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General José Miaja, organizador de la columna republicana enviada sobre Córdoba.

La Ofensiva de Córdoba de 1936, conocida también como asalto republicano a Córdoba o tradicionalmente como ofensiva de la Columna Miaja, fue el principal intento realizado por las fuerzas leales al Gobierno de la República para conquistar Córdoba durante los primeros meses de la Guerra Civil. Las operaciones decisivas se desarrollaron entre los días 20 y 22 de agosto de 1936, aunque estuvieron precedidas por movimientos de tropas y una intensa campaña de bombardeos aéreos sobre la capital.[1][2]

La operación pretendía envolver Córdoba desde varios sectores mediante una fuerza heterogénea integrada por unidades regulares, artillería, ametralladoras, guardias civiles y milicias procedentes de Córdoba, Jaén, Levante y Cartagena. El ataque se organizó desde el cuartel general republicano establecido en Montoro y tuvo como principales escenarios Cerro Muriano, Los Pradillos, Puente Mocho, Alcolea, Torres Cabrera y los accesos meridionales a la ciudad.

Pese a que las fuerzas atacantes eran superiores en número a la guarnición que defendía inicialmente Córdoba, la ofensiva fracasó. La falta de coordinación entre las distintas agrupaciones, la desigual preparación de las unidades, las dificultades impuestas por el terreno y los cursos fluviales y, especialmente, la intervención de la aviación del bando sublevado impidieron que las columnas republicanas llegaran a penetrar en la capital.[3]

El fracaso tuvo una importancia que superó el ámbito local. Córdoba dejó de encontrarse bajo una amenaza inmediata y las fuerzas sublevadas recuperaron progresivamente la iniciativa en la provincia. Durante septiembre avanzaron sobre Cerro Muriano, Espejo y otros puntos del frente, y a finales de 1936 la llamada Campaña de la Aceituna extendió considerablemente el territorio controlado desde Córdoba hacia la Campiña y el valle del Guadalquivir.

Antecedentes

La sublevación del 18 de julio en Córdoba

El 18 de julio de 1936, el coronel Ciriaco Cascajo, jefe del Regimiento de Artillería Pesada número 1 y comandante militar de Córdoba, se sumó a la sublevación contra el Gobierno de la República. Las tropas salieron del cuartel y ocuparon los principales puntos estratégicos de la ciudad.

Las autoridades republicanas, algunos miembros de las fuerzas de seguridad y militantes de organizaciones obreras intentaron resistir, concentrándose parte de ellos en el Gobierno Civil. La resistencia fue finalmente reducida mediante el empleo de la artillería y aquella misma noche los sublevados controlaban los principales centros de poder de la capital.[4]

El triunfo de la sublevación en Córdoba no significó, sin embargo, el control de toda la provincia. Durante las siguientes semanas se configuró una geografía militar extremadamente fragmentada. Una parte de los municipios permaneció bajo control republicano, otros quedaron en manos de los sublevados y numerosos núcleos cambiaron de bando durante las operaciones de julio y agosto.

La propia capital quedó durante los primeros días en una situación militar delicada. Las fuerzas disponibles eran reducidas y las comunicaciones con otras zonas dominadas por los sublevados todavía no estaban plenamente aseguradas.[5]

Llegada de la columna republicana

El Gobierno republicano organizó a finales de julio una importante fuerza destinada al frente andaluz bajo la dirección del general José Miaja. La columna avanzó desde el este y el 28 de julio estableció su centro de operaciones en Montoro, localidad que se convirtió durante las semanas siguientes en uno de los principales centros militares republicanos del frente cordobés.[6]

Miaja intentó inicialmente obtener la rendición de Córdoba sin necesidad de un gran asalto, manteniendo contactos con el coronel Cascajo. Al no conseguirlo, las operaciones republicanas se orientaron temporalmente hacia el norte de la provincia.

Durante la primera quincena de agosto las fuerzas republicanas recuperaron o aseguraron varias poblaciones de la Sierra y de Los Pedroches, entre ellas Adamuz, Belalcázar, Villanueva del Duque y Pozoblanco. La rendición de las fuerzas sublevadas de Pozoblanco, el 15 de agosto, dejó al Gobierno republicano en una situación aparentemente favorable para volver a concentrar sus esfuerzos sobre Córdoba.[7]

La capital constituía un objetivo de gran valor estratégico. Su posesión permitía controlar uno de los principales nudos ferroviarios y de carreteras de Andalucía y habría amenazado las comunicaciones entre las zonas sublevadas de Andalucía occidental y oriental, además de ejercer una fuerte presión sobre Sevilla.

Miaja y Bernal: el problema del mando

General José Miaja.

La denominación tradicional de Columna Miaja puede inducir a pensar que José Miaja dirigió personalmente todas las operaciones de los días 20 a 22 de agosto. La documentación conocida permite introducir algunos matices.

Miaja había sido el organizador y primer jefe de las fuerzas enviadas hacia Córdoba y bajo su dirección se habían realizado las operaciones de finales de julio y comienzos de agosto. Sin embargo, diversas investigaciones sitúan su salida del frente cordobés durante la primera quincena de agosto, quedando al frente de la columna el comandante de Estado Mayor Juan Bernal Segura.[8]

El Archivo General Militar de Ávila conserva documentación bajo la denominación «Columna Bernal. 1936», y las investigaciones sobre las milicias procedentes de Jaén han señalado que durante agosto empieza a aparecer esta denominación en documentos oficiales.[9]

Por ello, aunque la operación continuó siendo conocida historiográficamente como ofensiva de Miaja y el plan había sido concebido durante su jefatura, debe distinguirse entre la responsabilidad de Miaja en la organización general de las fuerzas y la dirección inmediata de algunas operaciones desarrolladas cuando Bernal ya desempeñaba funciones de mando.

La propia cronología del relevo presenta diferencias entre los autores, por lo que no resulta prudente atribuir exclusivamente a uno u otro todas las decisiones tácticas tomadas durante los días de la ofensiva.

Fuerzas republicanas

Las cifras de efectivos varían según las fuentes. El conjunto de fuerzas concentradas en el sector cordobés era superior al número de hombres destinados finalmente al asalto. Una estimación utilizada frecuentemente sitúa en torno a 3.000 los componentes de la columna, distribuidos entre unidades de ataque, guarniciones y reservas. Para la operación directa contra Córdoba habrían sido seleccionados aproximadamente 2.300 hombres.[10][11]

No se trataba de un ejército homogéneo. Junto a soldados profesionales había unidades procedentes de la Base Naval de Cartagena, artilleros de Murcia y Valencia, ametralladores del Levante, carabineros, guardias civiles que habían permanecido inicialmente leales al Gobierno y numerosas milicias organizadas por partidos políticos y sindicatos.

Esta composición constituía una de las principales características de la llamada guerra de columnas del verano de 1936. Las fuerzas republicanas combinaban unidades militares regulares con grupos de voluntarios de preparación, disciplina, armamento y experiencia muy desiguales.[12]

Agrupación Armentia

La agrupación destinada al sector norte estaba dirigida por el comandante de artillería Gerardo Armentia Palacios. Contaba con fuerzas regulares, artillería ligera y numerosos milicianos procedentes de la zona minera de Peñarroya-Pueblonuevo y de Los Pedroches.

Entre las unidades que operaban en aquel sector figuraban el Batallón del Terrible y el Batallón Bautista Garcet, formado principalmente en Villanueva de Córdoba y denominado así en memoria del diputado comunista cordobés Bautista Garcet, fusilado en Córdoba pocas semanas antes.

Estas fuerzas habían participado en las operaciones desarrolladas en el norte de la provincia y disponían, por tanto, de una experiencia de combate superior a la de otras milicias movilizadas durante las primeras semanas de la guerra.

Su misión consistía en avanzar desde el sector de Cerro Muriano y aproximarse a Córdoba por las estribaciones de Sierra Morena.

Agrupación Balibrea

El comandante de infantería José Balibrea Vera dirigía otra de las agrupaciones regulares. Disponía de compañías de fusileros, una sección de ametralladoras y artillería ligera.

Su objetivo era avanzar desde la zona de Villafranca de Córdoba hacia el estratégico Puente Mocho, sobre el Guadalmellato, y abrir el camino hacia Alcolea y Córdoba.

La posición constituía uno de los puntos esenciales de toda la operación. Mientras el sector de la sierra ofrecía numerosos caminos de aproximación, en la zona oriental el avance estaba condicionado por los cursos de agua y los puentes existentes.

Agrupación Peris

La agrupación mandada por Alejandro Peris, diputado socialista y uno de los dirigentes políticos de las milicias de Jaén, estaba integrada fundamentalmente por voluntarios jiennenses.

Las fuentes sitúan sus efectivos en varios centenares de hombres, frecuentemente alrededor de 700 o 750, pero con un armamento relativamente limitado en relación con su tamaño.

Debía avanzar desde el sector de El Carpio y la carretera de Bujalance en dirección a Alcolea, coordinándose con las fuerzas de Balibrea.

Agrupación Pérez Salas

El comandante Joaquín Pérez Salas dirigía la fuerza que debía realizar uno de los movimientos más importantes de la ofensiva desde el sur.

En ella se integraban soldados regulares, ametralladoras procedentes de Castellón, baterías de artillería ligera de Valencia, milicianos de la CNT procedentes de Alcoy, las Milicias Ramón Casanellas organizadas en Espejo y miembros de la Guardia Civil que continuaban encuadrados en las fuerzas republicanas.

La columna debía avanzar desde Espejo por la Campiña, superar Torres Cabrera y aproximarse al Guadalquivir por los accesos meridionales de Córdoba.

Agrupación Viqueira

El comandante de caballería Cándido Viqueira Fullós mandaba una fuerza de menor tamaño que debía actuar en coordinación con Pérez Salas, protegiendo uno de sus flancos y facilitando el movimiento de la principal columna del sur.

Reserva

Otras fuerzas permanecieron en retaguardia y en localidades próximas. Entre sus mandos figuraba el comandante Carlos García Vallejo, que disponía de unidades susceptibles de apoyar el avance del sector oriental.

Las fuerzas defensoras de Córdoba

Frente a la superioridad numérica republicana, Córdoba contaba inicialmente con una guarnición relativamente reducida. El mando militar permanecía en manos del coronel Ciriaco Cascajo.

La defensa se apoyaba fundamentalmente en el Regimiento de Artillería Pesada número 1, fuerzas de la Guardia Civil, unidades de seguridad y grupos de voluntarios movilizados tras la sublevación, entre ellos falangistas y miembros del denominado Batallón de Voluntarios de Córdoba.

Los accesos principales fueron progresivamente fortificados. Alcolea, Puente Mocho, los accesos de la carretera de Madrid, Cerro Muriano y los puentes sobre el Guadalquivir constituían puntos especialmente sensibles.

Durante agosto fueron llegando además unidades y medios procedentes de otros territorios controlados por los sublevados, incluidas tropas del Ejército de África.

La diferencia fundamental apareció en el aire. La Base de Tablada en Sevilla permitía al mando sublevado proyectar rápidamente sobre Córdoba aparatos de reconocimiento, caza y bombardeo. Entre los aviones empleados se encontraban trimotores italianos Savoia-Marchetti S.M.81, cuya intervención desempeñaría un papel decisivo durante la ofensiva.

El plan de ataque

Croquis de la ofensiva republicana sobre Córdoba.

El plan concebía un amplio movimiento convergente sobre Córdoba.

En lugar de concentrar toda la fuerza en un único punto, las agrupaciones debían avanzar simultáneamente desde distintos sectores para obligar a la pequeña guarnición a dispersar sus efectivos.

El sector norte debía avanzar desde Cerro Muriano, Los Pradillos y los caminos de Sierra Morena.

El sector oriental debía romper las defensas de Puente Mocho y Alcolea, abriendo la carretera de Madrid hacia Córdoba.

El sector sur debía progresar desde Espejo a través de Torres Cabrera, aproximarse al Guadalquivir y amenazar los accesos del Puente Romano y el vado de Casillas.

La aviación republicana debía colaborar con las fuerzas terrestres. La orden de operaciones contemplaba bombardear Córdoba y las zonas de los puentes de Alcolea y Mocho durante las primeras horas de la jornada prevista para el ataque.[13]

Sobre el papel, la operación podía obligar a los defensores a combatir simultáneamente al norte, este y sur.

En la práctica, la sincronización necesaria entre agrupaciones separadas por decenas de kilómetros, con comunicaciones deficientes y niveles muy distintos de preparación, resultó extremadamente difícil.

Los bombardeos previos sobre Córdoba

La ofensiva terrestre estuvo precedida por una importante actividad aérea republicana.

Córdoba ya había sufrido incursiones desde finales de julio y comienzos de agosto, pero los ataques se intensificaron durante los días inmediatamente anteriores a la ofensiva.

El 17 de agosto se produjeron dos bombardeos sobre distintos puntos de la ciudad. Uno de los lugares alcanzados fue el entorno de la Iglesia del Juramento de San Rafael, hecho que adquirió posteriormente una notable importancia en la propaganda y memoria local de la guerra.

La investigación realizada por Patricio Hidalgo Luque mediante prensa contemporánea, registros civiles, libros de cementerios y documentación archivística ha podido confirmar al menos 33 muertos en las incursiones del día 17, aunque la cifra completa resulta difícil de establecer. De las víctimas identificadas por este investigador, diez eran niños.[14]

El 19 de agosto hubo otras dos incursiones y el día 20 de agosto, coincidiendo con el comienzo del ataque terrestre, se produjeron nuevos bombardeos durante la mañana y la tarde.

Los objetivos militares, los cuarteles, las comunicaciones y los puentes formaban parte de la planificación aérea, pero las bombas también alcanzaron viviendas, establecimientos sanitarios y numerosos edificios alejados de objetivos estrictamente militares.

La utilización de la aviación sobre la ciudad tuvo una doble consecuencia. Por un lado debía facilitar la ofensiva terrestre; por otro, produjo numerosas víctimas civiles y alimentó en la zona sublevada una intensa campaña propagandística y represiva.

Desarrollo de la ofensiva

20 de agosto: avance por el sur

El movimiento más espectacular del día 20 de agosto fue el protagonizado por la agrupación de Joaquín Pérez Salas.

La columna se desplazó desde la zona controlada por los republicanos a través de Bujalance, Castro del Río y Espejo, iniciando desde esta última población la aproximación hacia Córdoba.

El terreno entre Espejo y la capital ofrecía escasa protección frente a la observación aérea. Al aproximarse a Torres Cabrera, las fuerzas fueron localizadas desde el aire.

Una primera intervención aérea produjo alarma entre la columna y posteriormente varios aparatos procedentes de Tablada atacaron la concentración de soldados, vehículos y piezas de artillería.

La aparición de los trimotores Savoia-Marchetti tuvo un fuerte efecto material y psicológico. Parte de los milicianos se dispersó y la columna perdió cohesión. Vehículos, artillería y tropas quedaron expuestos en terreno abierto.

Algunos efectivos consiguieron reagruparse, pero el impulso necesario para llegar a Córdoba se había perdido.

El fracaso de este movimiento fue decisivo, porque la agrupación de Pérez Salas constituía una de las principales fuerzas de la operación.

20 de agosto: combates en Los Pradillos y Los Villares

Tradicionalmente se ha presentado el sector norte como una agrupación que simplemente avanzó hasta las proximidades de Córdoba y permaneció inactiva esperando órdenes.

Las investigaciones locales permiten ofrecer una imagen más compleja.

Durante la mañana del día 20 se produjeron combates en los sectores de Los Pradillos y Los Villares. Una posición defensiva situada en Los Pradillos fue atacada por fuerzas republicanas superiores en número y sus defensores tuvieron que replegarse hacia la finca denominada La Concepción.[15]

Algunos milicianos consiguieron alcanzar incluso las proximidades del Santuario de Nuestra Señora de Linares, lo que demuestra hasta qué punto las fuerzas republicanas habían penetrado por este sector.

La llegada de refuerzos procedentes de Córdoba permitió estabilizar la situación y los atacantes volvieron hacia las posiciones de Cerro Muriano.

La agrupación septentrional llegó, no obstante, a quedar situada a pocos kilómetros de la capital.

21 de agosto: Puente Mocho

El combate más importante del sector oriental tuvo lugar en torno al Puente Mocho.

Las fuerzas de Balibrea debían superar esta posición para abrir la carretera hacia Córdoba y permitir que la presión procedente de Alcolea se coordinara con el resto del ataque.

La preparación artillera no consiguió desarticular la defensa.

En la zona se encontraban fuerzas sublevadas reforzadas con tropas procedentes del Ejército de África. La resistencia impidió a Balibrea franquear el paso y convirtió Puente Mocho en uno de los principales puntos de bloqueo de toda la ofensiva.

Las milicias de Alejandro Peris, que debían operar en coordinación con este avance y aproximarse a Alcolea, tampoco consiguieron convertir su superioridad numérica en una ruptura del frente.

El fracaso del sector oriental dejó intacta la principal vía de acceso desde la carretera de Madrid.

La batalla aérea

Mientras la aviación republicana bombardeaba Córdoba, las columnas terrestres no recibieron un apoyo aéreo cercano suficiente para neutralizar a los aparatos enemigos que actuaban directamente sobre ellas.

Esta diferencia resulta fundamental para comprender el desarrollo de la operación.

Un informe posterior del Estado Mayor republicano reconoció que la cooperación aérea prevista no había podido realizarse de la forma esperada y que los trimotores enemigos habían castigado especialmente a las fuerzas del sector sur, contribuyendo a la decisión de ordenar el repliegue.[16]

El 21 de agosto fueron enviados cazas republicanos adicionales al aeródromo de Andújar, pero para entonces el momento crítico de la ofensiva terrestre ya había pasado.

Por parte sublevada, durante esos días se reforzó igualmente la defensa aérea de Córdoba mediante cazas y medios antiaéreos.

La ofensiva demuestra así una paradoja: la República pudo realizar una importante campaña de bombardeo sobre Córdoba, pero no logró ejercer la superioridad aérea táctica que necesitaban sus fuerzas terrestres en los puntos decisivos de Torres Cabrera, Alcolea y Puente Mocho.

22 de agosto: final de la operación

Durante el 22 de agosto continuaron algunas acciones, intercambios de fuego y bombardeos sobre las posiciones próximas a Córdoba, pero la posibilidad de ocupar la capital había desaparecido.

El movimiento meridional se encontraba desarticulado, Balibrea no había conseguido romper la defensa de Puente Mocho y la agrupación septentrional carecía de apoyo suficiente para intentar por sí sola penetrar en Córdoba.

Las unidades fueron regresando progresivamente hacia sus bases o adoptando posiciones defensivas.

La gran operación envolvente había terminado sin que ninguna de las columnas consiguiera alcanzar el casco urbano.

El episodio del capitán Reparaz

Uno de los elementos que aumentó la desconfianza dentro del dispositivo republicano fue la actitud de parte de los miembros de la Guardia Civil incorporados a la columna.

El capitán Reparaz había participado en la organización de los guardias civiles que operaban junto a las fuerzas republicanas. Durante los días de la ofensiva existían dudas sobre la fidelidad de algunos de estos efectivos.

Pocos días después del ataque, alrededor de doscientos guardias civiles abandonaron las líneas republicanas y pasaron al territorio controlado por los sublevados.

Las fuentes presentan diferencias respecto a la fecha exacta del episodio, situándolo entre los días inmediatamente posteriores al asalto, pero coinciden en su trascendencia.

La defección confirmó los temores existentes en el mando republicano y tuvo además importantes consecuencias sobre la situación de los guardias civiles concentrados en el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, cuya lealtad comenzó a ponerse en duda.

No parece correcto, sin embargo, explicar exclusivamente mediante la posible defección de los guardias civiles la orden de retirada del día 20. La actuación de la aviación enemiga y la desorganización producida en el sector sur están mucho mejor documentadas como causas inmediatas del repliegue.

Causas del fracaso

El fracaso de la ofensiva no puede atribuirse a un único factor.

Falta de simultaneidad

El plan dependía de que los ataques desde la sierra, Alcolea y la Campiña coincidieran en el tiempo.

Esto no ocurrió.

Cuando determinadas agrupaciones se encontraban en condiciones de presionar sobre Córdoba, otras estaban detenidas, reorganizándose o todavía no habían conseguido alcanzar sus objetivos.

La guarnición pudo por ello mover refuerzos entre distintos sectores sin enfrentarse simultáneamente a toda la fuerza republicana.

Superioridad aérea táctica de los sublevados

La aviación resultó especialmente efectiva contra las columnas que avanzaban por terreno abierto.

La agrupación de Pérez Salas reunía hombres, camiones, artillería y municiones en una zona con muy poca protección natural. Los bombarderos procedentes de Sevilla pudieron atacarla repetidamente y convertir una formación ofensiva en una fuerza dispersa.

La aviación republicana realizó numerosas misiones sobre Córdoba, pero no consiguió impedir estos ataques ni proporcionar de forma continuada protección a sus propias fuerzas.

Dificultades del terreno

La elección de varios ejes de ataque obligaba a superar obstáculos importantes.

El Guadalquivir y otros cursos de agua convertían los puentes en embudos naturales. Puente Mocho, Alcolea, el Puente Romano y los posibles vados podían ser defendidos con fuerzas relativamente pequeñas.

Por el contrario, Sierra Morena ofrecía al norte un terreno más favorable para la infiltración y dificultaba la actuación de la aviación.

Esta circunstancia llevó posteriormente a diversos autores a considerar que el esfuerzo principal debería haber sido concentrado precisamente en el sector de Cerro Muriano y la sierra, en lugar de confiar buena parte de la operación al avance por la Campiña.[17]

Heterogeneidad de las fuerzas republicanas

Las agrupaciones mezclaban oficiales y soldados profesionales con milicianos que llevaban pocas semanas, e incluso pocos días, de instrucción.

La reacción ante los bombardeos fue por ello muy distinta de una unidad a otra.

Algunas fuerzas mantuvieron sus posiciones y pudieron reorganizarse, mientras que otras se dispersaron rápidamente.

Estas dificultades fueron comunes a buena parte de las fuerzas republicanas durante los primeros meses de la guerra y explican el posterior esfuerzo del Gobierno por transformar las columnas de milicianos en unidades regulares del Ejército Popular de la República.

Refuerzo progresivo de Córdoba

El tiempo transcurrido entre la llegada de la columna republicana a finales de julio y el ataque de agosto permitió a los sublevados reforzar posiciones, asegurar comunicaciones y recibir unidades de mayor capacidad militar.

La Córdoba amenazada a finales de julio no era exactamente la misma que se enfrentó al asalto tres semanas después.

Inestabilidad del mando

La transición entre el mando de Miaja y el de Bernal, las comunicaciones entre las distintas agrupaciones y la autonomía práctica de varios jefes contribuyeron también a dificultar una operación que requería una dirección muy centralizada.

La historiografía ha atribuido tradicionalmente buena parte de la responsabilidad a la indecisión de Miaja. Sin embargo, el conocimiento posterior sobre el papel de Juan Bernal Segura aconseja evitar una interpretación excesivamente personalista.

Córdoba bajo los bombardeos

La población civil experimentó la ofensiva fundamentalmente a través de las alarmas y los bombardeos.

Entre el 17 y el 23 de agosto la capital sufrió una sucesión de incursiones aéreas que convirtió aquellos días en uno de los períodos más intensos de la guerra aérea sobre Córdoba.

Los ataques alcanzaron numerosos barrios y calles y provocaron muertos, heridos y daños en viviendas y edificios públicos y religiosos.

La investigación de los registros civiles y de los cementerios resulta especialmente difícil para agosto de 1936 debido al caos administrativo y a la existencia de víctimas que no fueron inscritas correctamente.

Los estudios realizados permiten, no obstante, documentar decenas de fallecidos durante los bombardeos inmediatamente anteriores y simultáneos a la ofensiva.[18]

Uno de los bombardeos más graves fue el del 17 de agosto, en el que murieron numerosos civiles.

El día 19 volvieron a producirse víctimas y el propio día 20 hubo tres incursiones sobre la ciudad.

La repetición de los ataques provocó que muchos cordobeses buscaran refugio en sótanos, edificios considerados seguros y refugios improvisados.

Antonio Jaén Morente y la propaganda sobre los bombardeos

En Córdoba se extendió rápidamente la acusación de que el diputado republicano Antonio Jaén Morente había proporcionado a la aviación información sobre los objetivos que debían ser bombardeados.

La Comisión Gestora Municipal llegó a declararlo «Hijo Maldito de Córdoba» el 17 de agosto de 1936.

La acusación estuvo relacionada con unas declaraciones realizadas por Jaén desde Radio Jaén a finales de julio, en las que había amenazado con intensificar los bombardeos si las fuerzas sublevadas no entregaban la ciudad.

Sin embargo, la existencia de aquellas declaraciones no demuestra que Jaén participara personalmente en la selección de los objetivos aéreos. La identificación del político cordobés como responsable directo formó parte también de la propaganda desarrollada por las nuevas autoridades.[19]

Represión durante los días de la ofensiva

La represión de las personas consideradas vinculadas a la República y al Frente Popular había comenzado en Córdoba inmediatamente después del triunfo de la sublevación del 18 de julio y no fue una consecuencia originada exclusivamente por la ofensiva de agosto.

Sin embargo, los bombardeos y la amenaza de un ataque terrestre coincidieron con un incremento de las ejecuciones.

El aparato represivo estaba relacionado con la autoridad militar de Ciriaco Cascajo y con la Jefatura de Orden Público, en la que adquirió especial protagonismo el oficial de la Guardia Civil Bruno Ibáñez Gálvez, conocido como Don Bruno.

La documentación de la Prisión Provincial permite comprobar la existencia de sacas de detenidos durante aquellos días, incluida una el propio 20 de agosto de 1936.[20]

Resulta por ello conveniente separar dos fenómenos diferentes pero temporalmente relacionados: la operación militar republicana contra la ciudad y una represión que ya se encontraba en marcha desde julio y que se intensificó durante el período de bombardeos y máxima amenaza militar.

Consecuencias militares

El resultado más inmediato fue la desaparición de la posibilidad de una conquista rápida de Córdoba.

Las fuerzas republicanas conservaron importantes posiciones al norte y este de la provincia, pero ya no volverían a organizar durante la guerra una operación de características semejantes contra la capital.

El frente tampoco quedó estabilizado inmediatamente.

Durante los últimos días de agosto y comienzos de septiembre las fuerzas situadas al norte de Córdoba continuaban representando una amenaza.

El 5 de septiembre comenzó una ofensiva sublevada sobre el sector de Cerro Muriano, Los Villares y las posiciones situadas en Sierra Morena. Los duros combates obligaron a las fuerzas republicanas a replegarse progresivamente hacia el norte.

Precisamente durante aquellos combates se encontraban en el frente de Córdoba los fotógrafos Robert Capa y Gerda Taro, que realizaron algunas de las imágenes más conocidas internacionalmente de la Guerra Civil.

La línea del frente terminó estabilizándose más al norte, en dirección a El Vacar.

En la Campiña, durante septiembre las fuerzas sublevadas avanzaron también sobre Espejo y otros municipios.

A finales de año, la denominada Campaña de la Aceituna permitió ocupar Bujalance, El Carpio, Villafranca de Córdoba, Montoro, Villa del Río y otras localidades, modificando profundamente la situación estratégica del frente cordobés.

El fracaso de agosto no produjo por sí solo todas estas conquistas, pero constituyó un punto de inflexión: las fuerzas republicanas perdieron la iniciativa ofensiva inmediata sobre la capital y el mando sublevado pudo comenzar a proyectar operaciones desde Córdoba hacia el territorio circundante.

Consecuencias estratégicas

La ocupación republicana de Córdoba habría tenido repercusiones mucho más amplias que la conquista de una capital provincial.

Córdoba era un nudo ferroviario y de carreteras fundamental para las comunicaciones andaluzas. Su pérdida habría obligado al mando sublevado a reorganizar sus comunicaciones entre Andalucía occidental y los territorios situados al este.

También habría situado a Sevilla bajo una amenaza más próxima y habría reforzado la posición republicana en el conjunto del valle del Guadalquivir.

La importancia estratégica de la operación explica el considerable esfuerzo realizado para defender Córdoba pese a que el frente de Andalucía competía en aquellos momentos con otros escenarios prioritarios de la guerra.

El 20 de agosto en la memoria de la Córdoba franquista

La supervivencia de la ciudad frente a la ofensiva fue transformada rápidamente por las autoridades sublevadas en un acontecimiento propagandístico.

La prensa presentó el fracaso republicano como una victoria extraordinaria de los defensores de Córdoba.

La dimensión religiosa adquirió también una importancia especial. El bombardeo del día 17 había alcanzado el entorno de la Iglesia del Juramento de San Rafael, y después del fracaso de la ofensiva se difundió la interpretación de que el Arcángel San Rafael, tradicional Custodio de Córdoba, había protegido nuevamente a la ciudad.

Durante la dictadura se celebraron actos religiosos de acción de gracias relacionados con el 20 de agosto, con participación de autoridades civiles, militares y eclesiásticas, especialmente en la Iglesia del Juramento.[21]

También se promovió oficialmente la imagen de Córdoba como «Ciudad Heroica». Entre la documentación relacionada con los efectos de los bombardeos aparece incluso un informe elaborado con la finalidad de apoyar la solicitud de dicha distinción.[22]

Esta memoria oficial perduró durante décadas y convirtió el episodio militar de agosto de 1936 en uno de los acontecimientos más destacados de la narrativa franquista sobre la Guerra Civil en Córdoba.

Valoración historiográfica

La Ofensiva de Córdoba ha sido interpretada tradicionalmente como una gran oportunidad perdida para la República.

El historiador cordobés Francisco Moreno Gómez ha insistido en la ventaja que habría ofrecido una penetración principal desde Sierra Morena, donde el terreno dificultaba la actuación de la aviación enemiga y permitía dominar desde las alturas los accesos septentrionales de la ciudad.

Otros estudios han prestado una mayor atención a la debilidad organizativa propia de las columnas republicanas durante las primeras semanas de la guerra y a la superior capacidad de las fuerzas regulares empleadas por los sublevados para concentrarse rápidamente en los puntos amenazados.

La historiografía aeronáutica ha añadido otro elemento fundamental: el dominio del espacio aéreo directamente situado sobre las columnas atacantes. Los documentos republicanos demuestran que el propio mando consideró posteriormente la falta de protección aérea uno de los motivos principales que obligaron al repliegue.

La investigación más reciente también obliga a revisar la atribución personal de toda la operación a Miaja, al documentarse el papel desempeñado por Juan Bernal Segura y la utilización oficial de la denominación Columna Bernal.

Igualmente deben manejarse con prudencia las cifras de combatientes, bajas y distancias alcanzadas por cada agrupación, ya que las fuentes militares, memorias, prensa de ambos bandos y estudios posteriores presentan diferencias importantes.

Puede afirmarse, en cualquier caso, que entre el 20 y el 22 de agosto de 1936 Córdoba sufrió la amenaza militar más seria de toda la guerra y que durante varias horas algunas fuerzas republicanas llegaron a situarse a escasos kilómetros de la capital desde varios puntos del perímetro.

Cronología

  • 28 de julio: llegada de las fuerzas organizadas bajo Miaja a la zona de Montoro.
  • Primera quincena de agosto: operaciones republicanas en el norte de la provincia y Los Pedroches.
  • 15 de agosto: rendición de las fuerzas sublevadas de Pozoblanco.
  • 17 de agosto: grave bombardeo republicano sobre Córdoba.
  • 19 de agosto: nuevos ataques aéreos sobre la capital.
  • 20 de agosto: inicio de la ofensiva terrestre. Ataque de Pérez Salas desde el sur, intervención de la aviación sublevada y combates en Los Pradillos y Los Villares.
  • 21 de agosto: continuación de las operaciones y combates en Puente Mocho y el sector de Alcolea.
  • 22 de agosto: últimas acciones importantes y fracaso definitivo de la ofensiva.
  • Finales de agosto: reorganización de las fuerzas y consolidación de nuevas posiciones.
  • 5-6 de septiembre: ofensiva sublevada sobre Cerro Muriano y el sector norte de Córdoba.
  • Septiembre de 1936: extensión de las operaciones hacia Espejo y la Campiña.
  • Diciembre de 1936: Campaña de la Aceituna y avance sublevado por el valle del Guadalquivir.

Véase también

Bibliografía

  • ASENSIO RUBIO, Francisco: «Bruno Ibáñez Gálvez, de oficial de Infantería a represor», Espacio, Tiempo y Forma. Serie V, Historia Contemporánea, número 24, UNED, 2012, pp. 197-227.
  • BEEVOR, Antony: La Guerra Civil española, Crítica, Barcelona, 2005, ISBN 978-84-8432-665-6.
  • ENGEL CELLIER, Carlos: «Organización del Ejército Republicano en el Frente Sur: de las Columnas al Ejército de Andalucía», Andalucía en la Historia, número 82, 2024, pp. 26-29.
  • GÁMEZ GARCÍA, Gabriel Ángel; SANTOS GONZÁLEZ, Antonio; VALDIVIA MORENTE, Miguel Ángel: Historia y Memoria de la 24ª Brigada Mixta del Ejército Popular de la República formada en Jaén: combatientes que pertenecieron a sus batallones (1936-39), Diputación Provincial de Jaén, Instituto de Estudios Giennenses, 2020, ISBN 978-84-92876-12-9.
  • GIL HONDUVILLA, Joaquín: Agosto de 1936. Asalto republicano a Córdoba, Galland Books, Valladolid, 2022, ISBN 978-84-17816-78-0.
  • MARTÍNEZ BANDE, José Manuel: La campaña de Andalucía, Monografías de la Guerra de España, número 3, Servicio Histórico Militar, Editorial San Martín.
  • MORENO GÓMEZ, Francisco: La Guerra Civil en Córdoba (1936-1939), Alpuerto, Madrid, 1985, ISBN 84-381-0091-0.
  • MORENO GÓMEZ, Francisco: 1936: el genocidio franquista en Córdoba, Crítica, Barcelona, 2008, ISBN 978-84-7423-686-6.
  • RUIZ NÚÑEZ, Juan Boris: Los bombardeos aéreos republicanos en territorio sublevado durante la Guerra Civil española (1936-1939), tesis doctoral, Universidad de Alicante, 2019.

== Referencias ==

  1. MORENO GÓMEZ, Francisco: La Guerra Civil en Córdoba (1936-1939), Alpuerto, Madrid, 1985.
  2. GIL HONDUVILLA, Joaquín: Agosto de 1936. Asalto republicano a Córdoba, Galland Books, Valladolid, 2022, ISBN 978-84-17816-78-0.
  3. MARTÍNEZ BANDE, José Manuel: La campaña de Andalucía, Monografías de la Guerra de España, Servicio Histórico Militar, Editorial San Martín, edición ampliada.
  4. MORENO GÓMEZ, Francisco: La Guerra Civil en Córdoba (1936-1939), Alpuerto, Madrid, 1985.
  5. HIDALGO LUQUE, Patricio: «Los bombardeos aéreos republicanos sobre la retaguardia nacional durante la Guerra Civil española. Aproximación al caso de Córdoba», investigación sobre la Guerra Civil en Córdoba.
  6. ENGEL CELLIER, Carlos: «Organización del Ejército Republicano en el Frente Sur: de las Columnas al Ejército de Andalucía», Andalucía en la Historia, número 82, 2024, pp. 26-29.
  7. ENGEL CELLIER, Carlos: «Organización del Ejército Republicano en el Frente Sur: de las Columnas al Ejército de Andalucía», Andalucía en la Historia, número 82, 2024.
  8. GÁMEZ GARCÍA, Gabriel Ángel; SANTOS GONZÁLEZ, Antonio; VALDIVIA MORENTE, Miguel Ángel: Historia y Memoria de la 24ª Brigada Mixta del Ejército Popular de la República formada en Jaén, Diputación Provincial de Jaén, Instituto de Estudios Giennenses, 2020, ISBN 978-84-92876-12-9.
  9. Archivo General Militar de Ávila, fondos de la Guerra Civil, sección «Columnas», «Columna Bernal. 1936».
  10. MARTÍNEZ BANDE, José Manuel: La campaña de Andalucía, Servicio Histórico Militar.
  11. GIL HONDUVILLA, Joaquín: Agosto de 1936. Asalto republicano a Córdoba, Galland Books, 2022.
  12. ENGEL CELLIER, Carlos: «Organización del Ejército Republicano en el Frente Sur: de las Columnas al Ejército de Andalucía», Andalucía en la Historia, número 82, 2024.
  13. RUIZ NÚÑEZ, Juan Boris: Los bombardeos aéreos republicanos en territorio sublevado durante la Guerra Civil española (1936-1939), tesis doctoral, Universidad de Alicante, 2019.
  14. HIDALGO LUQUE, Patricio: «Los bombardeos aéreos republicanos sobre la retaguardia nacional durante la Guerra Civil española. Aproximación al caso de Córdoba».
  15. Estudios históricos publicados en La Guerra Civil en Córdoba, «El Santuario de la Virgen de Linares».
  16. Revista de Historia Aeronáutica Aeroplano, estudio sobre las operaciones aéreas de agosto de 1936 y documentación del Estado Mayor republicano fechada en Montoro el 6 de septiembre de 1936.
  17. MORENO GÓMEZ, Francisco: La Guerra Civil en Córdoba (1936-1939), Alpuerto, Madrid, 1985.
  18. RUIZ NÚÑEZ, Juan Boris: Los bombardeos aéreos republicanos en territorio sublevado durante la Guerra Civil española (1936-1939), Universidad de Alicante, 2019.
  19. HIDALGO LUQUE, Patricio: «Los bombardeos aéreos republicanos sobre la retaguardia nacional durante la Guerra Civil española. Aproximación al caso de Córdoba».
  20. ASENSIO RUBIO, Francisco: «Bruno Ibáñez Gálvez, de oficial de Infantería a represor», Espacio, Tiempo y Forma. Serie V, Historia Contemporánea, número 24, UNED, 2012, pp. 197-227.
  21. Diario Córdoba, «Postal del Día», artículos conmemorativos del 20 de agosto publicados durante la posguerra, entre ellos los de 20 de agosto de 1942.
  22. HIDALGO LUQUE, Patricio: «Los bombardeos aéreos republicanos sobre la retaguardia nacional durante la Guerra Civil española. Aproximación al caso de Córdoba».