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Hospital de la Sangre de Cristo

De Cordobapedia


El Hospital de la Sangre de Cristo, denominado en la documentación medieval Hospital de Jesucristo y conocido posteriormente como Hospital de los Locos o Casa de los Locos, fue una institución asistencial situada en el Realejo, dentro de la antigua collación de San Andrés, en Córdoba.

Fundado por el caballero cordobés Luis González de Luna, está documentado prestando asistencia al menos desde 1419 y constituye uno de los testimonios más tempranos conocidos de atención institucional a personas con trastornos mentales en la Corona de Castilla.[1]

No se trataba, sin embargo, de un hospital psiquiátrico en el sentido contemporáneo. Sus ordenanzas contemplaban conjuntamente la acogida de pobres enfermos y de personas descritas en el lenguaje de la época como «locos desfallecidos de seso natural», además de determinadas funciones de hospedería para pobres y peregrinos.[2]

El hospital poseía una capilla u oratorio dedicado a Jesucristo y posteriormente conocido bajo la advocación de la Sangre de Cristo. De aquel oratorio proceden dos excepcionales relieves ingleses de alabastro del siglo XV, conservados actualmente en el Museo Arqueológico de Córdoba.[3]

El edificio desapareció como establecimiento independiente durante el siglo XIX. Sus terrenos y varias casas pertenecientes a la institución fueron adquiridos por el propietario de la cercana Casa del Marqués de Santa Marta, quedando incorporados a la ampliación de esta residencia y de sus jardines.[4]

Denominaciones

La institución aparece bajo diferentes denominaciones a lo largo de su historia:

  • Hospital de Jesucristo, denominación utilizada en las ordenanzas medievales.
  • Hospital de la Sangre de Cristo o de la Sangre de Jesucristo.
  • Hospital de los Locos, por la función asistencial que llegó a caracterizarlo.
  • Casa de los Locos, denominación popular.
  • Hospital del Santo Cristo, expresión que aparece relacionada con su capilla.

La expresión Hospital de Jesucristo parece ser la más próxima a la denominación original de la fundación de Luis González de Luna.[1]

Fundación

Luis González de Luna

El fundador fue Luis González de Luna, miembro destacado de la oligarquía municipal cordobesa.

Teodomiro Ramírez de Arellano lo identifica como:

La institución se instaló en unas casas pertenecientes al propio fundador en la collación de San Andrés, dentro del entorno que posteriormente sería conocido como Realejo.

La familia González de Luna tuvo una importante presencia patrimonial en esta zona de la ciudad.

La fecha de 1419

La cronología del hospital ha generado cierta confusión en la historiografía local.

Teodomiro Ramírez de Arellano situó narrativamente su fundación en 1430.[4]

Sin embargo, el propio autor transcribió una inscripción procedente del antiguo sagrario de la capilla en la que se indicaba que en 1453 habían transcurrido 34 años desde la construcción del hospital. Este dato conduce a una fecha de aproximadamente 1419.

La investigación contemporánea ha adoptado precisamente esta cronología. En 1979, los historiadores de la medicina Luis García Ballester y Gerardo García González publicaron un estudio dedicado expresamente al Hospital de Jesucristo de Córdoba de 1419.[1]

También estudios posteriores sobre pobreza y asistencia medieval sitúan en 1419 el funcionamiento del Hospital de Jesucristo y lo incluyen entre los primeros establecimientos de la Corona de Castilla en los que se documenta una atención diferenciada a personas con alteraciones mentales.[2]

Por ello, puede considerarse que el establecimiento estaba en funcionamiento al menos desde 1419, aunque su organización jurídica y patrimonial definitiva se desarrolló durante décadas.

Ordenanzas de 1473

El 21 de junio de 1473 se formalizaron las ordenanzas que regulaban el funcionamiento del hospital.

Estas disposiciones permiten conocer con bastante precisión el carácter de la institución y muestran que no estaba dedicada exclusivamente a personas con trastornos mentales.

Entre sus principales disposiciones figuraban:

  • disponibilidad de aproximadamente veinte camas;
  • acogida de pobres enfermos;
  • atención específica a personas consideradas «locos» o «desfallecidos de seso»;
  • separación física entre los enfermos generales y aquellos con alteraciones mentales;
  • suministro de comida y bebida;
  • administración de los medicamentos necesarios;
  • atención por profesionales sanitarios;
  • mantenimiento de los enfermos hasta su curación o convalecencia;
  • alojamiento ocasional de peregrinos pobres;
  • existencia de una capilla;
  • establecimiento de un patronato hereditario encargado de administrar los bienes y rentas.[2][1]

Las ordenanzas muestran una concepción asistencial relativamente avanzada para el contexto medieval, pues los pacientes con trastornos mentales aparecen tratados como enfermos susceptibles de recibir cuidados, alimentación, medicamentos y vigilancia sanitaria.

Atención a las personas con enfermedad mental

El Hospital de Jesucristo constituye un episodio especialmente relevante dentro de la historia de la asistencia sanitaria cordobesa.

La documentación medieval distingue entre los pobres enfermos y las personas calificadas como «locos desfallecidos de seso natural». Estos últimos eran alojados en dependencias diferenciadas del establecimiento.[2]

El sistema no se limitaba al encierro. Las ordenanzas contemplaban alimentación, medicamentos y asistencia sanitaria, y establecían que los enfermos permanecieran en la institución durante el proceso de recuperación.

El hospital debe situarse dentro de un proceso más amplio de aparición de instituciones destinadas a la asistencia de personas con enfermedades mentales en los reinos peninsulares durante los siglos XIV y XV.[1]

Su relevancia radica especialmente en ser uno de los primeros establecimientos documentados de este tipo en la Corona de Castilla.

Consolidación de la fundación

En 1473, Luis González de Luna consolidó jurídicamente y dotó de bienes al hospital, estableciendo las normas que debían regirlo.

En 1476 incrementó nuevamente el patrimonio de la institución mediante un codicilo.[4]

Estas dotaciones tenían como finalidad garantizar económicamente:

  • la alimentación de los acogidos;
  • el mantenimiento del edificio;
  • la atención médica;
  • el culto en la capilla;
  • el personal necesario para el funcionamiento del establecimiento.

El sistema financiero se basaba principalmente en propiedades, rentas y donaciones.

Patronato familiar

El fundador dispuso que el gobierno de la institución permaneciera vinculado a sus descendientes.

Este modelo de patronato familiar era frecuente en los hospitales y fundaciones piadosas de la Baja Edad Media.

Con el paso de las generaciones, el patronato terminaría vinculado a familias nobiliarias relacionadas con los Luna.

Durante el siglo XIX, Teodomiro Ramírez de Arellano identificaba como patrono de la institución al Marqués de Alcañices.[4]

El cronista señaló además la existencia de desacuerdos entre el patronato y las instituciones públicas de Beneficencia acerca de la propiedad y finalidad del antiguo establecimiento.

La capilla de la Sangre de Cristo

El hospital dispuso desde su fundación de una capilla propia.

Su función era doble:

  • atender las necesidades religiosas de enfermos y personal;
  • servir como espacio funerario vinculado a la familia fundadora.

La capilla terminó siendo conocida bajo la advocación de la Sangre de Cristo, denominación que acabó extendiéndose al propio hospital.

Teodomiro Ramírez de Arellano afirmaba que Luis González de Luna había construido junto al hospital una iglesia bajo este título.[4]

Durante el siglo XIX, cuando la capilla había dejado ya de cumplir su función original, parte de sus pinturas fueron remitidas al patrono y el espacio llegó a utilizarse como granero.[4]

Relieves ingleses de alabastro

Uno de los testimonios materiales más importantes conservados del antiguo hospital son dos relieves de alabastro inglés del siglo XV.

Las piezas formaban parte del oratorio del Hospital de la Sangre y actualmente pertenecen a las colecciones del Museo Arqueológico de Córdoba.[3]

Cada relieve mide aproximadamente 56 centímetros de altura por 27 de anchura y conserva restos de policromía.

Representan dos escenas del ciclo de Cristo:

  • el Nacimiento de Cristo;
  • la Resurrección de Cristo.[3]

Fueron realizados en talleres ingleses relacionados con los importantes centros productores de Londres, York o Nottingham.

Durante los siglos XIV y XV este tipo de relieves se exportó ampliamente desde Inglaterra hacia otros territorios europeos, especialmente para su utilización en pequeños retablos y trípticos.

Su presencia en Córdoba constituye un testimonio de las relaciones comerciales y artísticas existentes entre Castilla e Inglaterra durante la Baja Edad Media.[3]

Ingreso en el Museo Arqueológico

En 1867, un vecino de Córdoba donó los dos relieves al recién creado Museo Arqueológico de Córdoba.[3]

Las piezas acompañaron posteriormente al museo en sus diferentes sedes y llegaron a exponerse en el Palacio de los Páez de Castillejo.

Son uno de los escasos testimonios artísticos identificados con certeza como procedentes del desaparecido Hospital de la Sangre del Realejo.

La tradición del crucifijo de la Sangre

Alrededor del origen de la advocación se desarrolló una leyenda que Teodomiro Ramírez de Arellano recogió en el siglo XIX, aunque el propio historiador rechazó su historicidad.[4]

Según esta tradición, durante un Jueves Santo del primer tercio del siglo XV varias personas habrían oído lamentos procedentes de una vivienda.

Al entrar en ella se habría descubierto a cuatro hombres golpeando un crucifijo, del que milagrosamente habría brotado sangre.

El crucifijo habría sido trasladado posteriormente a la Catedral y más tarde a San Andrés, hasta quedar asociado a la fundación del hospital.

Ramírez de Arellano advirtió expresamente que la historia contenía elementos anacrónicos y señaló que la documentación fundacional no mencionaba el supuesto milagro. Entre otras inconsistencias, la leyenda hacía intervenir al Tribunal de la Inquisición en una época en la que todavía no estaba establecido en Córdoba.[4]

Debe considerarse, por tanto, una tradición devocional posterior y no un episodio histórico demostrado.

El hospital en el siglo XVI

El establecimiento continuó funcionando durante el siglo XVI.

La existencia de la capilla está documentada, entre otros testimonios, por un episodio protagonizado por Luisa de Luna.

El 8 de abril de 1557, Luisa de Luna acudió a la capilla del hospital, donde realizó ante escribano una declaración jurada relacionada con el reconocimiento de un hijo natural.[4]

El episodio confirma tanto la continuidad de la institución como la estrecha relación que la familia Luna seguía manteniendo con ella.

A mediados del siglo XVI, otro miembro de la familia, también llamado Luis de Luna, aparece relacionado con actuaciones de ampliación y mejora del establecimiento.[5]

Decadencia

Con el paso del tiempo, la institución fue perdiendo parte de su función original.

El patronato permaneció vinculado a los descendientes del fundador y terminó en manos del Marqués de Alcañices.

En el siglo XIX existieron disputas acerca de la titularidad y el destino de los bienes. Ramírez de Arellano aseguraba que la Beneficencia había intentado reclamar el establecimiento sin conseguir incorporarlo a sus dependencias.[4]

Para entonces la antigua capilla había dejado ya de utilizarse como espacio religioso y había llegado a ser transformada en granero.

Desaparición del edificio

Cuando Teodomiro Ramírez de Arellano describió el barrio de San Andrés en la década de 1870, el antiguo hospital todavía era reconocible, aunque se encontraba próximo a desaparecer.

El historiador escribió que el edificio iba a convertirse en parte del jardín de la Casa del Marqués de Santa Marta.[4]

El propietario de esta casa había adquirido al Marqués de Alcañices:

  • el antiguo Hospital de los Locos;
  • otras tres casas pertenecientes a la institución.[4]

La operación permitió ampliar considerablemente la residencia y su jardín.

De este modo, el antiguo hospital acabó integrado en la gran propiedad conocida como Casa del Marqués de Santa Marta o Casa de los Guzmanes, situada actualmente en el número 7 de la calle del Realejo.

No se conserva hoy el Hospital de la Sangre como edificio independiente.

Importancia histórica

La importancia del Hospital de Jesucristo supera el ámbito estrictamente local.

El establecimiento constituye uno de los primeros ejemplos documentados de atención organizada a personas con trastornos mentales en la España bajomedieval.

Los historiadores Luis García Ballester y Gerardo García González lo estudiaron específicamente como ejemplo de asistencia a los denominados entonces locos y desfallecidos de seso en la Córdoba medieval.[1]

Estudios posteriores lo sitúan junto a las primeras experiencias hospitalarias especializadas desarrolladas en la península ibérica durante las primeras décadas del siglo XV.[2]

Su singularidad reside en varios elementos:

  • la temprana cronología, documentada desde 1419;
  • la existencia de normas específicas para personas con enfermedades mentales;
  • la separación de estos enfermos del resto de acogidos;
  • la previsión de tratamiento médico;
  • la dotación patrimonial estable;
  • la existencia de una capilla propia;
  • la conservación de parte de su antiguo patrimonio artístico.

No confundir con el Hospital de la Preciosa Sangre de Cristo

El Hospital de la Sangre de Cristo del Realejo no debe confundirse con otro establecimiento cordobés denominado Hospital de la Preciosa Sangre de Cristo o Hospital de la Dulce Sangre.

Este segundo hospital estuvo situado en la antigua calle de la Zapatería, en el ámbito de la actual calle Alfonso XIII, dentro de la antigua collación del Salvador y Santo Domingo de Silos.

Su origen, funciones y patronazgo fueron completamente diferentes.[6]

Esta coincidencia de advocaciones ha provocado ocasionalmente confusiones entre ambas instituciones.

Cronología

1419 · Hospital de Jesucristo

La investigación histórica documenta desde este año el funcionamiento en Córdoba del Hospital de Jesucristo, fundado por Luis González de Luna y dedicado a la atención de pobres enfermos y personas con trastornos mentales.[1][2]


1453 · Inscripción del sagrario

Una inscripción posteriormente transcrita por Teodomiro Ramírez de Arellano indicaba que habían transcurrido 34 años desde la construcción del hospital, dato coherente con una fundación alrededor de 1419.[4]


21 de junio de 1473 · Ordenanzas del hospital

Se formalizan las ordenanzas que regulan la atención de pobres, enfermos y personas descritas como «locos desfallecidos de seso natural», así como el gobierno y financiación de la institución.[1]


1476 · Ampliación de la dotación

Luis González de Luna incrementa mediante codicilo los bienes destinados al mantenimiento del hospital.[4]


8 de abril de 1557 · Luisa de Luna en la capilla

Luisa de Luna realiza una declaración jurada ante escribano en la capilla del Hospital de la Sangre de Cristo, testimonio de la continuidad de la institución durante el siglo XVI.[4]


1867 · Relieves al Museo Arqueológico

Un vecino de Córdoba dona al Museo Arqueológico de Córdoba dos relieves ingleses de alabastro del siglo XV procedentes del oratorio del hospital.[3]


Década de 1870 · Desaparición del hospital

El Marqués de Santa Marta adquiere al Marqués de Alcañices el antiguo hospital y tres casas pertenecientes a la fundación para incorporarlos a su residencia y jardines del Realejo.[4]


Relaciones

Véase también

Referencias

  1. ↑ 1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5 1,6 1,7 1,8 Luis García Ballester y Gerardo García González, "Nota sobre la asistencia a los locos y «desfallecidos de seso» en la Córdoba medieval: el Hospital de Jesucristo (1419)", Asclepio, vol. 30-31, 1978-1979, https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/11628427/. Consultado el 3 de octubre de 2026.
  2. ↑ 2,0 2,1 2,2 2,3 2,4 2,5 José Rodríguez Molina, "La pobreza como marginación y delito", Los marginados en el mundo medieval y moderno, Instituto de Estudios Almerienses, 2000, https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2241852. Consultado el 3 de octubre de 2026.
  3. ↑ 3,0 3,1 3,2 3,3 3,4 3,5 3,6 Museo Arqueológico de Córdoba, "Relieves de alabastro ingleses", Museos de Andalucía, sin fecha, https://www.museosdeandalucia.es/inicio?_101_assetEntryId=73811683&_101_groupId=1971654&_101_returnToFullPageURL=https%3A%2F%2Fwww.museosdeandalucia.es%2Finicio&_101_struts_action=%2Fasset_publisher%2Fview_content&_101_type=content&_101_urlTitle=relieves-de-alabastro-ingleses. Consultado el 3 de octubre de 2026.
  4. ↑ 4,00 4,01 4,02 4,03 4,04 4,05 4,06 4,07 4,08 4,09 4,10 4,11 4,12 4,13 4,14 4,15 4,16 4,17 4,18 4,19 4,20 4,21 4,22 Teodomiro Ramírez de Arellano, "Paseo por el barrio de San Andrés", Paseos por Córdoba, 1873-1877, https://biblioteca.cordoba.es/index.php/biblio-digital/paseos-cordoba-arellano/3937-paseo-barrio-andres.html. Consultado el 3 de octubre de 2026.
  5. ↑ Juan Luque Carrillo, "Noticias sobre la construcción del mausoleo de don Juan de Montemayor en la iglesia de San Andrés de Córdoba", Ars Bilduma, número 15, 2025, https://addi.ehu.es/bitstream/handle/10810/77120/Juan%2BLuque%2BCarrillo.pdf. Consultado el 3 de octubre de 2026.
  6. ↑ Teodomiro Ramírez de Arellano, "Paseo por el barrio del Salvador y Santo Domingo de Silos", Paseos por Córdoba, 1873-1877, https://biblioteca.cordoba.es/index.php/biblio-digital/paseos-cordoba-arellano/3950-10-paseo-barrio-salvador-santo-domingo.pdf. Consultado el 3 de octubre de 2026.