de Dios de la Puente y Rocha pronunció en el salón de sesiones de la Diputación Provincial de Córdoba su conferencia sobre el estado y posibilidades de mejora del cultivo del olivo en la provincia.
1879 El estudio calculó en 117.082,13 hectáreas la superficie provincial dedicada al olivar.
1879 El autor documentó 29 denominaciones de variedades cultivadas y detalló su distribución entre los diferentes partidos judiciales de la provincia.
1879 Se estimó una producción media provincial de 19,55 hectolitros de aceituna y 3,32 hectolitros de aceite por hectárea.
1879 La producción total de aceite fue calculada en aproximadamente 388.712,67 hectolitros, valorados en más de 31 millones de pesetas.
1879 De la Puente reclamó la creación de una Estación Agronómica en Córdoba para estudiar científicamente las variedades, suelos, abonos y producción agrícola provincial.
1879 La conferencia fue impresa por la imprenta del Diario de Córdoba.

Véase también

Referencias

  1. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
  2. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, portada y p. 3, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
  3. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, pp. 3-4, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
  4. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, pp. 3-4, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
  5. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, p. 10, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
  6. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, p. 9, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
  7. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, pp. 5-7, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
  8. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, p. 5, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
  9. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, pp. 5-7, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
  10. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, pp. 7-9, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
  11. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, p. 11, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
  12. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, pp. 11 y 23, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
  13. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, pp. 11-12, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
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  15. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, pp. 12-13, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
  16. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, pp. 13-14, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
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  18. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, pp. 14-15, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
  19. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, pp. 15-16, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
  20. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, p. 16, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
  21. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, pp. 16-17, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
  22. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, p. 17, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
  23. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, p. 18, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
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  41. Juan de Dios de la Puente y Rocha, "Cultivo del olivo en la provincia de Córdoba", Imprenta, Librería y Litografía del Diario de Córdoba, 1879, pp. 12-19 y 24-31, PDF aportado por el usuario. Consultado el 16 de agosto de 2026.
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