La Guerra Civil en Bujalance comprende los acontecimientos políticos, militares y represivos ocurridos en el municipio de Bujalance entre el golpe de Estado de julio de 1936 y el final de la Guerra Civil española en 1939.
La sublevación militar no consiguió imponerse inicialmente en la localidad, donde las autoridades republicanas y las organizaciones obreras conservaron el control. Bujalance permaneció en la zona republicana hasta el 20 de diciembre de 1936, cuando fue ocupada por las fuerzas sublevadas durante la denominada Campaña de la Aceituna.
El episodio más destructivo de la guerra en la localidad fue el bombardeo efectuado por la Legión Cóndor el 14 de diciembre de 1936. El ataque, realizado como preparación de la ofensiva terrestre, causó entre cien y ciento veinte muertos, numerosos heridos y la destrucción o el deterioro de centenares de edificios.[1]
Tras la entrada de las tropas franquistas se desarrolló una intensa represión contra republicanos, sindicalistas y militantes de izquierdas. La violencia política también había provocado víctimas entre militares, propietarios, religiosos y personas consideradas de derechas durante los meses en que Bujalance permaneció bajo control republicano.
Antecedentes
Durante las primeras décadas del siglo XX, Bujalance fue uno de los principales focos del movimiento anarcosindicalista de la provincia de Córdoba. La concentración de la propiedad agraria, el elevado número de jornaleros y las frecuentes crisis de trabajo favorecieron la implantación de la Confederación Nacional del Trabajo y de otras organizaciones obreras.
La conflictividad social alcanzó uno de sus momentos más graves durante los sucesos de diciembre de 1933. La insurrección anarquista fue seguida por una dura actuación de las fuerzas de seguridad. Dos militantes libertarios murieron en el arroyo Cañetejo en aplicación de la denominada «ley de fugas».
Entre los procesados por aquellos sucesos se encontraba Francisco García Cabello, conocido como Niño del Aceite, dirigente local de la CNT. La memoria de la represión de 1933 tuvo una influencia directa en algunos de los episodios violentos ocurridos durante julio de 1936.
Tras la victoria electoral del Frente Popular en febrero de 1936 aumentó la movilización de las organizaciones obreras y campesinas. Al mismo tiempo, propietarios, militantes conservadores y miembros de organizaciones derechistas se encontraban enfrentados políticamente con las fuerzas republicanas y sindicales.
Fracaso de la sublevación militar
El golpe de Estado iniciado el 18 de julio de 1936 no consiguió imponerse en Bujalance. La Guardia Civil permaneció acuartelada durante los primeros días sin proclamar el estado de guerra ni ocupar los edificios públicos.
A la concentración de Bujalance se incorporaron guardias procedentes de Valenzuela y Cañete de las Torres. La situación se mantuvo indefinida hasta el 25 de julio, cuando los efectivos del cuerpo se pusieron a disposición de las autoridades republicanas y del Comité del Frente Popular.[2]
La mayor parte de los guardias fue trasladada posteriormente a Jaén o Madrid. El fracaso de la sublevación permitió que Bujalance permaneciera integrada en el territorio controlado por el Gobierno de la Segunda República Española.
Comité del Frente Popular

Tras conocerse la rebelión militar se constituyó un Comité del Frente Popular encargado de mantener el orden, organizar la defensa y asegurar el abastecimiento de la población.
El comité estuvo formado por nueve miembros, entre ellos tres representantes de la CNT:
- Francisco García Cabello, Niño del Aceite.
- Bartolomé Parrado Serrano.
- Ildefonso Coca Chocero, El Viejo.
En la dirección política y militar local también participaron miembros de las Juventudes Libertarias y otros militantes republicanos y sindicales. Algunas fuentes identifican a Francisco Rodríguez Muñoz, uno de los futuros integrantes del grupo guerrillero de Los Jubiles, como presidente del comité revolucionario.
La presencia de la CNT fue especialmente importante debido a la tradición anarcosindicalista de Bujalance. Se organizaron milicias, patrullas de vigilancia y formas colectivas de explotación agrícola. Los trabajadores disponibles fueron distribuidos entre cortijos y explotaciones agrarias, mientras que los milicianos se incorporaron a las tareas defensivas.
El comité ejerció en la práctica una parte considerable del poder local, aunque formalmente continuaron existiendo las instituciones municipales republicanas.
Violencia en la retaguardia republicana
La noche del 22 de julio comenzaron los ataques contra edificios y símbolos religiosos. Varias iglesias fueron asaltadas y se destruyeron imágenes, archivos y objetos de culto.[2]
También se produjeron detenciones y asesinatos de propietarios, religiosos, personas consideradas derechistas y miembros de las fuerzas de seguridad. Estas actuaciones no fueron consecuencia de sentencias dictadas por tribunales ordinarios y se desarrollaron en el contexto de descomposición institucional provocado por el golpe militar y el comienzo de la guerra.
El episodio mejor documentado ocurrió el 25 de julio, cuando un cabo y dos guardias civiles fueron conducidos al arroyo Cañetejo y fusilados. Se les responsabilizaba de la muerte de dos militantes anarquistas durante los sucesos de diciembre de 1933. Los restantes miembros de la guarnición no fueron ejecutados y fueron trasladados fuera del municipio.[3]
Las fuentes conservadas no ofrecen un recuento único y completo de las víctimas de la violencia revolucionaria en Bujalance. Además de las muertes producidas dentro del municipio, algunos vecinos fueron detenidos o ejecutados en otras localidades de la zona republicana.
Organización de la defensa
Durante los meses siguientes, Bujalance se convirtió en un centro político y militar de la retaguardia republicana de la Campiña oriental. A la población local se añadieron refugiados procedentes de municipios ocupados por las tropas sublevadas, entre ellos Espejo, Montilla, Castro del Río y otras localidades cordobesas.
Las milicias levantaron posiciones defensivas principalmente al sur y al oeste del casco urbano. El cuartel de las milicias se encontraba en la actual plaza de Andalucía.
La proximidad progresiva del frente provocó ataques aéreos, movimientos de refugiados y problemas de abastecimiento. Bujalance quedó expuesta a la ofensiva organizada por el Ejército del Sur para apoderarse de la zona olivarera comprendida entre Córdoba y el límite de la provincia de Jaén.
Campaña de la Aceituna
En diciembre de 1936, las fuerzas dirigidas por el general Gonzalo Queipo de Llano iniciaron una operación destinada a ocupar la Campiña oriental cordobesa y asegurar las comunicaciones con el frente de Jaén. Esta ofensiva recibió el nombre de Campaña de la Aceituna por desarrollarse en una de las principales comarcas olivareras andaluzas.
El avance sublevado se organizó mediante varias columnas militares, entre las que destacó la mandada por el teniente coronel Luis Redondo García. Las fuerzas atacantes estaban compuestas por unidades regulares, requetés, legionarios, guardias civiles, falangistas y tropas marroquíes, apoyadas por artillería y aviación.
La operación afectó sucesivamente a El Carpio, Pedro Abad, Montoro, Bujalance, Villa del Río, Lopera y Porcuna. El objetivo era desarticular el frente republicano, ocupar las carreteras hacia Jaén y apoderarse de los centros agrícolas de la comarca.
Bombardeo del 14 de diciembre
El 14 de diciembre de 1936, Bujalance sufrió un ataque aéreo de gran intensidad realizado por aparatos de la Legión Cóndor. Las investigaciones basadas en documentación alemana señalan que sobre la población fueron arrojadas unas 120 bombas de cincuenta kilogramos.[1]
Los aviones actuaron en escuadrillas que se relevaron durante la jornada. Además de lanzar bombas explosivas e incendiarias, algunas aeronaves ametrallaron zonas del casco urbano y las vías utilizadas por quienes trataban de abandonar la población.
Los llamados Documentos del General Cuesta atribuyeron al ataque un mínimo de cien muertos y unos doscientos edificios destruidos. La documentación y los diarios de miembros de la Legión Cóndor elevaron el balance hasta aproximadamente 120 fallecidos entre población civil y combatientes, además de numerosos heridos.[1]
La diferencia entre ambas estimaciones se debe a la presencia de refugiados y militares no inscritos en el registro civil de Bujalance. El registro de defunciones quedó interrumpido desde el día del bombardeo hasta febrero de 1937, por lo que muchas víctimas no pudieron ser identificadas oficialmente.
El ataque causó daños en numerosas viviendas y edificios públicos y religiosos. En la torre de la iglesia de San Francisco y en otros inmuebles todavía se conservaron durante décadas impactos atribuidos a la metralla y al fuego de ametralladora.[4]
El bombardeo tenía como finalidad debilitar las defensas y desmoralizar a la población antes de la entrada de las fuerzas terrestres. Los diarios de los aviadores alemanes indican que, después de la ocupación, miembros de la Legión Cóndor examinaron y fotografiaron los efectos producidos por las bombas.[1]
Evacuación de Bujalance
La magnitud del bombardeo hizo imposible mantener con normalidad la vida en la localidad. Durante la noche del 14 de diciembre y las jornadas posteriores se organizó la evacuación de la población.
Miles de habitantes y refugiados abandonaron Bujalance por la carretera de Villa del Río y por caminos rurales. Una parte se dirigió hacia Marmolejo, Andújar, Martos, Jaén y otras poblaciones que continuaban bajo control republicano.
La evacuación se realizó de manera precipitada, en muchos casos a pie y transportando únicamente las pertenencias que podían cargarse. Algunos vecinos permanecieron en sus casas o regresaron poco después de la ocupación.
Ocupación franquista
Las fuerzas sublevadas atacaron Bujalance desde el este y el norte, con la intención de cortar las comunicaciones y envolver las fortificaciones construidas al sur y al oeste.
Las unidades republicanas y las milicias anarcosindicalistas se retiraron hacia Villa del Río y la provincia de Jaén. Después de los bombardeos y de la evacuación, la resistencia dentro del casco urbano fue limitada.
Bujalance fue ocupada por las tropas del teniente coronel Luis Redondo en la mañana del 20 de diciembre de 1936.[2] Desde ese momento permaneció bajo control franquista hasta el final de la guerra.
La entrada de las tropas fue acompañada por registros domiciliarios, detenciones, incautaciones y la implantación de las autoridades militares. Durante los días siguientes regresaron algunos de los vecinos que habían huido, mientras otros permanecieron refugiados en la zona republicana por temor a represalias.
Administración municipal franquista
Tras la ocupación, el poder local quedó inicialmente subordinado a la autoridad militar. El 20 de enero de 1937, el gobernador civil de Córdoba nombró una nueva Comisión Gestora municipal.
La corporación estuvo formada por:
- Presidente: Luis Cañas Vallejo.
- Vocal: Miguel Fernández de Molina Cañas.
- Vocal: Rafael Navarro Ceballos.
- Vocal: Fernando Moreno Velasco.
El nombramiento fue publicado por el diario Azul el 21 de enero de 1937.[5]
Luis Cañas Vallejo era hermano de Miguel Cañas Vallejo, presidente de la Diputación Provincial de Córdoba en 1930. La gestora se encargó de reorganizar los servicios municipales de acuerdo con las disposiciones del nuevo régimen y de colaborar con las autoridades militares y policiales.
Represión franquista
La ocupación abrió una etapa de intensa represión contra quienes habían pertenecido a partidos republicanos, sindicatos, comités, milicias o instituciones municipales.
La Prisión del Partido Judicial de Bujalance recibió a detenidos de la localidad y de otros municipios cercanos. La comandancia militar fue instalada detrás de la prisión, en la calle Zarcos, mientras que el cuartel de la Guardia Civil de la calle de las Cadenas fue utilizado para interrogatorios.
Numerosos detenidos fueron ejecutados en las tapias del cementerio. Otros fueron trasladados a Córdoba, sometidos a largas penas de prisión o enviados posteriormente a batallones de trabajadores. También se impusieron sanciones económicas, incautaciones de bienes, depuraciones laborales y restricciones contra familiares de huidos y represaliados.
El mapa andaluz de fosas registra 210 víctimas vinculadas a Bujalance y calcula que unas 85 fueron depositadas en las diferentes fosas del municipio. La denominada fosa número 1 del cementerio contendría aproximadamente setenta víctimas.[2]
Estas cantidades no representan exclusivamente ejecuciones producidas entre diciembre de 1936 y diciembre de 1939. Los registros incluyen personas fusiladas durante la guerra, ejecutadas en la posguerra, fallecidas en prisión o muertas fuera del término municipal. Por ello, las diferentes cifras no deben sumarse como si correspondieran a un único periodo.
El historiador Francisco Moreno Gómez señala que, después del final oficial de la guerra, otras 55 personas fueron fusiladas en Bujalance y 28 vecinos murieron ejecutados en Córdoba capital. Estas ejecuciones pertenecen ya al periodo de posguerra y quedan fuera del marco cronológico principal de este artículo.[1]
Consejos de guerra
Con la consolidación del poder franquista, la represión fue canalizada progresivamente mediante procedimientos militares sumarísimos. Vecinos de Bujalance fueron acusados de «rebelión militar», «adhesión a la rebelión» o «auxilio a la rebelión», pese a que habían defendido al Gobierno legalmente constituido.
Los expedientes se iniciaban mediante denuncias, informes de la Guardia Civil, declaraciones de autoridades locales y antecedentes proporcionados por Falange. Los encausados podían ser juzgados individualmente o en causas colectivas con garantías de defensa muy limitadas.
Las sentencias incluyeron penas de muerte, reclusión perpetua y condenas de entre seis y treinta años. Algunos procesados fueron juzgados en Bujalance, mientras que otros fueron trasladados a Córdoba.
Durante 1939, especialmente después del final de la guerra, aumentó la detención de vecinos que regresaban desde la zona republicana. La clasificación política de los retornados y los informes sobre su conducta durante el periodo comprendido entre julio y diciembre de 1936 fueron utilizados como pruebas en los consejos de guerra.
Huidos y origen de Los Jubiles
La dureza de las detenciones y el temor a las ejecuciones provocaron que varios militantes libertarios y republicanos evitaran regresar a Bujalance o se ocultaran en la sierra.
Entre ellos se encontraban los hermanos Juan Rodríguez Muñoz, Francisco Rodríguez Muñoz y Sebastián Rodríguez Muñoz, conocidos como Los Jubiles. Tras la derrota republicana organizaron una partida guerrillera que actuó en las sierras de Montoro, Adamuz y Los Pedroches.
Durante 1939 comenzó a formarse una red de enlaces y apoyos integrada por familiares y antiguos militantes. Entre sus colaboradores estuvo José Moreno Salazar, conocido como El Quincallero. La actividad principal del grupo pertenece a la posguerra, aunque tuvo su origen inmediato en la represión iniciada durante la guerra.
Fosas comunes
El cementerio de Bujalance conserva varios espacios relacionados con las ejecuciones de la Guerra Civil y la posguerra. Los registros estatales y autonómicos recogen entre tres y cuatro fosas, dependiendo de la delimitación utilizada.
La fosa principal se encuentra en el interior del cementerio y consta como no exhumada. Los distintos enterramientos han sido dignificados mediante placas con los nombres de las víctimas. Existe asimismo un espacio diferenciado dedicado a los miembros del grupo guerrillero de Los Jubiles.[6]
Consecuencias
La guerra provocó en Bujalance numerosas muertes por ejecuciones, combates y bombardeos. A ellas se sumaron los heridos, encarcelados, exiliados, desaparecidos y desplazados.
El bombardeo de diciembre de 1936 destruyó o dañó una parte considerable del casco urbano y obligó a reconstruir viviendas, edificios públicos e instalaciones religiosas. La represión y el exilio alteraron profundamente la vida política y sindical de una localidad que había constituido uno de los principales centros del anarcosindicalismo cordobés.
La pérdida de población durante las décadas siguientes estuvo relacionada tanto con las consecuencias de la guerra y la represión como con la pobreza rural y la emigración.
Cronología
18 de julio de 1936 · Comienzo de la sublevación
22 de julio de 1936 · Primeros episodios de violencia
25 de julio de 1936 · La Guardia Civil se somete a las autoridades republicanas
Julio de 1936 · Comité del Frente Popular
14 de diciembre de 1936 · Bombardeo de Bujalance
15-19 de diciembre de 1936 · Evacuación
20 de diciembre de 1936 · Ocupación franquista
20 de enero de 1937 · Comisión Gestora
1937-1939 · Represión franquista
1939 · Consejos de guerra
RelacionEntidad
Véase también
Referencias
- ↑ 1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 Francisco Moreno Gómez,«El bombardeo de Bujalance (Córdoba) el 14-12-1936 por la Legión Cóndor», 3 de marzo de 2026.Consultado el 9 de septiembre de 2026.
- ↑ 2,0 2,1 2,2 2,3 «Fosa 1 del cementerio de Bujalance», Desaparición Forzada de Andalucía.Consultado el 9 de septiembre de 2026.
- ↑ Antonio Téllez,«Historia de la partida guerrillera de Los Jubiles, anarquistas de Bujalance», 1 de abril de 2024.Consultado el 9 de septiembre de 2026.
- ↑ «Huellas del bombardeo: Bujalance», Vestigios de la Guerra Civil desde la provincia de Córdoba, 8 de abril de 2018.Consultado el 9 de septiembre de 2026.
- ↑ «Nueva Comisión Gestora en Bujalance», Azul, 21 de enero de 1937. Enlace (consultado el 9 de septiembre de 2026).
- ↑ «Fosas comunes en Bujalance», RTVE.Consultado el 9 de septiembre de 2026.
Bibliografía
- Moreno Gómez, Francisco. La Guerra Civil en Córdoba (1936-1939). Madrid, Alpuerto, 1985.
- Moreno Gómez, Francisco. Córdoba en la posguerra: la represión y la guerrilla, 1939-1950. Córdoba, Francisco Baena Editor, 1987.
- Muñiz Jaén, Ignacio y Gutiérrez Molina, José Luis. Las luchas libertarias del campesinado: resistencia y represión en Bujalance durante la Segunda República.
- Schüler-Springorum, Stefanie. La guerra como aventura. La Legión Cóndor en la Guerra Civil española, 1936-1939. Madrid, Alianza Editorial, 2014.
- Téllez Solá, Antonio. La partida guerrillera de Los Jubiles.
