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Fray Jacinto de Chucena, nombre religioso de Juan Sánchez Correa (Chucena, Huelva, 6 de octubre de 1882-Córdoba, 31 de marzo de 1965), fue un sacerdote franciscano capuchino, predicador, escritor e historiador local. Desempeñó diversos cargos dentro de la Provincia Capuchina de Andalucía y mantuvo una prolongada vinculación con la ciudad de Córdoba, donde fue guardián del convento de los Padres Capuchinos en varias etapas.

Su figura presenta dos vertientes claramente diferenciadas. Por un lado, destacó como religioso, predicador y promotor de la recuperación del patrimonio religioso de su localidad natal, especialmente de la antigua iglesia de Alcalá de la Alameda, origen de la actual romería de la Divina Pastora y San Isidro. Por otro, durante la Guerra Civil participó activamente en la propaganda radiofónica favorable a los militares sublevados desde EAJ 24 Radio Córdoba, intervención que posteriormente reunió en el libro Alma y armas españolas.

Biografía

Nacimiento e ingreso en la Orden Capuchina

Juan Sánchez Correa nació en Chucena el 6 de octubre de 1882, hijo de Juan Sánchez y Matilde Correa.[1]

Ingresó en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos el 3 de enero de 1903, adoptando el nombre religioso de Jacinto de Chucena. Realizó su profesión temporal en 1904, la profesión perpetua en 1907 y recibió la ordenación sacerdotal el 4 de febrero de 1912.[1]

Durante sus primeros años de vida religiosa permaneció especialmente vinculado al convento y al colegio seráfico de Antequera, donde ejerció funciones docentes y de formación de los jóvenes aspirantes a la Orden.

Cargos dentro de la Provincia Capuchina de Andalucía

A lo largo de su trayectoria desempeñó numerosos cargos dentro de la Provincia Capuchina de Andalucía. Fue profesor del Colegio Seráfico y de la Escuela Seráfica de Antequera, donde aparece documentado entre 1917 y 1920. También ejerció como guardián de diferentes comunidades capuchinas.[1]

Entre sus principales destinos se encontraron:

  • Guardián del convento de Melilla, entre 1920 y 1923, y nuevamente hacia finales de la década de 1930.
  • Guardián del convento de Sanlúcar de Barrameda, entre 1923 y 1926.
  • Guardián del convento de Córdoba entre 1929 y 1937 y, en una segunda etapa, entre 1949 y 1952.
  • Guardián de la residencia de la Capilla de San José, en Sevilla, durante la primera mitad de la década de 1940.
  • Guardián del convento de Antequera.
  • Definidor provincial de la Orden en los periodos 1929-1931 y 1933-1936.[1]

Además de estas responsabilidades, desarrolló una intensa actividad como predicador de misiones populares, recorriendo diferentes localidades españolas.

Estancia en Córdoba

Fray Jacinto llegó a Córdoba en 1929 para hacerse cargo del convento capuchino del Santo Ángel. Su presencia en la ciudad está documentada de manera continuada durante buena parte de las décadas de 1930, 1940 y 1950.

Como guardián impulsó trabajos de restauración y mejora del convento, que atravesaba entonces una situación material precaria. La prensa cordobesa posterior destacó su participación en la recuperación de distintas dependencias conventuales, en el embellecimiento del templo y en la reorganización de la vida religiosa de la comunidad.

En febrero de 1933 aparece documentado interviniendo en los cultos celebrados en el Santo Ángel, lo que confirma su presencia activa en la vida religiosa cordobesa durante la Segunda República.[2]

También colaboró en predicaciones, ejercicios espirituales, celebraciones religiosas y actividades vinculadas con distintas asociaciones católicas de la ciudad. Las semblanzas publicadas durante sus últimos años lo presentaban como una figura muy conocida en Córdoba, tanto por su actividad sacerdotal como por su carácter enérgico y su facilidad para la oratoria.

Guerra Civil y actividad propagandística

Tras el golpe de Estado de julio de 1936 y el control de Córdoba por las fuerzas sublevadas, fray Jacinto se alineó públicamente con estas. Durante los meses de julio y agosto de 1936 pronunció una serie de conferencias y discursos desde la emisora EAJ 24 Radio Córdoba.[3]

Sus intervenciones se inscribieron en el discurso religioso y propagandístico favorable al bando sublevado. En ellas presentó la guerra como un enfrentamiento entre la religión católica y el marxismo, elogió la actuación de la guarnición cordobesa y defendió la causa política y militar de los insurgentes.

Según el propio religioso, los bombardeos sufridos por el convento capuchino los días 21 y 23 de agosto de 1936 fueron represalias por aquellas charlas, que podían ser escuchadas desde territorio controlado por las fuerzas republicanas.[3]

Las conferencias fueron recopiladas posteriormente en el volumen Alma y armas españolas. Interesantes episodios dignos de la guarnición y pueblo cordobés frente a la agresión y asedio marxista y breves conferencias radiadas a la sazón por el P. Jacinto de Chucena, franciscano capuchino, publicado en Sevilla por la Editorial Católica Española en 1941.

La obra constituye una fuente primaria para estudiar el lenguaje de movilización religiosa, política y militar empleado en Córdoba durante los primeros meses de la contienda, aunque debe ser interpretada atendiendo a su carácter abiertamente propagandístico.

Durante la guerra también prestó asistencia religiosa a presos y condenados. Algunas fuentes memorialísticas lo sitúan acompañando espiritualmente a personas fusiladas por las autoridades militares, entre ellas el policía Eusebio Fernández Hernández. Esta dimensión de su actividad coexistió con su apoyo público al levantamiento y con su participación en la propaganda de guerra.

Escritor e historiador local

Fray Jacinto desarrolló una producción escrita amplia, aunque dispersa. Publicó numerosos artículos religiosos, históricos y costumbristas en la revista capuchina El Adalid Seráfico, con colaboraciones documentadas desde 1915 hasta 1958.[1]

Su escritura estuvo marcada por la espiritualidad franciscana, la predicación popular, la defensa de la doctrina católica y el interés por las tradiciones locales. También mostró afición por el flamenco y por las expresiones culturales populares andaluzas.

Su principal aportación historiográfica fue Apuntes históricos de la villa de Chucena, redactada a partir de noticias documentales, relatos tradicionales y memorias locales. La obra, impresa en Córdoba a finales de la década de 1950, constituyó uno de los primeros intentos de reunir de forma sistemática la historia de su pueblo natal.

El libro recoge la evolución histórica de Chucena, sus tradiciones religiosas, personajes, edificios y relatos fundacionales. Aunque algunas de sus interpretaciones responden a la historiografía y a la mentalidad religiosa de su época, la obra continúa siendo una referencia para el conocimiento de la memoria histórica local.

En 1959, Rafael Castejón destacó que fray Jacinto no se limitaba a escribir la historia de Chucena, sino que había contribuido activamente a crearla mediante la recuperación del templo de Alcalá y el impulso de nuevas tradiciones colectivas.

Recuperación del templo de Alcalá de la Alameda

La actuación más recordada de fray Jacinto en Chucena fue la recuperación de la antigua iglesia parroquial de la Purísima Concepción y Santa Ana de Alcalá de la Alameda, población desaparecida situada a aproximadamente un kilómetro del núcleo urbano.

A mediados del siglo XX el templo se encontraba abandonado y gravemente deteriorado. Había perdido buena parte de sus bienes y durante algún tiempo llegó a utilizarse como refugio para animales y almacén agrícola.

Fray Jacinto promovió una campaña popular para evitar su pérdida y financiar su restauración. El 12 de febrero de 1958 se constituyó una comisión Pro Templo, integrada por el párroco, el alcalde y el propio capuchino, a quien el obispo de Huelva había encomendado la dirección de la iniciativa.[4]

La inauguración de las obras tuvo lugar el 13 de marzo de 1958. La intervención fue dirigida por el arquitecto Antonio Illanes del Río, con Joaquín Guzmán Tirado como maestro de obras. Los vecinos participaron mediante donativos, cuestaciones, representaciones teatrales y jornadas de trabajo gratuito.[4]

La restauración concluyó ese mismo año. Para el templo se adquirieron imágenes de la Divina Pastora y de San Isidro Labrador. La imagen de la Divina Pastora fue realizada por el escultor cordobés Juan Martínez Cerrillo en 1960, mientras que la de San Isidro fue donada por la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos de Chucena.[1]

Romería de la Divina Pastora y San Isidro

A partir de la recuperación del templo, fray Jacinto impulsó la celebración de una romería de carácter agrícola y religioso dedicada a la Divina Pastora y a San Isidro Labrador.

La primera romería tuvo lugar en 1959. La imagen de San Isidro había llegado a Chucena el 14 de mayo de aquel año y al día siguiente presidió una misa de campaña celebrada en Alcalá de la Alameda.[5]

La celebración se consolidó como una de las principales manifestaciones religiosas y festivas de Chucena. La recuperación del edificio y la creación de la romería transformaron un espacio abandonado en un lugar central para la identidad colectiva del municipio.

El Pino del Padre Jacinto

Fray Jacinto también promovió la protección y difusión del denominado Pino de Chucena o Pino del Padre Jacinto, un ejemplar de grandes dimensiones y considerable antigüedad situado en el Prado del Concejo.

El árbol fue declarado Monumento de Interés Local en 1954 y se convirtió en uno de los símbolos del municipio. Tras su desaparición, ocurrida a finales de la década de 1980, parte de su madera fue empleada para fabricar una gran cruz.[6]

Su importancia simbólica fue tal que el pino quedó incorporado al escudo heráldico de Chucena, junto a la estrella representativa de Nuestra Señora de la Estrella.

Últimos años y fallecimiento

Durante sus últimos años continuó vinculado al convento capuchino de Córdoba, aunque pasó temporadas en Chucena para supervisar el culto, las obras y las actividades relacionadas con el templo de Alcalá.

En junio de 1962, con motivo de una visita a su localidad natal, la prensa cordobesa lo describía como un religioso de avanzada edad, pero todavía activo, dedicado a completar trabajos históricos y a promover mejoras en el templo cuya restauración había encabezado.

Falleció en el convento capuchino de Córdoba el 31 de marzo de 1965, a los 82 años. La prensa local destacó entonces su larga vinculación con la ciudad, sus periodos como superior del convento y su actividad como predicador y escritor.[4]

Su cadáver fue trasladado a Chucena y enterrado inicialmente en el cementerio municipal. El 1 de abril de 1973, con autorización del Obispado de Huelva, sus restos fueron exhumados y trasladados definitivamente al templo de Alcalá de la Alameda, cuya recuperación había promovido.[4]

El 14 de agosto de 2001 se inauguró en la explanada situada ante el templo una escultura de bronce dedicada a fray Jacinto, obra del escultor Francisco Parra.[4]

Sus familiares entregaron posteriormente al pueblo diversos objetos personales y religiosos, entre ellos su hábito franciscano, roquete, estolas, ajuar litúrgico y estampas, para que fueran conservados y expuestos en el templo.[1]

Valoración

Fray Jacinto de Chucena fue una figura religiosa de notable influencia en la Córdoba y la Andalucía capuchina del siglo XX. Su trayectoria refleja tanto la actividad pastoral y cultural de los capuchinos como la estrecha relación establecida durante la Guerra Civil entre una parte del clero español y el bando sublevado.

Su participación en la propaganda de guerra y el contenido ideológico de Alma y armas españolas hacen de él una personalidad controvertida. Al mismo tiempo, su labor de recuperación del templo de Alcalá de la Alameda, la creación de la romería de la Divina Pastora y San Isidro y sus investigaciones históricas dejaron una huella profunda y duradera en Chucena.

Obras

  • Alma y armas españolas. Interesantes episodios dignos de la guarnición y pueblo cordobés frente a la agresión y asedio marxista y breves conferencias radiadas a la sazón por el P. Jacinto de Chucena, franciscano capuchino. Sevilla, Editorial Católica Española, 1941.
  • Apuntes históricos de la villa de Chucena. Córdoba, Tipografía Artística, 1958-1959.
  • Dios y mi alma.
  • Artículos en El Adalid Seráfico, publicados entre 1915 y 1958.

Véase también

Referencias

  1. 1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5 1,6 Antonio F. Tristancho, «Fray Jacinto de Chucena hizo posible el rescate de la Ermita de Alcalá», Diario de Huelva, 22 de junio de 2022. Información procedente del expediente «Jacinto de Chucena, Sevilla, 1882-1965», Archivo Histórico Provincial de los Capuchinos de Sevilla, legajo 298, expediente 2.
  2. «En el Santo Ángel (Capuchinos)», Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos, año LXXXIV, número 29386, 15 de febrero de 1933.
  3. 3,0 3,1 «Alma y armas españolas», La Guerra Civil en Córdoba.
  4. 4,0 4,1 4,2 4,3 4,4 «La Iglesia de Alcalá de la Alameda (II)», La Hornacina.
  5. «Romería de San Isidro Labrador y la Divina Pastora», Romerías de Huelva.
  6. «Historia de Chucena», Ayuntamiento de Chucena.

Bibliografía

  • CHUCENA, Jacinto de: Alma y armas españolas. Sevilla, Editorial Católica Española, 1941.
  • CHUCENA, Jacinto de: Apuntes históricos de la villa de Chucena. Córdoba, Tipografía Artística, 1958-1959.
  • CASTEJÓN, Rafael: «La historia de Chucena», prensa cordobesa, 14 de octubre de 1959.
  • Archivo Histórico Provincial de los Capuchinos de Sevilla: «Jacinto de Chucena, Sevilla, 1882-1965», legajo 298, expediente 2.