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La Guerra Civil en Cabra comprende los acontecimientos políticos, militares y represivos ocurridos en el municipio de Cabra entre el golpe de Estado de julio de 1936 y el final de la Guerra Civil española en 1939.

La sublevación militar triunfó en la localidad sin encontrar resistencia armada. El 19 de julio de 1936, el capitán de la Guardia Civil Francisco López Pastor proclamó el bando de guerra, destituyó al Ayuntamiento republicano presidido por Francisco Rojas López y asumió el mando militar de la población.[1]

Cabra permaneció durante toda la contienda bajo control de los sublevados y se convirtió en un importante centro militar de la retaguardia del Frente de Córdoba. Albergó tropas, organismos de mando, instalaciones sanitarias y, desde agosto de 1938, un campo de concentración para prisioneros y evadidos republicanos.

El acontecimiento más mortífero fue el bombardeo del 7 de noviembre de 1938, efectuado por tres aviones republicanos Tupolev SB-2 «Katiuska». El ataque causó 109 muertos —la mayoría civiles— y más de doscientos heridos, además de graves daños en la plaza de abastos, la Plaza Vieja y varias calles del casco urbano.[2]

Antecedentes

Durante la Segunda República Española, Cabra presentaba una estructura económica dominada por la agricultura, con una elevada presencia de jornaleros y pequeños propietarios. La crisis de trabajo, los conflictos laborales y la desigual distribución de la propiedad favorecieron el crecimiento de las organizaciones obreras.

En la localidad estaban implantados el Partido Socialista Obrero Español, la Unión General de Trabajadores, los partidos republicanos y, en menor medida, organizaciones anarquistas y comunistas. Entre las fuerzas conservadoras tenían presencia los monárquicos, los tradicionalistas, las organizaciones católicas y, desde los años anteriores a la guerra, Falange Española.

Tras la victoria del Frente Popular en las elecciones generales de febrero de 1936, el Ayuntamiento quedó presidido por Francisco Rojas López, perteneciente a Izquierda Republicana. La creciente polarización política nacional tuvo también repercusión en Cabra, aunque antes del golpe de Estado no se produjo un enfrentamiento armado comparable al registrado en otras localidades de la provincia.

El golpe de Estado

El 18 de julio de 1936 llegaron a Cabra noticias sobre la sublevación de una parte del Ejército. El capitán de la Guardia Civil Francisco López Pastor mantuvo contacto con los mandos militares de Córdoba, donde el coronel Ciriaco Cascajo Ruiz se había sumado al levantamiento siguiendo las órdenes transmitidas desde Sevilla por el general Gonzalo Queipo de Llano.

A las cuatro de la tarde del 19 de julio, López Pastor se presentó en el Ayuntamiento acompañado por fuerzas de la Guardia Civil. En presencia del alcalde Francisco Rojas López y de varios concejales, tomó posesión del edificio, proclamó el estado de guerra y declaró destituida la corporación municipal republicana.[3]

La sublevación contó con el apoyo de falangistas, tradicionalistas y sectores conservadores de la localidad. Entre los militares que colaboraron con el levantamiento se encontraban el oficial retirado de Caballería Ramón Escofet Espinosa y el teniente de complemento Luis Pallarés Moreno.[1]

No se produjo resistencia armada dentro de Cabra. Las organizaciones obreras carecían de medios suficientes y la rápida actuación de la Guardia Civil impidió la creación de un comité de defensa semejante a los constituidos en pueblos donde la sublevación fracasó.

A Cabra llegaron también guardias civiles procedentes de localidades próximas. La guarnición de Doña Mencía, que había permanecido acuartelada hasta el 20 de julio, abandonó aquella población y se refugió en territorio controlado por los sublevados.

El mando militar

Francisco López Pastor quedó convertido en comandante militar de Cabra. Desde esta posición dirigió la consolidación del nuevo poder, la organización de las milicias locales, las detenciones de militantes de izquierdas y la formación de columnas destinadas a intervenir en otros municipios.

Las fuerzas organizadas en Cabra participaron en operaciones sobre localidades próximas de la Subbética y la Campiña. López Pastor estuvo al frente de una de las columnas que ocuparon definitivamente Nueva Carteya el 29 de septiembre de 1936.[4]

El control militar de Cabra resultaba importante por su situación respecto a las carreteras de Lucena, Baena, Priego de Córdoba, Monturque, Doña Mencía y Nueva Carteya. La localidad pasó a funcionar como punto de concentración, abastecimiento y tránsito de unidades militares.

Represión franquista de 1936

El triunfo inmediato del golpe no evitó que se desarrollara una intensa represión contra los defensores de la República. Las detenciones comenzaron poco después de la proclamación del bando de guerra y afectaron a concejales, sindicalistas, jornaleros, maestros, empleados públicos y afiliados a organizaciones de izquierdas.

Los presos eran recluidos inicialmente en la cárcel situada en la calle Cervantes. Desde allí se efectuaron sacas para ejecutar a los detenidos en las tapias del cementerio y en las carreteras de salida de la localidad, especialmente en dirección a Monturque y Lucena. Otros vecinos fueron trasladados a Córdoba, donde también fueron fusilados.[1]

Los primeros asesinatos documentados tuvieron lugar en agosto de 1936 y las ejecuciones continuaron, al menos, hasta diciembre de aquel año. La mayoría se realizaron sin juicio previo ni inscripción inmediata en el Registro Civil.

Uno de los episodios más graves ocurrió el 25 de agosto de 1936 en la carretera de Monturque. Según los testimonios recogidos por el historiador Francisco Moreno Gómez, diecisiete hombres fueron ejecutados en aquel lugar. Dos quedaron inicialmente con vida y consiguieron refugiarse en un cortijo, pero fueron descubiertos. Uno de ellos, Miguel Moreno Antequera, fue conducido de nuevo al lugar de ejecución y rematado; el cabrero Antonio Morillo logró sobrevivir y alcanzar la zona republicana.[1]

El 7 de noviembre de 1936 se produjo otra saca en la que murieron seis presos cuyos expedientes se conservan en el Archivo Histórico Provincial de Córdoba.

La investigación de Arcángel Bedmar ha permitido documentar un mínimo de 54 vecinos fusilados durante 1936. El historiador Francisco Moreno Gómez calculó que la represión franquista causó alrededor de setenta muertos en Cabra, mientras que algunos testimonios orales elevaron el balance hasta aproximadamente cien.[1]

Las diferencias entre las cifras se deben a que numerosas víctimas no fueron inscritas en el Registro Civil, otras aparecieron registradas años después y algunos vecinos fueron asesinados fuera del término municipal. El registro civil únicamente recogió 28 muertes entre 1936 y 1950 bajo fórmulas relacionadas con la guerra. A ellas se añaden víctimas inscritas en Córdoba, las localizadas en expedientes penitenciarios y las conocidas mediante testimonios familiares.

Ausencia de una retaguardia republicana

Cabra permaneció bajo control de los sublevados desde el 19 de julio de 1936 hasta el final de la guerra. Por esta razón no hubo en el municipio un periodo de poder revolucionario ni una represión republicana local comparable a la registrada en municipios que permanecieron bajo el control gubernamental.

Los vecinos de derechas que murieron en territorio republicano, los combatientes caídos en los distintos frentes y las víctimas del bombardeo de 1938 constituyen categorías históricas diferentes. No deben incluirse como víctimas de una supuesta represión ejercida dentro de Cabra, pues las instituciones republicanas nunca controlaron la localidad durante la guerra.

Comisión Gestora municipal

Durante las primeras semanas, el Ayuntamiento quedó sometido directamente al mando militar. El 5 de septiembre de 1936 se constituyó una nueva Comisión Gestora municipal presidida por Ángel Cruz Rueda, director del Instituto Aguilar y Eslava.[1]

La nueva corporación quedó formada por:

Ángel Cruz Rueda permaneció al frente de la alcaldía durante toda la contienda y continuó en el cargo hasta el 23 de agosto de 1940.[5]

La gestora asumió la administración municipal, colaboró con las autoridades militares y aplicó las disposiciones políticas, económicas y sociales dictadas por la Junta de Defensa Nacional y, posteriormente, por el Gobierno franquista.

Depuración e incautación de bienes

La represión no se limitó a las ejecuciones y encarcelamientos. Numerosos empleados municipales, funcionarios y docentes fueron investigados por sus ideas políticas o por su conducta anterior al golpe de Estado.

Ángel Cruz Rueda presidió entre 1937 y 1939 la Comisión Depuradora del Magisterio de la provincia de Córdoba. Desde este organismo se examinaron los antecedentes políticos, religiosos y profesionales de centenares de maestros.[6]

De los diecisiete profesores que componían el claustro del Instituto Aguilar y Eslava, nueve fueron denunciados y tres recibieron sanciones. El castigo más grave recayó sobre el catedrático de Física y Química Rafael Navarro Martín.[3]

También se abrieron expedientes de incautación de bienes y responsabilidades políticas contra personas vinculadas a partidos republicanos y organizaciones sindicales. Al menos setenta vecinos de Cabra fueron objeto de procedimientos económicos de este tipo durante la guerra y la posguerra.[1]

La biblioteca municipal continuó abierta, aunque en 1937 interrumpió temporalmente sus servicios. Sus fondos fueron revisados y se retiraron obras consideradas contrarias a la ideología del nuevo régimen.

Cabra como centro militar

La situación geográfica de Cabra hizo que la localidad adquiriera una notable función militar. Por sus instalaciones pasaron unidades falangistas, requetés, tropas regulares y servicios de intendencia.

En 1937, el Instituto Aguilar y Eslava fue utilizado como residencia por una columna de requetés sevillanos dirigida por Luis Redondo García. El capellán de la columna era el jesuita Bernabé Copado. Durante su estancia fue destruida la placa que recordaba la visita del presidente de la República Niceto Alcalá-Zamora al instituto en 1932.[3]

También estuvieron acantonadas en Cabra unidades del Corpo Truppe Volontarie, enviado por la Italia fascista. La mayor parte de las tropas italianas abandonó el sector tras la ofensiva de Málaga y su posterior traslado al frente de Guadalajara en marzo de 1937.

Durante 1938 se instalaron en Cabra:

  • El cuartel general de la 34.ª División del Ejército franquista.
  • La 34.ª Compañía de Automovilismo.
  • La 34.ª Compañía de Transmisiones.
  • Los puestos de mando de Artillería e Ingenieros.
  • Un batallón de Falange.
  • Un batallón de trabajadores.
  • Diferentes servicios sanitarios y de abastecimiento.

Esta concentración convirtió la localidad en un objetivo de interés militar, aunque el bombardeo de noviembre de 1938 afectó principalmente a espacios urbanos ocupados por civiles.

Campo de concentración de Cabra

En agosto de 1938 se creó en la entonces denominada plaza de Calvo Sotelo, actual Plaza Vieja, un campo de concentración destinado a prisioneros de guerra, presentados y evadidos del Ejército republicano.

El campo se instaló para descongestionar otros centros de reclusión y estuvo dirigido por el comandante militar Cristóbal Esteban Molina, quien también ejerció como juez militar en la Comisión de Incautación de Bienes de Cabra.[3]

Entre agosto de 1938 y abril de 1939 pasaron por el recinto, como mínimo, 1.302 hombres y 24 mujeres. La presencia de mujeres lo convirtió en un caso singular dentro del sistema concentracionario existente en la provincia de Córdoba.[7]

En noviembre de 1938 permanecían internados entre sesenta y ochenta prisioneros, vigilados por soldados. Diez de estos militares encargados de la custodia murieron durante el bombardeo del día 7.

El campo fue clausurado el 2 de abril de 1939, cuando salieron los últimos treinta y seis detenidos.[7]

Bombardeo del 7 de noviembre de 1938

Preparación del ataque

Durante el otoño de 1938, la aviación republicana desarrolló una campaña de reconocimiento y bombardeo en el frente Sur-Centro. Las operaciones estaban relacionadas con la preparación de una posible ofensiva destinada a distraer fuerzas franquistas y reducir la presión militar sobre Cataluña.

El 28 de octubre había sido bombardeada la vecina localidad de Baena. Durante las jornadas siguientes, el Servicio de Información Especial Periférico republicano comunicó la existencia de concentraciones militares en Cabra.

La inteligencia republicana situaba en la localidad tropas italianas y fuerzas preparadas para una ofensiva. Aunque sí existían unidades y servicios militares, los contingentes italianos habían abandonado la zona en 1937. Una fotografía aérea tomada antes del ataque pudo contribuir a que los toldos del mercado fueran interpretados como tiendas de campaña militares.

El ataque aéreo

A las 6:27 horas del 7 de noviembre de 1938 despegaron del aeródromo de Fuente Álamo de Murcia tres bombarderos medios Tupolev SB-2 «Katiuska», pertenecientes a la 3.ª Escuadrilla del Grupo 24 de la aviación republicana.

Los aparatos llegaron a Cabra alrededor de las 7:30 horas. En pocos minutos arrojaron aproximadamente 1.800 kilogramos de explosivos. Cada avión transportaba dos bombas de 250 kilogramos y varias bombas menores de quince kilogramos.[2]

Las bombas trazaron una línea de impactos que atravesó parte del casco urbano. Las zonas más afectadas fueron:

  • La plaza de abastos.
  • La Plaza Vieja.
  • La calle de la Cruz.
  • La calle de San Martín.
  • La calle de Santa Ana.
  • La barriada situada en torno al mercado.
  • Varias viviendas y establecimientos próximos.

La explosión más destructiva se produjo en la plaza de abastos, donde numerosos vecinos realizaban compras o esperaban ser contratados como jornaleros. Entre los fallecidos se encontraban comerciantes, compradores, trabajadores, mujeres, menores y habitantes de municipios próximos.

En la Plaza Vieja, una bomba alcanzó la zona del campo de concentración. Allí murieron una veintena de personas, entre ellas diez soldados encargados de custodiar a los prisioneros.

Víctimas

El balance generalmente aceptado es de 109 fallecidos y más de doscientos heridos. Ochenta y seis personas murieron en el momento del ataque y las restantes fallecieron posteriormente como consecuencia de sus lesiones.

La mayor parte de las víctimas fueron civiles, aunque también murieron soldados y miembros de las fuerzas de seguridad. La cifra de heridos varía según las fuentes entre algo más de doscientos y aproximadamente trescientos.[8]

El elevado número de víctimas se debió a la hora del ataque, a la actividad existente en el mercado, al peso de las bombas principales y a la ausencia de una alarma antiaérea con tiempo suficiente para evacuar las calles.

Consecuencias inmediatas

Los servicios sanitarios, religiosos, militares y civiles participaron en la retirada de cadáveres y la atención de los heridos. Algunos de los casos más graves fueron trasladados a hospitales de Córdoba.

El cuartel general de la 34.ª División fue trasladado provisionalmente a Luque y regresó a Cabra el 15 de noviembre. Poco después quedó instalado de manera definitiva en Baena.

Una parte de la población abandonó temporalmente Cabra, mientras otras familias enviaron a sus hijos a cortijos y localidades alejadas de posibles objetivos militares.

El mismo 7 de noviembre, el mando franquista ordenó bombardeos de represalia. Durante las semanas siguientes fueron atacadas varias localidades republicanas de Jaén y Córdoba, entre ellas Arjonilla, Alcaudete, Porcuna, Martos y Luque.

Interpretaciones del bombardeo

La propaganda franquista presentó el ataque como un bombardeo deliberado contra una población indefensa y utilizó las imágenes de los cadáveres y edificios destruidos para denunciar la actuación republicana.

La investigación posterior ha demostrado que Cabra no era una localidad desprovista de objetivos militares. Albergaba el cuartel general de una división, compañías de automovilismo y transmisiones, mandos de artillería e ingenieros, falangistas, un batallón de trabajadores y un campo de concentración.[9]

Sin embargo, la mayor parte de las bombas cayó sobre zonas civiles y el resultado fue una matanza de población no combatiente. La existencia de objetivos militares explica la elección de Cabra, pero no modifica la naturaleza de las consecuencias humanas del ataque.

La expresión «Guernica de la Subbética» o «Guernica del Sur» ha sido utilizada para describir el bombardeo, aunque también ha recibido críticas por equiparar acontecimientos producidos en contextos militares diferentes. La denominación tuvo además una clara utilización propagandística durante la dictadura.

Final de la guerra y consejos de guerra

Cabra permaneció alejada de los grandes movimientos del frente durante los últimos meses de la contienda. Después del derrumbe del Ejército republicano, comenzaron a regresar soldados, refugiados y vecinos que habían permanecido en territorio gubernamental.

Los retornados fueron clasificados mediante informes de la Guardia Civil, Falange, el Ayuntamiento y vecinos considerados afectos al régimen. La militancia política, el servicio en el Ejército republicano, la participación en comités o la mera residencia en zona republicana podían dar lugar a detenciones.

Los procedimientos militares se instruían por delitos de «rebelión», «adhesión a la rebelión» o «auxilio a la rebelión». En la práctica, estas acusaciones se dirigieron contra quienes habían defendido al Gobierno legal de la República frente a la sublevación.

Aunque la mayor parte de los consejos de guerra y de las ejecuciones derivadas de ellos corresponden a la posguerra, las detenciones y primeras diligencias comenzaron durante los últimos meses de 1939. Las condenas incluyeron penas de muerte, reclusión perpetua y largas penas de prisión.

Fosas comunes

Las víctimas de la represión franquista fueron enterradas en el cementerio de Cabra y en distintos parajes de las carreteras de Monturque y Lucena. También existen enterramientos de egabrenses en Córdoba capital y en otros municipios.

En el cementerio municipal de San José se ha identificado una zona que pudo ser utilizada como fosa común. En 2021 comenzaron trabajos arqueológicos para localizar e identificar restos humanos y en 2022 se instaló un reconocimiento dedicado a las víctimas de la Guerra Civil.[3]

También se han desarrollado investigaciones en la denominada Estacada de los Muertos, situada en el término de Monturque, y en una antigua cantera próxima al límite entre Monturque y Lucena. En estos lugares fueron ejecutados vecinos de Cabra y de otras poblaciones de la comarca.

Balance de víctimas

Las principales cifras documentadas para Cabra corresponden a realidades diferentes y no deben sumarse indiscriminadamente:

  • Un mínimo de 54 personas fueron fusiladas por la represión franquista durante 1936.
  • Francisco Moreno Gómez estimó en torno a setenta las víctimas mortales de la represión franquista relacionadas con Cabra.
  • La relación ampliada elaborada por Arcángel Bedmar reúne 63 víctimas de la guerra y la posguerra.
  • El bombardeo republicano del 7 de noviembre de 1938 causó 109 muertos y más de doscientos heridos.
  • Por el campo de concentración pasaron, al menos, 1.302 hombres y 24 mujeres entre agosto de 1938 y abril de 1939.

El balance general debe incluir además a los soldados muertos en combate, los encarcelados, los exiliados, los depurados de sus empleos, las personas sometidas a incautaciones y los familiares afectados por la represión.

Cronología

18 de julio de 1936 · Inicio de la sublevación militar

Llegan a Cabra noticias del golpe de Estado iniciado por una parte del Ejército.


19 de julio de 1936 · Triunfo de la sublevación

Francisco López Pastor proclama el bando de guerra, ocupa el Ayuntamiento y destituye al alcalde Francisco Rojas López.


Agosto de 1936 · Comienzo de los fusilamientos

Se inician las sacas de presos y las ejecuciones en el cementerio y las carreteras de Monturque y Lucena.


25 de agosto de 1936 · Fusilamiento en la carretera de Monturque

Diecisiete detenidos son ejecutados en uno de los episodios represivos más graves registrados en Cabra.


5 de septiembre de 1936 · Comisión Gestora

Se constituye la nueva corporación municipal presidida por Ángel Cruz Rueda.


29 de septiembre de 1936 · Ocupación de Nueva Carteya

Una columna procedente de Cabra y mandada por Francisco López Pastor participa en la ocupación de Nueva Carteya.


1937 · Centro de operaciones requeté

El Instituto Aguilar y Eslava aloja a la columna de requetés dirigida por Luis Redondo.


1937-1939 · Depuración del Magisterio

Ángel Cruz Rueda preside la Comisión Depuradora provincial encargada de investigar y sancionar al personal docente.


Agosto de 1938 · Campo de concentración

Se instala en la Plaza Vieja un campo para prisioneros, presentados y evadidos republicanos.


7 de noviembre de 1938 · Bombardeo de Cabra

Tres aviones republicanos Tupolev SB-2 bombardean la localidad, causando 109 muertos y más de doscientos heridos.


Marzo-abril de 1939 · Final de la guerra

El regreso de soldados y refugiados republicanos da lugar a nuevas detenciones, clasificaciones políticas y procedimientos militares.


2 de abril de 1939 · Clausura del campo de concentración

Abandonan el recinto de la Plaza Vieja los últimos treinta y seis prisioneros.


RelacionEntidad

Véase también

Referencias

  1. 1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5 1,6 Arcángel Bedmar,«Víctimas mortales de la represión franquista en Cabra durante la Guerra Civil y la posguerra», 12 de julio de 2017.Consultado el 9 de septiembre de 2026.
  2. 2,0 2,1 «Los bombardeos de Baena y Cabra de otoño de 1938», Ares, pp. 20-25 y 30-37. Enlace (consultado el 9 de septiembre de 2026).
  3. 3,0 3,1 3,2 3,3 3,4 «Lugares de la Memoria de Cabra», Ruta de la Memoria de Cabra.Consultado el 9 de septiembre de 2026.
  4. Arcángel Bedmar,«Capitán Francisco López Pastor».Consultado el 9 de septiembre de 2026.
  5. «Ángel Cruz Rueda», Cabra en el Recuerdo.Consultado el 9 de septiembre de 2026.
  6. Arcángel Bedmar,«Ángel Cruz Rueda y la depuración de maestros en Cabra durante la Guerra Civil», 18 de marzo de 2016.Consultado el 9 de septiembre de 2026.
  7. 7,0 7,1 «84.º aniversario del bombardeo de Cabra», Vestigios de la Guerra Civil desde la provincia de Córdoba, 7 de noviembre de 2022.Consultado el 9 de septiembre de 2026.
  8. «Bombardeo de Cabra», Virtual Spanish Civil War.Consultado el 9 de septiembre de 2026.
  9. Juan Miguel Baquero,«El bombardeo republicano de Cabra: la «Guernica del sur» que inventó el franquismo», elDiario.es, 6 de noviembre de 2020.Consultado el 9 de septiembre de 2026.

Bibliografía

  • Arrabal Maíz, Antonio Manuel. El bombardeo de Cabra: el Guernica de la Subbética. Málaga, Editorial Sarriá, 2012.
  • Barragán Moriana, Antonio. Control social y responsabilidades políticas: Córdoba, 1936-1945. Córdoba, El Páramo, 2009.
  • Fernández García, Julio R. «Los bombardeos de Baena y Cabra de otoño de 1938». Ares, números 26 y 27, 2012, páginas 20-25 y 30-37.
  • Hidalgo Luque, Patricio. La Guerra Civil en Córdoba: los bombardeos aéreos sobre la capital, 1936-1939. Córdoba, Almuzara, 2013.
  • Hidalgo Luque, Patricio. El ejército de las sombras. Espías y guerrilleros republicanos en Córdoba durante la Guerra Civil. Córdoba, Almuzara.
  • Moreno Gómez, Francisco. La Guerra Civil en Córdoba (1936-1939). Madrid, Alpuerto, 1985.
  • Moreno Gómez, Francisco. 1936: el genocidio franquista en Córdoba. Barcelona, Crítica, 2008.
  • Navarro López, Francisco. Campos de concentración de prisioneros, evadidos y batallones de trabajadores en la provincia de Córdoba (1938-1942).

Enlaces externos