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El derrumbe de una casa en la Viñuela (1958)

De Cordobapedia

El derrumbamiento de la casa de la Huerta «La Viñuela» fue una catástrofe urbana ocurrida el 1 de septiembre de 1958 en Córdoba, cuando un edificio de tres plantas situado en la calle B de los terrenos de la denominada «Huerta de la Viñuela», en el barrio del Marrubial, se desplomó por completo, causando la muerte de dos mujeres y un niño y dejando varios heridos. El suceso movilizó a las autoridades municipales y provinciales y abrió un debate público sobre el estado de ruina de numerosos edificios de la ciudad.

El derrumbe

El edificio, propiedad de José Bollero Vázquez, modesto industrial de carbones, era un inmueble de tres plantas que, aunque ya estaba habitado, no había sido terminado por completo de construir. En la mañana del 1 de septiembre, uno de los hijos pequeños de una de las vecinas advirtió a su madre: «Mamá, esta casa va a hundirse. Tiene unas grietas». Poco después se sintió un golpe y sobrevino la catástrofe: el edificio se desplomó por completo, sepultando bajo los escombros a varios vecinos.[1]

Al horroso estruendo acudieron los vecinos de las casas colindantes, que se encontraron ante un espectáculo impresionante: del edificio solo quedaba en pie un muro, testigo mudo de la tragedia, en cuya parte superior había quedado atrapada una vecina, Antonia Tripiana Vicente, de 38 años, que intentó arrojarse sobre los escombros. Un vecino de la casa colindante, José Serrano Ruiz, propietario de un taller de reparación de automóviles, arrimó una larga escalera y la hizo descender salvándole la vida.[2]

Las víctimas

Poco después de iniciados los trabajos de descombro fueron sacados entre los escombros los cuerpos sin vida de dos mujeres y un niño:

  • Jesús Collado Tripiana, niño de 17 meses, sobrino de Antonia Tripiana. Ingresó cadáver en el centro de la Beneficencia Municipal.
  • Mercedes del Río Jeremías, de 25 años, casada. Su esposo había salido por la mañana y al regresar se encontró con su naciente hogar destruido y su esposa muerta. Sufrió un ataque de desesperación y fue trasladado al Depósito Judicial. Se da la circunstancia de que la primera de ellas había regresado en la noche del domingo de su viaje de luna de miel.
  • Francisca Gutiérrez Fernández, de 45 años, viuda.[3]

Otros vecinos resultaron heridos y fueron atendidos en la Casa de Socorro:

  • Antonia Tripiana Vicente, de 38 años — rescatada del muro, sufrió una fuerte contusión en la región costal y contusiones en diversas partes del cuerpo, de pronóstico reservado.
  • María Bollero Moya, de 46 años — excitación nerviosa de carácter leve.
  • Cristóbal Cruz Gutiérrez, de 7 años — heridas confusas en la región parietal izquierda y contusiones, pronóstico reservado.

Las ropas y enseres que pudieron salvarse fueron depositados en la Residencia de Ancianos de Madre de Dios y San Rafael, a disposición de la autoridad judicial.

La respuesta de las autoridades

Al tener noticia de la catástrofe, el alcalde de Córdoba, Antonio Cruz Conde, se personó en el lugar acompañado del teniente de alcalde delegado de Fomento, don Pascual Calderón Ostos. También llegaron el gobernador civil y jefe provincial del Movimiento, don Juan Victoriano Barquero y Barquero; el general gobernador militar de la Plaza, don Carlos Marín de Bernardo; el subjefe provincial del Movimiento, don Francisco Cabrera Perales; varios tenientes de alcalde y concejales, y el juez de Instrucción que comenzó las diligencias.[4]

Los trabajos de rescate y descombro fueron dirigidos por el ingeniero municipal don Carlos Font del Riego y el arquitecto provincial don Rafael de la Hoz Arderius, requerido por el alcalde ante la obligada ausencia del arquitecto municipal, señor Escribano Ucelay, cuyo padre había fallecido precisamente ese día. Intervinieron el Servicio de Incendios con su jefe don José Reigada, brigadas de obreros municipales, Guardia Civil, soldados del Regimiento de Infantería de Lepanto número 2 y la brigadilla móvil de la Cruz Roja. El director de la Casa de Socorro, doctor don Antonio Ortiz Clot, montó turnos de médicos y practicantes que hicieron guardia tanto en dicho establecimiento como en el lugar de la catástrofe.

El gobernador civil, en reconocimiento a la labor de los soldados del Regimiento de Infantería de Lepanto número 2, ofició al gobernador militar rogándole expresara su gratitud al coronel del regimiento. El alcalde hizo extensivo el agradecimiento al Servicio de Bomberos, la Guardia Municipal, las brigadas de obreros municipales y vecinos voluntarios, así como a la Cruz Roja y la Policía de Tráfico.[5]

El entierro

En la tarde del 2 de septiembre, en la parroquia de San Lorenzo, se celebraron los funerales por las almas de las tres víctimas: el niño Jesús Collado Tripiana y las señoras Mercedes del Río Jeremías y Francisca Gutiérrez Fernández. Asistió un duelo numerosísimo. En las presidencias figuró una representación municipal y familiares de los finados. Al entierro de la señora Gutiérrez Fernández asistió también una nutrida representación del Regimiento de Artillería 42, al que pertenecían sus hijos. Los cadáveres recibieron cristiana sepultura en el cementerio de San Rafael.[6]

Sesión municipal y debate sobre las ruinas

El 6 de septiembre de 1958, bajo la presidencia del alcalde don Antonio Cruz Conde, se reunió la Comisión Permanente Municipal en sesión ordinaria. Entre los asuntos del orden del día figuraba la respuesta institucional al suceso.

Fueron aprobadas sendas propuestas de la Alcaldía en relación con los expedientes que actualmente existían de declaración de ruina de diferentes edificios de la capital. Se acordó que cada caso sería estudiado minuciosamente y se resolvería de acuerdo con los informes emitidos por los técnicos municipales.

También se aprobó la propuesta de la Comisión de Compras de adquisición de diez carritos metálicos de dos ruedas para el servicio de limpieza y riegos. Por último, se procedió a la lectura y aprobación de una moción del alcalde por la que se propuso que la Corporación Municipal distribuyera la cantidad de diez mil pesetas entre todo el personal que colaboró en los trabajos de rescate.[7]

El gobernador civil ofreció a los vecinos que habían quedado sin hogar facilitarles vivienda una vez estuvieran terminadas las que construía en la zona sur de la ciudad la Obra Social de la Falange.

Debate sobre la construcción en Córdoba

El suceso dio pie a un editorial del diario Córdoba que señalaba que el derrumbamiento de la casa del barrio del Marrubial era «una trágica lección que no debe olvidarse». El texto denunciaba que en Córdoba se construía «de una manera febril» y que urgía «disponer de pisos cómodos e higiénicos» pero lamentaba que «son pocos los casos en que se edifice por las reglas, sin tener en cuenta los correspondientes arquitectos y direcciones técnicas». El articulista subrayaba que Córdoba conservaba «numerosos barrios viejos, de una o dos plantas que con solo algunos años de vida se habían ido convirtiendo en alojamiento de modestas familias», y que en esos edificios el técnico y la normativa habían sido ignorados sistemáticamente.[8]

Fuentes

  • Diario Córdoba, 2 de septiembre de 1958 (cuatro recortes): «Impresionante derrumbamiento de una casa en nuestra ciudad. Dos mujeres y un niño resultaron muertos y hubo además varios heridos».
  • Vida de la Ciudad, 3 de septiembre de 1958: «Ayer se celebró el entierro de las víctimas del derrumbamiento».
  • Vida de la Ciudad, 6 de septiembre de 1958: «Sentimiento del Municipio por el suceso de la casa de la Huerta "La Viñuela"».

Referencias

  1. Diario Córdoba, 2 de septiembre de 1958.
  2. Diario Córdoba, 2 de septiembre de 1958.
  3. Diario Córdoba, 2 y 3 de septiembre de 1958.
  4. Diario Córdoba, 2 de septiembre de 1958.
  5. Diario Córdoba, 3 de septiembre de 1958.
  6. Vida de la Ciudad, 3 de septiembre de 1958.
  7. Vida de la Ciudad, 6 de septiembre de 1958.
  8. Vida de la Ciudad, 6 de septiembre de 1958, artículo «Construcción antigua y moderna».