
La sublevación cívico-militar del 18 de julio de 1936 en Córdoba fue la manifestación local del golpe de Estado iniciado en julio de 1936 contra el Gobierno de la Segunda República Española. La rebelión estuvo dirigida en la capital cordobesa por el coronel Ciriaco Cascajo Ruiz, comandante militar de la plaza y jefe del Regimiento de Artillería Pesada número 1, quien actuó en coordinación con el general Gonzalo Queipo de Llano, sublevado en Sevilla.
La operación contó con una conspiración previa en la que participaron militares en activo y retirados, dirigentes monárquicos, falangistas, antiguos políticos, grandes propietarios, profesionales y representantes de una parte de la burguesía agraria, comercial e industrial de Córdoba. Por esta combinación de dirección militar y colaboración civil puede hablarse de una trama cívico-militar, aunque la denominación historiográfica más habitual es la de sublevación militar o golpe de Estado.
La rebelión triunfó en Córdoba capital durante la tarde y la noche del 18 de julio de 1936, después del cerco y cañoneo del Gobierno Civil, situado en la confluencia de la Ronda de los Tejares con la Avenida del Gran Capitán. La caída del edificio permitió a los sublevados hacerse con el Ayuntamiento, las comunicaciones, los centros policiales y los principales puntos estratégicos de la ciudad antes de la medianoche.
El éxito del golpe en la capital no significó, sin embargo, el control inmediato de toda la provincia. Una parte considerable de los municipios cordobeses permaneció inicialmente bajo la autoridad republicana, dando lugar a una división territorial y al establecimiento del llamado Frente de Córdoba.
Denominación
Durante la dictadura franquista los acontecimientos fueron presentados oficialmente como el «Alzamiento Nacional», el «Movimiento Salvador» o el «Glorioso Movimiento Nacional». Estas expresiones formaban parte del lenguaje político y propagandístico de los vencedores.
La historiografía contemporánea utiliza preferentemente los términos golpe de Estado, sublevación militar o rebelión militar, dado que una parte del Ejército se alzó contra el Gobierno constitucional de la República.
La expresión sublevación cívico-militar permite destacar que, junto al Ejército y la Guardia Civil, participaron civiles pertenecientes a organizaciones políticas derechistas, círculos patronales, grupos monárquicos y falangistas, así como miembros de las élites agrarias y económicas de Córdoba. No debe interpretarse, por tanto, como la descripción de una movilización espontánea y mayoritaria de la población civil.
Contexto político y social
Las elecciones de febrero de 1936
En las elecciones generales del 16 de febrero de 1936 obtuvo la mayoría parlamentaria la coalición del Frente Popular. En Córdoba el resultado reforzó a las organizaciones republicanas y obreras y abrió una nueva etapa política caracterizada por la reposición de ayuntamientos de izquierdas, la intensificación de las reivindicaciones laborales y la recuperación de las reformas emprendidas durante el primer bienio republicano.
El 22 de marzo de 1936 se constituyó en Córdoba una nueva comisión gestora municipal presidida por el socialista Manuel Sánchez Badajoz. En ella estaban representados el Partido Socialista Obrero Español, Izquierda Republicana, Unión Republicana y el Partido Comunista de España.
El gobernador civil, Antonio Rodríguez de León, pertenecía al sector moderado de Unión Republicana. Había tomado posesión el 21 de febrero de 1936 y mantuvo unas relaciones difíciles con el alcalde Sánchez Badajoz. Las discrepancias entre ambos, motivadas por cuestiones políticas, laborales y de orden público, llegaron a dificultar la coordinación entre el Gobierno Civil y el Ayuntamiento.
Conflictividad social
La provincia de Córdoba presentaba una estructura económica caracterizada por la concentración de la propiedad agraria, la existencia de numerosos jornaleros sin tierra, un elevado desempleo estacional y una fuerte implantación de las organizaciones sindicales.
Durante la primavera de 1936 se produjeron huelgas, ocupaciones de fincas, conflictos laborales, protestas campesinas, enfrentamientos políticos y episodios de violencia. También se registraron ataques contra sedes políticas, edificios religiosos y propiedades particulares.
Las organizaciones patronales y una parte de los grandes propietarios consideraban una amenaza la reactivación de la Reforma Agraria, la negociación colectiva y el crecimiento de los sindicatos. Entre los sectores favorables a la sublevación se encontraban miembros o simpatizantes del Círculo de Labradores, la Cámara Agrícola, el Círculo Mercantil, la Cámara de Comercio e Industria y el Círculo de la Amistad.
La conflictividad social y política de la primavera de 1936 fue utilizada posteriormente por los sublevados para justificar el golpe. Sin embargo, la conspiración militar contra la República había comenzado con anterioridad y formaba parte de una operación organizada en el conjunto de España.
Los asesinatos de Castillo y Calvo Sotelo
El asesinato en Madrid del teniente de la Guardia de Asalto José del Castillo Sáenz de Tejada, el 12 de julio de 1936, y la posterior muerte del dirigente monárquico José Calvo Sotelo, en la madrugada del 13 de julio, agravaron la tensión política.
La muerte de Calvo Sotelo aceleró los preparativos y favoreció nuevas adhesiones al golpe, pero no fue su origen. En Córdoba existían contactos y compromisos previos entre los conspiradores civiles y militares.
La conspiración en Córdoba
Eduardo Quero Goldoni
Una figura fundamental de la conspiración cordobesa fue el teniente coronel de Caballería retirado Eduardo Quero Goldoni, amigo personal de Gonzalo Queipo de Llano. Su domicilio sirvió como lugar de reunión y enlace entre militares, políticos monárquicos y representantes de la derecha local.
Entre las personas que aparecen vinculadas, con distintos grados de participación, a las reuniones y preparativos se encontraban:
Eduardo Quero Manuel León Salvador Muñoz Pérez José Tomás Valverde Rogelio Vignote
- Manuel León Adorno, capitán de Artillería retirado.
- José María Molina Belmonte, capitán de Artillería retirado.
- José Cruz Conde
- Salvador Muñoz Pérez.
- José Tomás Valverde.
- José Castanys Jiménez.
- Julián Ruiz Martín.
- Rafael González Ruiz-Ripoll.
- Pedro Gutiérrez Poole.
- Antonio Alférez Ruiz.
- Los capitanes falangistas Rogelio Vignote y Bellido.
No todos desempeñaron idéntica función. Unos actuaron como enlaces políticos, otros facilitaron contactos con los militares y algunos participaron directamente en el reparto de armas, la formación de grupos auxiliares o la ocupación de instituciones.
El papel de José Cruz Conde
En los primeros días de julio, José Cruz Conde, residente entonces en Madrid, viajó a Córdoba y se entrevistó en el domicilio de Eduardo Quero con el coronel Ciriaco Cascajo Ruiz y con el teniente coronel Mariano Rivero López, jefe de la Comandancia de la Guardia Civil.
Según el relato publicado en 1937 por Marcelino Durán de Velilla y Manuel García Prieto, Cruz Conde transmitió instrucciones concretas y obtuvo el compromiso de que las fuerzas bajo el mando de Cascajo y Rivero secundarían la sublevación.[1]
El 11 de julio regresó de Madrid el médico Julián Ruiz Martín, portador de un encargo atribuido a José Cruz Conde y a Calvo Sotelo. El mensaje, trasladado a José Tomás Valverde, proponía que Salvador Muñoz Pérez fuese designado alcalde en cuanto los militares declarasen el estado de guerra.
La existencia de esta propuesta indica que la sustitución de las autoridades republicanas y la composición inicial del nuevo poder municipal estaban siendo preparadas antes del 18 de julio.
La oficialidad del Regimiento de Artillería
El principal núcleo militar de la conspiración se encontraba en el Regimiento de Artillería Pesada número 1, mandado por Ciriaco Cascajo. Una parte de sus oficiales pertenecía o era próxima a la Unión Militar Española, organización clandestina contraria a la República.
Los conspiradores cordobeses mantuvieron contactos con oficiales del Estado Mayor de la Segunda División Orgánica, con sede en Sevilla, especialmente con el comandante José Cuesta Monereo, uno de los organizadores militares del golpe en Andalucía.[2]
La sublevación no fue, por tanto, una decisión improvisada de Cascajo tras recibir una llamada de Sevilla. La comunicación de Queipo de Llano activó una estructura previamente organizada.
Fuerzas disponibles
Las cifras varían según las fuentes y según se contabilice la plantilla teórica o los efectivos realmente movilizados durante la tarde.
| Cuerpo | Fuerza aproximada | Actitud inicial |
|---|---|---|
| Regimiento de Artillería Pesada número 1 | Entre 180 y 200 soldados, además de oficiales y voluntarios civiles | Se sublevó bajo el mando de Ciriaco Cascajo Ruiz |
| Guardia Civil | Alrededor de un centenar de efectivos disponibles en la capital | Sus mandos quedaron divididos; una parte terminó incorporándose a la rebelión |
| Guardia de Asalto | Más de 200 hombres en la plantilla provincial; alrededor de un centenar participaron directamente en la defensa | La fuerza dirigida por Manuel Tarazona Anaya permaneció inicialmente leal al Gobierno |
| Cuerpo de Seguridad, Vigilancia y otros servicios | Número reducido | Dependían del Gobierno Civil, aunque su actuación fue desigual |
| Voluntarios civiles sublevados | Entre un centenar y varios centenares a lo largo de la tarde[3] | Monárquicos, falangistas, tradicionalistas, propietarios y otros simpatizantes de la derecha |
La Artillería poseía una ventaja decisiva: disponía de piezas pesadas capaces de destruir o hacer insostenible la defensa del Gobierno Civil.
El 18 de julio de 1936
La mañana

Las primeras noticias de la rebelión iniciada el día anterior en el Protectorado español de Marruecos llegaron a Córdoba por la radio, el teléfono y los rumores que circulaban por la ciudad.
La mañana transcurrió con una apariencia relativa de normalidad. Los comercios abrieron, numerosos trabajadores acudieron a sus empleos y las autoridades siguieron las noticias procedentes de Madrid, Sevilla y el norte de África.
En el Ayuntamiento se instaló un receptor de radio y se reunieron concejales y dirigentes del Frente Popular. Militantes y simpatizantes derechistas esperaban noticias en el Círculo Mercantil y en otros lugares del centro. Algunos comenzaron a dirigirse hacia el Cuartel de Artillería.
La llamada de Queipo de Llano
Hacia las 14:30 horas, Ciriaco Cascajo recibió una llamada telefónica de Gonzalo Queipo de Llano, quien acababa de hacerse con el control de los principales centros militares de Sevilla.
Según la versión recogida por Durán de Velilla y García Prieto, Queipo comunicó que asumía el mando de las fuerzas de Andalucía y ordenó a Cascajo declarar el estado de guerra, ocupar Telégrafos, Teléfonos y la emisora de radio, recoger las armas existentes en manos de civiles y controlar las comunicaciones ferroviarias.[1]
La conversación fue conocida por agentes dependientes del Gobierno Civil. El comisario jefe de Investigación y Vigilancia, Manuel Hermida Cachalvite, informó al gobernador Antonio Rodríguez de León.
La actitud del gobernador civil

Rodríguez de León comunicó con el Ministerio de la Gobernación y recibió instrucciones de mantener la legalidad y resistir a la rebelión.
Los dirigentes del Frente Popular solicitaron reiteradamente que se entregaran armas a los militantes obreros y republicanos. El gobernador se negó, bien por instrucciones del Gobierno, por temor a una revolución armada o por considerar que la distribución de armas agravaría la situación.
La negativa fue uno de los factores que debilitó la resistencia. La mayor parte de los trabajadores movilizados carecía de armamento suficiente, mientras los civiles que acudían al Cuartel de Artillería eran organizados y armados por los conspiradores.
Hacia las 15:00 horas las organizaciones sindicales convocaron una huelga general.
Manuel Tarazona y la Guardia de Asalto

El gobernador llamó al capitán Manuel Tarazona Anaya, jefe de la Guardia de Seguridad y Asalto. Tarazona era un militar de ideas conservadoras y había mantenido contactos previos con Cascajo, pero el 18 de julio decidió obedecer a la autoridad civil y permanecer fiel al Gobierno.
Rodríguez de León le encargó desplazarse al Cuartel de Artillería para comunicar a Cascajo que el Gobierno controlaba la situación y que podían llegar refuerzos. Tarazona no consiguió que el coronel abandonase la rebelión y regresó al Gobierno Civil.
Allí reunió a los oficiales que permanecían a sus órdenes, distribuyó guardias por el edificio y las azoteas próximas y organizó la defensa. Entre sus colaboradores se encontraba el teniente Antonio Navajas Rodríguez-Carretero. Por el contrario, el teniente José Villalonga Munar abandonó el edificio y se unió posteriormente a los sublevados.[2]
Concentración de civiles en Artillería
Durante la tarde llegaron al Cuartel de Artillería militares retirados, falangistas, monárquicos, tradicionalistas, propietarios agrarios y otros civiles favorables al golpe.
Parte de estos voluntarios recibió fusiles y pistolas. Se formaron grupos destinados a apoyar a las tropas, vigilar calles, controlar edificios, detener adversarios políticos y asegurar las comunicaciones.
Entre los civiles presentes se encontraban Eduardo Quero Goldoni, Salvador Muñoz Pérez y otros miembros de la trama conspirativa.
El bando de guerra

Cascajo firmó un breve bando por el que se declaraba el estado de guerra y asumía el mando de la provincia:
Don Ciriaco Cascajo Ruiz, coronel de Artillería, comandante militar de esta plaza, hago saber:
Que, habiéndose declarado el estado de guerra en esta provincia, me hago cargo del mando de ella a partir del momento de la fijación de este Bando, por el cual hago pública dicha determinación y el anuncio de que oportunamente se fijará el que dicte la autoridad militar de la región con las órdenes y prescripciones que han de cumplirse como garantía del orden.
Dado en Córdoba, a las dieciséis horas del día 18 de julio de 1936.
El comandante militar, Ciriaco Cascajo.
Aunque el documento aparece fechado a las 16:00 horas, la formación de la tropa, su salida del cuartel y la lectura pública del bando se produjeron más tarde. Las fuentes sitúan la salida de la columna de Artillería hacia las 17:45 horas.
Desde el punto de vista del ordenamiento republicano, la declaración militar del estado de guerra carecía de cobertura constitucional. La Constitución de 1931 y la Ley de Orden Público reservaban la declaración de los estados excepcionales al Gobierno y a la autoridad civil.[2]
División de la Guardia Civil

La actitud de la Guardia Civil resultó decisiva. El coronel Francisco Marín Garrido, jefe del 18.º Tercio, y el teniente coronel Mariano Rivero López, jefe de la Comandancia de Córdoba, se inclinaron finalmente por mantener la obediencia al Gobierno.
Sin embargo, otros oficiales, entre ellos el comandante Luis Zurdo Martín, apoyaban a los sublevados.
Salvador Muñoz Pérez acudió al Cuartel de la Victoria para reclamar el cumplimiento de los compromisos adquiridos durante la conspiración. Se dirigió a los guardias concentrados en el patio y los exhortó a incorporarse al movimiento.
Cascajo interrogó a Mariano Rivero sobre su posición. Al declarar este que permanecía con el Gobierno, fue apartado del mando. El coronel designó a Luis Zurdo nuevo jefe de la Comandancia y le ordenó exigir la rendición del Gobierno Civil.
La sustitución de Rivero impidió que la Guardia Civil actuase como una fuerza organizada contra la rebelión y permitió que numerosos guardias se incorporaran a los sublevados.
Ocupación de las comunicaciones
Los conspiradores consideraban prioritario el control de:
- Radio Córdoba, emisora EAJ-24.
- Teléfonos y Telégrafos.
- La estación ferroviaria.
- Correos.
- Los accesos por carretera.
- Los edificios del Ayuntamiento y la Diputación.
- Los cuarteles de la Guardia Civil y de la Guardia de Asalto.
La emisora de Radio Córdoba fue ocupada por fuerzas rebeldes. Desde sus micrófonos, el teniente Jesús Aragón Llorente leyó el bando de guerra y reclamó repetidamente la rendición de Manuel Tarazona:
«¡Aló, aló! ¡Capitán Tarazona! Se le recuerda el Código de Justicia Militar y la responsabilidad que contrae si no se entrega con las fuerzas de su mando».
La radio se convirtió desde aquella tarde en un instrumento fundamental para difundir órdenes, intimidar a los defensores, reclamar adhesiones y presentar la rebelión como triunfante.
Asalto al Gobierno Civil
Concentración de las autoridades republicanas
En el Gobierno Civil se reunieron las principales autoridades y dirigentes políticos leales a la República. Entre ellos se encontraban:
- El gobernador civil Antonio Rodríguez de León.
- El alcalde Manuel Sánchez Badajoz.
- El presidente de la Diputación, José Guerra Lozano.
- Los diputados Vicente Martín Romera, Manuel Castro Molina, Antonio Bujalance López y Bautista Garcés Granell.
- El exdiputado y periodista Joaquín García Hidalgo.
- Pedro Ruiz Santaella, presidente de Unión Republicana.
- El fiscal Gregorio Azaña.
- Concejales, dirigentes sindicales, agentes policiales y militantes republicanos y obreros.
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Antonio Rodríguez de León
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Manuel Sánchez Badajoz
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Vicente Romera
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Pedro Ruiz Santaella
Existían profundas diferencias sobre cómo actuar. Algunos exigían armar a la población; otros confiaban en la llegada de refuerzos; el gobernador intentaba evitar un enfrentamiento abierto, mientras Tarazona preparaba la defensa.
Cerco del edificio
La columna de Artillería recorrió la avenida de Medina Azahara, el paseo de la Victoria y la avenida de Canalejas hasta situarse frente al Gobierno Civil.
Los artilleros y civiles armados ocuparon portales, ventanas, azoteas y esquinas de la Avenida del Gran Capitán y la Ronda de los Tejares. También se desplegaron junto a la antigua Plaza de Toros de los Tejares, situada frente al Gobierno Civil.
Cascajo permaneció en el Cuartel de Artillería, desde donde dirigió las operaciones.
Intentos de negociación
Varios oficiales entraron en el Gobierno Civil con bandera blanca para reclamar la rendición. Entre ellos estuvieron el comandante Manuel Aguilar-Galindo, el capitán Félix Sánchez Ramírez y el comandante Luis Zurdo.
Los defensores retuvieron durante algún tiempo a algunos de los emisarios. Tarazona pretendía ganar tiempo hasta la llegada de refuerzos procedentes de Jaén o de la cuenca minera de Peñarroya-Pueblonuevo.
El diputado Manuel Castro Molina salió de Córdoba con la intención de conseguir la movilización de mineros y dinamita, pero la ayuda no llegó a tiempo.
Los primeros disparos
Después de las seis de la tarde se produjo un intercambio de disparos entre las tropas situadas en el exterior y los guardias y civiles del Gobierno Civil Resultaron heridos varios hombres. Entre los sublevados se encontraba el soldado Juan Palma Carpio, que falleció posteriormente.
El tiroteo demostró que la toma del edificio podía prolongarse. Las fuerzas de Tarazona eran numéricamente importantes, pero se encontraban concentradas en un único inmueble, con munición limitada y sin apoyo exterior.
El cañoneo
Cascajo ordenó trasladar dos piezas de Artillería hasta las inmediaciones del Gobierno Civil. Las fuentes las identifican generalmente como cañones de 15,5 centímetros.
Poco después de las ocho de la tarde se inició el ataque. Los disparos abrieron un boquete en el edificio, en la zona próxima al Teatro Duque de Rivas, y provocaron la desbandada de parte de quienes se encontraban en su interior.
El alcalde Manuel Sánchez Badajoz, Vicente Martín Romera, José Guerra Lozano y otros dirigentes consiguieron escapar aprovechando la confusión.
Tarazona, convencido de que continuar la defensa provocaría numerosas muertes sin posibilidad de victoria, aconsejó la rendición.
Rendición

Una sábana blanca fue colocada en uno de los balcones. Las puertas se abrieron y las fuerzas de Artillería y los civiles armados entraron en el edificio.
Las fuentes discrepan acerca de la hora exacta. Algunos relatos sitúan la rendición hacia las 21:00 horas, mientras que el libro publicado en 1937 la retrasa hasta aproximadamente las 23:00 horas. En cualquier caso, el Gobierno Civil había quedado en manos de los sublevados antes de la medianoche.
Los guardias de Asalto fueron desarmados y conducidos a las inmediaciones de la plaza de toros. Posteriormente se les devolvieron las armas bajo el mando de oficiales partidarios de la rebelión.
Manuel Tarazona y Antonio Navajas fueron detenidos y trasladados al Cuartel de Artillería.
Antonio Rodríguez de León entregó formalmente el mando al capitán de Caballería José Marín Alcázar, nombrado gobernador civil por los sublevados.
Caída de los restantes centros de poder
Tras la rendición del Gobierno Civil, la resistencia organizada se desmoronó.
Las fuerzas rebeldes ocuparon:
- El Ayuntamiento de Córdoba.
- La Diputación Provincial de Córdoba.
- Correos y Telégrafos.
- Radio Córdoba.
- La estación ferroviaria.
- Los cuarteles y dependencias policiales.
- Los accesos por carretera y ferrocarril.
- Las sedes de organizaciones políticas y sindicales.
Antes de la medianoche, Ciriaco Cascajo controlaba militarmente la capital.

Violencia durante la jornada
Muerte de José María Herrero Blanco
Durante la tarde fue asesinado en la calle Barroso el abogado y militante de la CEDA José María Herrero Blanco. Según las reconstrucciones disponibles, se encontraba armado y se enfrentó con un grupo de militantes de izquierdas, que le arrebataron la pistola y le dispararon.
Incendios de edificios religiosos
En los barrios de Santa Marina y San Agustín se produjeron ataques e incendios contra las iglesias de Santa Marina y San Agustín.
En Santa Marina resultaron destruidos altares, imágenes y otros bienes religiosos. En San Agustín no se encontraba el grupo de Nuestra Señora de las Angustias, obra de Juan de Mesa, porque había sido retirado previamente y ocultado.
Los ataques anticlericales se produjeron mientras las fuerzas republicanas perdían el control del centro de la ciudad y no constituyeron una operación dirigida desde el Gobierno Civil.
Destrucción de sedes obreras
Después de hacerse con el control de Córdoba, fuerzas sublevadas y grupos derechistas ocuparon, saquearon o incendiaron locales vinculados a las organizaciones obreras y de izquierdas, entre ellos la Casa del Pueblo, la sede de la Confederación Nacional del Trabajo en Cercadilla y el Centro Comunista de la calle Duque de Hornachuelos.
La destrucción de estos espacios tuvo un carácter político y simbólico: eliminaba los principales centros de organización social de los trabajadores cordobeses.
Las nuevas autoridades
Durante la noche del 18 al 19 de julio, Cascajo procedió a sustituir las instituciones republicanas.
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José Marín
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Salvador Muñoz
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Eduardo Quero
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Luis Zurdo
| Institución | Autoridad republicana | Autoridad nombrada por los sublevados |
|---|---|---|
| Gobierno Civil | Antonio Rodríguez de León | José Marín Alcázar |
| Ayuntamiento de Córdoba | Manuel Sánchez Badajoz | Salvador Muñoz Pérez |
| Diputación Provincial | José Guerra Lozano | Eduardo Quero Goldoni |
| Comandancia de la Guardia Civil | Mariano Rivero López | Luis Zurdo Martín |
La comisión gestora municipal presidida por Salvador Muñoz Pérez estuvo integrada principalmente por militares retirados, propietarios, comerciantes y políticos monárquicos relacionados con la conspiración.
El nombramiento de Eduardo Quero al frente de la Diputación recompensó a uno de los principales organizadores civiles del golpe. Permaneció en el cargo hasta 1941.[4]
Detenciones y comienzo de la represión
El triunfo del golpe no puso fin a la violencia, sino que dio comienzo a una represión sistemática contra autoridades republicanas, dirigentes sindicales, militantes políticos, maestros, funcionarios, profesionales y ciudadanos considerados contrarios a la rebelión.
Desde los primeros días se practicaron detenciones masivas. Muchos detenidos fueron fusilados sin juicio o mediante procedimientos sumarísimos carentes de garantías.
Entre las primeras víctimas estuvieron numerosos responsables políticos que se habían encontrado en el Gobierno Civil.
Manuel Sánchez Badajoz
El alcalde Manuel Sánchez Badajoz consiguió escapar del Gobierno Civil y permaneció oculto durante varias semanas. Fue localizado a comienzos de agosto, detenido y fusilado.
Su muerte simbolizó la eliminación de la legalidad municipal republicana y la persecución de los alcaldes y concejales elegidos o designados durante la República.
Manuel Tarazona Anaya
El capitán Manuel Tarazona fue acusado paradójicamente de «rebelión militar» por haberse opuesto a los militares que se habían rebelado contra el Gobierno.
Su consejo de guerra se celebró el 11 de agosto de 1936 en el Cuartel de Artillería. Fue condenado a muerte y fusilado el 13 de agosto en el Cuartel de Lepanto, en el Marrubial.
El procedimiento contra Tarazona constituye uno de los ejemplos más claros de la llamada «justicia al revés»: los sublevados juzgaron como rebeldes a quienes habían permanecido fieles a la autoridad legal.[2]
Los dirigentes republicanos
También fueron asesinados o represaliados, entre otros:
- Vicente Martín Romera.
- José Guerra Lozano.
- Joaquín García Hidalgo.
- Bautista Garcés Granell.
- Antonio Bujalance López.
- Numerosos concejales, diputados provinciales, sindicalistas y militantes obreros.
Manuel Castro Molina consiguió llegar a territorio controlado por la República.
La situación en la provincia

El control de Córdoba capital tuvo una gran importancia militar, administrativa y propagandística, pero la sublevación no triunfó simultáneamente en toda la provincia.
La actitud de cada puesto de la Guardia Civil, la fuerza de las organizaciones obreras, la presencia de autoridades republicanas y la proximidad de columnas militares determinaron la evolución de cada municipio.
En numerosas localidades, las autoridades y organizaciones obreras desarmaron o sitiaron a los guardias partidarios de la rebelión. En otras, la Guardia Civil se hizo con el Ayuntamiento y detuvo a los dirigentes del Frente Popular.
La provincia quedó dividida entre zonas controladas por los sublevados y territorios que permanecieron bajo autoridad republicana. Córdoba capital se convirtió en una retaguardia fundamental del Ejército del Sur, mientras en las áreas próximas se desarrollaban operaciones militares, columnas de ocupación y sucesivas ofensivas.
Causas del rápido triunfo en la capital
El golpe triunfó en Córdoba capital por la combinación de varios factores:
- La existencia de una conspiración previa. Los militares y civiles comprometidos llevaban semanas o meses coordinándose.
- El control del Regimiento de Artillería. Cascajo disponía de la principal unidad militar de la capital y de armamento pesado.
- El apoyo civil organizado. Los voluntarios que acudieron al cuartel fueron armados y utilizados como fuerza auxiliar.
- La división de la Guardia Civil. La sustitución de Mariano Rivero por Luis Zurdo impidió una actuación conjunta de este cuerpo en defensa del Gobierno.
- La negativa a armar a las organizaciones obreras. La mayor parte de los trabajadores movilizados careció de fusiles y municiones.
- La falta de coordinación entre las autoridades republicanas. El gobernador, el alcalde, los diputados y los mandos policiales mantuvieron criterios diferentes.
- El control de la radio y las comunicaciones. Los sublevados pudieron transmitir órdenes, bloquear movimientos y presentar su victoria como irreversible.
- La concentración de la resistencia en el Gobierno Civil. La defensa quedó encerrada en un único edificio.
- El empleo de la Artillería. Los cañonazos hicieron insostenible la resistencia.
- La ausencia de refuerzos inmediatos. Las fuerzas republicanas de Jaén y de la cuenca minera no llegaron antes de la rendición.
Consecuencias
El 18 de julio modificó de manera inmediata la vida institucional y social de Córdoba:
- Fueron destituidas las autoridades republicanas.
- Se militarizó el gobierno de la ciudad y de la provincia.
- Se ilegalizaron partidos y sindicatos del Frente Popular.
- Se ocuparon o destruyeron sus sedes.
- Se iniciaron detenciones y ejecuciones.
- Se depuró a funcionarios, maestros y empleados públicos.
- Se incautaron bienes de organizaciones y particulares.
- La prensa y la radio quedaron sometidas a la censura.
- Se movilizaron recursos económicos para el Ejército sublevado.
- Córdoba se convirtió en centro logístico y político del Ejército del Sur.
- La división de la provincia abrió un frente de guerra que permanecería activo hasta 1939.
Interpretaciones historiográficas
El relato franquista de 1937

La principal narración contemporánea de los acontecimientos fue 18 de julio: episodios del glorioso Movimiento Nacional en Córdoba, publicada en 1937 por Marcelino Durán de Velilla y Manuel García Prieto.
Sus autores fueron periodistas y afirmaron haber presenciado una parte de los hechos y recabado testimonios directos. La obra contiene abundante información sobre nombres, conversaciones, calles, horarios y movimientos de tropas.
Sin embargo, utiliza un lenguaje abiertamente propagandístico, presenta a los sublevados como salvadores de Córdoba, deshumaniza a los partidarios de la República y justifica la ruptura del orden constitucional. Por ello debe considerarse una fuente primaria de gran interés, pero no una reconstrucción neutral.
Las investigaciones posteriores
Los estudios de Francisco Moreno Gómez permitieron reconstruir el golpe, la guerra y la represión mediante registros civiles, archivos militares, documentación penitenciaria, libros de cementerios, prensa y testimonios.
El comandante e historiador Joaquín Gil Honduvilla estudió la actuación de los militares y las fuerzas de orden público utilizando documentación conservada en el Archivo del Tribunal Militar Territorial Segundo de Sevilla.
Patricio Hidalgo, militar en excedencia, ha estudiado en profundidad el número de víctimas producidas en los cementerios así como los bombardeos que sufrió la ciudad entre el año 1936 y 1938 que causaron más de muertes.
Arcángel Bedmar analizó el caso de Manuel Tarazona y su consejo de guerra, mientras Antonio Barragán Moriana estudió la formación de las nuevas instituciones, las responsabilidades políticas, el control social y las incautaciones económicas.
Estas investigaciones han permitido corregir la visión heroica construida durante el franquismo y mostrar la importancia de la conspiración previa, la fractura interna de las fuerzas de seguridad, la participación civil y la represión posterior.
Cronología
| Fecha y hora aproximada | Acontecimiento |
|---|---|
| Primeros días de julio | José Cruz Conde se reúne con Eduardo Quero Goldoni, Ciriaco Cascajo Ruiz y mandos de la Guardia Civil. |
| 11 de julio de 1936 | Julián Ruiz Martín regresa de Madrid con instrucciones relacionadas con el futuro nombramiento de Salvador Muñoz Pérez. |
| 17 de julio de 1936 | Comienza la sublevación militar en el Protectorado español de Marruecos. |
| 18 de julio, mañana | Las autoridades y organizaciones políticas cordobesas reciben noticias contradictorias sobre la rebelión. |
| 14:30 | Queipo de Llano telefonea a Cascajo y le ordena declarar el estado de guerra. |
| 15:00 | Los sindicatos convocan la huelga general. |
| Tarde | El gobernador se niega a repartir armas entre las organizaciones obreras. |
| Tarde | Manuel Tarazona Anaya intenta convencer a Cascajo para que abandone la rebelión. |
| 16:00 | Hora consignada en el bando de guerra firmado por Cascajo. |
| 17:00-17:45 | Formación de la tropa, reparto de armas a civiles y preparación de la columna. |
| 17:45 | Salida de las fuerzas de Artillería hacia el Gobierno Civil. |
| 18:00-19:00 | Lectura del bando, ocupación de Radio Córdoba, ultimátums e incorporación de una parte de la Guardia Civil. |
| Después de las 18:00 | Primeros intercambios de disparos ante el Gobierno Civil. |
| Hacia las 20:00 | Cascajo ordena el ataque con Artillería. |
| Entre las 21:00 y las 23:00 | Rendición y ocupación del Gobierno Civil. |
| Noche del 18 al 19 | Ocupación del Ayuntamiento, Correos, Telégrafos y otros centros estratégicos. |
| Noche del 18 al 19 | Nombramiento de las nuevas autoridades municipales y provinciales. |
| 20 de julio | Apertura de la causa militar contra Manuel Tarazona. |
| 7 de agosto-8 de agosto | Detención y fusilamiento del alcalde Manuel Sánchez Badajoz. |
| 13 de agosto | Fusilamiento del capitán Manuel Tarazona Anaya. |
Véase también
- Ciriaco Cascajo Ruiz
- Manuel Tarazona Anaya
- Manuel Sánchez Badajoz
- Antonio Rodríguez de León
- Eduardo Quero Goldoni
- Salvador Muñoz Pérez
- Luis Zurdo Martín
- Guerra Civil Española en Córdoba
- Frente de Córdoba
- 18 de julio: episodios del glorioso Movimiento Nacional en Córdoba
- Cementerio de Nuestra Señora de la Salud
- Cementerio de San Rafael
Referencias
- ↑ 1,0 1,1 DURÁN DE VELILLA, Marcelino; GARCÍA PRIETO, Manuel: 18 de julio: episodios del glorioso Movimiento Nacional en Córdoba. Córdoba, 1937. La obra constituye una fuente contemporánea de orientación abiertamente favorable a los sublevados, por lo que debe ser contrastada con otras investigaciones.
- ↑ 2,0 2,1 2,2 2,3 BEDMAR, Arcángel: «El capitán Manuel Tarazona Anaya y el 18 de julio de 1936 en Córdoba», 9 de octubre de 2014.
- ↑ Ver relación de derechistas que acudieron al Cuartel de Artillería cuando se conoció el bando militar
- ↑ BARRAGÁN MORIANA, Antonio: Control social y responsabilidades políticas. Córdoba, 1936-1945, en El regreso de la memoria.
Bibliografía
- BARRAGÁN MORIANA, Antonio: Control social y responsabilidades políticas. Córdoba, 1936-1945, en El regreso de la memoria.
- BEDMAR, Arcángel: «El capitán Manuel Tarazona Anaya y el 18 de julio de 1936 en Córdoba», 2014.
- DURÁN DE VELILLA, Marcelino; GARCÍA PRIETO, Manuel: 18 de julio: episodios del glorioso Movimiento Nacional en Córdoba. Córdoba, 1937.
- GIL HONDUVILLA, Joaquín: Militares y sublevación. Córdoba y provincia, 1936.
- MORENO GÓMEZ, Francisco: La Guerra Civil en Córdoba, 1936-1939. Editorial Alpuerto, Madrid, 1985.
- MORENO GÓMEZ, Francisco: Córdoba en la posguerra. La represión y la guerrilla, 1939-1950. Córdoba, 1987.
- MORENO GÓMEZ, Francisco: 1936: el genocidio franquista en Córdoba. Editorial Crítica, Barcelona, 2008.
- VV. AA.: Represaliados de Córdoba y provincia. Fundación para el Desarrollo de los Pueblos de Andalucía.
